Especial Punto de Vista 2010

Crónica especial de Blogs&Docs a raíz de la sexta edición del festival Punto de Vista de Pamplona (5-13 de febrero). Fotografías: Rodrigo Pérez / Punto de Vista.


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Documentales de hoy (Sección Oficial y La Región Central)

A menudo en los festivales las secciones oficiales defraudan al espectador, quien se planta ante la sala con la avidez de consumir siempre algo totalmente nuevo, de descubrir un Raya Martin en cada esquina o de encontrar la película del año en cada festival. Expectativas alocadas que no llevan a ninguna parte, excepto a veces a vender blufs y a sobrevalorar películas. En este Punto de Vista 2010 la sección oficial la podemos catalogar como “comedidamente buena”. Fiel al planteamiento genérico del evento, la selección aportó una visión del estado general del cine documental contemporáneo desde un criterio arriesgado pero no siempre extremo, buscando un equilibrio entre todas las elegidas. Hubo tiempo para los realizadores que se fundamentan en lo clásico, para los que se van hacia lo experimental, para posibles nuevos talentos, para cuestionarse el cine en sí mismo, y también para contar historias. Ese estado del cine documental analizado en el PdV parte de una base que no es el todo. Esa base son los centenares de películas recibidas, los más de 700 realizadores/as que se enteraron de que existe un festival de documental en España donde se valoran las películas y que creyeron que ellos podían formar parte de él. Todas las seleccionadas eran obras inéditas en España, en algunos casos fueron estrenos a nivel europeo o incluso mundial.

Para dar cuenta de este posible e imperfecto estado del documental contemporáneo global, se seleccionaron 14 largometrajes y 7 cortometrajes. Hablaremos de los que más despertaron nuestro interés, e intentaremos encasillarlos de forma banal bajo algunas etiquetas. Los vincularemos también con la sección titulada La Región Central, que vendría a ser una selección de películas que por calidad podrían estar en la competición oficial, que siguen siendo inéditas en España, pero que por haber circulado ya con éxito por muchos festivales en el último par de años, se apartan de la competición.

Tendencias contemporáneas

Let each one go where he may (Ben Russell, EEUU/Surinam, 2009)

Ganadora del festival, asombró por su espectacularidad visual y su narración entrecortada, que obligaba al espectador a enlazar de manera libre los 13 largos planos de los que está compuesta esta construcción. Esta no-historia de dos hermanos en Surinam, donde vemos sus (posibles) trabajos y sus (posibles) rituales un poco estrambóticos, también deslumbró por su preciosista construcción del sonido, pero sembró algunas dudas al quedarse quizá demasiado entre lo artificioso y lo simplemente esteticista.

Lo que más nos gustó fueron los cortes entre los planos, voluntariamente desordenados, elípticos, crearon una tensión en la narración, generaron preguntas e inconexiones. Comentaba Jorge D. González después de verla su parecido en este aspecto a algunas películas de Angelopoulos, por ejemplo La mirada de Ulises. En todo caso, como dijo Ben Russell en la charla post-película, ni hay que buscarle metáforas porque no las hay (sí en el griego) “ni tampoco he inventado nada nuevo”, aunque siga siendo esta apuesta formal algo radical que ofrece una experiencia diferente a la habitual para el espectador. También desubica al espectador la puesta en escena, del todo coreografiada, el lugar, el pequeño país sudamericano de Surinam que en todo momento parece un país tropical africano, y el contraste que produce volar con una steady-cam en esos páramos económicamente infortunados.

Oxhide II (Liu Jia Yin, China, 2009)

Mezclamos en la sección oficial películas que estaban en la sección paralela no competitiva, por sus cercanías formales. Es el caso de Oxhyde II. Estamos ante un ejemplo claro de película-artefacto, de película que pone en juego de forma muy evidente una serie de auto-limitaciones, de premisas rígidas sobre las que construir su discurso. Y como en todo este tipo de filmes, lo interesante consiste en cómo el armazón permite toda una serie de variaciones, de modificaciones de una pauta cíclica, perfectamente previsible en su funcionamiento último.

En este caso, la cineasta apuesta por restituir en toda su extensión el tiempo de la escena, mientras una familia se dedica a sus quehaceres cotidianos, como la realización en conjunto de la comida, unos dumplings cuya composición y posterior ingestión ocupan la mayoría del tiempo del filme. Todo ello a través de una serie de 9 planos fijos, sucediendo cada plano al anterior con variaciones de 45º en angulación hasta acabar cubriendo todas las posiciones posibles alrededor de la mesa. Cada corte, por tanto, se convierte en un punto crítico del filme, al iluminar nuevas zonas de un espacio escénico perfectamente banal, pero nunca totalmente visible, por cómo se modifica el espacio y se enfoca una perspectiva diferente de los personajes (como en el séptimo plano, donde el tiro de la cámara alumbra por primera vez un primer plano evidente de los personajes dejando afuera el principal foco de atención anterior, la mesa).

Pero quizás lo que queda del filme son dos cosas: la tensión que se produce entre la reconstrucción puntillosa de los gestos y la presencia desestabilizadora de la hija, actuando como si de un personaje de slapstick se tratase; pero sobre todo en la excelente construcción que hace del fuera de campo fílmico, tanto en el nivel visual (esas manos siempre en obra, que dejan ver tan bien como los rostros las variaciones emocionales de los personajes) como a nivel argumental, en ese subtexto que se va creando y que va contaminando el filme, aunque esa tensión no acabe de materializarse lo suficiente como para acabar de dar el impulso final a un filme que podría haber sido magistral. De hecho, unos días después, en el propio festival, la visión de Jeanne Dielman (Chantal Akerman, 1974) refuerza esa intuición, al ver como la película de Akerman maneja esa tensión creciente a través de la repetición, para incrementarla en el momento justo y lograr una experiencia única para el espectador. Manejando métodos en cierto modo similares, Oxhide II acaba dejando a medias al espectador en su tratamiento de las relaciones generacionales en la China actual.

The anchorage (C.W.Winter, Anders Edström, Suecia/EEUU, 2009)

Documental de largos y fluidos planos secuencia, sin diálogos y muy construido. La protagonista es una mujer sueca que vive sola, en una isla fría y lluviosa. En contacto diario con la naturaleza vive de manera invisible, silenciosa, vacía de emociones y llena de sensaciones. Sus rutinas son también rutinas formales, ya sea por la intencionada repetición de encuadres y secuencias, o por la sensación de dejà vu que tuvimos. La propuesta empieza a ser un poco cansina, especialmente si miramos hacia La libertad (Lisandro Alonso, 2001). Parece ser un intento de repetir esquemas, desde aquí abogamos por empezar a romperlos. Aunque su cercanía a Alonso es parcial, por ejemplo nada tiene que ver la protagonista con el primitivismo de los personajes del argentino (apuntaba Manu Yáñez a la salida: “es mucho más alonsiano el personaje de Le plein pays que este” -ver comentario en la página siguiente-). Tampoco transmiten, ni ella ni los planos, el magnetismo que existe sobretodo en las dos primeras películas de Lisandro. Aunque su ejecución técnica es impecable, aunque transmite una belleza natural maravillosa, y aunqueno es una mala película y viene avalada por varios premios… nos dejó bastante indiferentes.

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Un Comentario

  1. gertrud 16/02/2010 | Permalink

    Ja, hasta me he reído, además de informarme. Gracias

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