_no contéis con los dedos.
El piano, ¿mueble inútil?: Carles Santos y el cine

La trayectoria de Carles Santos muestra como el piano, en calidad de mueble inútil, multiplica los recursos expresivos del artista en vez de limitarlos.


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Para decirlo en palabras de Josep Maria Mestres Quadreny, Santos entró en escena en 1963. Pronto, y de la mano de Joan Prats, estableció contacto con los ambientes vanguardistas de Barcelona, musicales primero y de otros ámbitos artísticos después. De los segundos, una figura destacada: la de Joan Brossa. No en vano, más de uno ha llegado a afirmar que el conocimiento del poeta, junto con el del cineasta Pere Portabella, fue un hecho determinante para la implicación cinematográfica, y como compositor, de Carles Santos.

En efecto, el “yo” cinematográfico de Santos no es ajeno a su “yo” musical. El sonido es el eje vertebrador de toda su producción fílmica. Así lo muestran, entre otros, el film Preludi de Chopin, opus 28 nº 7 de1969, los realizados en el marco del Grup de Treball (1973-1977), entre los que se encuentran Acció Santos (1973) y Preludi de Chopin, opus 28 nº 18. Debut (1974), o películas posteriores como La-Re-Mi-La… y Divertimento nº 1 en Re mayor, ambas de 1979, o Minimalet minimalot de 1983. En algunas de ellas se observa aquello que al hablar sobre Suite bufa, Mestres Quadreny definía como el sentido teatral del músico en la manipulación de su instrumento. Conviene cierta matización al respecto. Santos dejo de tocar el piano entre 1970 y 1973, si bien durante aquellos años realizó las bandas sonoras de dos films de Portabella: Vampir-cuadecuc y Umbracle. En ambas composiciones los ruidos los generan diversos tipos de objetos, sin que por ello deba desecharse la manipulación de éstos por parte del músico.

Estas apuestas cinematográficas del músico han sido atribuidas, por su similitud conceptual y formal, a la influencia de sus viajes a Estados Unidos – el primero de ellos en 1968, a finales de los setenta y principios de los ochenta, los siguientes. Algunos citan como ejemplo el salto del concierto ceremonial a la acción y la transgresión musical. Cierto es que Santos escribió la composición de Concert irregular a la vuelta de su estancia en Nueva York en 1968, donde pudo ser testigo de los planteamientos del movimiento Fluxus y de la evolución hacia el minimalismo, pasando por el conceptual. No debe de olvidarse, en todo caso, que el músico ya había comenzado a colaborar con Brossa que llevaba años trabajando con unos conceptos no muy lejanos a los de la vanguardia americana de después de la segunda guerra mundial.

Brossa incorporó diversos lenguajes artísticos a su experimentación poética. A través de este mecanismo ansiaba, entre otras cuestiones, arrancar a la “palabra” del papel. Pero muchos de sus planteamientos se quedaron intactos en la página, por no encontrar quién les diese forma. Ahora bien, si alguien ha entendido las posibilidades visuales – y escénicas – de sus propuestas, ese ha sido Carles Santos. De hecho se puede incluso afirmar que tras trabajar con el poeta, el músico ha ido profundizando en  la concepción de lo teatral, a la que ha ido confiriendo una personal y original seña. En esencia de concepto, Carles Santos nunca abandonó el escenario, incluso cuando se mantuvo lejos de él.

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Concert irregular se llevó a escena en el Teatro Romea, en el marco del Festival Internacional de Música, el 7 de octubre de 1968. A modo de presentación de la obra Brossa escribió un texto, un extracto del cual dice así: “A pesar de que el compositor opina que el piano se convierte en un mueble inútil en la evolución de la música contemporánea; a pesar de que el poeta no cree nada importante poner música en un texto; y a pesar de que en el moderno teatro musical el teatro se envilece o desaparece del todo, en la aventura del espectáculo que veréis se fusionan la música y la acción, que en, cierta manera, pasa a sustituir la letra”. La trayectoria musical, y en este caso concreto también la cinematográfica, de Carles Santos muestra como el piano, en calidad de mueble inútil, multiplica los recursos expresivos del artista en vez de limitarlos. Más aún: al no servir para absolutamente nada, (el piano) puede servir para todo lo demás. Tomemos, pues, como punto de partida Concert irregular.

* En el presente escrito, que pretende ser tan sólo una introducción a la experiencia cinematográfica de Carles Santos, no se menciona la totalidad de su producción fílmica. Lo mismo sucede con la lista de películas y proyectos cinematográficos en los que colaboró. Para un mayor conocimiento de la filmografía y videografía del músico, véase V.PONCE, “Filmografía y videografía” en M.GUERRERO (editor), Carles Santos ¡Viva el piano!, Barcelona, 2006, p.487-491.

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