Gut renovation de Su Friedrich. Fuck you artists!

Su Friedrich es una de las más reconocidas cineastas experimentales estadounidenses, fundamentalmente por su aproximación feminista al medio. Su irrupción a principios de los ochenta del pasado siglo —en paralelo a Barbara Hammer, Abigail Child o Leslie Thornton, entre otras— supuso un quiebre en el desarrollo de la vanguardia norteamericana y un cuestionamiento profundo de sus fundamentos.


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Ya en 1975 Carolee Schneemann había expuesto su cuerpo desnudo para denunciar la indiferencia con la que se recibían los filmes realizados por mujeres en su performance Interior Scroll, donde extraía de su vagina un pergamino-alegato contra la ceguera voluntaria de la comunidad artística y experimental (1). Un gesto provocador y airado que, de forma colectiva, tendría continuidad en 1989, cuando un nutrido grupo de cineastas, entre los que se encontraba Su Friedrich, dirigieron una carta abierta al Experimental Film Congress que se había celebrado ese año en Toronto. Este manifiesto no sólo cuestionaba el clasicismo del congreso (centrado en obras de los sesenta) sino la misma idea de “canon de la vanguardia” evidenciando su componente ideológico. En este punto, la carta era meridiana: “Los trabajos han sido seleccionados para minimizar las diferencias lingüísticas, sexuales y culturales, para ajustarse al modelo del ‘lenguaje universal de la forma’ tan caro a los esperantistas institucionales. Sólo se reconoce la diferencia cuando puede diluirse en una pluralidad tibia” (2).

En un campo dominado por hombres, figuras como Su Friedrich fueron fundamentales para desafiar la autoridad modernista, disolviendo las fronteras entre alta y baja cultura, a través de estrategias de apropiación y de hibridación formal e introduciendo la perspectiva de género (a menudo en intersección con la raza o la orientación sexual) en sus filmes, como ha resumido William C. Wees (3). En definitiva, problematizando, localizando y politizando el lugar de enunciación.

En este contexto, la obra de Su Friedrich se caracteriza por su activismo y por la heterogeneidad formal y narrativa en y entre sus filmes. Por un lado, la cineasta se ha servido de la estricta documentación para articular alegatos políticos, ya sea a favor del matrimonio homosexual (First comes love, 1991) o la visibilidad de la comunidad lésbica (The Lesbian Avengers Eat Fire, Too, 1993). Por otro, de la narración experimental para relatar historias de desamor (Rules of the road, 1993) o indagar sobre la expresión y represión del deseo sexual (Damned If You Don’t, 1987). Sin olvidar la faceta por la que quizás sea más conocida: la introspección en clave autobiográfica. Desde el yo como instancia enunciativa y política, Friedrich ha explorado la estructura familiar heteropatriarcal (Sink or Swim, 1990), las dinámicas de la nacionalización femenina impuestas por el régimen nazi (The Ties That Bind, 1984) o el sistema sanitario en relación al deseo sexual, presentando de forma no menos significativa un cuerpo (el suyo) marcado no sólo por la diferencia y la orientación sexual, sino también por la edad y la enfermedad (The Odds of Recovery, 2002). Documentación, experimentación, narración y autobiografía convergen en una obra que, como ha resumido Janet Cutler, es “al mismo tiempo furiosa y divertida, dolorosa y analítica” (4).

Términos que, hasta cierto punto, sirven también para caracterizar su último documental: Gut Renovation (2012), donde la autora se presenta, como cabe inferir del título, como un sujeto encarnado que habla desde las tripas. La rabia, el sarcasmo y, por último, una dolorosa resignación, marcan su acercamiento a un fenómeno global como la gentrificación urbana. Sirviéndose de un mapa en el que contabiliza las nuevas construcciones (¡hasta 173!), Friedrich documenta y cartografía el proceso de reconversión del barrio de Williamsburg en Brooklyn, Nueva York, al que se había mudado (como muchos otros artistas) a finales de los ochenta. Entonces, era un barrio de clases populares e inmigrantes, poblado por pequeños negocios como panaderías, carnicerías o talleres de automóviles, y amplios lofts que los artistas remodelaron e hicieron habitables contribuyendo, así mismo, a la revalorización —al menos en términos culturales— del barrio. Si bien, como se explica en la cinta, las leyes preservaron en un principio el entorno (ofreciendo moratorias en el pago de impuestos), en 2005 se inició un salvaje proceso de acoso y derribo. De forma puntual, Friedrich explora y desmonta los argumentos esgrimidos por la administración local (la pequeña industria estaba en crisis) en pro de esta liberalización del espacio urbano y la subsiguiente segregación socioeconómica.

Con una pequeña cámara doméstica y un estilo desenfadado (en ocasiones recurriendo a la cámara oculta), en Gut Renovation la directora observa divertida desde su ventana las últimas piedras que resisten los embates de la maquinaria, recoge los testimonios de artistas y comerciantes preocupándose de forma solidaria por su futuro incierto, recorre las diferentes inmobiliarias para exponer su obscenidad económica y arquitectónica, o se cuela en fiestas pijas, muy pijas, para, en un último gesto de rabiosa impotencia y venganza privada, robar una botella de vino. Así, la visceralidad y el humor brindan los mejores momentos de la cinta: una directora que increpa con su cámara y su voz a los nuevos inquilinos (hipsters y yuppies) que con su orgullosa indiferencia retan su mirada acusadora o que ironiza sobre una homogeneización urbanística que manufactura una presunta diversidad (“It’s French for ‘Garden’, English for ‘Exceptional Lifestyle’”, reza el eslogan de una promotora) para vender promesas de confort, lujo y distinción en clave exótica. La ironía (a través de sus reflexiones y un acertado uso de los rótulos y la música) emerge también como posición de resistencia frente a una batalla que se sabe perdida de antemano.

Y si bien Gut Renovation documenta con rotundidad —y de forma igualmente eficaz, al fin y al cabo es un fenómeno que nos toca muy de cerca— los feroces y rápidos cambios acaecidos en el barrio, carece de la fuerza analítica de trabajos anteriores. Fundamentalmente por la delicada posición enunciativa que asume Su Friedrich y que queda recogida en la pintada que la propia directora realiza en una de las paredes de su, ya, antiguo barrio: “Artists used to live here”. Esto es, apelar de forma exclusiva y sin problematizar, a su condición de artista para vindicar sus derechos sobre el territorio y presentarse igualmente como víctima. No está de más constatar de nuevo que son malos tiempos para la lírica (y en los créditos finales Friedrich rescata algunos mensajes extraídos de un foro de internet donde los artistas son irónicamente despreciados, entre ellos, diversos “Fuck you, artists!”). No obstante, en este caso, se echa en falta mayor capacidad reflexiva o, incluso, una posible (auto)evaluación sobre el paradójico e irónico papel que el arte ha jugado en el proceso de gentrificación, puesto que la revalorización cultural es previa a la económica y, desde la literatura especializada, los mismos artistas han sido vistos como una “fuerza expedicionaria para la gentrificación de los centros urbanos” (5).

(1) En las primeras líneas del pergamino se podía leer: “I met a happy man / a structuralist filmmaker / -but don’t call me that / it’s something else I do- / you are charming but don’t ask us to look at your films”. La versión completa del texto, así como un análisis de la performance se pueden encontrar en M. M Serra y Kathryn Ramey, “Eye/Body: The cinematic paintings of Carolee Schneemann” en Robin Blaetz (ed.), Women’s Experimental Cinema. Critical Frameworks, Duke University Press, Durham, 2007, pp. 103-126.
(2) El manifiesto está disponible en línea, Let’s set the record straight. Última consulta, 20/07/2013.
(3) William C. Wees, “No more giants”, en Jean Petrolle y Virginia Wright Wexman (eds.), Women & Experimental Filmmaking, Urbana and Chicago: University of Illinois Press, 2005, pp. 22-43.
(4) Janet Cutler, “Su Friedrich: Breaking the Rules”, en Robin Blaetz (ed.), op. cit., p.
(5) Reflexión realizada por David Lay y recogida por Martín Manuel Checa-Artasu, en “Gentrificación y cultura: Algunas reflexiones”, en Biblio 3W. Revista bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales, Universidad de Barcelona, Vol. XVI, nº 914, 15 de marzo de 2011.

 

FICHA TÉCNICA
Director, guión, cámara y montaje: Su Friedrich
Mezclas de sonido: Bill Seery
País y año de producción: Estados Unidos, 2012

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