Torre Bela

En 1975, cientos de trabajadores portugueses tomaron la finca “Torre Bela” con el objetivo de establecerse como cooperativa y eliminar los privilegios de la clase dominante. El realizador alemán Thomas Harlan registró la evolución del grupo proletario durante los 219 días que duró la ocupación.


    Post2PDF

Vivir y construir el evento

La Revolución de los Claveles de 1974 y el fin de la larga dictadura de cincuenta años del Estado Novo trajo a Portugal una euforia revolucionaria que encendió el país. El Proceso Revolucionario en Curso (PREC), ese tránsito de casi dos años que vino después del levantamiento, fue el período en el que la revolución socialista pretendía asentarse en el poder y que devino en el sistema democrático liberal que es Portugal hoy día. Se establecieron debates incesantes en torno al nuevo tiempo y las clases populares fueron las principales protagonistas: innumerables movilizaciones y huelgas, movimientos vecinales, ciertos indicios de radicalización política, ocupaciones de viviendas vacías y tierras… De todos los hechos, la ocupación de la finca del Duque de Lafões “Torre Bela” es uno de los que se mantiene con más fuerza en la memoria colectiva del país. Durante 219 días, trabajadores de la región central de Portugal se hicieron con las tierras que el Duque usaba como coto de caza privado y se establecieron como cooperativa agroalimentaria, teniendo la connivencia del propio Movimiento de las Fuerzas Armadas que había iniciado la revolución. Un equipo de rodaje extranjero, dirigido por el alemán Thomas Harlan (1) -que se encontraba en Portugal intentando hacer una película sobre la clase militar portuguesa-, acompañó el proceso de ocupación durante esos conflictivos días y lo registró en Torre Bela, quedando la película como un documento único de la historia reciente del país y un referente dentro del cine documental de raíz política de los años setenta.

Thomas Harlan filmó en la finca desde los primeros días de la ocupación. Optó por el estilo directo para registrar la evolución del movimiento cooperativista; una opción que, según él mismo, le permitía “no planificar el filme, únicamente tendría que planificar estar allí”. El documental, construido en forma de diario de lucha, transmite ese interés por “filmar el evento” y por evitar la intervención directa. Tras arrancar con un plano aéreo que recorre las dimensiones de las tierras, introduce a modo de prólogo una breve entrevista con el Duque de Lafões, propietario del terreno ocupado. En este encuentro -la única vez que el equipo de rodaje aparece en el metraje- el duque defiende con arrogancia la hegemonía de sus posiciones y el trabajo de explotación llevado a cabo. Es un breve contrapunto en un (suponemos) premeditado blanco y negro, que pretende ser la puerta de entrada a lo que vendrá después: la convivencia de los trabajadores en la finca y la evolución de la modesta cooperativa. Los debates iniciales versan sobre la inminente reforma agraria y muestran el descontento con el reparto de los beneficios del campo y la sobreexplotación de la clase obrera, realidades arraigadas en la vieja Portugal y que pretendían ser suprimidas dentro del nuevo tiempo que se abría tras la revolución. No obstante, detrás de estos debates, la cámara de Harlan va construyendo un relato en torno al ideal cooperativista, a esa búsqueda por dar salida a los problemas del campo a través del colaboracionismo. La sorpresa de todo este relato es, por tanto, la transfiguración de la finca en una continua asamblea en la que se habla vivamente de la gestión de las tierras y se pretende llevar a cabo la eliminación de poderes. La aparición de las Fuerzas Armadas, en ese viaje que realizan a Lisboa los representantes de la ocupación, es el punto de inflexión del documental, al mostrarse cómo el cuerpo principal de la revolución ofrece su apoyo al colectivo y les instiga además a actuar antes de que exista una ley. Tras esta reunión, Torre Bela muestra su secuencia más conflictiva: el saqueo del palacio del Duque, donde los trabajadores se hacen con objetos de la casa y se visten con sus extrañas ropas, mofándose de todo lo que encuentran en las estancias. Aunque en la época esta buñueliana secuencia privó de legitimidad parte de los planteamientos confraternizadores del colectivo, debería ser vista como una actuación lúdica y reivindicativa, una crítica a las anacrónicas tradiciones del Ducado portugués y una burla de lo atávico de las familias dinásticas, cómplices de las desigualdades y del colonialismo portugués.

El debate en torno a Torre Bela volvió hace pocos años para poner en cuestión la supuesta transparencia del estilo directo. Es indudable que el equipo de rodaje convivió con los trabajadores como si fueran otros miembros más del colectivo, trabajando en la filmación de lo que ocurría. Pero esta citada transparencia tendría que ser matizada, y más en este contexto histórico y analizando las peculiaridades del evento. La presencia de un equipo de filmación extranjero puede ser vista desde dos perspectivas: por un lado, es innegable que estimula las actuaciones del grupo; por otro, está vigilándolas. Aunque el grupo revolucionario no desvíe sus acciones en busca del objetivo principal (el éxito de la ocupación y el futuro de la cooperativa) están siendo observados y analizados en todo momento. Por tanto, cualquier pensamiento en torno a esa invisibilidad del equipo es irreal, ya que su presencia es más que palpable (la cercanía de la cámara da un dramatismo a veces exacerbado) y además parece volverse como un incentivo para los trabajadores. La realidad, en definitiva, no es la que acontece, sino la que ayuda a construir la filmación. Bajo esta premisa, el documental Linha Vermelha, de José Filipe Costa (2011), analizó Torre Bela a partir del material extra que Thomas Harlan cedió a la Cinemateca Portuguesa. En él, las grabaciones demuestran, por ejemplo, cómo el asalto a la casa del Duque fue planificado para que el equipo pudiera filmarla. El acto revolucionario, por tanto, estaba quedando supeditado a su filmación. Esta orquestación de ciertas escenas y las líneas difusas entre la definición de actores o revolucionarios sobrevuela todo el documental de Costa, que en realidad lo que pretende es discutir ciertos dogmas del estilo directo. Sin necesidad de ahondar en Linha Vermelha, el visionado de Torre Bela ya plantea por sí mismo ciertas cuestiones formales, por lo que la injerencia de Harlan no debe ser pensada únicamente desde el fuera de campo. En el montaje definitivo del documental se tiende a una construcción narrativa que muestra el declive de la convivencia en la finca; tan posicionado a favor como se encontraba Harlan del colectivo, habría que preguntarse por qué la secuencia que elige para cerrar Torre Bela muestra tanta separación en el grupo, dejando así una agria sensación de división en el seno del colectivo, justo antes de que los rótulos finales nos relaten cómo acabó la ocupación de la finca (2).

A pesar de estas contradicciones en el punto de enunciación y las dudas que genera alumbrar ciertos momentos del rodaje, las imágenes de Torre Bela superan todo esto y se yerguen como un estimulante y dramático retrato de la convivencia en la finca ocupada durante aquellos días, cuando la revolución portuguesa vivía su momento más álgido. Habría que acudir de nuevo a la cita de Harlan sobre el cine directo: en cierto modo, no anda desencaminado cuando afirmaba que únicamente había que planificar estar allí. Ahí reside parte del mérito de este documental, esa sinergia del equipo de filmación con el colectivo que ocupa la finca, y el haber ofrecido el momento histórico en primer plano. Torre Bela es un retrato inmediato y en presente del cambio en Portugal, ceñido a su tiempo, una excepción dentro del cine contemporáneo portugués, un cine acostumbrado a dejar reposar el acontecimiento, mirar desde la distancia y buscar en las imágenes del presente las grietas que ha generadocumental el pasado.

– – – –

(1) Thomas Harlan (1929 – 2010) era hijo del director de cine Veit Harlan, realizador alineado a favor del nazismo y cineasta del III Reich. Filósofo y escritor, cercano al círculo de Gilles Deleuze y Michel Tournier, la obra literaria de Thomas Harlan ha girado en torno a los crímenes de guerra alemanes y los movimientos socialistas del siglo XX. En su breve obra cinematográfica, además de Torre Bela, destaca Wundkanal (1984), cuyo rodaje fue registrado por Robert Kramer en Notre Nazi.

(2) Las tropas leales del ejército portugués expulsaron a los trabajadores los primeros días de diciembre de 1975 y le devolvieron las tierras al Duque. Los miembros del Comité de Trabajadores fueron puestos en prisión, y a los policías de la Fuerza Militar que habían apoyado la ocupación se les hizo un consejo de guerra. En 1982, El Duque volvió a hacer de “Torre Bela” un coto de caza privado.

FICHA TÉCNICA
Dirección: Thomas Harlan
Con la colaborción de: Jacques d’Arthuys, Anna Devoto, Luc Mohler, Luisa Orioli
Dirección de fotografía: Russell Parker
Ayudante de fotografía: Gernot Kühler, José Reynes
Sonido: Norbert Chayer, Fausto Ancillai, Federico Savina
Postproducción de sonido: Michael Billingslay, Sandro Peticca
Montaje versión portuguesa: Noémia Delgado
Montaje versión final: Roberto Perpignani
Asistentes y colaboradores de montaje: Claudio Cutry, Giorgio de Vincenzo, Tiziana Faggiani, Paola Pannicelli, Rusell Parker
Investigación: João de Azevedo, François Demptos, Maria João Feliciano
Producción ejecutiva: José Pedro Andrade dos Santos, Paulo Branco, Anna Devoto, Luisa Orioli, Peter Willats
Coproducción ejecutiva: François Demptos, Chantal Fleury, Gaston Marcotti, Mario Marzot, Gabriella Peyrot
Producción: Paulo Branco, Anna Devoto
Productoras: Albatros, Cooperativa Era Nova, Società Cinematografica Italiana, Lichtbild
País y año de producción: República Federal de Alemania, Italia, Portugal, Suiza, 1975

SUSCRIPCIÓN

Suscribirse a la newsletter

Redes sociales y canales de vídeo

  • Facebook
  • Twitter
  • Vimeo
  • ETIQUETAS

    ARCHIVO