To Sang Fotostudio

Una pequeña calle en el centro de Amsterdam. La cámara de Johan Van der Keuken traza unos travellings laterales. Un retrato del Señor To Sang a través del cristal de su tienda de retratos fotográficos. Después el mundo contenido en una calle, tejido por un solo lenguaje.


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To Sang Photostudio

VIOLENCIA DE UN RETRATO.
Reflexiones a propósito de To Sang Fotostudio

Una pequeña calle en el centro de Amsterdam. La cámara de Johan Van der Keuken traza unos travellings laterales. Un retrato del Señor To Sang a través del cristal de su tienda de retratos fotográficos. Después el mundo contenido en una calle, tejido por un solo lenguaje. La peluquera africana, la familia kurda, la mujer de Hong-Kong, el hombre de Surinam… todos ellos acceden a la propuesta del cineasta de acudir a la tienda de To Sang para ser retratados. Estructura sencilla de un film que sin embargo aún depara una sorpresa. “Todo ello gracias al lenguaje- el lenguaje de manos y pies, de los gestos y de la persuasión, el lenguaje de la adulación y la exclamación: la gente puede entenderse por encima de las diferencias culturales” (1) . Es la fotografía, la magia del retrato que une en la escena al menos dos cuerpos y una máquina encadenados en el instante de la toma.

JvdK es un cineasta peculiar porque siempre ha mantenido la fotografía como práctica autónoma y no sólo a modo de extensión de su labor como cineasta. La fotografía no es en su caso una mera herramienta para hacer cine, sino un arte autónomo provisto de cualidades y limitaciones a un tiempo. El Van der Keuken fotógrafo no es el cineasta; uno ensalza la forma cristalizada y materializada en un momento sintético, el otro destruye la forma a favor del movimiento y de lo arbitrario. Esta naturaleza doble del cineasta le ha permitido sin duda acercarse en varias ocasiones a la fotografía desde el cine, aún sabiendo de la imposibilidad de hacerlos parejos. En Les vacances du cinéaste (1974) percibimos ese doble deseo del cineasta de fotografiar y filmar. “La fotografía es un recuerdo. Yo me acuerdo de lo que veo ahora. Pero la película no se acuerda de nada. El film se desarrolla siempre ahora” nos dice la voz over del cineasta. Fotografiar o filmar el paso del tiempo y la muerte no es entonces la misma operación. En aquella película el cineasta partía de la fotografía para llegar al cine, para descubrir su onda separación. ¿Cómo unir a un tiempo ambas sensibilidades; la del fotógrafo y la del cineasta? En cualquier caso aquel film planteaba interrogantes que nos acercaban a la intimidad del cineasta, a sus dudas sobre lo real, a la imposibilidad de hacer coincidir al fotógrafo y al cineasta, el recuerdo y el instante, el todo y el fragmento.

Pero si en Les vacances du cinéaste esa doble vertiente se presenta como tensión, como dos formas diferentes de acercamiento a lo real el planteamiento en To Sang Fotosudio (1997) es bien diferente. Porque ahora sí que hay algo que filmar. Es To Sang el que fotografía y JvdK quien filma. No hay confusión posible. En el estudio del fotógrafo vemos como se desarrollan las cuestiones básicas de la puesta en escena fotográfica. Lo que JvdK filma es el mecanismo del retrato, en este caso del retrato fotográfico. To Sang construye un espacio, coloca los puntos de luz, estructura las distancias, da indicaciones a sus modelos, corrige sus posturas, determina sus expresiones. A la vez deja correr algo de lo real por debajo de sus redes. Todo en ese mundo cerrado está definido, alineado, compuesto, a la vez que todo depende de un instante mágico, sacralizado e incontrolado. La fotografía “es el arte de la visión sacralizada […] visión de cómo cambia el ser por la acción mágica de la luz” (2). Más allá del resultado de la fotografía, del respeto del cineasta hacia el arte que práctica To Sang que roza en muchas ocasiones, y a veces sobrepasa, las cuestiones del cliché y de lo estereotipado, encontramos ese discurso sobre el acto fotográfico. Todo ello tiene lugar en ese espacio un tanto anacrónico que es el estudio de To Sang que confía ciegamente en su arte aún cuando considere la fotografía como un arte menor en relación a la pintura. “Hace falta mucho silencio para pintar” dice el personaje en boca del cineasta.

Al lado de esa reflexión sobre la fotografía que nos propone la película y que sería muy superficial si se quedara en la filmación del mundo del fotógrafo, encontramos otra más interesante porque en ella cineasta y fotógrafo se ven involucrados. Es la naturaleza del retrato, cuestión que encontramos en buena parte de la obra de JvdK. La preocupación de ¿cómo filmar al otro, cómo retratarlo?, y de ahí a otra de sus inquietudes que es la de qué esconden los cuerpos y lo real. Hay un momento en los films de JvdK en el que el cineasta salta de lleno a la escena, en el que la película estalla, a veces se desintegra, o en cualquier caso se desvía de su estructura. Es el enfrentamiento con la realidad del film, con la formalización que toda mirada exige. Esa violencia es necesaria para este cineasta que no deja de insinuar la irrealidad del film e incluso la de lo real. A veces es su propio cuerpo el que aparece en escena y se expone (el autorretrato desenfocado de Face value, su cuerpo desnudo en I love dollars…) y en otras ocasiones se expresa a través de la imagen o el sonido (la desintegración de la imagen y el sonido al final de The long hollidays (2000) o los constantes zooms, paneos y falsos cortes que se han constituido en el rasgo de estilo más acusado del cineasta). En To Sang Fotostudio encontramos ese momento al final del film cuando el cineasta decide retratar al matrimonio To Sang. Decisión necesaria para completar la película, para darle entidad. En el mismo espacio en el que tienen lugar los retratos fotográficos vemos a la pareja. El encuadre imita al principio el de las fotografías aunque un gran vacío se sitúa entre los dos cuerpos. En el centro están las sillas donde se ponen los retratados, a los lados los focos. Ese encuadre sintetizado, ideal, es sometido sin embargo rápidamente a la violencia del cineasta, a su mandato físico y temporal. La cámara se desplaza primero arriba, después a la derecha, una pequeña corrección sobre el rostro, vuelta a la posición inicial y así durante varios minutos ante la mirada silenciosa del matrimonio. Es el retrato por el cineasta necesariamente diferente al del fotógrafo. Retrato sometido a otra ley del tiempo y del movimiento, que estratifica el cambio y los puntos de vista. En ese plano se instala un pensamiento sobre el cine y lo real. De esa realidad del cine el cineasta extrae toda su postura política y estética sobre lo real. “Para mí el encuadre es seguido por un desplazamiento que no va hacia un encuadre nuevo, sino que justamente desplaza un poco las cosas y que indica que cada punto de vista es ambiguo, arbitrario” (3). Es el final del film, la desviación que violenta lo real para descubrir la realidad del retrato, del film y de la mirada. Aquella que muestra la visión como estado arbitrario que denuncia el poder de la mirada.

(1) “To Sang Fotostudio” en Aventures d’un regard de Johan van der Keuken. Pag. 188.
(2) “L’art que je préfère” en Aventures d’un regard de Johan van der Keuken. Pag. 61.
(3) “Multiplier les presque” en Aventures d’un regard de Johan van der Keuken. Pag. 43.

To Sang Fotostudio se proyectará el 8 de febrero en La Pedrera de Barcelona dentro del ciclo “A cuatro manos”. También está disponible en el DVD que Intermedio ha editado con Amterdam Global Village.

FICHA TÉCNICA
Dirección y guión: Johan van der Keuken
Montaje: Barbara Hin y Johan van der Keuken
Fotografía: Johan van der Keuken
Productor: Frank Scheffer
País y año de producción: Holanda, 1997

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