_no contéis con los dedos. Maenza, un cine (im)posible

José Antonio Maenza (1948-1979) escribió poemas, una novela fragmentaria y un tanto ilegible y realizó al menos tres películas: El lobby contra el cordero, Orfeo filmando en el campo de batalla y Hortensia. Su cine, independiente, político y vanguardista, podría ser definido como un film aún por “terminar”. Y esta tarea deberá ser tomada en última instancia por el propio espectador. / Artículo republicado a raíz del ciclo dedicado a José Antonio Maenza en el festival Punto de Vista 2016.


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Enfrentarse de forma directa a la obra de José Antonio Maenza es una labor complicada, puesto que nos encontramos ante uno de los cineastas más complejos, herméticos y desconocidos – con su aura de “malditismo” – que ha dado el cine español.

Su corta pero intensa filmografía (apenas tres largometrajes y algunos “guiones”), a la que se había dado por destruida hasta su aparición a principios de los noventa (rescatada gracias a las investigaciones de Pablo Pérez y Javier Hernández), se nos revela como una obra sin precedentes y precursora de un cierto cine independiente/amateur, que se desarrolló con fuerza a finales de los sesenta y donde convergen, desde posiciones muy diferentes, una larga lista de autores, hoy la mayoría injustamente olvidados, como Adolfo Arrieta, Pere Portabella, Javier Aguirre, Antonio Padrós, Carles Santos, José María Nunes, Carles Durán, Antonio Artero, Joaquim Jordà, Llorenç Soler, Gonzalo Suarez, Paulino Viota, etc.; que intentaban, desde estas vías alternativas a los circuitos comerciales, hacer frente a la férrea dictadura y la censura cinematográfica. Se trataba, en definitiva, de unir fuerzas en una lucha contra la ideología dominante y represiva, a través de la exploración de nuevos caminos en expresión fílmica, de forma similar a como se estaban desarrollando en otros países en ese momento.

Es en ese contexto de finales de los 60 – de fervor revolucionario impregnado del espíritu de (lo que se llamó) Mayo del 68 – donde hace su aparición cinematográfica Antonio Maenza. El lobby contra el cordero (1967-68), su opera prima, se propone como un film verdaderamente revolucionario en el sentido más amplio del término (no sólo ideológico sino también formal).

Maenza se deja llevar por un verdadero delirio narrativo de acumulaciones ininteligibles, donde pierde todo su sentido intentar encontrar causas y efectos. Un complejo entramado que reúne desde la liturgia simbólica del sacrificio del cordero a reflexiones metacinematográficas y políticas, pasando por lo que podríamos llamar una especie de “documento de la época” (manifestaciones estudiantiles, todo tipo de referencia a la cultura de masa, etc.).

El film se construye como si se tratase de una escritura automática, en consonancia con el espíritu Surrealista y Dada; en especial Maenza parece querer emular de alguna manera las pautas de construcción (de acciones acumulativas) de Un chien andalou (Luis Buñuel, 1929): una acción sucede a otra de forma aparentemente fortuita y sin ninguna relación de causa-efecto. Así, el guión de partida (Händelequia) se elabora con elementos extraídos del entorno del autor (como viñetas de tebeos, anuncios publicitarios, fotografías) que se van ensamblado unos con otros. Este carácter heterogéneo del proyecto tiene como resultado una destrucción completa de la lógica de la continuidad del cine dominante, demoliendo de un solo golpe nociones fundamentales como el raccord y por tanto la sutura, sumiendo al espectador en un total desconcierto.

El film revela una estructura fundamentalmente discontinua y fragmentaria, propia del collage y del essamblage (llevadas hasta sus últimas consecuencias al integrar en cierto momento fragmentos completos de películas ajenas – Noche de ladrones (Hight Owols, James Parrot, 1930 con Stan Laurel y Oliver Hardy) – , algo que estaría ya más cerca incluso del apropiacionismo o del ready-made), técnicas muy utilizadas en ese momento por la estética pop y de la que el film hace gala. Se puede rastrear a este respecto, a lo largo del metraje, un compendio iconográfico que nos llevaría sin duda a pensar en las obras de Roy Lichtenstein y de Andy Warhol. Pero esta fascinación (o idolatría) por una iconografía lúdica y mediática no es otra cosa que una reflexión irónica y crítica sobre esa banalización de la imagen en la sociedad de consumo, del mismo modo que Jean-Luc Godard venía haciendo desde mediados de los 60. Podemos encontrar, de hecho, numerosas reminiscencias al cineasta francés como por ejemplo la secuencia filmada en los porches del Paseo de la Independencia en la que las calles se adornan con grandes afiches coloristas que nos remiten inevitablemente a Made in Usa (Godard, 1966). Maenza, a partir de todo esto, construye un espacio dinámico donde los elementos arquitectónicos (un cementerio, un estanque, una iglesia, una zanja de una calle en obras, etc.) y plásticos son partícipes de los recorridos litúrgicos de los personajes.

Todas las escenas se montan a la manera de happenings. Muy en sintonía con las dérives practicadas por los Situacionistas (en las que se pretendía trasformar el espacio urbano en un escenario improvisado, vitalista y participativo), Maenza construye cada escena a partir de la creación de situaciones improvisadas y fuera de contexto. Recordemos por ejemplo cuando uno de los “personajes” coloca un maniquí interrumpiendo la circulación (real) de un tranvía; o las secuencias en las que una mujer deambula (ante la estupefacción de los peatones) en una especie de danza-ritual delante de la estatua de Justicia y del monumento a Juan de Lanuza. Esta forma de “poner en escena” es determinante a nivel formal y estilístico, tanto en los encuadres (aparentemente poco cuidados, debido fundamentalmente al uso constante de la improvisación) como en los movimientos y desplazamientos de la cámara. Este último aspecto es explícitamente patente en El lobby contra el cordero en el que Maenza mueve la cámara con tal libertad que parece que sea una extensión de su cuerpo. Y es que si hay algo que llama especialmente la atención en la realización del largometraje, es precisamente esa sensación de libertad que respiran sus imágenes – donde todo es posible –, y esto se debe precisamente a esa actitud  aparentemente “inocente” y “tosca”, casi “primitiva” (aspecto que emparenta esta película con el cine del primer Pasolini, que Maenza tanto admiraba), de un cineasta que se enfrenta por primera vez con una cámara, sin prejuicios, como si se tratara de un juguete nuevo que cae por primera vez en sus manos. Pero por otro lado, no hay que confundirse, el film también responde a una voluntad intencionada de romper con cualquier tipo de estructura academicista y ortodoxa, al tiempo que se buscaba una escritura singular.

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2 Comentarios

  1. pétula 09/05/2010 | Permalink

    He re-descubierto recientemente a Maennza con El lobby contra el cordero y me he quedado completamente fascinada con su obra, una inspiración. Muy grande, Maenza, quiero seguir viendo y leyendo más sobre él, gracias por el artículo!!

  2. paco b. 28/05/2010 | Permalink

    es interesante pensar también así el cine de Ozores de los 80

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