Especial Punto de Vista 2010

Crónica especial de Blogs&Docs a raíz de la sexta edición del festival Punto de Vista de Pamplona (5-13 de febrero). Fotografías: Rodrigo Pérez / Punto de Vista.


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Reivindicación de una rebeldía permanente (Las Afinidades Vigo)

La sección paralela titulada “Las Afinidades Vigo” tenía como propósito principal encontrar en el cine documental francés contemporáneo semejanzas, resonancias y legados de todo tipo con los trazos dejados por Jean Vigo (1905-1934) en su breve pero intensa e influyente filmografía. Como ya hemos comentado varias veces, este cineasta da nombre al festival, se le ha definido algunas veces como el “patrón laico” del mismo y por eso el premio a la mejor dirección lleva su nombre.

Las afinidades fueron abiertas. Algunas evidentes, otras más ocultas. La sección tuvo un alto nivel de libertad cinematográfica y acabó alzándose como una especie de contrapropuesta a las películas de gran ambición formal, casi dogmáticas, que se vieron en todas las otras secciones y que participan actualmente con cierto éxito en este y otros muchos festivales del mundo. La selección fue de lo más brillante del festival, especialmente algunos humildes cortometrajes con el suficiente empaque cinematográfico para poner en jaque cualquier gran proyecto. Las obras seleccionadas por el comisario Loïc Díaz-Ronda rasgaban estos modelos de largos y medidos planos, de espectaculares y volátiles steady-cams, de películas perfectamente calculadas. Eran un rebelde desacato a la autoridad, no por casualidad una de las principales características del cineasta parisino. Documentales donde el cine nace de lo más cercano y cotidiano, de lo familiar, de lo pequeño y lo íntimo, todos ellos proyectos personales y de muy bajo presupuesto. Simplificando un poco, se podrían encuadrar en ensayos, diarios filmados y obras experimentales. Más allá de la búsqueda y el encuentro de afinidades con Vigo, la sección acabó siendo también una buena muestra del documental contemporáneo francés, en su vertiente más libre, loca y subversiva. De las 24 obras programadas, dejamos de lado las que formaban parte de la época Vigo (8 de las décadas 1920-1930), y de las 16 restantes pudimos ver 13. Todo muy inédito en España, hablaremos de las que nos gustaron más:

Gennariello due volte (Elise Florenty, 2009) fue una de las mejores películas de todo el festival, para algunos la mejor. La podríamos vincular con Zéro de conduite (1933), por sus adolescentes protagonistas y sus iniciáticas sacudidas contra el hostil entorno. Florenty cruza de manera magistral una doble línea narrativa: una rebelión en los institutos napolitanos con un texto de Pasolini (Cartas Luteranas) representado por un joven deambulando entre unas rocas, secuencias que por su vínculo con la poesía son también relacionables con el cineasta referenciado.

Los jóvenes rebeldes, quienes oscilan desde los convencidos (unos entrañables mítines tienen un lejano eco en Grands soirs et petits matins, William Klein, 1968-78) hasta los despreocupados que prefieren bailar y hacer el burro todo el día, se funden en un espacio temporal imaginario con los consejos de PPP. El montaje es el que consigue ensamblar las dos líneas en este único ambiente. El trabajo de audio a la inversa, el onírico juego con la pelota naranja, los fundidos que dan un halo fantasmagórico. Un juego constante que nos lleva a pensar en el desvanecimiento del tiempo, en la no linealidad del paso del tiempo, en visionar la presencia de un Pasolini en la época berlusconiana, que llega para releer sus palabras aún vigentes. Como si esas palabras volvieran a ser escritas por segunda vez, como indica el título.

Más rebeliones. Entartentat (Marc Plas, 2007) es una rebelión política y formal. Basada en el regocijo ante una ínfima pero simbólica derrota de Sarkozy, cuando le estamparon una magnífica tarta en la cara. Con esas breves imágenes se recrea el realizador manipulando colores, sonidos, haciendo fundidos… altera toda la secuencia y cambia el orden de los planos, como alteró y cambió el orden de lo establecido, aunque sólo fuera por unos instantes, el hombre que le pegó el tartazo. Vigo: humor, irreverencia.

Otro rebelde, en este caso vencido, fue el protagonista de Substitute (Fred Poulet, 2006) uno de los escasos buenos documentales de futbol que hemos podido ver estos últimos años. Un jugador de la selección nacional francesa, Vikash Dhorasso, aceptó llevarse una cámara de súper8 durante el mundial de Alemania y tanto él como el realizador empezaron a rodar un diario en paralelo durante el campeonato. Lo que no sabían es que Vikash sería relegado a una inesperada y constante suplencia, lo que provoca su hundimiento psicológico y aislamiento del resto del equipo, así como una ineficaz protesta contra (de nuevo) la autoridad, en este caso el seleccionador nacional. El internado de Zéro en conduite se convierte aquí en un hotel de lujo donde se encierran deportistas de élite y el juagador no encontrará la paz hasta que se acaba la final. Sin ser una película extraordinaria, es un documental ameno y peculiar por la tristeza de alguien a quien el espectador desde la lejanía de su televisor imagina alegre por su aparente éxito deportivo.

Creamy Krimi (Isabelle Prim, 2007) fue otra de las piezas más sobresalientes de todo el festival. Es un cortometraje experimental rodado en unos pocos espacios: un museo, un parque, en una calle. Momentos cazados con la cámara, de manera espontánea. Creo que transcurre en Berlín, aunque eso es lo de menos. Lo más interesante son las intuitivas asociaciones que existen entre plano y plano, montados todos por corte, en un montaje genial. Los planos se relacionan entre ellos por su significado, por el sonido, por los colores, por asociaciones ocultas, extrañas, sensaciones procesadas a toda velocidad. Prim construye una acumulación de sugerencias y enlaces que los ojos no acaban detectar en su totalidad pero sí de percibir por momentos, una especie de ojo de Vertov del siglo XXI. Dibuja un entorno opresivo que deambula alrededor nuestro, personas y espacios con movimientos relacionados entre sí, como coordinados por alguna fuerza mágica. Como sí en el fondo todo tuviera alguna connexión que nuestros ojos no lo puedan percibir, a modo de “visión fantástica de la realidad” como se da en Vigo, concepto también habitual en el planteamiento de este festival.

Otra visión que ocultaba algo más que lo que se veía en la pantalla fue L’Histoire de mes lits (Gabrielle Le Bayon, 2009). Un interesante film-ensayo donde la autora intenta fechar su vida, atrapar en su memoria los sitios por donde ha pasado, a partir de filmar sistemáticamente las camas donde ha dormido el día siguiente por la mañana. En la repetición de planos y gestos, en sus amables e interesantes pensamientos, se puede leer una pulsión sexual latente (en función de cómo están las sábanas el espectador imagina cuanta gente durmió en la cama y, en definitiva, qué pasó esa noche).

Por el lado más humorístico y surrealista de los trazos de Vigo encontramos Autoportrait de ma mère (Alan Moïse Arbib, 2009) muy buena película que hizo reir a toda la sala a lo largo de sus 40 minutos de duración. Un ejemplo para demostrar que el documental también puede (y debe) ser algo alegre y ameno. Moïse Arbib entrevista a su madre varias veces a lo largo de 15 años. La mujer responde a las preguntas del hijo de manera desenfadada y abrupta, incluso cuando se tocan temas duros de su pasado y se trabaja el siempre serio tema de la memoria. Su transparente sinceridad y su olvido absoluto sobre lo que dijo en las otras entrevistas provocan las risas en el espectador, gracias también a un juego reflexivo del realizador, quien entra y sale de la película para mostrarnos su montaje, su retrato materno y autoretrato propio a la vez, lleno de divertidos guiños.

En Alain Cavalier encontramos más humor y surrealismo, aunque este un poco más descarnado. Pequeños retazos de diarios íntimos filmados espontáneamente (Chat du soir, La fille de brioche, Bec d’oiseau en plexiglas, La petite usine à trucage) nos muestran escenas de su vida cotidiana que a menudo parecen alucinaciones lisérgicas. Su loro pretende comerse el portátil, su gato se masturba con el pie de su mujer, quien a menudo no se encuentra bien y tiene que vomitar (un poco desagradable ahí Cavalier), etcétera. Una “rutina caótica” que no le impide parar de filmar ni de escribir guiones.

Más aspectos surreales de la realidad, esta vez sin humor, los vimos en Retour a Kotelnich (Emmanuel Carrère, 2004). Un documental que aprovecha el formato digital para grabar sin parar todo lo que le ocurre al realizador en diversos viajes a Rusia. La voz en off que conduce el relato cuenta su proceder: “filmar todo lo que hacemos aquí en Rusia. Me filmo a mí, al traductor, a la gente con quien hablamos, las gestiones que tenemos que hacer”. Crea un torrente de material que dará pie a un montaje lleno de flashbacks, con un relato en off sensacional que coge la mano del espectador y le guía por el laberinto de una locura paranoica que transcurre a las puertas de los Urales. Varias historias nos llevan hasta el núcleo central, el asesinato de una madre y su bebé a hachazos. Su marido es un importante agente de los servicios secretos del estado, lo que induce a pensar a la madre de la víctima que el asesinato no fue la agresión de un loco, sino un encargo. El abuso del alcohol inunda a todos los personajes en una embriaguez y exaltación continúa, a menudo un poco violenta. La estructura de la narración no se deja llevar por el caos, es meticulosa y ordenada, como si de una investigación o una novela policiaca se tratara. Carrère tirará del hilo del asesinato para encontrar alguna verdad donde aferrarse en un ambiente donde muchas cosas parecen no tenerlo.

M. Martí Freixas

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Un Comentario

  1. gertrud 16/02/2010 | Permalink

    Ja, hasta me he reído, además de informarme. Gracias

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