La cosa nuestra

Es ahora cuando empiezan a emerger en nuestro país nuevos creadores audiovisuales que apuestan por el apropiacionismo, el reciclaje y el remontaje de imágenes ajenas, para elaborar nuevos sentidos distintos a los de su uso primigenio. Pero con la particularidad de que ya no es necesario recorrer filmotecas o museos.


    Post2PDF

La cosa nuestra

Found footage en la era YouTube
El found footage o cine de metraje encontrado es, sin duda, una de las corrientes más estimulantes y renovadoras que se han producido en el seno de la no ficción y de las vanguardias cinematográficas en las últimas décadas. No obstante, en España esta tendencia, tras los interesantes trabajos de Patino (Canciones para después de una guerra, 1971; Caudillo, 1977), no ha llegado a cuajar, y, generalmente, el uso de material de archivo en el documental se ha visto limitado a su más evidente uso: el de documento histórico, prueba irrefutable, imagen asertiva y concordante con el discurso ofrecido a través de la entrevista o la voz en off.

Es ahora cuando empiezan a emerger en nuestro país nuevos creadores audiovisuales que apuestan por el apropiacionismo, el reciclaje y el remontaje de imágenes ajenas, para elaborar nuevos sentidos distintos a los de su uso primigenio. Pero con la particularidad de que ya no es necesario recorrer filmotecas o museos. A golpe de clic de ratón, Internet se ha convertido en su principal fuente de materia prima, gracias a YouTube, redes P2P como e-mule o inconmensurables videotecas on line como Archive.org. Haciendo suya la máxima de Creative Commons, “si te saltas el intermediario todo es más fácil”, estos creadores se nutren principalmente de la infinidad de imágenes que, vedadas con una (C) o accesibles por sus dos (CC), ha puesto a nuestro alcance la red.

De este modo, estamos ante obras doblemente subversivas: no sólo atentan contra la imagen original, también lo hacen contra los habituales sistemas de producción y los derechos de autor. Además, muchos creadores escamotean los canales de distribución tradicionales, al tener en Internet su propia ventana de exhibición y reconocer su autoría con una licencia Creative Commons que permite que su obra pueda ser asimismo reutilizada. En definitiva, otra significativa muestra del “do it yourself” propiciado por el cine digital.

Es en este contexto multimedia, de saturación informativa, libertad creativa y “piratería” mediática, donde se sitúan autores como María Cañas, a quien, por otra parte, resulta difícil definir o clasificar. Creadora visual y caníbal audiovisual; videoasta y comisaria de arte; coleccionista y archivera, su capacidad para fagocitar y (re)crear imágenes no conoce límites. Como tampoco los tiene su capacidad creativa que desarrolla en terrenos como el fake, el ensayo audiovisual, el found footage, la fotografía o el videoclip, en un fructífero ir y venir por los diferentes senderos del audiovisual. Aunque ella dice reconocerse en la frase de Bukowsky: “Cuando todo se iba al carajo, siempre estaba la poesía para salvarme el culo”.” (1)

En su obra conviven, sin prejuicios, todo tipo de material de archivo con imágenes factuales rodadas con una pequeña miniDV, siempre dilapidadas por un aplastante sentido del humor que transita de la ironía a lo gamberro, de lo sutil a lo “obsceno”, con la misma facilidad con la que un torero envestido puede resultar un espectáculo hilarante gracias a su yuxtaposición con unas beatlemaníacas enloquecidas.

Visto en su totalidad, el trabajo de María Cañas es un torrente visual en el que se dan la mano iconografía y pornografía, cinefilia y zoofilia, imágenes de Peeping Tom (que usa Down with reality) con las de un chino sodomizado por un cerdo (incluidas en El perfecto cerdo); la cita culta (pinturas de Goya) con la pop (Serie B); el folclore verbenero con la música de Parálisis Permanente; lamentables espectáculos televisivos protagonizados por mujeres-fetiche con otros de interés general como el fútbol.

Su película El perfecto cerdo (2005) -un delirante y excesivo ejercicio metadiscursivo sobre el “carácter porcino” de la información actual- es también una declaración de principios: si del cerdo se puede aprovechar todo, de la imagen contemporánea, sea cual sea su procedencia, también.

Así, aunque se declare fan de Jay Rosenblatt (Human Remains) su más clara filiación la encontramos en la obra del también americano Craig Baldwin (Tribulation 99, Sonic Outlaws), con quien comparte inquietud plástica y política. “Soy miembro de una generación post-industrial de ‘salvajes mediáticos’ y mi estética, una mezcla de cómic y cultura de contrabando, consiste en realizar una irónica excavación arqueológica en los desechos que se han ido acumulando progresivamente de nuestro legado pop cultural, con el fin de construir un ‘ensayo-collage’ satírico que subvierta y reinyecte el viejo material con múltiples significados críticos” (2). Unas palabras de Baldwin que probablemente suscribiría María Cañas.

Pero, mientras que la obra de Baldwin se alimenta de los iconos de la cultura pop americana, la sevillana María Cañas juega e ironiza sobre los tópicos y estereotipos del imaginario andaluz y nacional: los reality shows, el cerdo ibérico o la Fiesta Nacional. Este último es objeto de manipulación, perversión e ironía en su trabajo más logrado hasta la fecha: La cosa nuestra (2006), un proyecto producido con la ayuda del “Premio RTVA a la Creación Audiovisual Andaluza” organizado por el colectivo Zemos 98.

La cosa nostra: “Diversión y tremendismo”
La cosa nuestra es un filme realizado con material de archivo, que su autora define como “diversión y tremendismo operando en el canibalismo iconográfico”, un ejercicio de desacralización de la Fiesta nacional y de personalísimas asociaciones dentro del universo bovino.

La película, de poco más de 15 minutos, se divide en 5 capítulos a través de los cuales María Cañas ofrece su particular visión del toreo, desde su hipotético y perverso origen sexual hasta su probable ocaso frente a otros espectáculos masivos como el fútbol. Como en El perfecto cerdo, aquí cabe de todo: corridas emitidas por televisión, películas de ficción, dibujos animados, platillos volantes, el toro de Osborne, pinturas greco-latinas, chinos que masajean vacas, karatekas, música hawaiana, The Pogues o la trompeta y el bombo. Una amalgama aparentemente imposible, cuya satírica reubicación y significación logra a través una histriónica voz en off y un acertado montaje.

La voz en off, en la que abundan los juegos de palabras (“hombres con hambre de sangre”), construye un jocoso discurso que se ve apoyado y, valga la paradoja, al mismo tiempo alterado por imágenes insólitas y bizarras. Mientras el narrador refiriéndose al toro recita: “Cómo lo queremos todos, aunque nuestro amor se expresa de tantas y tantas formas”, vemos la imagen de una joven que acaricia una vaca al tiempo que luce un abrigo de piel bovina. Y sobre la imagen de un toro decapitado, el off puntualiza “pero hay amores que matan”. Éstas son algunas de las múltiples pruebas de humor y de las macabras asociaciones con las que Cañas va construyendo un discurso que brilla, sobre todo, por su montaje

Así, en La cosa nuestra también destacan los capítulos carentes de voz en off, como “Moribundio. Sangre Sabia”, donde explora la plasticidad de la sangre y de la muerte, y “The Toro’s Revenge”, en el que invirtiendo los papeles del juego convierte en motivo de celebración a toreros corneados bajo los aplausos de Orson Welles o cheerleaders, entre otros espectadores aquí convocados mediante el montaje.

Oposiciones, efectos Kulechov y asociaciones visuales son elementos recurrentes en el filme. En el capítulo “Pan y Circo”, Cañas ensambla imágenes de ruedos, con otras de circos romanos y estadios de fútbol, circulares santuarios del entretenimiento cuyos acólitos serán súbitamente abducidos por platillos volantes o absorbidos por la tierra. Sin palabras, traza una sugerente historiografía de diferentes “opios del pueblo”. Y es que, mediante este doble tono humorístico y ensayístico, son muchas las ideas aquí apuntadas: el toreo como ocio y como negocio, como ritual masculino culturalmente legitimado y también como tradición anacrónica que llega a su fin. En el último capítulo “There’s a new bull in town”, la voz en off concluye: “Hubo un tiempo en que el toro toreado era el rey. Pero hoy ha sido derrotado por una esfera descerebrada. Si no puedes vencer a tu enemigo únete a él, o vete al cine”.

Iconoclasta, desenfadada, sin pretensiones, audaz e incorrecta, a menudo excesiva e imperfecta, otras brillante y tremendamente divertida… Todavía queda mucho por descubrir y escribir de María Cañas.
—-

(1) Entrevista a María Cañas. Revista Mu, número 38, septiembre 2005
(2) Citado en Weinrichter, Antonio (2004), Desvíos de lo real. El cine de no ficción, Madrid, T & B Editores.

La cosa nuestra se proyectará en marzo en el Festival de Cine de Las Palmas de Gran Canaria dentro de la sección paralela D-Generación. Hasta el 3 de febrero se puede ver en la galería ADN de Barcelona su pieza Down with reality, video que forma parte del proyecto colectivo Te mando un colega.

FICHA TÉCNICA
Idea original, dirección y guión: María Cañas.
Documentación: María Cañas y Luis Gordo.
Locuciones: Luis Gordo.
Montaje y postproducción: Guillermo García.
Montaje y codirección The Toro´s Revenge: Samuel Arquellada.
Traducciones: Laila Escartín.
Producción: María Cañas, Ayuda del Premio RTVA-zemos98-Caja San Fernando a la Creación Audiovisual Andaluza.
País y año de producción: España, 2006.

9 Comentarios

  1. Vilus Fat 02/02/2007 | Permalink

    Chapeau Elena,

    le has captado a la cañera Cañas las entrañas.

  2. nerea 04/02/2007 | Permalink

    jajaja,
    ¡qué salvaje!
    en Pamplona en San Fermines o en Sevilla en plena feria, en las plazas de toros proyectaba yo La Cosa Nuestra.

  3. Moura 06/02/2007 | Permalink

    Olé,

    ya era hora de que aparecieran así, de modo natural y do it yourself otras visiones en torno a la obsoleta fiesta nacional, es evolución su desmitificación

  4. Scott 06/02/2007 | Permalink

    ya Beef lo cantaba:
    Eres muy guapo…
    te llevo a los toros…

  5. violeta 16/02/2007 | Permalink

    No me gusta nada cómo utilizáis al cerdo en vuestra página web. Y los jamones. No tiene gracia y es una falta de respeto hacia el sufrimiento de un animal al que nos comemos porque somos crueles los humanos. Por otro lado el nombre Animalario ya lo habían cogido unos actores españoles famosos para formar un grupo de teatro. También el nombre es apropiación por lo que veo

  6. Alen Boksic 16/02/2007 | Permalink

    Hola Violeta, respondo por alusiones. Sólo añadir que para hacer la página web no usamos ningun cerdo. El video que has visto es un fragmento de “La cosa nuestra”, una obra irónica de la realizadora María Cañas, ante el mundo del toreo y su historia.
    El tema de uso diverso de nombres es largo y complejo, podríamos escribir un libro con miles de ejemplos. Aunuqe piesno que “animalario” es una palabra que aparece en el diccionario, no veo que sea una “apropiación”.

  7. Scott 19/02/2007 | Permalink

    Y animalario.tv. ,
    .tv
    .tv
    .tv
    repito,
    es una televisión salvaje y apropiacionista,
    no una compañía teatral,
    porque otras televisiones son posibles al menos en internet

  8. tomtom 26/11/2007 | Permalink

    me encantaria ver “la cosa nuestra” pero no la encuentro en you tube… solo he visto The Toro´s revenge que tiene un puntazo histriónico,,, viendo el animalario tv me entro un virus que me dejo out varios dias… verdaderamente canibalesco, jejejej

  9. V 09/05/2010 | Permalink

    ¿Donde puedo verlo online? Anoche en el canal de andalucia me encanto y hoy recurri a la red a documentarme y verlo de nuevo, pero nada de nada.

SUSCRIPCIÓN

Suscribirse a la newsletter

Redes sociales y canales de vídeo

  • Facebook
  • Twitter
  • Vimeo
  • ETIQUETAS

    ARCHIVO