Cinéma du Réel 2013. Amalgama del presente, evocación del pasado

El festival internacional de documentales de París, fundado por Jean Rouch y Jean-Michel Arnold, llegó este año a su 35ª edición con el debut de Maria Bonsanti a cargo de su dirección artística. Repasamos algunas de las películas, secciones y directores presentes en su programación. Crónica de Cristina Bernaldo y Arturo Solís.


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La primera vez que asistíamos a este festival, que hace ya 35 años fundó Jean Rouch y Jean-Michel Arnold, coincidía con la primera edición en que Maria Bonsanti se ponía al frente de la dirección artística. En líneas generales, la edición destacó por una programación a medida de las inquietudes del momento y apta para todos los públicos, en lo que en materia formal se refiere. El público asistente secundó, con cartel de aforo completo en muchísimas de las sesiones, desde las 42 películas que conformaban la sección oficial hasta las interesantes (unas más que otras) secciones paralelas. Como la nueva directora y los abajo firmantes estábamos de estreno, nos limitaremos a citar la tónica común que se oía entre bambalinas: la renovación favorable en la programación de la presente edición. Nos encontramos con un abanico de temáticas que iban desde la tendencia de los realizadores en fijar su mirada más allá de las fronteras de su propio país, hasta las más ambiciosas historias personales. Ambas, no sin algunas debilidades estéticas, cohabitaron en armonía durante los diez días de programación.

Sección oficial heterogénea

Mencionamos Shunte Ki pao! (Are you Listening, Banglasdesh, 2012) no por sobresaliente, sino por tratarse de la película ganadora. Kamar Ahmad Simon, su director, narra la crónica de una de las varias familias afectadas por las continuas inundaciones en el litoral de Bangladesh. A pesar del continuo toque de espontaneidad que quisieron darle al documental, éste acaba convirtiéndose en una especie de comedia romántica un poco cursi. Destacamos, sin embargo, la Mención Especial del Jurado a la neoyorquina Shelly Silver que, en sintonía con su trabajo personal, explora territorios que yacen entre lo público y lo privado; los que ven y los que son vistos; la imagen fija y el movimiento. Con Touch (Estados Unidos, 2013), Silver reconstruye el pasado de un inmigrante chino que nos revela en off  la vida cotidiana del barrio neoyorquino de Chinatown. La interacción entre palabra e imagen nos induce al juego entre la verdad y la mentira, pues aquel que relata la historia no existe, sino que juega el rol ficcional de la pieza. El peso del documental reside en la vivacidad y ritmo con que las imágenes han sido recuperadas y filmadas. La presentación de los planos permite el deleite visual de toda la obra.

La ópera prima del congoleño Dieudo Hamadi, Atalaku (RDC, Francia, 2013), que se alzó con Premio Joris Ivens, reproduce el asunto tan delicado de lo que fueron  las segundas elecciones libres de la República Democrática del Congo. Gaylor es un pastor que se busca la vida, como la mayoría de los nueve millones de habitantes de la capital, convirtiéndose en Atalaku -“pregonero” en lingala- de campaña de uno de los innumerables diputados que se presentaban a las elecciones. El Pastor consigue que un grupo de Kulunas, jóvenes de las calles que hacen música para ganar dinero, compongan una pieza musical en favor de uno de los candidatos. Muestra ingeniosa, distanciada de la trama política y comprometida con una sociedad plural donde la multitud inyecta color y vida al convulso mundo contemporáneo del corazón africano. A nuestro criterio, otro realizador no congoleño habría tenido dificultades para llevar a cabo esta obra.

Madera (Cuba, 2013), documental cubano realizado por el argentino Daniel Kvitko, nos cuenta como la naturaleza y la memoria son indisociables de la historia personal de Abelardo, octogenario que trabaja, por un lado, conservando el entorno natural de su hogar que en su día albergó las tropas revolucionarias de las que formó parte y, por otro, componiendo sus memorias. Kvitko trabaja como su protagonista, cambiando sólo el machete por el rigor del cuadro y la alternancia rítmica que capta los diálogos que contemplan la vida; imprimiendo la huella del acto sincero del retratado y el retratista en el gran debate que supone cuestionarse los propósitos en la vida. La Mención Especial de la sección cortometrajes fue para Cha Fang (The Questioning, China, 2013) del realizador chino Zhu Rikun. Merece contextualizar el cortometraje para una posterior reflexión. Zhu Rikun se encontraba en la habitación de un hotel de una ciudad china para mostrar su apoyo a un activista los Derechos Humanos. Los policías, previamente informados, aterrizan en ella para cerciorarse que todo está orden, siendo el momento en que el realizador enciende la cámara -colocada como por casualidad en una esquina de la habitación- y nos da paso al plano fijo que transcurre durante los próximos veinte minutos. Junto a él, asistimos al absurdo interrogatorio que va a reflejar no sólo la tiranía policial, sino la incoherencia del mismo. Evadiendo la respuesta a la casi única pregunta de los policías, nos convierte en cómplices y testigos de su resistencia burlesca hacia el autoritarismo de su país. Teatro del absurdo que inició un intenso debate en la sala donde el realizador dejó clara su pretensión de mostrar la relación entre poder e individuo.

Además de las piezas ganadoras, no podemos dejar de mencionar Ein neues produkt (A new product, Alemania, 2012) en la que Harun Farocki sigue durante un año las reuniones de una consultoría de empresas dedicada al diseño de espacios de trabajo. A través de dicha empresa, que tiene por objetivo optimizar la organización empresarial, Farocki nos propuso una interesante reflexión sobre la alienación humana. Y también Letter (Rusia, 2013) de Sergei Loznitsa. Pieza en blanco y negro que nos muestra las almas enigmáticas que habitan en un psiquiátrico de algún lugar recóndito de Rusia. Figuras intrigantes y sonidos espectrales hacen que parezca un lugar por donde no ha pasado la civilización moderna.

Anand Patwardhan: à l’œuvre

A veces, cuando descubrimos un cineasta, podemos ver cómo la historia del cine está llena de ausencias y que han hecho falta varios años para evidenciar su presencia. Éste es el caso de Anand Patwardhan. Sus retratos de la India recogidos con su cámara desde la década de los 70 integran paralelamente el activismo y la armonía necesarias para engancharte al ciclo desde la primera película. Dando voz a los oprimidos, vemos una India alejada de la no-violencia y de la igualdad que -lejos de poner en evidencia, denunciar o arreglar el país- pone los problemas sobre la mesa para que sea el propio espectador quien los cuestione. Para destacar alguna de sus obras -ya que su ciclo bien merecería un artículo completo- mencionaremos Jang Aur Aman (War and Peace, India, 2002). Delicados asuntos como los nacionalismos o las guerras conforman este ensayo dividido en seis capítulos, exponiendo su nivel de gravedad no sólo en la India, sino de manera global. Según palabras de la comisaria del ciclo, Nicole Brenez, Patwardhan representa para el cine indio lo que René Vautier representa para la cinematografía francesa, Saul Landau para la estadounidense o Shinsuke Ogawa para la japonesa.

Filmer c’est vivre

El último domingo la “petite salle” del Centre Pompidou se ocupó durante más de seis horas para presentar la última gran empresa del exhaustivo Boris Lehman. Al realizador belga le llevó 18 años poder presentar por primera vez y de forma inédita el montaje final de Mes Entretiens Filmées (Bélgica, 2013), proyecto iniciado en 1995. Material rodado en 16 mm, dividido en tres capítulos en los cuales se desarrollan cuarenta y cinco diálogos. Entre ellos encontramos, por citar algunos, a Henri Storck, Daniel Fano, Dominique Païni, Jean Rouch, Regina Guimarães, Jonas Mekas, Robert Kramer, Marcel Hanoun, Stephen Dwoskin, Gérard Courant, David Perlov… Hablando de sus propias películas, Lehman sienta las bases sobre una forma de hacer cine: “filmar es vivir”, “filmar sin dinero”, “siempre a la búsqueda del tiempo perdido” son algunas frases que interpelaron a la audiencia. Pero el realizador, partidario de no dar lecciones, prefirió que fuera el espectador quien realizara su propia labor de montaje mental.

Chile: 1973-2013

Este ciclo comisariado por Federico Rossin se celebró por el cuarenta aniversario del Golpe de Estado en Chile y para conmemorar la muerte de Salvador Allende. Nos permitió entrar en el concepto de memoria colectiva. Oportuna y excelente selección de películas que nos contaron, no sólo a los acontecimientos sucedidos en Chile, sino la historia de jóvenes cineastas que encontraron en el documental un medio de lucha. A través de estas voces que experimentaban con las nuevas formas para mostrar su resistencia y petición de cambio, el ciclo hace un repaso sobre las condiciones del país antes, durante y después de la presidencia de Allende; permitiendo comprender a las jóvenes generaciones los comienzos de las privatizaciones, la desarticulación de los derechos sociales o la precariedad laboral de manera global. La histórica y extraordinaria La Batalla de Chile de Patricio Guzmán o L’Ambassade de Chris Marker fueron las propuestas más conocidas entre otros títulos interesantes entre los que destacamos dos denuncias: Testimonio (Pedro Chaskel, Chile, 1969), pieza que delata las situaciones de un país a un paso de las puertas del cambio político mostrando las condiciones precarias de un centro psiquiátrico chileno y Amuhuelai-mi (Ya no te irás, Chile, 1972), donde Maria Luisa Mallet denuncia la marginalidad a la que ha estado sometido el pueblo Mapuche y los esfuerzos de Allende para integrarlos en la sociedad. Pieza de propaganda que busca la empatía con los nativos mostrando su integración en la urbe de Santiago. Pudimos ver también dos entrevistas, Compañero Presidente (Chile, 1971) de Miguel Littín e Intervista a Salvador Allende (Roberto Rossellini, Italia, 1971-1973), entrevistas realizadas al antiguo presidente por el escritor Régis Debray y Rossellini respectivamente. Debray, declarándose desde el principio marxista-leninista, tiene una empatía cómplice que no tiene Rosselini, mostrando así la cercanía de Littín al presidente. A diferencia de la entrevista televisiva del director italiano -realizada en un lugar cerrado- la de Littín pretende ser espontánea. La cámara no está quieta, sino que muestra diferentes paisajes e intercala imágenes de archivo mientras Allende exalta los logros económicos y sociales que se están viviendo en el momento. Destacamos también el collage documental de Santiago Álvarez, ¿Cómo, Por qué y Para qué se asesina a un general? (Cuba, 1971), que nos cuenta como la CIA, con el asesinato del general René Schneider, militar partidario de la no-intervención del ejército en asuntos políticos, trató de impedir el ascenso de Allende a la presidencia de Chile. Y con la última locución de Allende al pueblo chileno en Septembre Chilien (Francia, 1973) de Bruno Muel, Théo Robichet Valérie Mayoux, junto a unas imágenes del bombardeo de La Moneda donde se muestra claramente que allí no había ninguna guerra, y sentados en el suelo de la sala Rossellini del cine Noveau Latina, despedimos la que fue nuestra primera pero no última edición del consagrado festival de cine parisino.

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