_no contéis con los dedos.
El piano, ¿mueble inútil?: Carles Santos y el cine

La trayectoria de Carles Santos muestra como el piano, en calidad de mueble inútil, multiplica los recursos expresivos del artista en vez de limitarlos.


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Carles Santos

1.

Tomemos como punto de partida Concert irregular (1967). El encargado de musicar esta pieza surgida a partir de un texto que Joan Brossa escribió para Carles Santos y Anna Ricci, fue el propio Santos. El músico, además, también jugó el papel de intérprete (el pianista) junto con Ricci que representaba a la cantatriz. La obra, en versión de cámara y con Pere Portabella encargado de la puesta en escena, se estrenó el 22 de julio de 1968 en la Fundación Maeght de Saint-Paul de Vence para celebrar el 75 aniversario de Joan Miró.

El papel de compositor de Santos en una obra de Brossa se da por vez primera en la citada pieza, no así el de intérprete. En 1961 y 1962 Josep Maria Mestres Quadreny musicó tres ballets de Brossa: Roba i ossos, Petit diumenge y Vegetació submergida – escritos en 1954. Si bien la intención, tanto del poeta como del músico, era llevarlos a escena – incluso pidieron a Miró que crease la escenografía –, el día del estreno nunca llegó. Con todo, la experiencia de los ballets supuso el punto de partida de aquello que vino después. Así, a raíz de esta primera tentativa, comenzaron a plantearse la relación entre música y texto a través de la creación conjunta de las denominadas “acciones musicales”. Puede decirse que la pretensión de ambos era la de romper con aquella máxima de que la relación entre poesía y música se reduce a una cuestión de subordinación de un lenguaje a otro. Es decir, pretendían enfrentarse a las dificultades que surgen cuando los diferentes lenguajes artísticos, presentes en una misma obra, se expresan sin renunciar a su especificidad, y autonomía, propia.

Una de las piezas realizadas bajo estos designios fue Suite bufa (1966), estrenada en noviembre de 1968 en el Festival Sigma de Burdeos bajo la dirección escénica de Lluís Solà. La obra, en la que todo gira en torno al piano, se estructuró para ser representada por tres personajes y se realizó pensando en Carles Santos (el pianista), Anna Ricci (la cantatriz) y Terri Mestres (la bailarina). Esta presencia del piano en Suite bufa vuelve a ser fundamental en Concert irregular. Al mismo tiempo, la composición de Santos no se aleja de los preceptos establecidos, y aplicados, por Brossa y Mestres Quadreny en las acciones musicales anteriores.

Entre las muchas cualidades reseñables de Concert irregular, destaca la presencia de ruidos y sonidos emitidos por objetos que no son el piano. Uno de ellos tiene lugar en la secuencia octava de la obra – de título Homenatge a Vietcong. La acción es simple: mientras la cantatriz canta, el pianista ha colocado un espejo sobre el piano, se ha atado una bandera americana al cuello y ha procedido a afeitarse con una máquina eléctrica para posteriormente aplicarse una loción. Cuando la cantatriz ha dejado de cantar, él se seca con la bandera, se acerca a primer término y saludan juntos agarrados de la mano. Al mismo tiempo, un asiático andrajoso, que entra y sale por la derecha y camina a cuatro patas, se lleva todos los utensilios.

Lo interesante de la escena descrita, en relación a la experiencia cinematográfica de Santos, radica principalmente en dos aspectos. El primero, en la connotación política de lo que acontece – característica compartida por muchas de las películas de Pere Portabella – sugerida a través de la bandera americana y mediante el asiático pordiosero que aparece a cuatro patas – a finales de los años 60 se estaba en plena guerra del Vietnam. El segundo, por el ruido que el pianista hace surgir de la afeitadora, integrándolo, de este modo, en la acción.

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