Touch

Shelly Silver, artista audiovisual afincada en Nueva York, ofrece en Touch un sugerente relato pseudoficcionado sobre la identidad y la vuelta al pasado, filmando un trabajo fragmentado y reflexivo a medio camino entre el ensayo audiovisual y el diario filmado.


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Shelly Silver da comienzo a Touch con una imagen en negro y una voz en off. Los ojos cerrados a los que hace referencia esta susurrante voz comienzan a engarzar la imagen con el relato. Los ojos se irán abriendo poco a poco y, acompasadamente, un retrato fotográfico se va descubriendo ante nosotros. Silver, artista neoyorquina con una dilatada carrera en el campo del vídeo y la fotografía, se acerca en su último trabajo a Chinatown (1), espacio geográfico en constante cambio donde retoma algunos de los tropos fundamentales de su obra audiovisual, a saber, la inmigración, la identidad y el espacio urbano. Touch es un ensayo fragmentado que flirtea con la imagen documental y el relato ficcionado, un trabajo de setenta minutos de duración que le permite experimentar con la construcción de una historia, ficticia o real, partiendo de imágenes de un barrio irreconocible y de fotografías ajenas. La voz en off, la única referencia tangible durante la película, nos contará la vuelta de un hombre a Chinatown después de cincuenta años para cuidar de su madre moribunda. Durante la larga estancia en el barrio de su infancia recolectará imágenes, buscará qué restos quedan aún del pasado y así comprobará qué ha cambiado desde entonces en este librero de ascendencia china. Nunca veremos su rostro, solo sabremos de él a través de esta voz en off. Será el archivo de imágenes que él cree el que le permita ensayar sobre la ciudad, construir una especie de diario filmado sobre sus días en Chinatown, y a su vez, sin mostrarse en cámara, interrogarse con imágenes de otros, con fotografías de otra familia que le sirvan de espejo para hablar de su origen.

En torno a este sutil entramado de imágenes, Silver adopta una forma definida que remite a otros trabajos de su obra: la captación de imágenes estáticas de la ciudad y el acompañamiento sucinto de fotografías con el fin de reconstruir una cierta biografía. Así, al inicio, deslavazará una fotografía anónima para presentar cómo será el desarrollo de la película: Touch será una historia que se contará partiendo de trazos, transitando las carreteras secundarias del relato, ahondando en el silencio y en la observación diaria, coleccionando fragmentos de una realidad que se descubrirá lentamente como el rostro anónimo con el que arranca la película. La voz se preguntará por estas imágenes fijas del pasado sin darnos una respuesta clara, y estas fotografías participarán de la estructura de la misma forma que las imágenes anónimas sobre Chinatown, mostrando realidades subrepticias de la gran ciudad: la inmigración, la identidad cultural, el anonimato. Varios serán los niveles de significado que soportará la imagen: además de esas fotografías que devuelven el pasado del presente filmado, la voz en off se apoyará en momentos puntuales en unos subtítulos que buscarán subrayar el texto.

La voz de este librero fluctúa, da bandazos como si el propio texto pasease por la ciudad y ésta le obligase a desviarse del argumento principal. Así, la inminente muerte de su madre le abrirá otros caminos: por un lado, se parará a mirar la fotografía de hace décadas de dos niñas de origen asiático sobre una terraza neoyorquina (¿formarán parte de su familia?); por otro, dibujará en una fotografía familiar anónima su propio árbol genealógico, un recurso que es todo un acierto: otra familia inmigrante de la Nueva York de principios del siglo pasado se mira en el espejo de su propia familia y le sirve para hablar de su propia tragedia, para emparentar las historias de inmigrantes en la gran ciudad y así hermanar ciertas comunidades. El recurso epistolar y la contemplación pausada de Nueva York nos retrotraen a Chantal Akerman y su News from home (1977), aunque la presencia de Akerman también se notará en las imágenes filmadas desde el interior, más avanzado el metraje, con la cámara fijándose en la ventana de su habitación y ensayando sobre el mundo desde un interior (Je, Tu, Il, Elle, 1974; Là-bas, 2006). Akerman se presenta como una cineasta errante sabedora de que no puede volver al pasado y Shelly Silver hace lo mismo en Touch: la base narrativa de este trabajo es esa imposibilidad de volver atrás, de retomar el tiempo perdido, un tiempo que se escapa en esa metáfora que es la pérdida de la madre y la dificultad para reconocer la Chinatown de la infancia.

Son innumerables los apuntes que bosqueja Silver en Touch. La diseminación de la ciudad con la cámara y el abundante texto, además del carácter fragmentario de la película, construyen un sutil crisol de estilos e ideas. Abre el espectro de significados partiendo de su mirada hacia Chinatown, mirándola como una realidad identitaria, como lugar depositario del concepto de inmigración en Estados Unidos; por mucho que el barrio siga cambiando y se vaya convirtiendo incluso en plató cinematográfico, la ciudad mantiene esa marca identitaria, obliga a pertenecer a una comunidad sesgada por la raza, con la paradoja de convivir a su vez como un ser anónimo en la gran urbe. Esta crisis de identidad inherente al ser humano parece lastrar su existencia (“¿y si yo fuera una mujer?”, “¿y si Estados Unidos y China no existiesen?”) cimentada enormemente por su condición sexual, conflicto seminal en su familia y en su entorno, trauma presentado como más que posible motivo de huida física y mental.

Touch incide en la fragmentación y en una construcción narrativa basada en apuntes y divagaciones, lo que provoca que la atención se disperse a veces y algunas de esas reflexiones pasen desapercibidas, por lo que la constante asociación de planos con el texto a veces parece inconexa. Las ideas finales vuelven a apuntar a una cierta reflexión sobre la construcción de la película como una colección de instantáneas, de momentos filmados; parafraseando a Mekas, una suerte de destellos de belleza a medida que uno camina, pero más autoconsciente y reflexivo que el cineasta lituanoamericano. La aparición al final del rodaje de Si la cosa funciona de Woody Allen (“un extra de mi película”) da al filme un cariz metacinematográfico con el que en cierto modo cierra el círculo de su película, devolviéndonos ese crisol de ideas que amalgama Touch y todas las posibles películas que esconde. Una obra que, como la voz en off, susurra y sirve a este librero (y a Shelly Silver, en definitiva) para “enseñarme a mí mismo como mirar a través de una máquina”.

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(1) Silver ya había trabajado sobre Chinatown en el corto 5 lessons and 9 questions about Chinatown (2009), donde volvía a tratar los temas de la identidad cultural y la inmigración.

FICHA TÉCNICA
Realización: Shelly Silver
Ayudante de montaje: Cassandra Guan
Voz: Lu Yu
Postproducción de sonido: Bill Seery, Mercer Media
Fuentes de archivo: The National Archive, The Museum of Chinese in America
Producido por: House Productions
País y año de producción: Estados Unidos, 2013

Touch de Shelly Silver fue premiada con una Mención Especial del Jurado en Cinéma du Réel 2013. Blogs&Docs realizó una entrevista a esta directora en el año 2010 en su paso por el festival MARFICI en Mar del Plata

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