Terra de ninguém. ¿Es posible estar en tierra de nadie?

La realizadora Salomé Lamas presenta una película-entrevista que ha tenido cierto éxito pero, a mi entender, está mal planteada. El protagonista, mercenario portugués y asesino a sueldo de los GAL, se siente cómodo hablando mientras la cámara nos los muestra realzado. La directora se omite ante los conflictos que este genera y con diversas indefiniciones crea un espacio amoral tan grande que hasta resulta interesante por el debate que puede generar.


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Je ne regrette rien

Terra de ninguém (“Tierra de nadie”), segundo largometraje documental de la realizadora Salomé Lamas (Lisboa, 1987), a pesar de haber tenido una exitosa distribución en festivales, encierra para mí problemas fundamentales en su planteamiento. La película es una entrevista a un personaje más que controvertido, José Paulo Rodrigues Sobral de Figueiredo, más conocido como Paulo Figueiredo, un asesino confeso, un criminal sin piedad y sin arrepentimiento. El documental recibió 4 premios en DocLisboa 2012, mención especial del jurado en Documenta Madrid 2013, y participó en la Berlinale, Cinéma du Réel, Courtisane, Documentary Fortnight del MoMA, y otros este mismo año, con un paso efímero por salas en España.

El problema clave del documental es la falta de concreción de la voluntad de la directora, como si no quisiera opinar sobre el sujeto entrevistado. Esta ambiguedad ante un personaje tan claramente negativo genera un territorio amoral que, vista la película con atención, parece producido más por la incapacidad de afrontar el reto que por decisión propia. Lo más incomprensible es la incoherencia en el encuadre. En casi todo el metraje el asesino es entrevistado en un plano contrapicado realzando su figura. ¿Por qué está decisión tan expresiva? Parece totalmente ilógica, especialmente cuando además hay otras perspectivas durante la película donde el protagonista está en planos picados y otros más o menos frontales. No encontré ningun orden lógico en la presentación de estas variantes, lo que me lleva a pensar en una mala planificación de rodaje y una falta de criterio antes de filmar que acaba lastrando la entrevista a este testimonio único.

La entrevista del miedo

Lamas evita la entrevista tipo interrogatorio, no pone al protagonista contra las cuerdas para sonsacarle verdades y contradicciones (como hace Errol Morris en S.O.P., por ejemplo). No oímos la charla ni las preguntas, la realizadora esconde su voz suprimiendo los diálogos, Figueiredo a veces asiente al aire ante palabras que no escucharemos. Lo que parece pretender, pues, es crear una confesión, no un interrogatorio. Pero los problemas para este objetivo son múltiples: primero, el tipo de plano y la iluminación no parecen los más adecuados para crear una confesión (planos abiertos con lo que nos sentimos lejanos, su rostro en sombras, con lo que parece ocultar cosas, no confesarlas, o sea, sacarlas “a la luz”). Segundo, los contrapicados citados anteriormente nos sitúan en una posición de debilidad ante la confesión, en lugar de ser de tú a tú. Tercero, Figueiredo no se arrepiente absolutamente de nada, justifica sus crímenes que le parecen correctos dentro de su turbio mundo. Lamas no le enfronta ni le crea ninguna voluntad de confesarse o pensar críticamente sobre sí mismo, con lo cual, no llega a existir ninguna verdadera confesión. Cuarto, en la parte conclusiva de la película, Lamas entra en un juego de realidad / ficción, sin aclarar varios de los hechos relatados por el asesino, como si todo pudiera haber sido inventado. Me parece muy inoportuno jugar a esta baza cuando lo relatado son asesinatos reales algunos de los cuales no están ni resueltos. Esta última decisión aún añade más confusión al dispositivo y al relato diluyendo más la intención confesional.

En medio de los capítulos donde Figueiredo va explicando su trayectoria, la realizadora nos habla en off. Son aportaciones sólo informativas, para ayudar al espectador a entender la historia. Hay, pero, una frase claramente subjetiva, al inicio. La realizadora dice: “estoy interesada en su verdad, no en la mía, no en la de los demás”. La verdad de esta persona, sino es contrastada o confrontada, se convierte en una fábula o una autocomplacencia que le lleva a reírse de las personas a las que liquidó. Es su versión salvaje de los hechos ante una realizadora superada por la peligrosidad del entrevistado, con una cámara contrapicada y ocultando su voz. Parece que lo que dominó el encuentro fue el miedo. La desorientación de Lamas es tal que llega a crear hasta un paraje jugoso, un asesino degustando impunemente sus crímenes, un espacio amoral tan grande que hasta resulta interesante por el debate que puede generar.

Curriculum Parabellum

El documental es espectacular por el “curriculum” de Figueiredo y por el sorprendente final. Se alista en comandos antiterroristas del ejército a mediados de los 60 hasta 1980, cometiendo atrocidades permitidas por el estado portugués en las colonias de África, sin remordimiento alguno, todo lo contrario (“tuve diversas amigas pero principalmente dos: una Magnum 437 y un Winchester 128 con mira telescópica”, comenta jocosamente). Reconvertido posteriormente en mercenario trabaja para la CIA y la extrema derecha, siempre contra guerrillas, como en El Salvador. Entre otros periplos, ya en un último giro a su carrera, se convierte en asesino a sueldo, un pistolero, “un killer”, como él mismo dice. Trabaja para el Batallón Vasco Español y los GAL, matando miembros de los GRAPO y ETA. Recibe órdenes directas de los policías Amedo y Domínguez. Comete 9 asesinatos (“lo maté al estilo Texas”, dice riendo sobre uno de ellos, del cual se siente muy orgulloso) y acaba compartiendo cárcel con el que fue Minsitro de Interior, José Barrionuevo. Es detenido por uno de estos ajusticiamientos y condenando a 30 años de los cuales con la condicional cumplió la mitad. En uno de sus muchos no arrepentimientos considera la sentencia del todo injusta (“¿Por qué por matar un asesino tengo que pasar 15 años de cárcel? Donde la justicia no llega hay que hacer justicia”). El final da un giro inesperado cuando, después de relatar su trayectoria criminal, muestra algunos pocos síntomas de humanidad. Recuerda su infancia, en África, donde nació, evocando un mundo idílico y pacífico de convivencia entre blancos y negros. Se acaba la entrevista y vemos su decrépito final, viviendo en una tienda de campaña debajo de un puente, compartiendo el espacio con otros sin techo, entre ellos un hombre negro demente.

Creo que el campo documental ha desarrollado herramientas a lo largo de su historia como para afrontar con más oficio un reto como era el de entrevistar a alguien tan complejo como José Figueiredo y, a través de la película, conseguir llegar a alguna parte, sacar algo bastante más útil que sólo el sensacionalismo del relato. Algo útil para él, la realizadora o quizás para el espectador, que se encuentra solo ante tan sádico diablo.

Apunte final 1. Hollywood Ending

La directora Salomé Lamas escogió a un cámara japonés para que no pudiera entender el relato de Paulo Figueiredo”, según la web Sensacine, sección “Anécdotas de la película”. Quizás ahora se comprende porqué las perspectivas son incoherentes y polémicas, el director de fotografía no sabía que ocurría delante de él, y deducimos por los resultados que no recibió órdenes muy precisas o quizás hubo algun tipo de incomunicación lingüística. Esto sólo nos recuerda a Woody Allen en Hollywood Ending (2002), cuando el protagonista, un neurótico director de cine, se queda ciego a causa de una crisis nerviosa antes de un rodaje, el cual lo llevará a cabo junto a un director de fotografía chino que no comprende sus instrucciones. La vida de Figueiredo, pero, no era una comedia.

Apunte final 2. Las salas de España asesinaron la película

La distribución en salas de España ha sido muy fugaz. Ignoro a qué es debido. Estuvo en los Verdi de Barcelona y de Madrid escasos días, no he logrado saber si estuvo en algun otro cine del país. No da mucho tiempo a reaccionar a la crítica en prensa, que ya en general presta poca atención a estas películas, y menos aún a los espectadores. No por frecuente deja de sorprendernos el lamentable estado de la distribución de cine en España para un público amplio, problemática que se lleva arrastrando desde hace muchísimos años. Esta película, haya gustado más o menos a este crítico, podía haber llamado mucho la atención en España por su temática relacionada con los GAL.

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FICHA TÉCNICA
Realización: Salomé Lamas
Director de fotografía: Takashi Sugimoto
Sonido: Bruno Moreira
Montaje: Telmo Churro
Productores: Luís Urbano, Sandro Aguilar
Productora: O som e a fúria
País y año de producción: Portugal, 2012

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