La Pivellina

Segundo largometraje de la pareja de directores formada por la italiana Tizza Covi y el austriaco Rainer Frimmel, que transita de nuevo amablemente por los espacios circenses como ya hicieron en Babooska. Aunque en esta ocasión el punto de partida es ficcional la apuesta formal sigue siendo muy parecida a su obra anterior.


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Tizza Covi y Rainer Frimmel son dos emergentes realizadores quienes destacaron en varios festivales hace unos años con su primer largometraje codirigido, el documental Babooska (2005). Han tardado unos cuantos años más en poder levantar su segundo largometraje, una ficción  titulada La Pivellina (2009), pero su resonancia ha ido en aumento, participando en decenas de festivales internacionales, debutando en la Quinzaine des Réalisateurs de Cannes y ganando el Festival de Cine de Gijón el pasado noviembre, entre otros reconocimientos. Por el tipo de producción y filmación de sus películas podemos hablar de un cine verdaderamente independiente.

Aunque las etiquetas con las que se clasifican sus dos películas puedan ser útiles para festivales y críticos para ordenar el material, Babooska y La Pivellina son obras cercanas en todos los aspectos. La primera era un documental planificado como si de una ficción de formas libres se tratara. La relación de los personajes con los directores era cercana a lo actoral, insipirándose en fuentes clásicas del documental como Flaherty o Rouquier. Muchas secuencias nacían de situaciones reales puestas en escena, de las cuales acababa derivando a veces una situación espontánea y en otras no.

Su segundo film también se constuye a partir de secuencias planificadas dentro un guión bastante abierto. La diferencia es que mientras en Babooska el punto de partida de las secuencias era la cotidianeidad “verídica” de los personajes, en La Pivellina, el inicio de la historia parte de un elemento “inventado”: Patty, artista de circo, encuentra en un parque a una niña pequeña abandonada. Estas secuencias de arranque ficcional acaban también derivando en ocasiones en situaciones espontáneas e imprevistas. La línea de separación entre una película y otra es ténue.

Ambos largometrajes se centran en la gente que mantiene con vida  los pequeños circos ambulantes, un tipo de trabajo vocacional y económicamente humilde. Los circos filmados, italianos, continuan funcionando de modo tradicional. Por un lado viven en un evidente declive ante la sociedad tecnológica y por otro siguen trabajando alejados de las nuevas tendencias circenses, ya sean las más creativas o las comerciales. Los cineastas repiten una mirada original a este mundo. En lugar de mostrar lo previsible, lo ya visto muchas veces (el arte del circo) muestran la contraparte de este, la vida que hay entre las rulots. Por lo tanto no veremos las actuaciones, a lo sumo mostrarán algún breve ensayo. En Babooska vimos su rutina fuera del ámbito laboral: la vida en pareja, la relación familiar de los miembros del circo, la peculiar educación escolar. En La Pivellina es el elemento ficcional, la niña abandonada en un parque con una nota en el bolsillo donde su madre promete volver a buscarla, el que nos sumerge otra vez hacia el laberinto de las rulots, introducidos por este elemento dramático. Allí veremos de nuevo su día a día, los interiores de sus casas con ruedas, sus animales, sus relaciones, pero en este caso alteradas por la duda moral que genera la pequeña: entregarla a la policía o esperar a que venga a buscarla su madre, quien quizá se encuentre en serios problemas.

El pretexto de la niña perdida nos lleva hacia los sentimientos de aquellos que la acogen, siempre expresados con sutileza: la mujer madura que se vuelve a sentir madre, el adolescente que empieza a sentirse responsable, el curtido payaso que ya ve suficientes problemas en su supervivencia laboral como para apechugar con un nuevo obstáculo, que además apunta hacia el delito y la justicia en su trasfondo. Será el peso de esta tensión, la ternura de Patty contrapuesta al sentido de la responsabilidad de Walter, la que conducirá los suaves vaivenes emocionales del film.

Covi y Frimmel mantienen el mismo estilo formal con el que filmaron el documental anterior. Largos planos secuencia cámara en mano, imágenes fluídas, a menudo siguiendo a los personajes caminando, por detrás, frontal o lateralmente. Excelentes encuadres y un ojo que percibe la belleza de lo cotidiano. Planos secuencia de ritmo pausado, en consonancia con una historia sin grandes sobresaltos y de personajes reflexivos.

La improvisación y el lado más documental de la ficción surge a menudo con la aparición de la niña (de unos dos años), quien actua delante de la cámara de forma imprevista (balbucea cosas incomprensibles, reacciona de manera incotrolable) y crea en todos los que se encuentran a su alrededor una actitud natural. Afortunadamente la niña no es omnipresente en el metraje y la película no deriva en ningun momento hacia el lado más sensible de la historia, peligro que los directores han sabido esquivar con maestría. Esa actuación realista de los actores (son “actores no profesionales” en el cine, aunque son artistas de circo, y hacen de sí mismos en la película) también nace de la improvisación, de los diálogos no escritos, de plantear dentro de su contexto habitual un leve hilo ficcional del cual poder avanzar y a partir de él inventar sus reacciones, siempre moderadas y creíbles. Secuencias como la de Walter dando consejos a Tasio para defenderse de una posible pelea en el colegio, parecen totalmente documentales. Por el verismo con que el alemán explica como pegar y como defenderse y por la continuidad de esta secuencia basada en dos planos largos. Los comentarios irónicos del chico, la fraternalización entre ambos, el espacio natural circense que los rodea, convierten esos minutos en una secuencia mágica y llena de belleza.

Como Patty quien al principio busca a su perro que se escapó y acaba encontrando la Pivellina sola en el parque, esta pareja de cineastas construyen una película de búsqueda entre dos territorios. Transitan de manera original y fluída entre ambos, encontrando un terreno natural, con un poco de misterio y también de diversión, dentro del oasis que crean la afable y tranquila gente del circo dentro de la caótica civilización.

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FICHA TÉCNICA
Dirección: Tizza Covi, Rainer Frimmel
Con: Patrizia Gerardi, Tairo Caroli, Walter Saabel, Asia Crippa
Dir. de fotografía: Rainer Frimmel
Sonido: Tizza Covi
Montaje: Tizza Covi
Dir. de producción: Rainer Frimmel
Productora: Ventofilm
País y año de producción: Italia, Austria, 2009.

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