Récits d’Ellis Island, el fantasma de una pequeña isla abandonada

“Cuando un realizador en busca de sus orígenes se topa, por azar, con un escritor que también anda a la búsqueda de los suyos, ambos hablan de Ellis Island, planean un film sobre Ellis Island…” En 1978, el Institut National de l’Audiovisuel encargó a una pareja de futuros amigos, Robert Bober y Georges Perec, una película sobre la emigración a América. El resultado, un film y un viaje, de fuera adentro, sobre el exilio físico y el personal.


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A menos que me traicione la memoria, perdida entre las páginas de Pierres, de Víctor Hugo, encontramos una frase: “el exilio es una especie de largo insomnio”. ¿Insomnio o amnesia? En cualquier caso, una pérdida: de las raíces, de la lengua, de la identidad, de los recuerdos, de los seres queridos… En esta línea, Marie-Pascale Huglo ha escrito que el relato de Récits d’Ellis Island, el libro de Georges Perec publicado en 1980, pero también, evidentemente, la película homónima realizada por él junto a Robert Bober ese mismo año, se inscribe en una serie de “desapariciones” (1). Desapariciones físicas, de aquellos que emigraron; desaparición de los vestigios de la misma isla (hoy en día ¿recuperados? bajo la forma de un Museo de la Emigración); desaparición del propio Perec, en 1982. Desaparición –ante todo− de la memoria de la emigración, cada vez más perdida en el tiempo, pese a los intentos desesperados de nuestra sociedad por multiplicar los lugares de la misma.

Bajo una forma híbrida –como lo sería más tarde la del libro (2)−, a medio camino entre el documento, el testimonio y la auto-interpelación, Récits d’Ellis Island, subtitulada “historias de errancia y esperanza”, resulta un viaje justo allá donde la memoria histórica y la personal se encuentran. Y, como casi siempre, no es el destino lo que importa sino el viaje mismo. Uno triple en este caso: el de todos aquellos que, dejando atrás incluso lo más íntimo: el apellido, su propia identidad, buscaron una nueva vida en esa “tierra de esperanza” a la que canta elegíacamente el Star-Spangled Banner; la visita a Ellis Island, o, mejor dicho, a sus restos, una especie de ritual casi mágico de la aparición y la desaparición; y, por último, el viaje personal de Perec y Bober al interior de sí mismos. “Cuando un realizador en busca de sus orígenes se topa, por azar, con un escritor que también anda a la búsqueda de los suyos, ambos hablan de Ellis Island, planean un film sobre Ellis Island…” (3). Entonces, Ellis Island, la puerta de la tierra prometida, elegida en tanto que símbolo del exilio (físico o personal, qué más da), como su corporización. Extraña corporización, desde luego, la de un no-lugar que resultaba solo un umbral, un sitio de paso, el lugar de la ausencia de lugar, tan incorpóreo como un fantasma. Perfecto en tanto que símbolo, prestando una imagen –un tanto borrosa, eso sí– a uno de los fenómenos sociales más intensos y determinantes de la historia aún reciente. En una aparente paradoja, el esfuerzo persistente por restituir espacios públicos de recuerdo a través de “lugares de memoria” ha generado numerosos puntos ciegos, olvidos y/u omisiones. Ellis Island significó, como escribe el propio Perec en su libro, “el fin de una emigración casi salvaje y la llegada de una oficializada, institucionalizada y, por decirlo de alguna manera, industrial” (4).

Un siglo más tarde, desde 1990 para ser precisos, al convertirse en museo, esa misma isla se erige en lugar oficial, institucionalizado, industrial de la memoria. El lugar simbólico “de una lucha por el poder, por el monopolio del pasado y la reconquista de la posteridad de lo que se perdió en la realidad” (5). Esos “lugares de memoria”, nacidos de un sentimiento de deuda, de la necesidad de una conciencia conmemorativa, reviven una historia “oficial” construida, creada a partir de la simplificación y del olvido. Algo de lo que, pese a su incapacidad para predecir el futuro (aquello en lo que se convertiría apenas una década más tarde la isla), claro, Perec y Bober se dan cuenta inmediatamente.

Récits d’Ellis Island, como buena parte de la obra escrita de Perec, está construida alrededor de un principio de fractura. “La figura (la no-figura) de la ruptura, de la fragmentación se impone hasta tal punto a George Perec que la encontramos en la gran mayoría de sus textos. El espacio (Especies de espacios) no puede ser sentido, pensado, más que en el momento en que se rompe. La inmensa ‘novelas’ que es La vida instrucciones de uso, se cuenta pagando el precio de ese ‘salto del caballo’ que nos hace revolotear de habitación en habitación de arriba abajo del edificio y rebotar de historia en historia. W o el recuerdo de la infancia, se construye alrededor de sistemas de rupturas tanto inarticulados como admirablemente articulados” (6). Por encima de todas ellas, estos Récits son la cumbre de los cabos sueltos, el culmen de las historias entendidas en tanto que accidentes, la confirmación de que memoria e historia funcionan en dos registros radicalmente distintos. Después de todo, la memoria no es más que una hábil coordinación de sospechas. Por ello, Perec y Bober son conscientes de la incapacidad de revivirla, aunque sea de una forma potencial, a través de sus imágenes. ¿Debilidad de la imagen, imposibilidad de cualquier testimonio? Más bien, una cuestión a la que el film entero trata de dar respuesta: ¿Cómo representar aquello que está situado “al límite de lo que puede ser dicho” (7)? Quizás sea precisamente de ahí de donde surge el sentimiento de inmensa nostalgia que inunda el film. De la aceptación de antemano de una derrota tenida como algo inevitable. Y toda la película bascula, así, del imperativo del testimonio (su mismo origen) a una forma de meditación poética sobre las ruinas. Las ruinas de Ellis Island, el fantasma de una pequeña isla abandonada. Las ruinas de la memoria, “ese montón de espejos rotos”. Las ruinas de un film que se convierte él mismo en migración.

(1) Huglo, Marie-Pascale: “Mémoire de la disparition: Récits d’Ellis Island, L’Album” en Protée, vol. 32, nº1, 2004, p. 7.
(2) Perec, Georges: Ellis Island, Buenos Aires, Libros del Zorzal, 2004. Partiendo de una separación entre imagen y texto escrito, el libro instaura un modo especial de lectura, entrecortado, fragmentario, no sincrónico. Algo que está también relacionado con lo diverso de sus registros: testimonial, autobiográfico, documental, historiográfico, etc.
(3) Extracto del comentario de Georges Perec a Récits d’Ellis Island.
(4) Perec, G.: Op. cit., pp. 12-13.
(5) Nora, Pierre: Les lieux de memoire (3 Vols.), París, Gallimard, 1984-1992.
(6) Burgelin, Claude: “Prólogo” a Perec, G: El Condotiero”, Barcelona, Anagrama, 2013.
(7) Perec, G.: Op. cit., p. 56.

FICHA TÉCNICA
Récits d´Ellis Island, Histoires d’errance et d’espoir
Dirección y guión: Robert Bober, Georges Perec
Dirección de fotografía: Jacques Pamart
Ayudante de fotografía: Claude Pezet
Sonido: Jean-Claude Brisson
Montaje: Claude Fréchède, Blanche Cuniot
Producción: Institut National de l’Audiovisuel
Año y país de producción: Francia, 1980

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