La Historia se conjuga en presente. La naturaleza política del cine de Gerhard B. Friedl

La filmografía del austriaco Gerhard B. Friedl (1967-2009) está compuesta por dos películas que encarnan un acto de resistencia labrado por la sobriedad, la conciencia y el compromiso, e impulsan también la tendencia de que el arte no debe perder de vista su naturaleza política ni su posición incómoda.


    Post2PDF

Alfons Müller-Wipperfürth es un industrial textil que comienza en 1931 con siete trabajadores y tres máquinas de coser. Vende sus productos frente a la fábrica, en la zona de descarga.  Posee una llave para cada una de sus sucursales. Después de la jornada laboral se dirige a las salas de venta. Si está descontento, deja una tarjeta de visita.

Müller-Wipperfürth no puede permanecer más de seis meses en Austria, de lo contrario tendría que pagar impuestos. Para expandirse, abre fábricas en Bélgica y Austria. También en Italia y Túnez.

 Müller-Wipperfürth desaprueba la vestimenta de su tercera esposa. Le muestra lo mal hecha que está su ropa. La mujer pierde todo el entusiasmo por sus prendas y ahora usa vestidos de cuero.

 En la Alemania Federal Müller-Wipperfürth tiene deudas con hacienda.

 Durante un vuelo desde Lieja a Linz el 14 de Marzo de 1964, su Beechcraft Queen Air se estrella cerca del pueblo de Eifel. En el departamento ortopédico del hospital universitario de Colonia es arrestado por delitos fiscales. Müller-Wipperfürth dice que su avión fue derribado.

                                                                                                                          A partir de ahora cojea…

Con estos breves pero significativos detalles de la vida de un industrial textil, comienza Hat Wolff von Amerongen Konkursdelikte begangen? (“¿Cometió Wolff von Amerongen delitos de bancarrota?”) a hilvanar la genealogía del milagro económico alemán, un milagro ni tan brillante ni tan diáfano como nos quieren hacer creer nuestros políticos. Hoy la película de Gerhard B. Friedl (nacido en Bad Aussee, Austria, en 1967) suena a premonición. Se filmó en el 2004, cuatro años antes de la crisis hipotecaria americana, detonante de la actual crisis europea. Alemania en ese tiempo gestionaba todo su superávit acumulado con políticas que disminuían el porcentaje de población participante en la riqueza y concentraba aún más la renta en la cima de la pirámide social (1).

Gerhard Friedl decide mostrar el lado opaco del renacimiento económico teutón, enfocándose en cómo las biografías de algunos conocidos industriales alemanes son pequeñas variaciones sobre un mismo tema: la acumulación fraudulenta de riqueza. Así como en el arranque resume la carrera de Alfons Müller-Wipperfürth en unas pocas frases, continúa de la misma manera con Rudolf Münemann, Hugo Stinnes Jr, Hermann Krages, Herbert Quandt, Hans Gerling, Friedrich Flick, etc. Durante todo el relato se van sucediendo los pomposos nombres de la clase alta alemana hasta llegar a Otto Wolff von Amerongen y, como si de una carrera de relevos se tratase, estos “atletas de las finanzas” se van pasando el testigo unos a otros, respetando una sola regla de oro, velar por la supervivencia de la oligarquía.

En los 70 minutos del film, Gerhard Friedl no deja espacios ni para las dudas ni para la poesía, pues el flujo imparable de nombres, fechas y lugares se va transformando en una recapitulación donde las peores teorías conspirativas parecen moderadas comparativamente. Poco importan los nombres propios pues es imposible retenerlos todos, pero lo que si se va confirmando a lo largo del filme es la existencia de un insistente patrón para la defraudación y que, en definitiva, la lucha de clases nunca ha decaído.

Friedl posee la rigurosidad necesaria para que no quede ninguna duda de que lo que nos está relatando, ocurre (y hasta en las “mejores” familias), resaltando constantemente en cada biografía el punto en donde una historia ejemplar de emprendimiento se pervierte en otra muestra más de codicia y deshonestidad. Y es que Hat Wolff von Amerongen Konkursdelikte begangen? es una película amarga, seca, estoica y, aunque Friedl se permita cierta ironía en su narración a modo de pequeña reparación, el conjunto es la constatación manifiesta de la decadencia, cosa que no muestran (en apariencia) las imágenes filmadas por él en 16mm: fábricas, pueblos, polígonos, interiores deshabitados, autopistas, pavimento, chimeneas, acero, aeropuertos, tableaux vivants cotidianos despojados de drama aunque no de movimiento, cada uno con su correspondiente sonido directo, que se entrelaza con la desapasionada voz que nos cuenta los pecados de las grandes fortunas del Rin.

Gerhard Friedl posee una elegante manera de ensamblar el texto y las imágenes en sus películas. Ambas líneas corren por lo general en paralelo, teniendo pocos puntos de intersección, los cuales sólo se perciben por concomitancia, leves vibraciones armónicas de sentido entre algunas frases y algunos paisajes. Nada es estridente, incluso las peores barbaridades que decoran estas breves biografías no alteran el tono sedante de su discurso ordenado, constante, frío, aspecto que lo hace más inquietante aún, visto a posteriori. Por ejemplo, en su anterior película Knittelfeld – Stadt ohne Geschichte (“Knittelfeld, un pueblo sin historia”), un mediometraje de media hora de 1997, filma la apacible vida de un pueblo de provincia en la Austria contemporánea y contrasta sus logros (concreto, comercio, aeropuerto, edificios, etc.) con la historia de cómo seis integrantes de la familia Pritz fueron perpetrando varios asesinatos en el lugar, hasta que fueron apresados y condenados. Las serenas imágenes de un típico pueblo de Estiria versus la crónica detallada de sucesos macabros con fines monetarios genera complejas lecturas y una nada aventurada interpretación que yace en la célebre frase de Walter Benjamin“no existe documento de cultura que a la vez no sea documento de barbarie”.

El cine de Gerhard Friedl, compuesto por estas dos películas (2), posee un marcado acento político, en la temática y en la forma de abordarla. Lo político en Friedl debiera entenderse en su reformulación del vínculo entre cine e historia. “La historia pierde aquí todo vínculo con la remembranza. El pasado no habrá de recordarse, sino de revivirse, esto es, presentizarse” dice la filósofa chilena Elizabeth Collingwood-Selby a propósito del vínculo memoria/historia/fotografía y es precisamente presentizar el concepto clave para entender los trabajos que siguen esta misma línea, como por ejemplo, la restricción autoimpuesta de Lanzmann en Shoah (1985) de no incluir imágenes de archivo del holocausto, su interdicto de representación, o la polifónica Toute révolution est un coup de dés (1977) de Straub-Huillet que, a través de la recitación del poema de Mallarmé, rememoran el fusilamiento de integrantes de la comuna de París en Père-Lachaise. Este tipo de limitaciones, además de jalar el pasado constantemente hasta el presente, universaliza los hechos, reactiva el recuerdo y amplifica la sombra que se extiende sobre todo acto consecutivo sospechoso de amnesia, sugiriendo que cada falta, delito o crimen cometido es una derrota de la humanidad entera. En esa dirección iba Harun Farocki cuando dice, a propósito del primer film de Friedl, “(es) una película que no escribe la historia de la ciudad de Knittelfeld pero (si) la historia de una ciudad como Knittelfeld”.

Gerhard Benedikt Friedl con estas dos obras complejas e inclasificables no hace concesión alguna con las estrategias del documental convencional. Su corta filmografía encarna un acto de resistencia  labrado por la sobriedad, la conciencia y el compromiso, e impulsa también la tendencia, necesaria en nuestros tiempos de extravío, de que el arte no debe perder de vista su naturaleza política ni su posición incómoda.

Friedl reanudó efectivamente aquella reclamación lejos de cualquier prosaísmo, sin embargo su obra ha quedado truncada, dejando a la tradición ensayística germánica atada a una continuidad incierta.

Gerhard Benedikt Friedl se quitó la vida en su apartamento de Berlín a la edad de 41 años.

– – – – – – –

(1) Así lo explica el economista Juan Torres en un artículo censurado por el diario El País en marzo del 2013.

(2) Su tercera producción, co-dirigida con la artista finlandesa Laura Horelli, fue una pieza que emergió de un trabajo de investigación para otro film que no llegó a culminarse. Grabado en video, el material se basó en una entrevista a Slavica Tricolic, una antigua camarera del Caesars Palace de Las Vegas quien contaba las estrictas condiciones laborales del hotel. Al no hablar bien inglés, la trabajadora fue ayudada por su sobrino Dejan Zoric para la traducción. Cuando Friedl y Horelli volvieron a mirar la entrevista ya en Berlin, traduciendo esta vez del serbocroata, se dieron cuenta de que su sobrino no tradució, más bien censuró y manipuló el testimonio de su tía. Este detalle obligó a la pareja a trabajar la entrevista como una pieza autónoma y enseñar lo que finalmente se denominaría Shedding Details (2009), una pieza de documental experimental exhibida principalmente en galerías y museos.

FICHA TÉCNICA

Knittelfeld – Stadt ohne Geschichte
Realización: Gerhard B. Friedl
Dirección de fotografía: Rudolf Barmettler
Sonido: Andrée Hesse
Montaje: Gerhard B. Friedl
Voz: Matthias Hirth
Dirección de producción: Evi Stangassinger
País y año de producción: Alemania, Austria, 1997

Hat Wolff von Amerongen Konkursdelikte begangen?
Realización y montaje: Gerhard B. Friedl
Producción: Gerhard B. Friedl
Postproducción de sonido: Klaus Barm
Producción ejecutiva: Laura Einmahl, Ivette Löcker
Coproducción televisiva: Werner Dütsch
País y año de producción: Alemania, Austria, 2004

SUSCRIPCIÓN

Suscribirse a la newsletter

Redes sociales y canales de vídeo

  • Facebook
  • Twitter
  • Vimeo
  • ETIQUETAS

    ARCHIVO