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Casas para todos

Este documental contiene una buena cantidad de imágenes, y también algunas secuencias, que sirven a la perfección como metáfora de la España actual, hoy, julio 2013, la España que describen los periódicos y los telediarios, que no tienen páginas ni minutos suficientes para explicar la crisis y la corrupción desbordante, que no gozan tampoco de la libertad para iluminar las cloacas del estado.

Gereon Wetzel, realizador alemán que antes había realizado un documental relacionado con el cocinero estrella Ferran Adrià (El Bulli: Cooking in progress, 2011), muestra aquí otro tipo de preocupaciones. En Casas para todos se va de viaje a cinco espacios muy concretos del territorio español, ciudades estrella y estrelladas, la crème de la crème de la burbuja inmobiliaria. Sitios que en un momento de auge económico, falso, exagerado, corrupto, se medio levantaron con el espíritu del pelotazo y el erróneo concepto del crecimiento infinito.

Estos cinco espacios sirven como representación de todo lo que hay detrás del pinchazo de la burbuja inmobiliaria española. Y sirve para representar todos sus niveles: desde Ayuntamientos quebrados por décadas debido a su mala gestión, pasando por centenares de políticos imputados por prácticas fraudulentas relacionadas con el sector de la construcción, hasta aquellos que entraron en la sed especulativa en una de sus múltiples y pequeñas fórmulas. Estas imágenes ilustran el sin sentido de un capitalismo codicioso, salvaje y autodestructivo.

Estos cinco espacios han perdido su significado original. Son absurdos. En ellos no se desarrolla ninguna actividad, o si se lleva a cabo alguna, no tienen relación con las actividades previstas en su inicio. El top-five de Wetzel, por orden de aparición, es: Ciudad de Valdeluz, una enorme urbanización en la provincia de Guadalajara; Seseña, otra urbanización gigante a unos 40 quilómetros de Madrid; Polaris World, un gran resort de relax y golf en la comunidad de Murcia; Marina d’Or, una “ciudad de vacaciones” y el conocido Aeroport de Castelló que no tiene aviones, ambas en la comunidad valenciana. Aunque hay bastantes más y podría haber encontrado ejemplos en cada Comunidad Autónoma, el muestrario es certero.

El realizador planta su trípode para mostrar la absurdidad: ciudades a medio construir, despobladas, proyectos fracasados con escasos ciudadanos que deambulan como zombies. Un vigilante que no tiene nada que vigilar y se pasa el día haciendo pesas, tres chicos con sus skates en contra dirección en carreteras vacías, soldados haciendo prácticas como si estuvieran en Fallujah, un niño con un avión de juguete a control remoto, que tiene todo un aeropuerto para él solo…

Wetzel decide aliñar la observación con algunos contrapuntes, unos más afortunados que otros. Intertítulos con audios de frases de algunas personas responsables del crecimiento falso y desmedido de España, frases de hace una década en boca de José María Aznar, Ana Botella, Isidre Fainé, el constructor Francisco Hernando El Pocero, Carlos Fabra, todos alimentando la bestia económica que ha acabado por estallar. También crea algunos diálogos y conversaciones con el otro lado de la moneda, aquellos que se han quedado sin vivienda y ahora son okupas a la fuerza en esas casas deshabitadas, o quienes subsisten bajo un puente o donde pueden. Esas incursiones verbales no acaban de funcionar muy bien, viran hacia un tono informativo y, sobretodo, rompen el clima espectacular del paisaje catastrófico mostrado en las partes observacionales.

El último intertítulo intenta ser conclusivo y es demasiado simplista. Es una frase del periodista escocés del siglo XIX Charles Mackay (Extraordinary Popular Delusions and the Madness of the Crowds, 1852) que hace alusión a los periodos de “enloquecimiento” y “excitación” de la población, como si hubiera fiebres del oro cíclicas. Me parece demasiado superficial encajonar toda la burbuja inmobiliaria española, que ha arrastrado al país a su crisis más fuerte quizás desde la Guerra Civil, en una argumentación de locura colectiva. Creo que hay varios motivos y no es sencillo analizarlos, menos resumirlos en una sola frase concluyente. Según expertos en la materia los responsables más inmediatos son los gobiernos (PP y PSOE, sucesivamente) que no frenaron la burbuja inmobiliaria, más bien la alentaron, para sacar rédito electoral ante las cifras favorables de crecimiento del PIB, de creación de empleo y de riqueza en el país… a corto plazo (Gonzalo Bernardos). Pero también podemos intentar ir un poco más lejos. La mentalidad española obcecada en la compra frente al alquiler, muy diferente al resto de Europa; la casi impunidad ante el delito económico, un boquete abierto en el corazón de la justicia española; o generalizando más, las prácticas antidemocráticas (¿heredadas del franquismo?) instaladas en toda la población, desde la Monarquía hasta las clases modestas, como la falta de ética social y económica. Seguramente, entre varios otros motivos.

A pesar de estos pequeños aportes políticos poco profundos, el viaje de Gereon Wetzel vale la pena por sus oportunas estampas, buena ilustración de esta España fallida y corrupta, con la juventud sin trabajo o fuera del país, con los recortes de la UE pisándole los talones, con miembros que se quieren desmembrar… etcétera, etcétera, etcétera…

FICHA TÉCNICA
Concepto: Anna Ginestí Rosell, Gereon Wetzel
Dirección, realización y montaje: Gereon Wetzel
Sonido: Raúl Fernández San Miguel
Postproducción de imagen: Fabian Spang
Diseño de sonido: Jörg Elsner
Postproducción de sonido: Michael Hinreiner
Música: Josef Mayerhofer
Investigación: Teresa Calveras, Raúl Fernández San Miguel, Anna Ginestí Rosell
Director de producción: Raúl Fernández San Miguel
Ayudante de producción: Johannes Schubert
Productor: Ingo Fliess
Producido por: If… productions
Coproducción: ZDF/3sat
País y año de producción: Alemania, España, 2012

Casas para todos de Gereon Wetzel fue programada en la sección paralela Inferno [1] del pasado festival FID Marseille 2013.