Bonanza

Cuando Bonanza (Colorado, Estados Unidos) era uno de los centros neurálgicos de la fiebre del oro, quienes allí se dirigían lo hacían con un único propósito: “get in, get rich, get out” (llegar, hacerse rico y marcharse). En 2007 sólo siete habitantes poblaban la ciudad más pequeña de Estados Unidos y nadie, o casi nadie, recuerda el trasiego de sus calles atestadas de buscadores de oro y prostitutas, ni se oye el rumor de los 36 saloons y 7 cabarets con los que contaba la ciudad.


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Bonanza es la tercera entrega del proyecto Holocene que, desde 2003, desarrolla el colectivo belga Berlin. Jerusalem, Iqaluit y Moscú son las tres ciudades que completan el ciclo. El formato multipantalla (desde las tres empleadas para Jerusalem hasta las siete que componen Iqaluit) y el contexto de las proyecciones, a medio camino entre la videoinstalación, el espectáculo teatral, y la proyección cinematográfica al uso, tal vez sea el rasgo más característico de los documentales que componen Holocene. Sin embargo, aquello que los convierte en algo más que un despliegue de medios técnicos y artísticos orquestados para disfrute del observador es, precisamente, el valor significante con el que la instalación y el montaje (en el sentido teatral y en el cinematográfico) contribuyen a la narración.

El espectador que accede a la sala en la que se proyecta Bonanza se encuentra con una construcción que representa una cabaña típica de los bosques de Estados Unidos. Haciendo las veces de techumbre, vemos una maqueta en la que se ha reproducido, a escala, la ciudad de Bonanza y las cinco pantallas son cinco ventanas desde las que nos asomamos a las cinco historias de sus siete habitantes. A partir de ahí, lo que comienza como un canto a la libertad y a la comunión con la naturaleza termina revelando extrañas formas de fanatismo, odios soterrados y viejas rencillas. Desde el interés etnográfico, nos deslizamos a lo antropológico. Poco a poco, las ventanas abiertas al microcosmos remoto de Bonanza que representan las pantallas de la instalación se convierten en compartimentos estancos y el espacio que los separa, en metáfora del aislamiento vital en el que habitan los pobladores de la ciudad: un matrimonio de jubilados sobre el que pesan oscuras acusaciones, una dudosa escritora que practica la magia blanca, una pareja de lesbianas que se comunican con los elfos, un bombero a tiempo parcial cuyo único refugio son los bosques a los que se retira a leer el Antiguo Testamento y un pastor viudo que, de la manera más lúcida, pasa la mayor parte del tiempo encerrado en casa, leyendo libros de historia.

En Bonanza, cuya alcaldesa y sus cinco ediles residen a más de 300 kilómetros de su área de jurisdicción, adquiere consistencia material esta crónica de la desaparición paulatina de una ciudad que será fagocitada por el bosque. El documental es, también, la contracara de una larga tradición artística, literaria y cultural que bebe, entre otras, de la obra de H. D. Thoreau, de R. W. Emerson y de la Hudson River School of Landscape Painting, y que concibe el paisajismo como reflejo de una pureza primigenia desde la que el hombre se integra armónicamente con el entorno. Sin alcanzar la desolada belleza y lucidez histórica de trabajos como California Company Town (Lee Anne Schmitt, 2008) o An injury to one (Travis Wilkerson, 2002) y, ciertamente, alejado de ellos en su estilo interactivo, Bonanza comparte con las obras citadas el rumor subterráneo de las aguas envenenadas por las emanaciones de las minas que Schmitt y Wilkerson capturan en sus películas.

En última instancia, la experiencia americana del colectivo Berlín, se erige en microcosmos de un mundo regido por el miedo, la codicia y la sed de poder. Un lugar en el que la única forma de espiritualidad posible es la que conduce al fanatismo. De hecho, la incapacidad para la comunicación y la intolerancia entre seres humanos o comunidades que cohabitan en un mismo territorio es un rasgo que el colectivo Berlin observa de manera recurrente en sus trabajos sobre ciudades de una naturaleza geopolítica tan diversa como Moscú, Iqaluit y, muy especialmente, Jerusalén. Con todo, lejos de ofrecer la perspectiva sombría que nuestras palabras auguran, la distancia enunciativa que establece el texto fílmico con respecto a los personajes retratados deja, al menos en Bonanza, un pequeño resquicio para el humor que, sin caer en la mofa, nos permite esbozar una sonrisa. Aunque sea amarga.

Bonanza fue exhibida los días 18 y 19 de febrero de 2010 en la Sala Zircó de Valencia, durante la VIII edición del Festival Internacional de Artes Escénicas València Escena Oberta (VEO). Durante los días 28 y 29 del próximo mes de mayo podrá verse en el Teatre Lliure de Barcelona.

FICHA TÉCNICA:
Realización: Colectivo Berlin: Bart Baele, Yves Degryse, Caroline Rochlitz
Fotografía: Bart Baele, Nico Leunen
Sonido: Tom De With
Montaje: Bart Baele
Música y mezclas: Peter Van Laerhoven
Investigación: Berlin, Nico Leunen
Producción: Berlin
Coproducción: STUK (Lovaina), KVS (Bruselas), Vooruit (Gante)
Con el apoyo de: Flanders Audiovisual Fund, City of Antwerp, Flanders Image, Berlin, Bart Baele, Yves Degryse, Caroline Rochlitz
País y año de producción: Bélgica-Estados Unidos, 2006.

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