Después de las imágenes: balance de Documenta Madrid 2010

Reflexiones sobre muchas de las secciones, películas y charlas del DocumentaMadrid 2010, un festival desmedido e inabarcable la aproximación al cual debe hacerse con un itinerario inflexible y un criterio determinado de antemano. Así nos acercamos a cineastas como Péter Forgács, Wang Bing, Juan Carlos Rulfo, el trabajo del compositor Hanns Eisler, jóvenes autores españoles como Fernando Franco o realizadores independientes norteamericanos como Joseph Strick, Peter Hutton o Ben Russell, entre otros.


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André Bazin consideraba un festival cinematográfico -el retiro piadoso; la vida reglamentada, limitada a la contemplación y la meditación- como una forma de ejercicio ascético. Mi sensación personal, bien distinta, se aproxima más, recién clausurada la VII Edición de Documenta Madrid, a un sentimiento de vacío difícil de expresar. No olvidemos que la palabra festival proviene etimológicamente de fiesta, y que las fiestas a menudo tienen ese efecto. El del festival cinematográfico es uno de esos espacios privilegiados en los que cine y sociología se estrechan la mano. Y es que a menudo la contemplación artística cede terreno a la observación sociológica más estricta. Lo cual, referido a un festival de no ficción, puede resultar un gran acierto. Documenta Madrid proyecta tantas imágenes distintas como el número de sus asistentes. Cada uno forja una visión única y nueva extrañamente disímil. Y todas esas imágenes acaban por superponerse unas sobre otras como si mirásemos a través de un calidoscopio dislocado. Distintas sedes, eventos, secciones, retrospectivas. ¿Cómo internarse en semejante marabunta sin temer una escisión de personalidad? Cada uno de nosotros planeamos detenidamente nuestros movimientos, diseñamos un itinerario inflexible apoyado en la necesidad de mantenerse fiel a un horario preestablecido. La economía de tiempos se convierte, por espacio de semana y media, en principio rector. Se trata de un festival inabarcable (han podido verse 224 películas), desmedido (87 filmes a competición); de modo que yo también diseñé mi propio itinerario. Las siguientes líneas son, a su imagen y semejanza, su desordenada crónica y resumen…

Hanns Eisler
La retrospectiva dedicada al compositor Hanns Eisler, titulada “Música dialéctica para el cine”, auspició un repaso muy variado a distintos enfoques y estilos documentales a través de la obra de algunos cineastas ya clásicos como Joris Ivens, Herbert Kline, John Ferno, Robert Strebbins o Alain Resnais. De Ivens se proyectaron varios de sus títulos más célebres: Lluvia (Regen, 1929), aún bajo el peso de la vanguardia, un evocador poema impresionista dedicado a la lluvia y a Ámsterdam; New Earth (1933) y El canto de los héroes (Komsomol, 1937), dos elegías a la clase trabajadora de su Holanda natal y de la URSS; y The 400 Millions (1934), sobre la guerra chino-japonesa, una crítica anticipada del auge del fascismo. También es muy popular The Forgotten Village (1941), de Herbert Kline y Alexander Hammid, un docudrama representativo del estilo lírico/didáctico/expositivo del grupo de documentalistas asociados a la productora independiente Frontier Films, apoyado decisivamente en una narración de John Steinbeck, demasiado melodramática, no muy alejada de su célebre novela corta La perla. A esa misma línea de comentario social impulsada por la administración Roosevelt pertenecen también A Child Went Forth (1941), de Joseph Losey y John Ferno, producido por la National Association of Nursery Educators, que muestra una experiencia interracial pionera en una colonia de vacaciones norteamericana, y White Flood (1940), realizado por Lionel Berman, David Wolff (seudónimo de Ben Maddow) y Robert Strebbins. Muy interesante (y poco conocido) es el largometraje Wilhelm Pieck-Das Leben Unseres Präsidenten (1951), de Andrew Thorndike, un film de montaje que reconstruye la vida de Pieck, el primer presidente de la República Democrática Alemana, a través de material de archivo. La trayectoria vital del propio Eisler, sus relaciones con dos de los artistas alemanes más influyentes del siglo XX, Arnold Schönberg y Bertolt Brecht, sus convicciones políticas y diversos exilios, sus composiciones musicales para el teatro y el cine sirven de argumento a Solidarity Song: The Hanns Eisler Story (1995), de Larry Weinstein y Thomas Wallner, brillante colofón a la retrospectiva (ampliada por Filmoteca Española durante todo el mes de mayo con el resto de sus trabajos cinematográficos).

Dialécticas de materiales
A lo largo de las últimas décadas en el cine (y sobre todo en la no-ficción) ha ido imponiéndose el uso dialéctico de distintos materiales, estilos, formatos. Una cualidad que distingue en gran medida a (una parte de) la producción audiovisual de la postmodernidad. Frente a la continuidad del documental clásico, observamos, cada vez más, la búsqueda de eso que Noël Burch ha  denominado “una forma-ensayo discontinua”. Buen ejemplo de ello fue una brillante sesión triple proyectada en el Círculo de Bellas Artes. La primera de las tres películas, Las variaciones Dielman (Les variations Dielman, 2009), de Fernando Franco, juega con algunos fragmentos del film de Chantal Akerman Jean Dielman, 23 Quai du Commerce, 1080 Bruxelles (1975), devolviéndonos sus mismos lugares vacíos, el lento transcurrir de su tiempo, su monotonía, magnificados. El estatismo y la frontalidad de la película de la cineasta belga son subrayados por algunos de los procedimientos estéticos utilizados por Franco como las sobreimpresiones y la cámara rápida. Por su parte, Diversions (2009), de la poeta y cineasta rusa Helga Landauer, resulta también muy evocadora. A través de las imágenes de archivo, Landauer nos devuelve a los años de entreguerras, a la “Era del Jazz”, a ese anhelo de gozo y diversión de una generación marcada por las dos contiendas mundiales que tan bien supo describir Scott Fitzgerald (“una era de milagros, una era de arte, una era de excesos y de sátira”). Jóvenes elegantes, flappers, matrimonios burgueses y simples paseantes deambulan entreteniéndose entre las atracciones de un anónimo parque (¿Coney Island? ¿Deauville?), remando y nadando en el mar, coqueteando en la playa. Frente a toda esta despreocupación y joie de vivre, la cineasta opone dialécticamente una banda de sonido repleta de estridencia (los ruidos de la ciudad, el tráfico, el acompañamiento musical) y de presagios de la tragedia (la tormenta) por llegar. Lo real, la imagen, y lo artificial, esa estilización extrema del sonido en off, se confunden totalmente, cristalizando en una forma de evocación poética de una belleza inaudita. La misma noción de discontinuidad, idéntico uso dialéctico de materiales muy diversos caracteriza Hunky Blues: The American Dream (2009), de Péter Forgács, a la que me referiré más adelante.

Actividades paralelas
La clase magistral de Valentina Leduc, montadora habitual de sus compatriotas Juan Carlos Rulfo y Carlos Hagerman, titulada “Los caminos hacia la construcción de una emoción”, versó sobre el papel del montaje como proceso último de escritura en el cine documental. Tomando como punto de partida unos interrogantes concretos, ¿qué es lo que queremos contar? ¿A través de qué personajes lo vamos a hacer?, Leduc evocó la relación íntima y solitaria que se crea entre el material filmado y el montador. Según ella, “el estilo de un montador tiene que ver con el ritmo, la respiración, la sutileza o la agresividad con que se construye un tema o se presenta un personaje. Es una forma particular de ser, de hacer, de ver la vida”. Como complemento a ésta, pudieron volver a verse En el hoyo (2006) y Los que se quedan (2009), premiadas internacionalmente en numerosos festivales (incluida la pasada edición de Documenta Madrid).

Wang Bing, el realismo en los tiempos del HD
Para Wang Bing, miembro del jurado este año, el cine es sobre todo un instrumento capaz de registrar el mundo real. Por ello, como ha escrito Gonzalo de Lucas, su obra ha renovado significativamente el concepto de realismo cinematográfico. Un film monumental como Tie Xiu Qu: West of the Tracks (2003), que capta con desasosiego las transformaciones decisivas y vertiginosas de la China contemporánea, no nos aproxima a la realidad en tanto su reproducción mimética a través de las imágenes, sino, más bien, en el sentido que le otorgaba Theodor Adorno al realismo, “en cuanto que expresa en virtud de su constitución autónoma lo que queda velado por la figura empírica de la realidad”. Además de su debut, anteriormente citado, pudo verse el conjunto de su obra: He Fengming (2007), antítesis estética del film-testimonio clásico; Crude Oil (2008), que trata de captar la vida en directo (el trabajo en una explotación petrolífera en medio del desierto del Gobi), siguiendo, a lo largo de sus catorce horas de duración, el propio ritmo de ésta; y, por último, L’Argent du charbon/Tong Dao (2008), en mi opinión su película menos conseguida hasta el momento.

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Un Comentario

  1. Loser with style 02/07/2010 | Permalink

    Muchas gracias por el artículo, Santiago !

    Y… pq “vuelve” el Cine Etnográfico ? –a recobrar un espectro visible–

    Pq, como se ha comentado estos dias en EHU durante las jornadas Experiencias Documentales Contemporáneas-, el “otro” es también “nosotros” y nosotros no tenemos ni idea de quienes somos.

    Therefore we film.

    Agur !

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