Viejos trueques. El cine expuesto en la 53 Bienal de Venecia

La reciente edición de la Bienal de Venecia no expone, en su conjunto, una respuesta definitiva al modo cómo el cine se presenta en un contexto expositivo, sino que esboza múltiples respuestas.


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Paul Chan

Presencia de volúmenes y sombras

Wihelm Noack oHG (2006), la escultura cinética del artista Simon Starling, expone doblemente el cine como técnica. Se proyecta, por un lado, el filme de 35mm y en blanco y negro realizado en la industria de metal de Berlín, que, además de ser su retrato, documenta las fases de la producción de una estructura en espiral que será el soporte de la película en la proyección. Por otro lado, se expone esa estructura metálica de proyección que acumula la película. Los ruidos de la fábrica se unen a los de la proyección, la imagen proyectada adhiere a la fisicalidad de la estructura metálica, mostrando el cine como algo industrial y mecánico, situado más allá de la representación.

Diferentemente la instalación de artista Hans-Peter Feldman crea un espacio impregnado de magia que nos remite al proto-cine y a la infancia, a las primeras proyecciones de sombras de la linterna mágica y de los teatros de títeres. A partir de varios conjuntos de juguetes y objetos domésticos, iluminados y en movimiento,  edifica Schattenspiel (Shadow Play), una coreografía compleja proyectada en un largo muro de sombras. Tal como sucedía con la escultura cinética de Simon Starling, aquí el espectador se sitúa, a la vez, delante de los objetos iluminados en movimiento y de las sombras, integra en su visión esos volúmenes físicos y las variaciones virtuales de luz.

El artista americano Paul Chan, conocido por su “materialismo espectral”, proyecta imágenes en movimiento en relación con los volúmenes estáticos de los espacios arquitectónicos. En Sade for Sades sake, Chan evoca las obsesiones del escritor a través de la proyección, en una pared demacrada del Arsenale, de una imaginaria rítmica de sombras de cuerpos desnudos, puntuada y interrumpida por la animación de formas geométricas. En las varias partes de la obra estas formas surgen en el espacio de las figuras como si fueran ventanas opacas.

El artista polaco Krzysztof Wodiczko transforma el pabellón de su país en un lugar donde el espectador puede presenciar distintas escenas que ocurren en ventanas translucidas. Las imágenes proyectadas en las paredes y techo del espacio arquitectónico del pabellón abren su interior a un espacio virtual y, a la vez, físico, que muestra diferentes siluetas de emigrantes trabajando, limpiando ventanas o haciendo una pausa. Con Guests, Wodiczko consigue presentar el estatuto ambivalente de los extranjeros y su invisibilidad social, presentándolos como sombras y, a la vez, como volúmenes físicos del espacio expositivo.

João Maria Gusmão y Pedro Paiva

La naturaleza ama esconderse

Un conjunto de 16 filmes mudos en color, con duraciones mínimas y sin títulos de crédito, proyectados en 16 y 35mm, fue la propuesta del pabellón portugués que presentó parte de la obra fílmica de los jóvenes João Maria Gusmão y Pedro Paiva. La exposición estaba constituida por seis espacios de proyección diseminados que mostraban continuamente los filmes o aislados o dentro de una pequeña secuencia; se escuchaba apenas el ruido de los proyectores, junto con el sonido del agua del Gran Canal cortada por las góndolas y vaporettos, la oscuridad era tal que remitía a ese espacio fuera-del-tiempo que configura la sala de cine.

Experiencias y observaciones en diferentes tipos de aire, el nombre de esta propuesta comisariada por Natxo Checa, reunió un conjunto de filmes marcados por composiciones sencillas y trucos arcaicos de los primeros filmes mudos que configuran  micro narrativas de pequeñas acciones físicas. Un huevo que se sobrepone a uno y a otro, constituyendo una imagen triple, Ovo Estrelado (2008), el descenso del fuego en un horno metalúrgico, Meteorítica (2009), la sobreposición de tres soles mirados desde una cueva, 3 Sóis (2009), la formación de una gota de vidrio, Átomo (2009) o la secuencia ralentizada del movimiento circular del agua tras lanzarse una piedra, Experiência efluviana (2009), son algunas de las acciones mínimas mostradas por Gusmão y Paiva. A través de planos fijos, del uso del ralenti y de sobreposición de imágenes, sus filmes constituyen una especie de coreografía de la paciencia que revela un conjunto de acontecimientos cuya causalidad es invisible. Una especie de inventarios sobre la naturaleza y la óptica que parece responder a una demanda de un mundo físico perceptible y, a la vez, invisible, donde lo concreto es presentado siempre como algo que se oculta. Estas investigaciones fílmicas remiten a noción de presencia de los primeros pensadores griegos, donde el salir a la luz implica siempre una impenetrabilidad, un sustraerse. Tal como sucede en la antigua Grecia, lo que aparece en los filmes de Gusmão y Paiva tiene siempre una profundidad o inagotabilidad que documenta el fracaso de la aproximación literal a lo real. Los acontecimientos anómalos que representan sus filmes resultan del hecho de tratar la materialidad del mundo desde un ‘abismo metafísico’. De ahí que la noción de “aire”, a la vez, metafísica y material, incorpórea y manifiesta, sea lo que une todo ese conjunto de películas.

(1) Véase Jean-Christophe Royoux, “Por un cine de exposición. Retomando algunos jalones históricos” en Acción Paralela #5.

(2) Véase Branden W. Joseph, “1000 words: Tony Conrad talks about “Yellow Movies,” 1972-73” en ArtForum, March, 2007.

(3) Tony Conrad en MOMA Multimedia.

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