The Cove

El alcance de la denuncia que pretende The Cove es limitado. El filme, ganador del Oscar 2010 al mejor documental, se encuentra mucho más cerca de un episodio del Equipo A o de productos de género al estilo Ocean’s Eleven.


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El grado justo de una causa

Louie Psihoyos, el afamado fotógrafo del mundo submarino -entre otras superficies naturales- y fundador de la Oceanic Preservation Society (OPS) junto a Jim Clark, debuta en la dirección con The Cove (2009), largometraje que ha visto recompensado su ancho presupuesto tras la concesión de cuarenta y seis galardones hasta la fecha –entre los que destacan el Oscar al Mejor Documental-, así como por una gran acogida en la taquilla norteamericana.

LOCALIZACIÓN: Taiji, una pequeña localidad japonesa de la comarca de Wakayama, es anunciada en los primeros compases del filme como “el pequeño pueblo con un gran secreto”. Acudiendo a las estadísticas, se nos informa de que es el mayor proveedor mundial de delfines a parques marinos y programas de nado, aunque “el secreto” no va por ahí. Nada más lejos que el misterio que albergara otrora la isla de las focas, aunque la propuesta documental de Psihoyos busca consciente y constantemente el cruce con el cine de género, acción y misterio en este caso, como gancho fundamental. Hasta dicho enclave arriba una misión de “salvadores norteamericanos” que destaparán el misterio y lo darán a conocer a unos desconcertados lugareños asiáticos. En Taiji, el yin y el yang…

CAUSA: The Cove sigue contando cómo la localidad de Taiji distribuye también la “letal” carne de delfín en pescaderías, aunque disfrazándola. Los pescadores locales, además, no son precisamente amables con esta especia marina, pero protegen metódicamente la invisibilidad de sus prácticas. El cometido de “la expedición norteamericana” es burlar las medidas de seguridad y acceder a ese “lugar del horror”, denominado “La cala”, para hacerlo visible ante el mundo.

DISPOSITIVO: El despliegue de Louie Psihoyos para liberar a los delfines presos en dicho territorio no escatima en recursos humanos y materiales. Él mismo los irá enumerando con orgullo: cámaras diversas que deben camuflar en las rocas -entre las que destaca una cámara térmica de uso militar- y varios vehículos que utilizarán para captar tomas desde muy diversos ángulos y alturas e incluso que utilizarán simplemente como medios para desviar la atención. Así, irán reclutando su propio helicóptero, su propio avión, su propio satélite, su propio zeppelin y su propio hidrófono.

El equipo humano básico lo conforma un triángulo. Primer vértice: Ric O’Barry, figura central del filme, entrenador del televisivo Flipper, reconvertido en el mayor activista por la liberación de delfines tras descubrir que “la sonrisa del delfín es el mayor engaño de la naturaleza”. El filme no logra sacarle suficiente partido a este personaje de raíz casi herzoguiano. Segundo vértice: Jim Clark, amigo del realizador, productor ejecutivo de The Cove, acaudalado empresario y visionario creador de relevantes software (a través de Silicon Graphics fue líder en la producción de efectos visuales e imágenes en 3D para filmes de Hollywood). Tercer vértice: el propio director. Pero la troupe no acaba aquí. Louie Psihoyos se hace rodear también de una pareja de buceadores olímpicos, un talentoso surfista amante de estos cetáceos, un técnico que trabajó en la empresa Industrial Light & Magic… Ver para creer. La desmesura de un acto puede poner en entredicho la, a priori, justeza de su causa.

El exceso de un “no evento”

En un reciente e ilustrativo artículo, “Catástrofes que dibujan el mapa” (1), Andrés Hispano se refiere a la capacidad de los medios de comunicación para engrosar una catástrofe en determinado punto del planeta o, por el contrario, pasarla por alto y silenciarla. Expone que “la imagen de una catástrofe es la de la destrucción, pero la historia de esa imagen es la de una construcción: la de un relato, la de una red comunicativa, la de un mapa…”. Y prosigue más adelante: “La relación entre accidente y progreso, lúcidamente expuesta por Paul Virilio, se intensifica conforme el accidente gana capacidad para devenir evento, noticia, imagen, asunto que en su circulación cosecha atención y dinero”. Psihoyos ha construido la imagen que quería envuelta en la forma de un espectáculo de proporciones gigantescas –la televisión es experta en generar “circos mediáticos” y el cine, de vez en cuando, también-. Así, The Cove ha servido como vehículo para la denuncia que tanto O’Barry, especialmente, como Clark querían lanzar al planeta y Psihoyos ha debutado en la dirección. Y hasta aquí todos contentos.

Las intenciones de The Cove son claras y, hasta cierto punto, defendibles, pero van empañándose dada la megalómana estrategia; no solo por el desmesurado dispositivo movilizado para la causa, sino por el enfoque reduccionista del que hace alarde el filme. “Americanos buenos, adalides de la verdad y las causas justas; japoneses (de Taiji)  malos y/o ignorantes”, parece clamar sin sentirse turbado. Y esto, por supuesto, no tiene nada que ver con los delfines y con que uno pueda sentir rechazo hacia el trato vejatorio y cruento que sufre dicha especie (y tantas otras, empezando por la nuestra). Los protagonistas, salvo en espectaculares y realmente extraordinarias secuencias aisladas, no son los delfines, sino el enfrentamiento entre hombres de diferente nacionalidad. Sirvan de ejemplo las secuencias de “batalla de cámaras” (mientras los americanos filman el lugar, algunos pescadores o lugareños de Taiji les filman como estrategia de amenaza) o aquellas rodadas durante una reunión anual de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), donde es ridiculizado de manera bastante facilona el delegado nipón y por donde se paseará exultante y triunfal O’Barry mostrando a la audiencia “la imagen de la barbarie” antes de ser expulsado.

Por todo ello el alcance de la denuncia que pretende The Cove es limitado. El filme se encuentra mucho más cerca de un episodio del Equipo A o de productos de género al estilo Ocean’s Eleven (Steven Soderbergh, 2001) y secuelas. Curiosamente el propio Psihoyos se permite la ironía de comentar en un momento del filme que su propósito es reclutar su propio Ocean’s… Pero hay ironías mal avenidas y uno puede encontrar más mala baba, ironía de calidad y una más que contundente denuncia en, por ejemplo, unos cuantos minutos de La noche del delfín, segmento de uno de los episodios especiales de Halloween de Los Simpson, donde los delfines pretenden echar a los humanos al mar porque ellos los desterraron antes de la tierra.

Refiriéndose a la presencia u omisión de “restos humanos” en las imágenes que dan testimonio de grandes horrores recientes, Hispano asegura que “el asco puede ser un obstáculo para informar sobre el horror”. Y cabría añadir que también la desmesura. Los títulos de crédito de The Cove se hacen acompañar por el Heroes de David Bowie

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(1) Andrés Hispano, Catástrofes que dibujan el mapa, Cultura/s, n.º 405, suplemento del diario La Vanguardia, 24 de marzo de 2010, pp. 2-3.

FICHA TÉCNICA
Dirección: Louie Psihoyos
Guión: Mark Monroe
Dir. de fotografía: Brook Aitken
Operadores de cámara: Eric Peter Abramson, Michael Ramsey
Sonido: Greg ‘Moondog’ Mooney
Montaje: Geoffrey Richman
Música original: J. Ralph
Producido por: Fisher Stevens, Paula DuPré Pesman, Olivia Ahneman, Charles Hambleton
Producción ejecutiva: Jim Clark, Kimberly Rogers
Departamento de sonido: Ryan Collison, Robert Fernandez, Matthew Haasch, Glenfield Payne, Jay Peck, Reilly Steele, Edward Thacker
Efectos visuales: Nelson Hall, Danny Wagner, Kevin Wallace
Departamento de edición: Will Cox, Miles Hubley, Mike Scalisi, Tom White, David Zieff
Departamento de música: Liz Gallacher, Kathleen Hasay, Alexandra Hill, Alexandra Hill
Archivo: John Miller-Monzon
Departamento de asesoría legal: Anne S. Atkinson, Lou Ciccone, Ralph DePalma, Jeffrey C. Johnson, Sara Selby, Robert Stein, W. Wilder Knight II
País y año de producción: Estados Unidos, 2009

“The Cove” ganó el Óscar 2010 al mejor documental así como una cuarentena de premios en distintos festivales de cine y medioambientales. Entre ellos premio del público en IDFA y en Sundance. Su estreno en España está previsto a mediados de junio.

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