Animac Lleida 2013. A través de la realidad

El festival Animac de Lleida presentó una sección titulada A través de la realidad que intentó casar los conceptos documental y animación de la cual dedujimos que Vals con Bashir sigue siendo el inamovible referente contemporáneo. El encuentro contó con amplia asistencia de público y respiró un ambiente juvenil y festivo.


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Lleida es una ciudad situada en la parte Oeste de Catalunya con una población cifrada en 140.000 habitantes en el año 2012. En esta ciudad, llamémosle pequeña, los eventos culturales escasean y los que hay deduzco que son muy bien recibidos por sus ciudadanos. Como mínimo, así fue en el Animac’13, Muestra Internacional de Cine de Animación, en su XVII edición. Lo mejor del evento fue el público, entusiasta, abundante, entregado totalmente al festival, orgullosos y contentos de tener materia cultural en su casa. Hermoso.

Me acerqué por primera vez a este festival, y de manera bastante neófita al mundo de la animación, con la excusa de una sección que intentaba casar lo real, lo documental, con el protagonista del evento, el cine de animación. A raíz del éxito y el giro que en esta relación supuso la extraordinaria Vals con Bashir (Ari Folman, 2008) se empezó a usar, o a reanimar, el término “documental de animación”. De este éxito y pequeño auge suponemos partió la cuestión que planteaba esta sección titulada en Lleida A través de la realidad. Las respuestas ofrecidas a esta pregunta fueron en líneas generales decepcionantes con alguna excpeción. Todos los realizadores vistos se quedaron lejos de la simbiosis mágica que consiguió Folman entre investigación documental, memorias personales, animación y novela gráfica. Por parte de la programación, nos faltaron puertas de entrada, debate, cuestiones más teóricas sobre la posible relación entre estos dos conceptos. Textos, mesas redondas, al estilo de las cuestiones planteadas en el Forum des Images de París bajo el título ¿El documental animado, verdadero o falso? hace cerca de dos años. Le exigiría al festival subir dos peldaños de dificultad para el espectador, con menos concesiones y películas fáciles. Un público tan amable y entregado como el del Animac sólo puede recibir nuevas propuestas con más entusiasmo.

Esa falta de antesala teórica nos llevó directamente a las películas, algunas no nos agradaron, otras sí pero no nos resolvieron o acercaron al enigma de este casamiento. Andy Glynne fue presentado como uno de los creadores de documental de animación más en boga. Todos sus cortometrajes se fundamentan en un contenido social con derivas hacia el conservadurismo. Desde testimonios con voz en off que narran sus enfermedades mentales, representadas con animación para tomar distancia del dramatismo de lo real (“suavizar la crueldad”, en sus propias palabras) y poder plantear “metáforas visuales” para “ilustrar mundos interiores y visualizar lo no filmable”, hasta niños refugiados de guerra que son acogidos en el Reino Unido, y de nuevo narran en off sus experiencias representadas con animación. Muy bien acogida esta idea por la BBC, Seeking Refuge, lo que empieza como un proyecto de buenas intenciones acaba teniendo un perfil político nacionalista y muy conservador. Por ejemplo, uno de los niños acaba el corto con la frase and the UK saved my life (“y el Reino Unido salvó mi vida”), bandera incluída. De las guerras de sus países de origen, y la relación que hay a menudo entre el mundo occidental, el propio Reino Unido, y la desigualdad y guerras en esos países, ni una palabra. El trabajo de animación en sí de estos proyectos no me pareció nada destacable.

Las dos sesiones de cortometrajes de la sección A través de la realidad caían muy a menudo en las mismas reiteraciones y tono social misericordioso de Glynne. El descubrimiento de este juego animación + documental, por lo visto en Lleida, está en buena parte en manos de unas hordas de “nuevos cineastas” que antes que trabajar el medio audiovisual necesitan proclamar a través de él que el mundo es injusto y recordarnos que no hacemos nada por arreglarlo. También sucedió, y aún sucede, en el documental a partir del gran auge de los medios digitales. Una vez hayan pasado esos pesados ejércitos, quizás salga un cineasta con alguna genialidad que nos redescubra las posibilidades del binomio. O sea, vimos campos de concentración representados con una dulce música de piano, voces en off en manos de niños constantemente, historias ya muchas veces contadas en la literatura, el periodismo, el cine… De los cortometrajes sólo destacaría Tunnel, Maryam Kashkoolinia, corto iraní de siete minutos, que nos recordó cuaquier buena y emocionante novela gráfica. Trata de como los palestinos introducen comida a través de túneles para intentar evitar el bloqueo de la Franja de Gaza y el peligro que esto conlleva. Algo muy difícil de filmar en la vida real lo que da sentido a representarlo con una animación oscura e ingeniosa.

Los largometrajes presentados fueron el citado Vals con Bashir, el conocido Persépolis (Vincent Paronnaud, Marjane Satrapi, 2007) y cuatro más. Una película checa excelente, Alois Nebel (Tomás Lunák, 2011), sólo que parecía demasiado apegada al relato de un comic, parecía ser una muy buena y fiel adaptación de una novela gráfica preexistente. Sin saberlo de antemano, acertamos: se basa en una trilogía creada por Jaroslav Rudiš y Jaromír 99. El largo Crulic (del rumano Anca Damian, 2011) se basa en la historia real de un compatriota que muere de inanición en Polonia por un trato injusto e infrahumano en ese país. El relato oral, como si el fallecido Crulic nos hablara desde la tumba, combina con una variada riqueza de técnicas de animación, y juntos dotan al proyecto de sentido, aunque a menudo las imágenes van muy asidas al texto. Estos dos proyectos fueron, para mi, lo mejor del Animac. El largometraje Tito on ice iba en una dirección muy distinta a estos anteriores y fue un fiasco. El realizador sueco Max Andersson y su compañero Lars viajan por la antigua Yugoslavia para encontrar a otros artistas y dilucidar lo que fue la guerra y tratar conceptos como el de “balcanización”. Acaba siendo un apelotonamiento de entrevistas estilo televisivo llenas de tópicos sobre la ex-Yu, retahíla que no indaga ni profundiza en estos complejos temas. La “gracia” es que viajan con una momia de Tito homemade en un refrigerador. Este dispositivo no funciona en ningun momento y la relación documental / animación no aparece. No pude ver La tumba de las luciérnagas (Isao Takahata, 1988), así como lamentablemente una sesión de cortometrajes que miraba hacia el pasado de esta relación titulada Cortos clásicos.

Cerramos el último día del festival con una Máster Class del artista búlgaro residente en Canadá Theodore Ushev, no enmarcado en la sección A través de la realidad, aunque también podría haber estado en ella. Antiguo publicista, dibujante, cartelista y cineasta de animación, sus trabajos son una minuciosa condensación de ideas, un collage intenso que en general parte de historias de lo real como el corto biográfico Lipsett Diaries sobre el cineasta vanguardista Arthur Lipsett. Ushev enlazaba sus acurados y precisos trabajos con la motivación del ejecutor de pinturas que encontró cerca de Lleida durante el festival, en el yacimiento de El Cogul, donde se hallan pinturas rupestres del paleolítico. Las motivaciones de un cineasta de animación a acercarse a lo real, o partir de lo real, a imbricar su trabajo con aquello que lo rodea, son las de toda la vida. La idea de Vals con Bashir al usar los audios reales de las entrevistas para saltar con poderosa imaginación hacia las partes ocultas de la memoria dio pie a un estallido de fusión, creatividad y cierta lógica para aplicar ese fabuloso mestizaje que de momento no hemos vuelto a encontrar. Folman, por cierto, presenta nueva película en la Quinzaine de Cannes en pocos meses, The Congress.

Más allá de A través de la realidad, hubo las secciones a competición, varias secciones paralelas más y numerosos talleres pensados para un público infantil y juvenil que dotaron al Animac 2013, dirigido por Carolina López  desde la pasada edición, de gran movimiento y bullicio. Salir de una sesión y encontrarse con niños acercándose al cine, a la vez que echándose algunas carreras por los pasillos, chicos y chicas disfrutando de las películas, recortando “cosas”, montando collages y muchas otras actividades que sólo vi de lejos, le dan a este pequeño pero activo encuentro un espíritu festivo, familiar y alegre muy especial.

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