Chi va piano: DocsBarcelona IV

La cuarta edición del festival no competitivo DocsBarcelona que se llevó a cabo el pasado mes de febrero, ha servido para que este evento siga fortaleciendo su apuesta (televisiva, de relación con el mercado y la industria), y afianzando sus contenidos en Barcelona, donde empieza ya a tener una importante repercusión. Como en los años anteriores, ha seguido creciendo. Poco a poco sigue adelante con paso firme. E indemne a la crisis.


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Durante la primera semana del mes de febrero el barrio barcelonés de Gràcia se convirtió en la localización principal del DocsBarcelona, festival que ha llegado a su cuarta edición. Éste barrio fue pues, por un lado, el punto de encuentro del mercado-pitching de documentales (nacido antes del festival, en 1996) y, por otro, el del triángulo fílmico generado entre espectadores, películas y directores.

Esta cuarta edición sirvió para acabar de consolidar el evento y hacerlo crecer un poco más: hubo más salas, unas cuantas películas más (35) y aumentó la variedad de actividades. El pitching recibió más de 240 proyectos, convirtiéndose en el segundo mercado más potente del mundo en lo que a “efecto llamada” se refiere en este ámbito. Según su director, Joan González, el objetivo general es poner el documental en el sitio que le corresponde, “pero” -dice- “esto sólo se puede hacer si acercamos las películas a su público”. El público respondió: por el DocsBarcelona pasaron más de 4.500 espectadores, Pecados de mi padre y To shoot an elephant agotaron las entradas, y se calcula desde la organización un incremento del 15% de asistencia respecto al año pasado, lo que confirma que la apuesta va por buen camino: tiene respuesta en la ciudad, resonancia en los medios de comunicación, se empieza respirar un verdadero ambiente festivalero alrededor de los cines y el barrio, que dura a lo largo del todo el día, noche incluida. No es un aumento explosivo, pero si un crecimiento constante, ya viene siendo así desde la primera edición (1). Chi va piano…

Documental y televisión

Siguiendo la línea de los años anteriores, el festival estuvo marcado por el documental que podríamos denominar “de tendencia televisiva”. La tesis de DocsBarcelona es que el documental debe aprovechar las sinergias entre productores y el medio televisivo para que los proyectos puedan desarrollarse con éxito. Así pues, se posiciona como un “festival de industria” y al lado de (o para) la televisión. Historias atractivas para poner en la pantalla grande pero también en la pequeña, con formas creativas que puedan encajar en la parrilla televisiva y para el público objetivo de cada canal. Las pautas son parejas al gigantesco encuentro holandés IDFA, que se toma como una referencia y fuente de búsqueda de películas.

A pesar de esta tendencia, la programación dejó algunos huecos para el documental más cinematográfico o para los nuevos formatos. En la programación se detectó cierta endogamia, un rasgoque ya se dio el año anterior. Se programan algunas producciones propias (la productora Paral•lel 40 es la creadora y organizadora del festival) y también se siguió demasiado apegado a Televisió de Catalunya (uno de los patrocinadores). Si bien es cierto que es una manera de fomentar la visibilidad de autores españoles y catalanes, que tuvieron amplia y merecida presencia en muchas secciones, no deja de ser un poco extraño.

A la caza de un público joven y participativo

Entre las actividades paralelas cabe destacar la inauguración de la propuesta “Off-Line”. Un espacio donde un director expone un proyecto aún no terminado y el público le da su opinión o sugerencias. El primero en estrenar este espacio fue Miquel Àngel Raió con el pre-montaje de Història d’una francesa i d’un torero. A pesar de que escaseaba la gente en la sala, fue un ejercicio interesante entre el público asistente, el director y la (pre)obra. Se jugó con la obra desde la valentía de desmontarla para contemplar un nuevo abanico de posibilidades al reconstruirla.

Otra actividad que se está consolidando es la sección Kids & Teens, que tiene el propósito de extender el documental entre los más jóvenes. Las salas se llenaron de alumnos que bombardearon a los directores con preguntas, hasta al punto que los organizadores tuvieron que frenarlos porque se pasaban del tiempo previsto. En esta sección se pudieron ver producciones catalanas como Barraques. La ciutat oblidada (Alonso Carnicer, Sara Grimal, 2009), Camí de l’herba (Dani Sala, Núria Sala, 2006) o Marxem de colònies (Gerard Badia, 2006). Y, también, catar el “subgénero” del “documental juvenil” con historias de niños y para niños, como You and Me (Ating Wei, 2009) y Circus School (Guo Jing, Ke Dingding, 2006).

Historia: pasada y presente

Una de las grandes apuestas del festival fue Pecados de mi padre (Nicolás Entel, 2009) que recogió éxito de público y de crítica. Es un documental “de gángsters” que trata sobre el acenso y la caída al infierno de Pablo Escobar, el narcotraficante colombiano que llegó a ser el hombre más influyente del país. La proyección, sesión inaugural, acabó con el público de pié aplaudiendo al protagonista, el hijo de Escobar. Pecados… se construye a medio camino entre el reportaje y el documental interactivo, con una estructura narrativa que no sale del modelo estándar. El peso recae en la retorcida y oscura historia, y también en la inmediatez del material de archivo. Un archivo que demuestra la complejidad del personaje, pues contrasta la dureza de la “guerra de los narcotraficantes” con la intimidad de su cámara doméstica.

En un presente aún marcado por la violencia, Entel personifica el intento de reconciliación entre los hijos de los protagonistas, aquellos que aparecen en los archivos de VHS. Este proceso de “armisticio” es creado y filmado. Los encuentros entre hijos de víctimas y del asesino son grabados con respeto, con la conciencia de que es el propio realizador quien empuja este proceso y, también, siguiendo el guión de lo previsible y lo políticamente correcto. No era tarea fácil, pero el resultado es bastante digno.

Una de las secciones más acertadas y coherentes con la filosofía del evento fue la de Historia, programada por Francesc Escribano. Se pudieron ver tres relatos completamente distintos en cuanto a temas y formas creativas. El nexo común: una aproximación histórica directa y personal, alejada de los noticieros o reportajes que miran a los conflictos desde un teleobjetivo y lo deshumanizan.

La primera fue Cooking History (Peter Kerekes, 2009) que, como presentó el programador, habla de “como de bien se conjugan los verbos matar y comer”. Es “otra película más” sobre los conflictos bélicos del siglo XX, pero con un planteamiento muy ingenioso. La mirada de Kerekes no se pone en el conflicto, sino en los cocineros que alimentan a los ejércitos. Cooking History tiene una puesta en escena espectacular, con continuos juegos visuales, figuras retóricas y una banda sonora a su medida. El conflicto histórico aparece entre sartenes, cazuelas y buenas dosis de humor. Las recreaciones de los hechos se cuentan de manera magistral: las anécdotas se convierten en el guión de las secuencias, los cocineros en sus propios personajes de ficción y la puesta en escena lo transforma todo en espectáculo cinematográfico.

La segunda propuesta, The Queen and I (Nahid Persson, 2009), es un ejercicio sobre la distancia, en este caso entre la documentalista irania y Farah Diba, la ex-reina de Irán. Las dos compatriotas comparten la condición de exiliadas, pero sus motivos son totalmente opuestos. La Reina fue obligada a irse en la revolución de 1979, en la cual participó la realizadora. Años más tarde, Persson -joven militante comunista- también se tuvo que ir, ya que la nueva República Islámica quiso silenciar cualquier oposición. La película es el proceso de la propia película. En este proceso los dos sujetos se atraen y se distancian, se aceptan y se cuestionan al mismo tiempo. A nivel formal se juega con la voz en off subjetiva del diario, la contextualización del material de archivo y el metalenguaje, ya que la construcción de la relación entre las dos exiliadas corre paralela a la construcción del documental. To shoot an elephant (Alberto Arce, 2009), documental del cual ya se había hablado en estas páginas, cerró esta sección con un éxito absoluto de público en las dos proyecciones. La cámara del periodista asturiano fue la única extranjera que quiso y pudo quedarse en la Franja de Gaza durante la ultraviolenta operación militar de Israel de hace un año. Es una cámara de urgencia que capta el horror bajo la el lema de “el mundo lo tiene que saber” y que, a la vez, nos presenta la cotidianidad más humana de vivir bajo las bombas.

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(1) Crónicas anteriores: DocsBarcelona 2007, 2008 y 2009.

Catalunya.doc

A la presencia habitual de obras catalanas en el festival, se le añade una sección especial para ello, la llamada Catalan Day, programada por Daniel Jariod. Se proyectó El Perdón (Ventura Durall, 2008), Una cierta verdad (Abel García Roure, 2007) y el cortometraje Ventrada (Òscar Pérez, 2008), tres documentales de los que “hay que tener en cuenta” de los realizados en los últimos años en estos lares, todos ya con recorrido en salas de cine, festivales e incluso televisiones, comentados anteriormente en Blogs&Docs. En la sección Xtra, se pudieron ver más producciones catalanas, dos buenos cortometrajes: Immersió (Neus Ballús, 2009) y Con Sandra (Raúl Cuevas, 2009). Immersió presenta distintas historias subacuáticas que suceden en una piscina municipal: el primer baño, la piscina como terapia para desconectar del trabajo, como actividad social de la tercera edad… Todas estas microhistorias se cuentan siempre desde dentro del agua, con una cámara adaptada al medio líquido que busca encuadres singulares y quiere representar la experiencia sensitiva de éste. El proyecto es un experimento estético, como dijo la propia realizadora “dentro del agua se rompen todos los cánones clásicos”. En muchos planos la cabeza no está sumergida y la gente se mueve en todas direcciones. “Tienes que volver a inventar los planos clásicos del lenguaje cinematográfico”. Con Sandra es un relato intimista acerca de las relaciones familiares entre el director, su madre y su hermana Sandra, con Síndrome de Down. La fuerza narrativa viene dada por el diálogo que se genera entre las imágenes de su cotidianidad y la conversa en off, penetrante, directa y sincera, entre madre e hijo.

Joseph Morder

Otra propuesta interesante de esta especie de sección “bonus track” (Xtra), fue J’aimerais partager le printemps avec quelqu’un (Joseph Morder, 2007), quizá la película más radical que se vio en el festival. Se trata del primer largometraje grabado con la cámara de un teléfono móvil que se estrenó en salas de cine de Francia. Se produjo por encargo del Pocket Film Festival de París. La petición de este evento francés a Joseph Morder no fue casual, ya que este cineasta lleva desde los 18 años filmando, ya sea con sus diarios personales, ficciones o el placer de “filmar por que sí”. Filmar se ha convertido en su praxis vital, acumulando millones de fotogramas y píxels, muchos aún sin revelar y que, seguramente, nunca serán montados. La posibilidad de grabar con el móvil casi materializa el sueño de la camera-stylo de Alexander Astruc, la posibilidad de grabar al instante, la camera como una parte más de nosotros, que funciona de forma directa e inmediata. Es por esto que Morder juega mucho con el metalenguaje del propio medio, reflexiona sobre el “cine con móvil” mientras graba, juega con las imperfecciones visuales y sonoras del medio y propone nuevos referentes narrativos generados por el hecho de poder filmar sólo sacando el teléfono del bolsillo. La posibilidad de inmediatez del nuevo medio se cruza con el esquema narrativo del diario filmado, dando como resultado una “ego-movie” que juega con los límites entre la intimidad y el vouyerismo, entre el juego y el narcisismo de grabarse. El film es una especie de espera filmada donde el autor se pregunta sobre su propia existencia y sobre el nuevo medio. Y, todo esto, con el fondo de un encuentro y un romance de primavera que juega con la ambigüedad entre ficción y realidad.

Premios TV3

DocsBarcelona es un festival no competitivo, pero sirvió para dar visibilidad a las obras ganadoras del Premi TV3 2009. La premiada de ámbito catalán fue Calidoscopi. 41,2ºN-1,8ºE (Imma Serra, 2009), película que lamentablemente no nos dio tiempo de ver. La ganadora internacional, fue el largometraje The Coca Cola Case (Germán Gutiérrez, Carmen García, 2009) que sigue el proceso judicial para que se investiguen más de 300 asesinatos a sindicalistas que trabajaban en fábricas de la Coca Cola en Colombia. A la hora de recibir el premio, los directores denunciaron las coacciones que la multinacional está ejerciendo contra su distribución. La “película” no tiene una propuesta narrativa o creativa sino que es un reportaje televisivo simplemente con una puesta en escena más elegante y estética. En algunos puntos, la narración cae hacia el lado del panfleto y la manera de presentar el discurso se parece al “estilo” de Michael Moore (pero sin Michael Moore).

Apuntes sueltos sobre otras películas

De la sección Panorama, programada por Tue Steen Müller y que recogió algunas propuestas internacionales recientes, sobresalió Constantin and Elena (Andrei Dascalescu, 2008). Se trata de un documental observacional sobre la cotidianeidad de una pareja de ancianos en Rumanía. Es un retrato sobre la simplicidad y la ternura, de la vida y la muerte, “del tiempo que nos queda juntos”. Nace a partir de pequeños recortes y anécdotas de su día a día, sin ninguna trama ni intento de gran epopeya. Estos momentos son encuadrados con una cámara fija casi fotográfica; el resultado es una especie de álbum de fotos donde el tiempo fluye y se vuelve nostálgico.

Este año el festival, a parte de poner el acento en películas catalanas y también en temática latinoamericana, lo ha hecho sobre Italia, con el espacio Focus on. El objetivo es doble: fomentar las relaciones con el mercado audiovisual italiano y, a la vez, exhibir sus propuestas más recientes y prometedoras. Se proyectaron tres películas que encajaron a la perfección con la línea televisiva anteriormente mencionada. Housing (Federica di Giacomo, 2009) fue la mejor de ellas. Sorprendió a todo el mundo con un relato irónico en medio de un universo de precariedad y ansiedad. Trata de la vida de varios italianos que sobreviven en pisos de protección oficial en suburbios. Viven bajo la amenaza de que sus casas sean ocupadas por otra gente, tanto si se marchan unos días como si se van a comprar el pan. Responden a estas amenazas con distintas formas de resistencia pero, todas ellas, tocando los límites entre la locura y el surrealismo. El trabajo con las personas filmadas es excelente, por su elección y empatía, y el guión exquisito, fundiendo la comedia con el melodrama. Y es que, la ironía, el sarcasmo y el surrealismo se convierten en las mejores armas, para los personajes y para el documental, para subsistir en un universo claustrofóbico.

El estreno en Barcelona de El Último Aplauso (Germán Kral, 2008) sirvió para poner punto final al festival y terminarlo con buen sabor de boca. Fue, sin lugar a duda, la gran película del DocsBarcelona 2010, por su fuerza narrativa, por su propuesta cinematográfica y por permanecer inédita hasta ahora en España. Se trata de la historia de unos cantantes de tango que actuaban en un bar, El Chino, en Pompeya, un barrio de Buenos Aires estigmatizado por su peligrosidad. (En la presentación, pero, el director puntualizó: “no se trata de un barrio conflictivo, los barrios verdaderamente peligrosos están al norte de la ciudad… donde viven las clases altas”). El ánima de este bar era El Chino -su propietario-, un amante del tango y de la música y que había hecho del local su propio mundo. También era la casa de este grupo de cantantes para los cuales el tango era su vida. Cada noche las paredes viejas y ruinosas acogían al público y los artistas y el bar se transformaba en el mejor auditorio del mundo. En la primera parte, la cámara capta esta realidad de modo directo, apasionado. La imagen granulosa posee una estética que convierte los fotogramas en un archivo que, pronto, será nostálgico y, casi, melancólico. La muerte de El Chino es un golpe duro para todos los cantantes que, al perderse la esencia del bar, buscan suerte en otros sitios. Esta muerte también genera un punto de inflexión en la película, qué hacer: ¿contar el vacío o contar la leyenda? En la segunda parte del documental, este retoma los personajes y les da un empujón para que se reencuentren y hagan lo que han hecho toda la vida. A pesar de que este camino es, en buena parte, marcado y orquestado, el artilugio cinematográfico respeta los tiempos y los momentos que se generan a lo largo de él. El resultado final es brillante y emocionante, y al ritmo de Gardel, se convierte en un musical nacido de lo real.

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