La existencia en la mirada. El cine reflexivo de Jem Cohen

Jem Cohen es alguien al que vale la pena seguir la pista, y a ser posible de muy cerca, porque los diferentes registros audiovisuales que practica son de una coherencia y una sugerencia excepcionales. Ya sea realizando un videoclip de encargo o filmando individualmente un documento sobre algunos de los barrios de su querida Nueva York, extrae poesía de donde no la hay, convirtiendo banalidades del día a día en iconos existenciales.


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Jem Cohen

El cineasta norteamericano, de origen afgano, Jem Cohen es alguien al que vale la pena seguir la pista, y a ser posible de muy cerca, porque los diferentes registros audiovisuales que practica son de una coherencia y una sugerencia excepcionales. Ya sea realizando un videoclip de encargo –faceta abandonada en 1996- o filmando individualmente un documento sobre algunos de los barrios de su querida Nueva York, Cohen extrae poesía de donde no la hay, convirtiendo banalidades del día a día en iconos existenciales. Y siempre lo hace desde una visión del documental muy particular, de una filmación que prescinde de puesta en escena, actores, diálogos y entrevistas, para configurar un cuadro con un poder dramático, sutilmente presenciado, hilvanado por la asociación de imágenes y el collage perfeccionista del sonido.

Siguiendo un método tan sencillo como el de pasearse con su cámara a la caza de imágenes determinantes por las calles de las ciudades estadounidenses y las periferias menos atractivas –a la manera de un hipotético flaneur postmoderno-, Cohen halla rastros poéticos de una sensibilidad contenida, pequeñas historias que definen todo un mundo y que alcanzan toda su densidad en la moviola, en la cautivadora facilidad con la que empalma sus imágenes, alcanzando sentido y significado. Su trabajo de cámara es de una finura y una meticulosidad tan sorprendente como el exhaustivo trabajo de edición de cada una de sus piezas cinematográficas.

Sus más de dos décadas de carrera filmográfica lo avalan como uno de los más lúcidos analistas visuales del underground de Estados Unidos. La filiación con la escena punk de principios de los años ochenta de Nueva York y su posterior mutación en el hardcore, le permiten seguir de cerca al grupo musical Fugazi, a lo largo de más de quince años. Portadores del hardcore y el do it yourself mediante el sello Dischord, la banda de Washington es la protagonista de un largometraje filmado en super 8, 16mm y video que recopila imágenes de una carrera musical ejemplar. Curiosamente este documental musical –Instrument (1999)- es el que mayor fama ha dado a Jem Cohen, pese a un planteamiento algo ortodoxo y, por lo tanto, previsible de su desarrollo. Imágenes de Guy Picciotto y Ian MacKaye interpretando sus canciones-proclamas en directo son el núcleo visual de un documental que funciona mejor cuanto más se aleja del escenario. Entrevistas para la televisión, registros del proceso de grabación en estudio y declaraciones de algunos de sus seguidores, son los elementos que aportan un contexto acertado a la saturación de concierto filmado. Aún así las interpretaciones en directo de canciones como Shut the door o Two beats off alcanzan un nivel de frenesí espasmódico, digno de mención.

Su interés por la música independiente americana de los años ochenta y noventa le ha llevado a realizar videoclips y reportajes musicales para gente como R.E.M., Elliott Smith, Blonde Redhead, Sparklehorse o Godspeed You! Black Emperor. Entre estos cabe destacar videoclips para el grupo de Athens, Georgia, como Talk about the passion o Nightswimming, donde las imágenes retratan en blanco y negro y color –respectivamente-, lugares solitarios y situaciones nocturnas en espacios públicos, puntuados por presencias ensimismadas. Lucky Three (1997) se centra en el personaje taciturno de Elliott Smith, quien interpreta en solitario -junto a su guitarra acústica-, tres temas de la época Either/Or. Algunas frases cogidas al vuelo acompañan este retrato escueto del cantautor americano, malogradamente desaparecido.

Pero si la obra de Jem Cohen destaca en alguno de sus apartados, éste es el de esa mezcla intransferible de experimentos documentales autorreflexivos. Definición algo inocua que intenta abarcar su inclinación a documentar el paisaje urbano, sus calles y sus rostros, reflexionando sobre todo ello y desvelando motivaciones ensayísticas referidas a su propio quehacer. Particularidades de un cine-ensayo y de un cine documental que da la mano a tendencias de carácter experimental en su formalismo. Un asombroso y eficaz sentido esteticista, que Cohen aplica a nivel visual y sonoro en todos sus filmes.

Piezas como This is a story of New York. The Golden Dark Age of Reason (1987) o Lost Found Book (1996), son obras que demuestran una querencia por el cine de Chris Marker, los pasajes de Walter Benjamin, las contradicciones de las metrópolis de Estados Unidos, el carácter individual, frágil y espontáneo del formato super 8 –y el 16mm- y el poder envolvente de las texturas atmosféricas y el collage sonoro.

La curiosidad de Cohen ante todo lo que aparece delante de sus ojos lo transmite sutilmente mediante una concepción de los planos inaudita, donde todos y cada uno de ellos revelan estados de ánimo y metáforas de la sociedad contemporánea. Como el fotógrafo William Eggleston, Jem Cohen se deja seducir por los paisajes desolados del extrarradio, por la arquitectura post-moderna de los centros comerciales y por los detalles que se suceden en estos espacios (un cartel escrito a mano, unos papeles arrastrados por el viento, unos rótulos iluminados erróneamente…) siempre hallando sentido del vacío. Su mirada retoma el interés de la infancia por la curiosidad, estando al acecho de todo lo que ocurre a su alrededor, abriendo la mente y aprendiendo continuamente de lo que observan sus ojos. Dejándose llevar por los acontecimientos que se suceden delante de la cámara, Cohen filma libremente, sin marcarse imposiciones, como si la cámara dirigiera ella misma su objetivo, indicando intuitivamente su centro de atención. Idea que remite a cierto espíritu zen ya expuesto por el fotógrafo Minor White, a la hora de acompañar el aparato fotográfico, como si éste mismo dictara sus propios movimientos.

El cine de Jem Cohen también encuentra puntos de similitud con otros artistas del campo de la fotografía, como los nombres de Garry Winogrand, Joel Meyerowitz, William Klein y, especialmente, Robert Frank. Fotógrafos, todos ellos, que se centran en el reportaje de calle, practicándolo como un vívido documento que retrata los comportamientos de la sociedad contemporánea.

This is New York enseña la ciudad en breves capítulos, conectados por la posibilidad de demostrar la historia de la humanidad –esbozada en los intertítulos-, en un presente metropolitano desesperanzador.
Lost Book Found narra con una voz en off las propias experiencias de Jem Cohen en la ciudad de Nueva York, relacionando su primer trabajo con el encuentro de un libro manuscrito, hecho de listados de elementos de la ciudad. Los dos filmes resultan ser dos reflexiones en primera persona que desvelan un apego emocional a las calles de Manhattan. A lo largo de decenas de mediometrajes Cohen también ha centrado su atención en otros lugares como los países del Este de Europa.

Filmando con una cámara escondida a la altura de la cintura, es como remarca el hecho de filmar sin ser visto, de obtener imágenes sin estar determinadas por el reconocimiento de la presencia del aparato cinematográfico, por parte de terceros. Gracias al objetivo gran angular abarca un mayor campo visual ante la frecuente imposibilidad de mirar por el visor. Utilizando el slow motion, Cohen deja un halo de misterio, un rastro de memoria, que parece frenar el estrés colectivo para hallar espacios reflexivos, de detenimiento y comprensión. Si caminando por las calles se decanta por refilmaciones a 6 y 9 imágenes por segundo, en planos estáticos prefiere el time lapse (los intervalos de tiempo) que aceleren mínimos detalles, de encuadres perfectamente meditados. Grabando en video Cohen consigue una textura de imagen ciertamente cinematográfica, demostrando su largo recorrido en formatos como el super 8 y el 16mm. Por lo que respecta al sonido el cineasta realiza unos montajes sonoro milimetrados (discursos de predicadores, emisoras de radio, altavoces…), que sugieren continuamente ambientes hipnóticos, remitiendo a las imágenes de modo transversal.

Uno de sus últimos trabajos, el largometraje titulado Chain, abre las puertas al campo de la ficción. Dos protagonistas –una joven japonesa y otra estadounidense- son presentadas por separado, mediante una puesta en escena improvisada, eficazmente ágil. La confusión entorno a ellas es evidente: ¿interpretan o se muestran tal como son? En realidad poco tienen que ver con las motivaciones de los personajes que representan, aunque la verosimilitud provoque incertidumbre. Este mínimo trazo de ficción no esconde el carácter de ensayo, de investigación autorreflexiva que habla de una realidad, la de la proliferación de los malls, los parques temáticos y la expansión de las cadenas comerciales (de ahí el título del film) y, por extensión, de la globalización. Las imágenes filmadas por la cámara solitaria de Cohen retratan espacios periféricos de diferentes países dando una visión global inquietante. Multitud de planos (mayoritariamente estáticos) forman un collage del todo unitario y coherente que funcionan como colecciones de postales que desvelan información sobre estas periferias. Filmadas a lo largo de Europa, Estados Unidos y Australia, las imágenes dan por supuesto que estos espacios alejados geográficamente definen un solo enclave completamente homogéneo. Las localizaciones fantasma, completamente controladas y delimitadas, actúan como lugar de paso, de tránsito, no-lugares, que tanto Cohen como las dos chicas, perciben perspicaces, sin dejarse seducir por las miserias capitalistas que éstas representan, más bien enfrentándose a sus realidades.

En todas sus películas Cohen detiene su mirada en lo más banal y espera, sabiendo que el hecho de dejar pasar el tiempo puede suponer una nueva revelación, otro nuevo argumento a su infinita curiosidad por encontrar respuestas. Elogiando la visión de lo cotidiano Jem Cohen convierte instantes insignificantes del día a día en iconografías que remiten, constantemente, al sentido de la vida.

2 Comentarios

  1. jfcls 03/02/2007 | Permalink

    genial cohen, pena que el artículo no incluya una filmo completa (algo que, imagino, sera poco menos que imposible a no ser que él mismo se haya preocupado por tener una www adecentada con toda su obra, extremo que desconozco), y pena que pescar sus obras siempre sea un trabajo de francotirador. a ver para cuando, alguien, le monta una retrospectiva por estos lares… ya va siendo hora!

  2. elkin calderon 25/12/2007 | Permalink

    en yutube se encuentra glueman

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