Último Benning (II): Easy Rider / small roads

Segunda entrega centrada en la obra más reciente de James Benning. En esta ocasión, después de hablar anteriormente de The war, dos breves anotaciones sobre Easy Rider y small roads, proyectadas el pasado mes de junio en el Centro Galego de Artes da Imaxe (A Coruña)


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Easy Rider

Las operaciones de sentido de James Benning  jamás nos dejan indiferentes. Si la planificación cuasi estática y las mínimas unidades de duración, la vindicación a encuadres hermosos, cuidados y no azarosos, el rigor y las derivaciones del serialismo apoyan sus polifonías condensadas y poéticas, lejos una vez más de toda banalidad, Benning revisita en dos partes y formato digital en 2012 sendos títulos míticos del cine de los años 60 del siglo pasado. Si Faces (2012) se articula en torno a las consecuencias de las particularidades estéticas del título de John Cassavetes estrenado en 1968 –en palabras de Benning: “My Faces is only close-ups of faces”-, en Easy Rider (2012), personal reconstrucción o remake abstracto del filme de 1969 dirigido por Dennis Hopper en el que nos vamos a detener, a Benning le van a atraer tres aspectos concretos de la propuesta original: su condición de retrato de la contracultura, la (esencial) búsqueda de espacios y el uso musical.

Benning divide el filme de Hopper en escenas y sustituye el plano de 1969 por uno filmado en la misma localización a través de una depurada selección de lugares adscritos a los mismos 95 minutos. La música de los 60 —sin desperdicio, crucial: Bob Dylan, The Byrds, The Band, The Jimi Hendrix Experience o el tema motor de Roger McGuinn—, es reemplazada por música que Benning escucha hoy, desde su hija, Sadie Benning, a Suzy Soundz, Chan Marshall y The Sibleys.

Emblema de cierta contracultura a la vez que síntoma de un momento de mutación histórica, vericuetos del New Hollywood, el hábil apaño generacional de una road-movie tan dispersa en lo narrativo —deslavazada suma de segmentos marcada hasta por las desavenencias entre Hopper y los coguionistas Peter Fonda (también productor) y Terry Southern— como mitificada por vía sociohistórica, nos atraviesa cual western moderno que cruza la (amenazadora) nación americana en medio de espacios tradicionales. La travesía por estampas de New Mexico, Arizona, Louisiana, California o el patrimonial Monument Valley (Utah) se enmarca ahora en la particular selección y transformación a la que son sometidos los movimientos del filme de Hopper.

Si el apropiacionismo de la banda de sonido de la película de Richard Dindo Ernesto Che Guevara. Le Journal de Bolivie (1994) para su Utopía (1998), ya certificaba el interés de Benning por la reproducción, la nueva versión y los juegos derivados, en Easy Rider los retos de la relación texto-sonido-imagen dominan su producción. En este desmontaje de un relato previo (no tan) estandarizado, se desborda el carácter enigmático y lírico de los lugares. Se impone el pase doble, la interrelación y las bondades intertextuales de este filme lleno de guiños y reverberaciones, donde susurros y ecos de conversaciones, pisadas de acciones y espacios, adquieren cuerpo, acrecientan su brillantez. Así, la secuencia de la comuna es transformada en agua del río (17 minutos), ejemplar demostración de cómo la agitación deviene serena contemplación, mientras el rescate de diálogos significativos despliega esbozos de conversaciones nocturnas con extractos de frases del explosivo abogado librepensador George Hanson (Jack Nicholson). Un flash-forward anticipa el desastre final, único (y fugaz) inserto del original. Las experiencias resultantes del visionado resultan bien diferentes según se haya degustado o no el filme anterior, lo que deja visible una sugerencia: la de su contemplación en simultáneo con dos pantallas.

José Manuel Sande

small roads

Easy Rider y small roads pueden pensarse juntas como parte de un proceso de esencialización, en su sentido más literal, muy caro al cineasta americano. Si Easy Rider reduce el filme original de Dennis Hopper al registro de sus localizaciones, en una operación de síntesis que desplaza el protagonismo a su elemento narrativo más básico —el paisaje, ya no un decorado, sino el absoluto contenedor de una memoria fílmica— podríamos afirmar que small roads hace lo propio pero aplicado a todo el género: la road movie. Benning graba a lo largo de dos años 47 carreteras secundarias en 15 estados, cruzándolos en sus respectivas estaciones y cambios climáticos. Podría ser el argumento de cualquier epopeya de carretera del cine norteamericano. Tenemos aquí, entonces, un nuevo filme que ahonda en esa idea de colección tan inseparable de sus propuestas cinematográficas, sean éstas en 16mm. o, como el caso que nos ocupa, en alta definición.

Existen, sin embargo, algunas novedades en la plasticidad y composición de los encuadres, derivados de esta transición digital. Aparte de la evidente falta de limitación temporal de las tomas, o de su adecuación formal al 16:9, parece más definitivo el cambio de modelo perceptivo que implica la asombrosa nitidez del HD. small roads es, probablemente, un filme que acumula menos intensidad en el centro de su imagen que RR, donde la presencia física de los trenes irrumpía en el plano para reclamar toda la emoción del espectador. Pero esta suma de carreteras, salvo alguna excepción, no está atravesada por elementos que puedan romper la imagen con tanta facilidad. Y acaso esto es así porque ahora se activan otras zonas del plano y se reparten por todo el cuadro pequeños focos de atención que el 16mm., por su tendencia al desenfoque radial, necesitaba disponer con mayor equilibrio. En otras palabras: la alta definición permite a James Benning minimizar el movimiento interno del plano en favor de una mirada a la que exige más detalle, mayor recorrido por la pantalla, para comprender la amplitud plástica de cada imagen (1).

El cine de Benning está hecho de viento. En small roads se suceden incontables micro-variaciones del plano que no se reducen sólo al paso ocasional de los automóviles. Pocos filmes de Benning dejan de lado el motor natural que agita sutilmente sus encuadres: ese viento que regula el desplazamiento de las nubes y la iluminación de la toma, que hace vibrar la hierba o las hojas de los árboles, que establece la dirección de la lluvia y la nieve. Más que una apología de la belleza, con todo, es una garantía de la eficacia compositiva del cineasta.

Las carreteras, por cierto, son seguramente uno de los paisajes predilectos de la composición clásica. Dos líneas paralelas que parten de la cámara y construyen en su recorrido la profundidad de la imagen. A este respecto, small roads es también un tratado de la fuga, uno de los fundamentos básicos de la fotografía capaces de generar, todavía hoy, un drama similar al de la llegada de un tren a la estación de La Ciotat.

Pablo Cayuela

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(1) Es interesante resaltar que James Benning tampoco renuncia a algunas otras especificidades del montaje digital como el acelerado o ralentizado de la imagen para ajustar, de un modo prácticamente imperceptible, el ritmo de los elementos que la componen.

FICHA TÉCNICA
Easy Rider
Realización: James Benning
Montaje: James Benning
Producción: James Benning
País y año de producción: Estados Unidos, 2012

small roads
Realización: James Benning
Montaje: James Benning
Producción: James Benning
País y año de producción: Estados Unidos, 2011

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