Ibrahim Spahic, director del Festival de Invierno de Sarajevo

El Festival de Invierno de Sarajevo 2010 ha dejado atrás el cierre de la edición de este año con su correspondiente propuesta reflexiva: “Šta sad?” (¿Y ahora qué?) y desde el pasado marzo, queda oficialmente abierta la convocatoria de proyectos para la edición venidera. Su leitmotiv, “Umjetnost ljubavi”, (El arte del amor), es toda una declaración de principios. Su director, Ibrahim Spahic, todo un ejemplo de gestión cultural.


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Fotografías cedidas por Josep Almirall

Crónica desde el país de la no ficción

Al lado de un parque público convertido en cementerio, como todos los demás parques públicos de la urbe, se alza el edificio gigante y desangelado que acoge las oficinas del Festival de Invierno de Sarajevo, una muestra intensa y heterogénea de diferentes géneros tales como el cine, la música, el video, la literatura o las artes escénicas. Allí nos espera Ibrahim Spahic, su director, toda una leyenda en la ciudad y todo un ejemplo de gestión cultural. Ya han dejado atrás el cierre de la edición de este año con su correspondiente propuesta reflexiva: “Šta sad?” (¿Y ahora qué?) y desde el pasado marzo, queda oficialmente abierta la convocatoria de proyectos para la edición venidera. Su leitmotiv, “Umjetnost ljubavi” (El arte del amor),  es toda una declaración de principios.

Lo mejor del Festival de Invierno de Sarajevo, que en 2011 cumplirá su vigésimo séptima edición, es su absoluta falta de esnobismo y su capacidad para saber programar para todos los públicos, sin excepciones, con propuestas que pueden ir de los mas tradicional a lo más experimental. Mientras el estado de Bosnia  y Herzegovina se tambalea entra la complejidad de la estructura de gobierno y la debilidad del tejido social, los habitantes de la ciudad de Sarajevo pueden alardear no sólo de tener uno de los festivales más veteranos y uno de los programadores más respetados y queridos de Europa, sino también de tener cultura de calidad a precios de postguerra – es decir, sin costes – ahora que toda Europa esta en crisis.

De la calle de los sueños al arte del amor, entrevista con Ibrahim Spahic

Ibrahim Spahic nació el cinco de mayo de 1952 en la ciudad de Sarajevo. En Bosnia todo el mundo le quiere por ser el alma insubstituible de la fiesta, el anfitrión amable, el padre sabio y el colega de magia poética y borracheras, pero sobretodo, la gente le quiere porque ha dedicado toda su vida a promover, dinamizar y cuidar la cultura de y en Bosnia. Spahic tiene, además, un montón de “amiguetes” en diferentes instituciones internacionales con potestad para financiar cultura, amiguetes a los que es capaz de sacarles las subvenciones con las que, logro tras logro, año tras año, se está convirtiendo en el nuevo Medici del oriente europeo.  Un colega periodista al que admiro profundamente utiliza una metáfora que considero perfecta para describir la desintegración de Yugoslavia, la compara con un exquisito bordado que ha sido deshecho brutalmente. Spahic es el artesano que mantiene hermoso el bordado.

1. Sobre el patrimonio cultural europeo

Cuéntanos el recuerdo de alguna de tus primeras experiencias culturales.
Mi casa y la de mis hermanos está en el corazón de Baščaršija: justo delante de la catedral, a diez metros de la iglesia ortodoxa, a veinte metros de la mezquita y la sinagoga.  Baščaršija, el centro histórico de Sarajevo, es un espacio realmente poético. Todas esas callejuelas, los caserones viejos…  los grandes monumentos o edificios emblemáticos como la mezquita del Bey, la sinagoga antigua o la vieja iglesia ortodoxa. La mezcla es total, un patrimonio abierto a todas las culturas y una verdadera conexión de civilizaciones. Tengo una gran familia en Sarajevo, dos hermanos y dos hermanas, y todos tenemos gratos recuerdos de la calle de los sueños. En Navidad o durante la Semana Santa la calle de los sueños era un espacio de libre circulación para la gente joven, y, durante años, también fue un escaparate abierto al resto del mundo y de Europa. Como en Ladrón de bicicletas de Vittorio de Sica justo después de la Segunda Guerra Mundial, la película refleja esa terrible situación económica y social. A pesar de vivir en una situación de pobreza, normalmente siempre queda energía para la reconstrucción si al mismo tiempo tienes una calle para los sueños, para las mentes abiertas, para los juegos entre pares e hijos. Esa fue una grata experiencia. Mi primer contacto entre la ciudad, mi calle y mi casa.

¿Cómo te conviertes en gestor de la cultura?
Sarajevo es una gran comunidad artística, así que para mi primer proyecto procuré afianzar ese sentido de comunidad entre estudiantes, profesores, músicos, escritores, etcétera.  El segundo proyecto lo llevé a cabo en el casco antiguo y, como el libro del poeta Gaston Bachelard, lo llamé Poéticas del espacio.  Me gustan las conexiones entre espacio, arte, y ciudadano. Así que programé los espectáculos en la calle, como en la Rambla de Barcelona. Así tuvimos “la vida” y “la vida después de la media noche” que se programó por primer vez después de treinta años en el festival Internacional Poéticas del Espacio para Jovenes Artistas, que acabaría convirtiéndose en la Bienal de Jóvenes Creadores de Europa y el Mediterráneo. Los que entonces fueron esos jóvenes artistas ahora trabajan en todo el mundo (1), en los Estados Unidos, en Europa, en Sarajevo…

¿Cómo empezó el Festival de Invierno de Sarajevo?
Mi primera edición del Festival de Invierno de Sarajevo fue en 1984. Un año después, la Bienal de Jóvenes Creadores de Europa y el Mediterráneo se celebraba en Barcelona. Todo esto fue justo después de los juegos olímpicos aquí en la ciudad, y desde el año 84 hasta el 92, organicé siete ediciones diferentes del Festival de Invierno, año tras año, he invitado a miles y miles de personas de todas las partes del mundo. Ahora, después de veintiséis ediciones, han pasado por el festival más de veintiséis mil artistas de todas las partes del mundo para las más de tres mil performances ejecutadas. Miles y miles de personas han pasado por el festival cada año, des de principios de febrero hasta finales de marzo, que son las fechas. Mi primera edición fue muy larga, del veintiuno de diciembre hasta el seis de abril, abrí todo el espacio de la ex Yugoslavia invitando a dos mil  o tres mil personas, gente de Eslovenia, Croacia, Bosnia, Serbia, Kosovo Montenegro… Invité a todos los países más allá de Bosnia. Latinoamérica, los Estados Unidos, Australia, África, Asia…. Para mi esto es una conexión realmente internacional, y no sólo hubo este único proyecto, hubo diferentes encuentros, encuentros interculturales sobre estrategias culturales.

Y llegó la guerra.
Durante los años en que duró la guerra invité a diecisiete mil artistas de todo el mundo, vinieron des de Steven Spielberg hasta Ingmar Bergman. Se colaboró con el festival des de ciento cincuenta ciudades diferentes:  Barcelona, Paris, Sofía, Atenas, Nueva York, Viena, Londres, Madrid, Lisboa… Siempre con el mismo título, el Festival de Invierno de Sarajevo en el Teatro o en la Galería Principal de Estrasburgo, o donde fuera, todos al mismo tiempo en todo el mundo. Durante la guerra, en Sarajevo, también invité a diferentes comunidades artísticas, de Barcelona, de Madrid entre otras ciudades. Vino Maria Lluïsa Borràs, por ejemplo. Yo sólo invito a gente excelente, si tienes talento, siempre tendrás las puertas abiertas no sólo las de mi festival: también de mi casa, de mi galería, de mi editorial. Las puertas abiertas para tí. A mi sólo me gusta el talento, sólo apoyo el talento y creo que tengo buen olfato para encontrarlo. Esto no va de religión ni de “bla bla bla”. Esto va de civilizaciones, de mentes abiertas, de puertas abiertas. No sólo para Europa, no sólo para este pequeño espacio nuestro.

2. Identidad vs. Integridad: desambiguaciones

¿Con que etiqueta se siente más cómodo: cine de la ex Yugoslavia, cine de Bosnia, cine de los Balcanes?
Este es mi país, la ex-Yugoslavia. A menudo escuchas grandes expresiones como “La lengua yugoslava”, “el cine yugoslavo” y no es del todo justo. El gobierno de la ex-Yugoslavia sólo trabajaba para la industria y el desarrollo económico y la figura del ministro de cultura no existía, como tampoco existía ninguna voluntad de fomentar el desarrollo cultural. A pesar de esa falta de fomento, el patrimonio cultural de Bosnia es rico en su lengua y en sus diferentes artes, incluyendo el cine. Durante la guerra tuvimos una interesante discusión sobre cual era la mejor película de toda la historia de cine de nuestro país, y hubo una elección curiosa. Todo el mundo, el sector de la crítica de cine, de arte, etcétera, propuso una película de Emir Kusturica. Es una decisión legítima puesto que Kusturica forma parte del patrimonio cultural de Bosnia Herzegovina. Tiene esa esencia bosniata, y aquí la cuestión no es si Kusturica está en Belgrado o en París, o si está preparando una película sobre Maradona. No es la cuestión. Todo el patrimonio, todo el contexto cultural, todo el contexto histórico pasa por la vida en la ex-Yugoslavia – política, económica y socialmente – cuestiones sobre la familia, los diferentes contextos ideológicos y religiosos. Esto forma parte de Bosnia Herzegovina, esto es parte del patrimonio cinematográfico de Bosnia y del patrimonio cinematográfico de Yugoslavia, pero sobre todo forma parte del patrimonio cinematográfico de Europa. Hacer cine en Bosnia no es una cuestión de identidad, es una cuestión de integridad.

¿Cómo ha vivido el renacer de la industria del cine después de la guerra, en plena era digital?
En mi país, en este espacio, en el país de la no ficción, ahora es un gran momento para el cine. La gente necesita expresarse, necesita estar conectada. El cine es una herramienta muy potente y muy directa porque a la gente le gustan las imágenes. Si hablamos de la discusión entre cine digital y el celuloide, yo te diré que prefiero el celuloide, si hablamos de Internet y las diferentes nuevas tecnologías, yo te diré que prefiero un libro, ¡y ya no hablemos de la música!, si hablamos de mp3 y demás modos de difusión, te diré que prefiero el concierto. Si tengo la posibilidad de asistir a una performance en un teatro, prefiero mi presencia personal durante la performance. Decimos que el cine es un lenguaje directo, la globalización, a pesar de permitirte una única posibilidad, puede provocar reacciones profundas, emotivas e inteligentes si tienes una buena película.  Aquí la cuestión no es si blanco y negro o color o que tipo de tecnología. La cuestión es si tiene inteligencia o no, si conecta con la gente o no. Para mí la reacción es la cuestión más importante del proceso. La industria del cine no se reduce sólo a productos y circuitos comerciales, para mi lo importante es esa imagen, ese momento de autenticidad. Esta es la realidad, si te gusta la no ficción, te gusta Europa ahora; si te gusta la no ficción, te gusta Bosnia Herzegovina.

– – – –

(1) Buen ejemplo de ello es Sejla Kameric. La artista bosniata de reconocido talento internacional, expondrá sus obras en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona el próximo año.

2 Comentarios

  1. yo también estuve en la entrevista y confirmo que este hombre es todo un ejemplo de fe ciega en la cultura. Mal que les pese a los hombres de la guerra.

  2. Loser with style 19/05/2010 | Permalink

    La guerra y

    el amor

    son el padre y la madre

    de todas las cosas.

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