Conquista de lo inútil

El tiempo transcurrido desde el agitado rodaje de Fitzcarraldo lo ha convertido en una leyenda, otorgando un valor añadido a esa bitácora que de publicarse inmediatamente después de ser escrita habría mitigado quizás la mitología que posibilitó que saliera a la luz. Veinticuatro años después de aquel rodaje se publica Conquista de lo inútil en Alemania y seis años después de la presentación al mundo de aquellos diarios, la editorial española Blackie Books lo rescata en una cuidada edición.


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Conquista de lo inutil

Título: Conquista de lo inútil
Autor:
Werner Herzog
Editorial: Blackie Books
Año de publicación: 2010
ISBN: 978-84-937362-4-8
Páginas: 328

Desde 1982 toda el agua que ha pasado bajo el puente ha permitido a Werner Herzog atreverse a leer nuevamente los diarios de rodaje de Fitzcarraldo. El largo tiempo transcurrido ha convertido a su escritor en un gran cineasta y a su película en la selva peruana en una obra cinematográfica relevante. Pero el tiempo también ha hecho de ese rodaje una leyenda, dando un valor añadido a esa bitácora que de publicarse inmediatamente después de ser escrita habría mitigado quizás la mitología que posibilitó que saliera a la luz. Veinticuatro años después de aquel rodaje se publica Conquista de lo inútil en Alemania y seis años después de la presentación al mundo de aquellos diarios, la editorial española Blackie Books lo rescata en una cuidada edición.

Un diario en el sentido más amplio

Entre algunos asiduos lectores de dietarios es recurrente preguntarse sobre la finalidad de esas páginas: ¿pretendía el escritor ya al momento de escribir publicar sus apuntes? Conjeturar sobre las intenciones de un relato personal es una ocupación meridiana de cualquier lector que tiene en sus manos un libro que no estaba pensado para él y que tiene que ver con las ganas de encontrar la voz clara de quien escribe. Pero no estoy tan seguro de la convención de que es más genuino un diario escrito para uno mismo que otro hecho con la intención de publicarse, no creo que se trate sólo de una cuestión de escrúpulos, más bien del ser y el parecer, tan distanciados a veces con tantos compromisos como condicionantes, el caso Malinowski (1) es un ejemplo. Herzog ya en el prólogo de su libro lo expresa de la siguiente manera: “estos textos (…) son un diario sólo en el sentido más amplio. Se trata de otra cosa: más bien paisajes interiores, nacidos del delirio de la selva. Pero tampoco de eso estoy seguro”. Y realmente como podría estar seguro un escritor del valor artístico de su propio pasaje interior. Creo que el mérito de un diario no depende tanto del propósito que hay detrás, más bien en la virtud, en la ejecución del lenguaje dentro de un género particularmente difícil por lo ajustado y descubierto. La nitidez del trazo de un autorretrato no obedece a si se está más o menos liberado de los mecanismos de enmascaramiento del yo, más bien está determinado en cómo se despliega en el fragor del día a día. El género diarístico conlleva la garantía (no imbatible) de la preciada inmediatez del gesto. Es el tiempo lo que finalmente lo estructura, el que obliga a hilvanar día a día un cúmulo de anotaciones que se acoplan sin ninguna certeza de que eso tenga la consistencia mínima para poder compartirlo.

Cantan los pájaros en Baviera

“En este paisaje (…), los pájaros no cantan, sino que gritan de dolor”, es una figura poética, que puede parecer dramática y arrebatada, pero es una elocuente condensación de las sensaciones que Herzog dice sentir frente a un medio tan amenazante para él. Cuando leí Conquista de lo inútil por fin supe a propósito de que venía aquella idea, comprendí cual era el contexto, sabía ahora que había pasado los días previos y sabría a medida que me sumergía en sus notas, que pasaría en los días sucesivos. En Burden of Dreams de Les Blank (1982), documental sobre el accidentado rodaje de Fitzcarraldo que tardo casi 3 años en completarse, Herzog vuelve a repetir esta frase pero confiesa una sincera admiración e incluso amor hacia la “jungla”, a pesar de padecer la violencia y el calvario del paisaje que le rodea. Es conocida la aversión de Herzog a la idealización de la naturaleza, para él es violenta, vil e infame. Es, en resumidas cuentas, una útil antagonista. Si nos detenemos en su filmografía, veremos que no son pocas las películas que abordan esta cuestión: Fitzcarraldo: Encuentros en el fin del mundo; Grizzly Man; El diamante blanco; La soufrière; Ten thousend years older; Rescue Down; Fata Morgana y Gasherbrum, La montaña luminosa, por nombrar las que desarrollan este conflicto de manera más evidente. Esta filosofía antinatura herzogiana es clave para entender su obra cinematográfica y es en estos diarios donde se extiende con mayor profundidad sobre este asunto.

La selva peruana ya había sido el escenario de Aguirre, la cólera de Dios una década antes, luego vendría Fitzcarraldo y posteriormente Mi enemigo íntimo, un reencuentro con los lugares y personas que marcaron ambas experiencias míticas. En el libro se hacen pocas alusiones al rodaje, se menciona escasamente la palabra “cine”, lo cual revela las probables funciones de estos escritos: un refugio para el artista frente a la dureza del mundo, la única ocupación posible en los amados/odiados momentos de inacción o la simple recapitulación del día en un rincón de su precario albergue.

Conquista de lo inútil perfectamente podría haberse prologado con la misma frase que Dennis O´Rourke usa en Cannibal Tours (1988) : “no hay nada más extraño, en una tierra extraña, que el extraño que la visita”. Al inicio de sus notas, Herzog demuestra ser una víctima de esta violenta colisión de exotismos. En el primer tercio del diario sus observaciones son, por momentos, una verdadera apología del etnocentrismo, donde la naturaleza adquiere un papel hiperbólico que lo encierra en una letanía quejumbrosa e hipocondríaca, aunque no por ello menos interesante. Más adelante, y a medida que comienzan los conflictos, Herzog se interesa más por el factor humano que antes ignoraba o sólo mencionaba sin profundizar demasiado. De hecho, hay momentos en los que pareciera que él es el único ser humano y lo que le rodea es sólo un decorado. Herzog no construye ningún perfil excepto el suyo, lo cual puede ser un síntoma de “la enfermedad del diario” como llamaba Geertz a las personales etnografías  de los posmodernos discípulos de Malinovski. Con el paso de las hojas y casi debido a su innegable abundancia, los personajes que pululan alrededor se hacen más diáfanos y el diario empieza a coger sustancia transformándose en su confidente, en el receptor de sus dudas, desvaríos, revanchas y habladurías que se alternan con sus innumerables momentos de conmoción lírica. Es cierto que Herzog no quiere presentarse aquí como un conquistador moderno -y realmente no lo es-, pero en las contradicciones está la gracia del autorretrato. Demasiado hermético, incluso pudoroso con sus propias debilidades, Herzog justifica a veces lo injustificable en nombre del arte y la pasión verdadera. Leer su insistente argumentación sobre la necesidad de filmar en esas condiciones absurdas intentando emular la proeza de su excéntrico protagonista es un deleite para el lector. Intuir (evidentemente no entra en detalles) que los campamentos de los indígenas y los “europeos” están totalmente separados, su indiferencia por la cultura local o las desiguales condiciones de trabajo de foráneos y autóctonos, son precisamente circunstancias concretas que combinadas a su voz alucinada hacen de este diario un libro fascinante.

(1) A los veinticinco años de su muerte, se edita el diario personal que Bronislaw Malinowski escribió durante sus dos estancias en las islas Trobriand, experiencia que se coronaría con la publicación de “Los Argonautas del Pacífico Occidental”. Su diario póstumo aparecería con el título de “Un diario en el sentido estricto del término”. Estos diarios causaron un gran revuelo y dieron pie a un severo cuestionamiento de sobre su trabajo.

2 Comentarios

  1. MFL 06/04/2010 | Permalink

    Bien por el diario, bien por Blackie y bien por la reseña! Yo estoy a punto de acabarlo y me está resultando enfermizamente adictivo. En efecto, la grandilocuencia bávara roza la autoparodia, pero la forja del mito romántico Herzog-Fitz es ejemplar. Y qué lo mismo da al final la peli, el cine o el autor! A leer!!!

  2. Gina K. López Marín 27/04/2012 | Permalink

    Ahora, se agrega un capítulo más a la rica y prolífica producción de Herzog, un libro que reúne los diarios que llevó durante la ardua e idealista filmación de una de sus mejores películas. Fitzcarraldo. “Conquista de lo inútil” ya se ha publicado en alemán y hay traducciones pendientes en inglés e italiano y varios otros idiomas. El título viene de un diálogo de la película que consagró al demente y brillante actor Klaus Kinski. En un brindis, un personaje, Don Araujo, declama: “¡Por Fitzcarraldo, el conquistador de lo inútil!” conjugando un maravilloso trabajo de desempeño.
    Gina Karen López Marín

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