Claudine Nougaret y cía. El retrato como autorretrato

A través de Journal de France, la sonidista y productora Claudine Nougaret nos quiere trasmitir la importancia del trabajo de su compañero, Raymond Depardon, a través de un film-homenaje.


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Para introducir la película Journal de France, lo habitual sería destacarla como la última de Raymond Depardon, codirigida con Claudine Nougaret, su sonidista, productora y pareja desde hace ya 25 años, pero pienso que sería más justo decir que Journal de France es una película de Claudine Nougaret, codirigida y protagonizada por Raymond Depardon, su pareja y compañero de trabajo. El orden de los factores sí altera el producto.

En algunas entrevistas ambos afirman que es Nougaret quien se propone hacer esta película, quien escribe el guión y consigue los medios, además de ser su voz en off la que dirige nuestra mirada sobre el archivo. Depardon deseaba darle visibilidad a ese archivo pero no sabía como. Finalmente en la película es ella quien nos quiere trasmitir la importancia del trabajo de su compañero a través de este filme-homenaje. Un homenaje sorprendentemente emotivo, tal vez demasiado. Y es que definitivamente Journal de France no encaja en el estilo Depardon. Así como trabajar con un equipo de rodaje u otro si cambia el resultado, la autoría, sobre todo en el cine documental, es algo bastante difícil de delimitar.

Professione: ¿Reporter?

Depardon ya había hecho una autobiografía a través de su archivo, se llamó Les années déclic (1983) película que codirigió con el montador de aquella época Roger Ikhlef.  En el arranque  nos aclara lo siguiente:

“Buenas tardes, me han encargado hacer una película para los Encuentros Fotográficos de Arles, y yo he aceptado meterme en un estudio con los técnicos y ser filmado con dos proyectores, uno para la fotografía, el otro para el cine. Voy a intentar enseñarles las fotografías que hecho desde 1957 hasta 1977…”

Un joven Depardon no duda en comenzar el filme de esta manera y así despejar las dudas sobre una supuesta autocomplacencia, pero muy por el contrario Les années déclic es una película excepcionalmente ponderada con la que construye un justo retrato de si mismo. Como explica muy escuetamente Depardon, el entramado técnico está allí para lograr la proeza de hacer una película de archivo (casi) en directo, con las imágenes proyectándose mientras él va haciendo comentarios simultáneamente. Lo mismo hace a propósito de sus primeros pasos con la imagen en movimiento, proyectando brutos que ya esbozan su obsesión con el plano secuencia. Percibir sus nervios a través de la voz temblorosa en el arranque y como dubitativamente va dando información simple y escueta de su archivo, es la demostración de que el realizador no está precisamente cómodo. Por eso el dispositivo es tan certero, porque no le permite elaborar excesivamente el relato sobre si mismo. Y tampoco esconderse. Todo gesto en esta película suda honestidad y una apreciable sencillez, precisamente los cimientos sobre los cuales Depardon ha intentado edificar su trabajo.

Poco o nada se le parece Journal de France, que vendría a ser complementaria pero en realidad es casi la antítesis.  Son películas de naturaleza diferente. Si Les années déclic es honda y austera, Journal de France es cándida y barroca, si la primera es frágil y contenida, la segunda es expansiva, acelerada y a ratos anecdótica. Les années déclic elabora un retrato en torno a sus fotografías, y es en la fijeza esporádica de cada imagen donde se suspende el tiempo y se invita a la contemplación. Journal de France se concentra en el archivo fílmico de Depardon, y el movimiento se confunde con la celeridad. Los recursos del montaje (música, ritmo, estructuración) comienzan a desmantelar la fuerza que podía haber en las capas que componen la película. Y relaciono Journal de France en oposición a Les années déclic porque creo que es útil para entender como el estilo de Depardon descansa en una metodología. Y que en Journal de France evidentemente no se lleva a la práctica. Esta nueva película permite ver que detrás opera un sistema distinto al que Depardon nos tenía acostumbrado, con un lenguaje que evidentemente ha surgido del diálogo con otro lenguaje y de la negociación con otra mirada.

Pareja de imágenes

Tres líneas entrelazadas componen Journal de France, que como perfiles de su protagonista también sugestivamente conforman un autorretrato de Claudine Nougaret, la cómplice y primera espectadora del trabajo de Depardon. Las he denominado simplemente: el compañero de viaje, el fotógrafo y el cineasta.

I. Depardon, cineasta

En el análisis de los distintos estratos que componen Journal de France, se puede apreciar que el conjunto presenta variados desajustes, no obstante al ir revisando el archivo, aparecen algunas joyas que a pesar de su dudosa actualización e integración al relato, conservan gran parte de su valor original. Se recuperan de la filmografía de Depardon trozos de trabajos difíciles de ver, si no ya material de carácter personal e inédito. Como las escenas del mercenario belga moribundo en Biafra, el plano secuencia sobre el puente Saint Michel intimidando a las jóvenes presentes o las bellas imágenes del inicio que son su primer intento de hacer una película llamada “une fête foraine”. Pero definitivamente el archivo de mayor resonancia, lo que denominaría el epicentro del filme, son las imágenes en las que aparece Claudine Nougaret, como el material en súper8 junto a Éric Rohmer y el equipo de Le rayon vert (su primer largometraje como sonidista) y los retratos en blanco y negro de la época que precede a Urgences donde aparece risueña y coqueta. Es aquí donde confluyen todas las líneas que componen esta película, porque Journal de France es también una historia de amor, o como bien dice Nougaret, una historia íntima atrapada en el torbellino de sucesos de los últimos 50 años.

II. Depardon, compañero de viaje

Claudine Nougaret y Raymond Depardon trabajan juntos desde 1988. Su primer filme en donde él está en la cámara y ella en el sonido es Urgences, después de esa experiencia se han convertido en un tándem inseparable. Él como homme des images (así lo define Nougaret), y ella alternando el sonido con roles de producción y realización. La pareja funda en 1992 la sociedad de producción Palmaraie et Désert destinada a sus propios trabajos. En esta etapa destaca el debut de la sociedad, Afriques : comment ça va avec la douleur?, una inquietante película de 163 minutos donde Depardon, en este caso completamente solo, se lanza a recorrer “la idea de un continente” desde el cabo de Buena Esperanza hasta Garet, la granja donde nació. Pero la obra de mayor relevancia ha sido, sin duda, la trilogía Profils Paysans (L’approche, Le Quotidiene y La vie moderne), un trabajo excepcional sobre el mundo rural, que se propone seguir las transformaciones, a lo largo de 8 años, que sufren algunas familias campesinas francesas y su ardua labor en la media montaña. Claudine Nougaret ya había hecho un cortometraje sobre su abuelo en Paul Lacombe (1986), en el rural francés. La proximidad y la espontaneidad en su manera de retratar nos dan algunas pistas de su estilo, muy diferente a las maneras de su compañero, quien ya en L’approche despliega su carácter más sosegado, fijando la cámara en un punto, y como si quisiera trasladar al cine los códigos de su admirado Walker Evans, la frontalidad y la claridad pasan a ser sus rasgos distintivos.

No obstante a las visibles diferencias de estilo, hace 5 años que ambos han decidido codirigir sus trabajos, más vinculados al ensayo y destinado más a museos y galerías, que a las salas de cine. Hubo un antecedente previo en 1997 y se le llamó Amour, un poema visual hecho con fotografías de París y África en una mesa de luz. Once años después retoman la codirección y lo hacen con Donner la parole (2008), La France de Raymond Depardon (2009) y Au bonheur des maths (2011). Ya en 2012 llega Journal de France, que contiene fragmentos o descartes de algunos de estos trabajos casi invisibles.

III. Depardon,  fotógrafo

Desde su inclusión en la agencia Magnum, su rol como fotógrafo probablemente sea su faceta más divulgada y solicitada, desde hacer la foto oficial del Presidente de Francia, publicar y exponer sus fotografías, hasta recibir el encargo de fotografiar su mirada sobre una Francia plural, proyecto que le significa dedicar un tiempo y energía considerable. Es en este trayecto donde Claudine Nougaret lo encuentra y decide filmar Journal de France, intercalando con este viaje físico por Francia, otro viaje por la historia reciente a través de los ojos de su compañero. Como si Nougaret quisiera hacer extensiva esa articulación íntima que ha forjado con él en una mirada conjunta, y así,  llevarla metafóricamente a toda la sociedad francesa. Con uno de los cazadores de imágenes más emblemáticos de protagonista, el filme generó bastante expectación, pues repasar las imágenes de ese “hijo de campesinos” (así le gusta definirse) que se transformó en una especie de cronista de los recovecos, los descampados y los jardines olvidados que los lemas de la República francesa dejaron de asistir, produce, a lo menos asombro. La guerra, el colonialismo, la folie, la pobreza, la exclusión y el olvido, son todas estas, temáticas recurrentes en su obra, aunque no sea necesariamente, en un primerísimo primer plano.

Quienes no crecimos en tierra gala, difícilmente podemos medir acertadamente el tamaño de la figura de Depardon en la historia reciente de las imágenes documentales en Francia. Un verdadero puente entre el reporte más comprometido y el cine más personal, que lo ha llevado a desarrollar un estilo, sin corsés intelectuales, en donde lo verídico en el registro pareciera anteponerse a la verosimilitud. Y esto es quizás porque su profesión de reportero le obliga a cumplir una ética compartida, una disciplina común y no relativista. Y no es que Depardon no dimensione lo espinoso que es conjugar el cine con verdad, es que su cine habita exactamente en esas tierras movedizas. El reporte y la creación, la cámara observante y en otras participante, la guerra, su hogar. Y es precisamente por esto que podría afirmarse que en Depardon es la ética la que determina su estética, nunca al revés.

Depardon, artesano. [coda]

Reflexivo, tímido y silencioso, Depardon como fotógrafo resulta desértico. En cambio como cineasta, se transforma utilizando la cámara como armadura o como vigía de sus propios movimientos, dejándose llevar por ese aparente amparo, acercándose hasta entrar en zona de significación. Él separa los dos roles, pero aunque sea uno lejano y el otro, un poco más próximo, se hace en ambos la misma pregunta, ¿dónde situarse para ser más justo? Para Depardon podríamos decir que ciertamente lo documental es una cuestión de distancias, y consecuentemente también de miradas. Y es aquí donde enfatiza, subraya, se aquieta, en el eje mismo desde donde se traza ese punto de vista más fisiológico. La toma de cámara como toma de vista.

Y Journal de France, a pesar del resultado general, posee otro gran mérito, que es mostrar, de una nueva forma, a Depardon haciendo imágenes. Porque ¿no es todo el cine de Depardon en realidad meta-lenguaje? Muchos planos de Journal de France duran lo que a Depardon le toma encontrar el instante donde todos los elementos dentro del cuadro se disponen de una forma que logre sosegar, aunque sea por un segundo (2), aquella agitada mirada. Asistimos a través de los ojos de Nougaret,  a ese precioso momento de creación de una imagen. El fotógrafo mide la luz, mastica las palabras. Piensa en voz alta. Puede explicar con fascinación los detalles técnicos de su composición. Reflexiona sobre la luz, el encuadre y el azar. Pero súbitamente el fotógrafo enmudece, interactúa ahora con el mundo delante del objetivo, prestándole toda su atención. Aguanta la respiración.

Clic!.

– – – –

(1) En esta época Depardon estaba comenzando a desarrollar su faceta cinematográfica, su filmografía era breve aunque ya bastante prometedora, de los primeros reportajes sobre Tchad, Venezuela, Biafra, Yemen y Tibesti, destacan el rodaje clandestino de Jan Palach en Checoslovaquia, Números Zéro sobre la redacción del periódico Matin de Paris, 1974, une partie de campaigne sobre la candidatura de Giscard d’Estaing, Fait Divers sobre una comisaría de la capital y San Clemente, donde filma magistralmente la isla veneciana que se utilizaba como hospital psiquiátrico.

(2) Depardon, acorde con su devoción por el material argéntico, fotografía el hexágono francés con una cámara de placas, lo que significa que los tiempos de obturación sean más largos de lo habitual. Normalmente de 1 segundo.

Un Comentario

  1. maria 25/07/2013 | Permalink

    Dónde se pueden encontrar las joyas de Depardon? Y de Nougaret?

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