_no contéis con los dedos.
El piano, ¿mueble inútil?: Carles Santos y el cine

La trayectoria de Carles Santos muestra como el piano, en calidad de mueble inútil, multiplica los recursos expresivos del artista en vez de limitarlos.


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Carles Santos

2.

Aquello ya ensayado con Brossa, lo aplica Santos en sus primeras experiencias cinematográficas. Entre los años 1967 y 1968 el músico elaboró, con los medios que le facilitó Pere Portabella, un grupo de cortos experimentales: L´espectador, La llum, El rellotge o Habitació amb rellotge, Conversa y La Cadira. Santos ha afirmado en alguna ocasión que estas obras fueron, seguramente, fruto, por un lado, de la fascinación de aterrizar en el cine, y, por el otro, de la voluntad por explorar la posible importancia de los ruidos y el sonido situados en cierto contexto. Podría decirse que en estos cortometrajes Santos pasa de hacer música con los recursos de la escena, como sucedía en Concert irregular, a explorar las posibilidades sonoras que le ofrece el medio cinematográfico.

Al referirse a la importancia de la figura de Carles Santos en el cine de Portabella, Fèlix Fanés señala directamente como determinantes a las mencionadas obras por la confrontación que muestran entre sonido e imagen. Se ha de destacar que la colaboración entre músico y cineasta comenzó con No compteu amb els dits (1967), sin embargo, el peso de Santos ira “in crescendo” al tiempo que la presencia de Brossa desaparece.

Del mismo modo que en la obra del poeta, Santos comenzó en la de Portabella, también, siendo el intérprete de una composición de Mestres Quadreny – en el cortometraje No compteu amb els dits (1967) –, para enseguida, ya en Nocturno 29 (1968), convertirse en compositor; circunstancia que se repite en los cortometrajes Miró l’altre (1969), Playback (1970) – realizado para Gaudí (1970) de Clovis Prévost a partir de partituras de Richard Wagner –, La tempesta (2003) y en los largometrajes Vampir-cuadecuc (1970) y Umbracle (1972). Ahora bien, en Informe general sobre algunas cuestiones de interés para una proyección pública (1976), Pont de Varsòvia (1989) y en el cortometraje Visca el piano! (2006) – con música de Johann Sebastian Bach y Carles Santos – pasa a ser compositor y también co-guionista – junto con Portabella y Octavi Pellissa en los dos primeros y junto con Portabella en el tercero. Finalmente en Die Stille vor Bach (2007) es únicamente co-guionista – junto con Portabella y Xavier Albertí – ya que la música del film es de J.S.Bach, Felix Mendelssohn y György Ligeti.

La colaboración entre Santos y Portabella, como en su momento lo fue la de éstos y Brossa, ha dado como resultado unos films con una coherencia creativa y formal, como poco, interesante. Con todo, la experiencia cinematográfica del músico no se reduce tan sólo a la experiencia con Portabella. Entre los creadores con los que trabajó, está el citado Clovis Prévost. En algunas de sus obras aparece como compositor. Así sucede en Tàpies (1969) – en la que colaboró Brossa –, la mencionada Gaudí (1970) – con el coro del Liceo (Playback) –  y Lithographie d’une affiche (1971). En otras, sin embargo, es co-director. Este es el caso de Miró sculpteur (1973) – en la que también ejerce de compositor – y Miró, un portrait (1974). Finalmente, en 1975 creó la banda sonora para una película que quedó inconclusa: L’arome du chemin: Eduardo Chillida.

Del mismo modo, realizó bandas sonoras para films experimentales como I després ningú no riurà (1968) de Manel Esteban; El pianista y la flautista (1978), una pieza para televisión ideada por Brossa; És quan dormo que hi veig clar (1986-1988), un homenaje al poeta J.V. Foix dirigido por Jordi Cadena; o para Foc al càntir (2001) de Frederic Amat basada en el guión, del mismo título, que Brossa escribió en 1948. También para películas comerciales, entre ellas L’obscura història de la cosina Montse (1977) y Barcelona Sud (1981) de Jordi Cadena, y finalmente El pianista (1997), primer largometraje del director teatral Mario Gas.

Tampoco hay que olvidar la presencia de extractos cinematográficos en sus espectáculos dramático-teatrales. Así ocurre en Beethoven, si tanco la porta que passa? (1982) – compuesto de imágenes de Serena Vergano rodadas por Carles Santos y que no se conservan –, en La Boqueta amplificada (1985) – con imágenes filmadas por Jordi Cadena – y en El compositor, la cantant, el cuiner i la pecadora, (2003) –  a base de imágenes rodadas por Pere Portabella.

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