L’Impossible – Pages arrachées

Hay en L’Impossible una clara herencia experimental que renuncia al naturalismo de denuncia, asimilado e inefectivo, en favor de una incorporeidad, de una no-identificación del objeto. Se comprende una dificultad -¿sin resolver?- en el acto de subjetivizar y articular políticamente el cuerpo de nuestro diferente.


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Inventario
Hace quince años Jean-Louis Comolli se hacía eco del resurgimiento inesperado del documental político en Francia, con el ocaso del gobierno Mitterrand y el advenimiento del Frente Nacional de Le Pen, victorioso en cuatro ciudades del país. “Lo que se va a hacer habitual comienza allí”, recuerda a propósito del avance de la extrema derecha (1). Buena parte de su actividad crítica y militante en esos años tratará de establecer nuevas relaciones entre ese cine por venir y la reinvención del sujeto político resistente. Intuye aquí un renovado acercamiento de ambos sistemas de representación y se pregunta: ¿cómo interpretar ese regreso?. Interviene, sin duda, en este fin de siglo, un motivo histórico. El tema del fin de la historia se agota antes que la historia. Los conflictos, las contradicciones, resisten a su desaparición programada, entran por la ventana, atraviesan los biombos, desmienten los consensos (2).

Los noventa asisten también a la implantación en Francia de la Ley Pasqua, que propicia el control y acoso de la inmigración, y se reproduce en leyes semejantes por todo el territorio europeo. El cierre de las fronteras, en plena guerra civil argelina, es denunciado activamente por, entre otros, Pierre Bourdieu y Jacques Derrida: “Denunciamos el crimen de no-asistencia a persona en peligro. Denunciamos la ignominia de leyes raciales disfrazadas de retorno al derecho común. Cada vez que ha querido ser el país de los derechos del hombre, la tierra del derecho de asilo y de la hospitalidad universal a las víctimas de las tiranías, Francia ha debido combatir el odio xenófobo y las máscaras patrióticas del egoísmo sórdido. Los que querían condenar a Dreyfus abrieron la vía a los que plebiscitaron a Pétain.” (3)

Comenzando el siglo XXI, el filósofo y activista político Alain Badiou dedica cinco libros, bajo el motivo común de Circunstancias, al análisis de esos mismos procesos de rearme conservador en la Francia actual. Textos que de alguna manera, forman parte, o resultan, del trabajo de L’Organisation Politique (1983-2007), dirigida por el mismo Badiou junto a Sylvain Lazarus y Natacha Michel. Será en el cuarto de ellos, titulado ¿Qué representa el nombre de Sarkozy?, donde Badiou retome el concepto de petainismo para definir la política del actual presidente francés, Nicolas Sarkozy. El petainismo, refinamiento espectacular -en el sentido de Debord o Pasolini– de los preceptos del Frente Nacional, inaugura así una restauración del miedo como fundamento de la política interior/exterior francesa y, por ende, europea. Esta situación, concluye Badiou, sitúa como nuevo sujeto potencialmente revolucionario al inmigrante, al despatriado, al sin papeles (4). Y por lo tanto esta potencia, este desplazamiento, habría de integrarse como figura central del pensamiento y del programa de izquierdas para nuestro presente.

Bastaría, para finalizar este inventario, distinguir algún otro momento singular en esta serie: en 1999, el cineasta británico Peter Watkins reúne en París a varias decenas de actores no profesionales y organiza una reconstrucción histórica alrededor de la Comuna de 1871, La Commune (Paris, 1871). Resulta de ello un intenso debate, integrado en el filme, sobre el proceso revolucionario abierto 130 años antes y su inscripción actualizada en el ahora francés. Straub y Huillet, en Europa 2005, 27 Octobre, filman cinco panorámicas iguales sobre el transformador eléctrico en el que mueren dos jóvenes de las banlieues al escapar de la policía. Dos años antes, Chris Marker recoge, a partir del movimiento lúdico de Chats Perchés, el ambiente de revuelta en las calles parisinas derivado de la guerra de Irak, la reelección de Chirac tras el empuje en la primera vuelta del Frente Nacional, o el avanzado estado de privatización de la educación universitaria. Se anticipa el plan Bolonia, el CPE (5), Sarkozy. Más recientemente, Nicolas Klotz enmarcaba su ficción La Questione Humaine bajo el signo regresivo de las redadas contra los inmigrantes en la capital francesa.

Es en esta extensa secuencia política -y cinematográfica- donde podemos inscribir L’Impossible – Pages arrachées, el último largometraje de Sylvain George. Es en este cruce de referencias, en esta porosidad entre diversas disciplinas (6), desde donde se puede pensar a su autor y, probablemente, la específica y singular producción de pensamiento emancipador en Francia.

I
Work in progress. La revista Independencia, refugio virtual de la crítica y mecenas del cine escindido de Cahiers, viene publicando desde hace unas semanas varios textos de George centrados en algunas de las cuestiones referidas más arriba. Poemas contra Sarkozy, una carta de un joven eritreo, extractos de un diario de rodaje, un manifiesto. Textos que, de una u otra manera, conforman un todo indiscernible con el filme que nos ocupa. De hecho son, en ocasiones, parte del material empleado en distintos momentos del metraje, o bien su inspiración, o bien su fuera de campo. En distintos momentos, también, del remontaje ininterrumpido de la misma película, que llegó a presentarse bajo muy diversos formatos y duraciones en estos dos últimos años. Quince, sesenta o ciento veinte minutos. Si atendemos a lo que el propio George escribe, el primer boceto de L’Impossible se proyectó acompañado de la lectura de la carta antes mencionada, una suerte de interpelación a la opinión pública francesa que había estigmatizado al conjunto de los inmigrantes sitos en Calais -allí donde esperan partir a Inglaterra- por un crimen cometido en los alrededores de la ciudad a manos de un inmigrante afgano. No podemos, por ello, dejar de considerar estos textos como secuencias de L’Impossible.

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(1) Jean-Louis Comolli, “1995”, Ver y poder, Buenos Aires, Nueva Librería, 2007, p. 207
(2) Jean-Louis Comolli, “Afinidades electivas: cine documental y cuerpo político”, Ver y poder, Buenos Aires, Nueva Librería, 2007, p 287
(3) Pierre Bourdieu, “No-asistencia a persona en peligro”, Intervenciones, 1961-1995, Córdoba, Ferreyra Editor, 2005, p. 310
(4) Alain Badiou, “El octavo punto”, ¿Qué representa el nombre de Sarkozy?, Pontevedra, Ellago Ediciones, 2008.
(5) Contrato del Primer Empleo, ley auspiciada en 2006 por Dominique de Villepin, y que contemplaba el desmantelamiento de conquistas laborales básicas, reforzando la situación de precariedad de muchos jóvenes universitarios. Su aprobación provocó manifestaciones masivas entre febrero y marzo de ese mismo año.
(6) Périphérie, una escuela de cine radicada en París, promovió hace un año un encuentro del cineasta con Jacques Rancière. El diálogo transcurre alrededor de la proyección de tres de sus películas, entre ellas L’Impossible.

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