Leviathan

Lucien Castaing-Taylor y Véréna Paravel han filmado en Leviathan una estimulante experiencia sonora y visual, un radical ejercicio de narración no lineal que busca retratar desde un prisma sensorial el enigmático abismo de las profundidades marinas.


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Lo siniestro es aquello bello que no podemos soportar
Eugenio Trías

Empezamos el texto sobre Leviathan acudiendo a otra película filmada en alta mar. Peter Hutton abrió At the Sea (2007) con la siguiente cita de Joseph Conrad: “A man who is born falls into a dream like a man who falls into the sea”. Aunque la película de Hutton, de carácter observacional, esté lejos de Leviathan en su planteamiento, podríamos mudar la cita de Conrad e ubicarla al inicio de la película de Lucien Castaing-Taylor y Véréna Paravel. Dejaríamos de lado la referencia sobre el nacimiento del hombre y nos centraríamos en la experiencia de caer en un sueño al entrar en el mar y el posible viaje iniciático que conllevaría. Así se podría pensar en la situación del espectador delante de Leviathan. ¿Qué sueño es ese en el que nos sumerge la película? En la Biblia, en las contadas ocasiones que se cita la palabra Leviathan es para invocar el miedo a las profundidades marinas, para hacer referencia a un monstruo, una criatura de gran tamaño que gobierna en el mar. Así, la idea de Castaing-Taylor y Paravel es adentrarse en la negritud de la costa de New England y filmar el poder hipnótico del entorno, en un poderoso cruce entre naturaleza salvaje, hombre y maquinaria. Para ello, los directores repartieron pequeñas y ligeras cámaras por diversos lugares de un barco pesquero para obtener la filmación de ese enigma denominado Leviathan.

El origen del proyecto era hacer una película sobre la industria pesquera en New Bedford, Massachusetts, y comenzaron filmando cincuenta horas de trabajo antes de ser invitados a salir a alta mar. Una vez en el barco, los directores perdieron su interés por lo que habían filmado en tierra. Se percataron de que “había algo fuera que era mucho más cósmico y profundo (1)”. Así, de esta manera tan sugerente, con reminiscencias al Moby Dick de Melville (Leviathan se desarrolla en las mismas aguas donde el capitán Ahab intentó dar caza a la ballena blanca) presentan la película los realizadores.

Vuelvo a utilizar At the Sea como espejo de Leviathan: Peter Hutton quería documentar el proceso de creación, vida y muerte de una embarcación, centrándose en la parte principal de la película en filmar el tránsito del barco en alta mar. Quietud en las tomas recogidas desde la cubierta, postales, imágenes bellas. Realiza incluso ciertos experimentos con la forma y las imágenes, planos cerrados sobre el agua o ralentizando su movimiento, o jugando con el oscilante balanceo del sol que genera la embarcación. Prueba a crear una cierta poesía fílmica siempre desde su posición de observador de la inmensidad del mar. Por contra, la génesis de Leviathan parece estar más en probar las posibilidades que les brindan las innovadoras técnicas y así captar ese espectáculo nocturno, más que en registrar una experiencia de convivencia al modo de Hutton. En Leviathan, la experiencia de los directores pasa de soslayo, hay pocas escenas filmadas en cubierta y en las que se pueda sentir su presencia. La película aspira a colindar con la abstracción figurativa apoyándose en la tecnología avanzada del instituto cinematográfico de Harvard, lo cual puede generar ciertas reticencias al valorar sólo las ventajas de la técnica y no la mirada que se esconde detrás (2). Si en Hutton es la observación del ser humano la que nos da consciencia de la inmensidad oceánica, en Leviathan el interés está en entrar de lleno en el objeto de análisis, adentrarse en ese sueño de Conrad y aportar una visión desconocida, alejada del ojo humano. El resultado despoja de cualquier mirada romántica al mar y sí que ofrece momentos de horror e incomodidad desde el prisma visual y sonoro.

La elección de priorizar la imagen obtenida por las cámaras subterráneas y la posible “ausencia de autoría” de los directores ha sido un debate recurrente sobre la película y en su estreno en el pasado Festival de Sevilla se pudieron oír opiniones similares (3). Los directores han afirmado que vieron la distribución de una docena de cámaras GoPro a lo largo del barco como una manera de “distribuir la autoría del filme”, aseveración que juega inteligentemente con este debate y que elimina la figura del autor omnisciente para dar relevancia al material físico, a las cámaras y lo azaroso de esas imágenes recogidas. Aún así, los directores no se cierran en torno a este “material encontrado” y, al final del documental, abandonando la tendencia por la abstracción, sí que miran hacia los trabajadores que habitan en el barco pesquero.

En su lúcido ensayo Lo bello y lo siniestro, Eugenio Trías afirmaba que hacer público aquello que debe ser secreto o privado es siniestro, pero si se hace de una forma “velada o diluida” nos puede llevar a una experiencia estética. Ahí parecen querer llevarnos los directores de Leviathan: hacia una experiencia sensorial ciertamente desconcertante, desasosegante por momentos. La incomodidad y una cierta náusea se apodera del espectador en buena parte de este siniestro metraje. Es un experimento fílmico que bosqueja una especie de terror que emerge de la profundidad del mar y que, dentro de su evidente querencia por ofrecer una forma novedosa y visceral, consigue introducir al espectador en ese sueño oscuro y fantasmagórico del mar.

Peter Hutton cerraba At the Sea en una orilla junto a un barco varado desprendido de toda su función y creando imágenes herrumbrosas para clausurar la vida de esos barcos pesqueros. Añadía retratos de los trabajadores desvencijando esas naves abandonadas y así fundía a negro. Aunque sean lejanas, el final si guarda sinergias con el filme de Hutton: los últimos minutos del documental la cámara de Paravel y Castaing-Taylor tiende a un cariz más observacional, entra en la rutina del barco y filma hálitos de vida y breves recesos para el descanso de los trabajadores, documentando otra parte de la vida dentro del barco pesquero que atraviesa durante la noche el Leviathan marino.

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FICHA TÉCNICA
Realización y montaje: Lucien Castaing-Tayler, Véréna Paravel
Postproducción de sonido: Ernst Karel
Diseño de sonido: Jacob Ribicoff
Producción: Arrête Ton Cinema, Harbor Picture Company
País y año de edición: Estados Unidos, Francia, Reino Unido, 2012

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