Los documentales de Pasolini. El realismo mimético como arma política

Pasolini es conocido por lo controvertido de sus films y su sólida militancia política. Sin embargo, su labor como documentalista y como teórico del cine suele quedar en segundo plano. Su firme convicción de que la realidad tangible puede ser representada mediante la retórica cinematográfica entronca con su inquebrantable lucha contra la ideología burguesa y las injusticias sociales a través del recurso al realismo mimético.


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Comizi d’amore es una investigación sobre la mentalidad italiana con respecto a la sexualidad y a las relaciones amorosas. Micrófono en mano, en este documental Pasolini recorre Italia de norte a sur entrevistando sobre todos los campos de la sexualidad a personas de todas las edades y condiciones sociales. Niños, intelectuales, amas de casa, mujeres trabajadoras, granjeros, ancianos, burgueses y campesinos son interpelados sobre la virginidad, el placer sexual, la prostitución, el divorcio, el sadismo o la homosexualidad. A caballo entre el paradigma participativo del teórico Bill Nichols (4) y el cinema vérité, Pasolini aparece ante la cámara y participa en las entrevistas guiando las respuestas de los actores sociales.

Este documental, que mereció el reconocimiento de Michel Foucault (5) por su habilidad para capturar la compleja ambigüedad de reacciones ante lo que se llamó la revolución sexual de los años setenta, va más allá de una mera investigación sobre los prejuicios sexuales de la población italiana. El contraste entre el norte y el sur del país, entre los modos de vida de las diferentes clases sociales o entre las respuestas de intelectuales y obreros es la herramienta heurística que utiliza Pasolini en este documental para capturar las luchas sociales, las desigualdades y las injusticias que derivan del desarrollismo capitalista.

Sopralluoghi in Palestina, Appunti per un film sull’India, Appunti per un’Orestiade africana y Le mura di Sana’a son, de hecho, trabajos preparatorios de films de ficción autónomos. El primero relata la investigación que el director realiza en Palestina para buscar localizaciones para su Il Vangelo secondo Matteo (1964), que finalmente se rodó en Italia. Appunti per un film sull’India introduce, por su parte, el borrador de una historia sobre un marajá que decide sacrificar su cuerpo arrojándose a unos tigres hambrientos. Le mura di Sana’a es un cortometraje de catorce minutos de duración que se rodó durante la producción de Il Decameron (1971) con el que pretende llamar la atención a la UNESCO sobre la inminente demolición de las antiguas murallas de la capital de Yemen. Por último, en Appunti per un’Orestiade africana, una combinación de diversos tipos de materiales fílmicos, el propio Pasolini presenta una serie de localizaciones en Tanzania donde pretende adaptar la tragedia de Esquilo la Orestíada.

Sin embargo, en este caso el director italiano va más allá de un mero documento audiovisual preparatorio y realiza un viaje experimental sobre la realidad a la que se enfrenta el continente africano tras una época muy convulsa de su historia. Pasolini realiza una entrevista a un grupo de estudiantes africanos en la Universidad de Roma donde les pregunta por la relación entre el mito de Esquilo sobre la democracia y la reciente independencia de muchos países del continente. La contraposición estética entre entrevistas y las imágenes de los habitantes africanos permite al director mostrar la lucha que las culturas africanas han mantenido contra el imperialismo occidental. La imagen de una mujer africana huyendo de la cámara hace entender al espectador que lo real es aquello que se resiste a devenir en significado ante una narrativa construida racionalmente: el subproletariado es el sujeto político de una realidad incuestionable.

12 dicembre, rodado por Pasolini en asociación con Giovanni Bonfanti y otros miembros de la organización de izquierda extraparlamentaria Lotta Continua, es la prueba definitiva del poder político del realismo mimético. Planteado como un ejemplo ortodoxo de documental reportaje, 12 dicembre investiga, en primer lugar, la muerte del anarquista Giuseppe Pinelli que misteriosamente fue arrojado por una ventana durante un interrogatorio policial tras un atentado en la Piazza Fontana milanesa que se produjo en esa fecha del año 1969. El documental prosigue en las minas de Carrara en la Toscana, donde una serie de mineros del mármol denuncian la explotación física y económica a la que se ven sometidos por sus patrones. El viaje del director continúa hacía el sur y llega a Bagnoli, cerca de Nápoles, donde Pasolini entrevista a un grupo de desempleados que culpan al gobierno de falta de apoyo. Posteriormente captura las insurrecciones de 1970 en Reggio Calabria por conseguir la capitalidad de la región de Calabria y que aislaron ferroviariamente a la ciudad y, en consecuencia, a la isla de Sicilia (6). Por último, el film vuelve al norte, a las plantas de Pirelli en Milán y de Fiat en Turín, donde migrantes del sur del país denuncian sus pésimas condiciones de trabajo.

Este último film documental del director italiano, de fuerte carácter militante, se caracteriza por una sobria objetividad en la narración en la que las entrevistas se conectan sin necesidad de explicaciones externas. El ejemplo más paradigmático de realismo mimético de la cinta se encuentra en la presentación del grupo de desempleados napolitanos, la cual se abre con un hombre con un fuerte defecto del habla. Este defecto, que no permite entender las quejas del trabajador y sitúa la retórica en un espectáculo patético, puede leerse como una metáfora de la impotencia de los desfavorecidos y de la imposibilidad de comunicación entre las clases gobernantes y los desempleados. De nuevo, Pasolini encuentra en el subproletariado la manifestación mas unívoca de autenticidad antropológica, de realidad material, irracional y pregramatical.

A modo de conclusión, cabe recalcar como Pasolini se alinea con la súplica gramsciana lanzada a los intelectuales para comprender y empatizar con los más desfavorecidos como precondición a la lucha de clases. A través de este contacto, los intelectuales caerán en la cuenta de que los más desdichados no participan ni lingüística ni ideológicamente en la civilización occidental. Alejándose del discurso posmoderno que afirma que un texto no puede representar una realidad externa, Pasolini sitúa el centro gravitatorio del realismo mimético en los pobres y el subproletariado. El cine de Pasolini es, ante todo, una declaración ideológica. Y su poesía, el arma política con la que trascender la inconmensurable realidad.

 

(4) Bill Nichols (2001) Introduction to Documentary. Bloomington: Indiana University Press.
(5) Michel Foucault (1977) Les matins gris de la tolérance. Le Monde, n 9998, 23 marzo, p. 24
(6) Puede consultarse más información sobre este desconocido pasaje de la historia contemporánea de Italia en el siguiente facsímil de la edición del diario ABC del día 16 de octubre de 1970.

Se realizaron recientemente dos retrospectivas y análisis de la obra de Pasolini. Una en Barcelona (CCCB, retrospectiva y debates junto a la exposición Pasolini Roma, proyecto de la Unión Europea compartido en París, Roma y Berlín) y la otra en Marsella, Capital europea de la cultura 2013, en el marco del FID Marseille, Pasolini. La force scandaleuse du passé).

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