Entrevista a Luis E. Parés acerca de la filmografía recuperada del cineasta José María Berzosa

En el pasado Festival Punto de Vista se mostró una pequeña parte de la filmografía de José María Berzosa, un realizador español peculiar, por haber desarrollado toda su filmografía en Francia y, a pesar de ser esta de alto interés para España, quedar del todo olvidada. Entrevistamos al historiador Luis E. Parés, responsable de la recuperación de estas películas. Entrevista realizada por M. Martí Freixas y Mireia Ribé.


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En el pasado festival Punto de Vista se mostró una pequeña parte de la filmografía de José María Berzosa (Albacete, 1929). En la sección Heterodocsias (Rewind. José Mª Berzosa. Insolencia y barroco) se proyectaron las películas Rouge Greco Rouge (1972), Comment se debarraser des restes du Cid (Cómo quitarse de encima los restos del Cid) (1973) y ¡Arriba España! (1975). Este cineasta desarrolló toda su carrera en Francia filmando, por lo que pudimos ver, documentales excelentes muy a menudo relacionados con la historia y la política de su país originario. El historiador Luis E. Parés, dentro de una investigación sobre el cine español realizado en el exilio, recuperó a esta figura olvidada que nos pareció excepcional.

Blogs&Docs: ¿Cómo inicias este proceso de investigación sobre cineastas españoles en el exilio? ¿Por qué motivo? ¿Te centraste sólo en Francia? Háblanos de manera resumida de los frutos posteriores: cineastas encontrados, proyecciones presentes, futuras, libros editados al respecto después de tu búsqueda.

Luis E. Parés: Había visto, de forma asistemática, por el azar de las proyecciones de la Filmoteca en Madrid, películas de Berzosa, de Joaquín Lledó, de Fernando Arrabal. Me habían parecido interesantes, pero me detenía a pensar en otras cosas. Pero fue a raíz de una estancia en Toulouse cuando me di cuenta de la importancia que tenía el exilio para una construcción de una tradición democrática en España. Mi campo de estudio es la Historia del cine español y decidí hacer una investigación sobre el cine español en el exilio. Lo acoté a Francia por razones prácticas y presupuestarias. A partir de ahí, empecé a investigar y a revisar la obra de los autores exiliados con otros ojos. Me pareció una obra increíble, muy transgresora y a la vez muy española, portadora de una mitología arraigada en la tradición cultural española. Junto a los tres  cineastas ya citados encontré a Adolfo Arrieta, a Jorge Amat (hijo del director de Mundo obrero, Federico Melchor), a un grupo de artistas catalanes que hicieron cine en París (Jaume Xifra, Antoni Miralda, Benet Rossell…) y a varios más. Fruto de la investigación fue una página web y un libro, Filmar el exilio desde Francia, editado por el Instituto Cervantes en 2012. Ahora hago sobre el mismo tema mi tesis doctoral. Es un tema inagotable que me apasiona muchísimo así que seguiré dedicándome siempre a él, de una forma u otra.

Tenemos la sensación que fue una búsqueda “homemade”, casi puerta por puerta, pues en el caso de José María Berzosa creemos que era muy olvidado y quizás hasta se sorprendió. ¿Es así? ¿Te presentaste en su casa “Toc, toc, toc. Hola, mire que… ¿ud. hacía películas hace 20 años, no es cierto?”. 

Para contactar a Berzosa busqué su teléfono en la guía telefónica francesa, por internet. Le llamé desde Barcelona y le expliqué que estaba estudiando su obra. Él me contestó: “Pero usted es un necio” y me costó darme cuenta de que era broma. Pero a partir de aquí iniciamos una relación continua, todas las semanas le llamaba, y le escribía cartas por correo postal y él me contestaba con fotocopias de recortes sobre su obra. Cuando meses después pasé una temporada en París (para completar la investigación y ver sus películas, pues sólo se pueden ver en el INA, el Institut National de l’Audiovisuel) quedé con él, en la iglesia de Saint-Germain-des-Prés. Él me dijo: “Soy viejo y llevaré una revista roja”. Obviamente le reconocí y nos fuimos a cenar. Nos vimos muchas veces durante esos dos meses.

Centrándonos sólo en Berzosa. Cuantas películas filmó, cuantas son documentales, cuantas de ellas has visto. ¿Todas son de producción francesa? 

La filmografía de Berzosa es muy difícil de precisar pues ha trabajado siempre en televisión haciendo de todo, desde pequeños reportajes del estilo Informe semanal, filmaciones de teatro del estilo Estudio 1 o documentales más ambiciosos, como los que se vieron en  el Punto de Vista. A día de hoy yo tengo referenciadas 123 películas de las que he visto 80, más o menos. Pero seguro que hay muchas más.

¿Cuál es la relación y experiencia de Berzosa con el cine? ¿Cuando empieza? ¿Con quién trabajó? Cuéntanos también sobre su experiencia en televisión.

Berzosa empieza en el cine como espectador. Se enamora del cine en Tánger, mientras hacía el servicio militar. Allí vio La gran ilusión de Renoir. Al volver a Albacete fundó el cineclub de la ciudad, un cineclub como eran todos, mezcla de cinefilia y política. Escribió algunos textos para Cinema universitario. Después huye (o se instala, o se exilia) a Francia y entra en la escuela de cine. Y de allí pasa a ser auxiliar de dirección de Renoir. Después entra en televisión y se convierte en ayudante de algunos de los grandes nombres como Labarthe o Robert Valey y se convierte en el guionista de la televisión para temas hispánicos. Y en 1967 le encargan su primer trabajo como realizador: una serie de reportajes sobre museos raros de París, como el de cerámica de Sèvres o el de la policía. Éste, la primera película de Berzosa, rodada con Michel Simon (el actor fetiche de Renoir) es una joya de humor absurdo, en el que el policía encargado de guiar la visita le prueba a Simon unas esposas que después no puede abrir. Poco a poco, Berzosa va cobrando importancia (hace dos documentales sobre Borges en el 69) y en el 70 ya es una de las primeras figuras de la televisión francesa.

Fotografía del Festival Punto de Vista / © txisti.com

Viendo ¡Arriba España! percibimos un estilo curioso. Plantea los filmes de modo observacional, pero no deja de querer participar, consciente de una subjetividad que la hace explícita, ya expresada en ese film en el mismo subtítulo. Mezcla una presentación informativa y observacional (entrevistas, información histórica) pero siempre está presente un comentario político suyo pero no verbalizado, sino a través de las imágenes (jugando con el significado de los encuadres, con un montaje lleno de sugerencias, entrando en el campo de la ironía). ¿Es así en toda su filmografía?

Berzosa es muy sabio con la cámara y “sabe encuadrar”. Es decir, conoce el valor del plano. Una vez le pregunté por ello y me dijo que en televisión tienes que rodar muy deprisa y necesitas saber lo que quieres que el personaje te diga antes de que te lo diga. Supongo que por ello hace explícito con la cámara la opinión que tiene sobre el personaje. Pero esto también viene de otro lugar: de su extrema subjetividad que no quiere esconder, es más, quiere dejarla totalmente clara. La obra de Berzosa destruye cualquier creencia de que el documental es veraz o neutral. De ahí no sólo la subjetividad sino también el barroquismo de su puesta en escena, o la mezcolanza de dispositivos, o la misma estructura narrativa, que salta de un lado a otro sin lógica muchas veces. Eso, junto a un sentido del humor bastante socarrón (a veces es irónico, otras veces muy directo, burlón) son las característica fundamentales de su cine.

¿Por qué motivos Berzosa se fue de España y en qué años? Nunca volvió, por lo que entendemos.

Se fue en los años 50 por razones políticas. Él hizo un comentario contra Franco a un amigo suyo que era hijo de un militar. Este amigo, con muchas luces, se lo contó a su padre, y llevaron a Berzosa a comisaría, pero no sé por cuánto tiempo estuvo retenido. Lo que sí sé es que aprovechó esto, y su hastío de vivir en Albacete como abogado, para ir a París y presentarse en casa del historiador cinematográfico Georges Sadoul con una carta de recomendación de Juan Antonio Bardem. Y Sadoul lo ayudó a entrar en el Institut des Hautes Etudes Cinématographiques.

¿Cómo logró financiar estas películas? ¿Su vida profesional fue en el cine y/o el audiovisual, o fue otra?

José María Berzosa hizo absolutamente todos sus trabajos para televisión, con lo cual, la financiación siempre fue la de la televisión pública francesa, que en los setenta daba mucha libertad a sus realizadores estrella, entre los que se encontraba él. Algunas veces eran encargos, pero que se los hacía suyos, y en otras ocasiones eran propuestas suyas que la televisión le aceptaba. Opino que eso es, pero, lo de menos, ya que todas sus obras son personalísimas y todas fueron financiadas por la televisión pública, lo que da idea de la política cultural francesa.

¿Cómo eran difundidas y recibidas estas películas en Francia? ¿Cómo fueron difundidas en España? ¿Siguen siendo muy inéditas en España, no es así?

Eran películas para televisión por lo tanto la resonancia crítica y de público no era tan amplia como un estreno en cine que se mantiene varias semanas (aunque uno de sus documentales, Joseph et Marie fue estrenado también en salas). Pero aun así ocasionaban escritos en la prensa, incluso en revistas de cine (Louis Skorecki le dedicó críticas en Cahiers du cinéma). En España sólo se estrenó ¡Arriba España!, que estuvo una semana en cartel, con un final alterado, en el que se eliminó la voz en off del rey Juan Carlos I jurando los Principios del Movimiento (la ley fundamental del Estado franquista). Un año después se le hizo una retrospectiva de 15 películas en la Filmoteca, pero ¡Arriba España! no estaba. Y desde esa retrospectiva, hecha en 1981, sólo se ha proyectado en España, algunas veces, su adaptación de El Quijote. Berzosa es desconocidísimo, a pesar de que pocos documentalistas tienen una obra que interpele tanto la realidad española y su tradición cultural.

¿Por qué motivos crees que quedaron en el olvido?

Por una parte son difíciles de ver, porque se conservan en los archivos de la televisión francesa, en el INA. Pero lo más importante no es eso. Aquí nadie está interesado en efectuar lecturas críticas de nuestra historia ni de nuestra cultura, que es lo que hace Berzosa. Y porque ninguna institución, del nivel que sea (desde los museos estatales a la Biblioteca Nacional) se ha preocupado nunca de recuperar el legado que produjo el exilio. Creo que recuperar a Berzosa conllevaría no sólo completar un eslabón en la historia del cine documental en España, sino recuperar un discurso que puede ser muy inspirador, por libérrimo, para la gente que hace cine hoy.

Para nosotros descubrir ¡Arriba España! con José María Berzosa presente en el Punto de Vista este febrero fue como una aparición. Una película a la altura de Queridísimos verdugos de Basilio Martín Patino o La vieja memoria de Jaime Camino, o incluso mejor que estas, desconocida, con un cineasta que dice tener varias decenas de documentales en los 70 y 80 muchos filmados en o relacionados con España. Y que casi nadie vio. ¿Es el realizador o son conscientes sus familiares más cercanos de la importancia de su obra? ¿Del valor que esta podría tener? Obviamente, no nos referimos al valor económico, sino al valor histórico dentro del cine español. Si es que crees que lo tiene, para nosotros indudablemente, por lo que pudimos ver.

No pueden ser conscientes, ni él ni sus hijos, de su valor, porque nadie ha mostrado ese valor, lo ha puesto en alza. En la pequeña medida de mis posibilidades, he sido el primero en hacerlo. Berzosa se emocionó en Pamplona porque veía que a la gente le seguían interesando sus películas, cosa que él no había tenido ocasión de comprobar en muchísimo tiempo (hablo de España, porque en Francia se le hizo una pequeña retrospectiva en los Rencontres de Lussas en 2004). Él sabe que hizo buenos documentales, pero como los hizo para televisión y por televisión fueron difundidos, se da por satisfecho. Creo que es un trabajo de nuestra generación reivindicarle y situarle donde debe estar. Películas como Charles Fourier (1972), Zurbarán: la vie de moine et l’amour des chosas (1973), De la sainteté I-II-II-IV (1985-86), Joseph et Marie: les mots et les gestes (1979), Magritte-Maldoror (1979) o Franco, un fiancé de la mort (1996) deberían ser vistas por el público español.

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