Cuchillo de palo

La relevancia de Cuchillo de palo estriba, por una parte, en el esforzado y valiente levantamiento del proyecto y en el efecto que pueda provocar entre el público paraguayo y, por otra parte, en su éxito a la hora de plantear una cuestión que comienza en el seno familiar, alcanza el contexto histórico-político local y termina trascendiendo ambos al plantear simultáneamente un conflicto universal de distancias que parecen insalvables.


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Paraguay 108: la necesidad de escarbar

“…, cuchillo de palo”: la mayoría sabrá adivinar las cuatro palabras que se guardan estos puntos suspensivos. El refranero popular es una de esas fuentes que siguen calando en la memoria colectiva aunque, seguramente, cada vez menos. No resultará tan común, por otro lado, toparse con alguien que conozca el significado y el trágico quid de la cuestión que encierran las tres cifras del encabezamiento de este texto. Tampoco resultará sencillo, incluso para el ducho, nombrar más de dos o tres títulos de la cinematografía paraguaya reciente. Por estos lares Paraguay, como tantos otros, sigue quizá quedando demasiado lejos y sin embargo…

Antes de la hipnótica y turbadora Hamaca paraguaya (2006), que comparte nacionalidad con Cuchillo de palo (2010) y también el hecho de que tras su cámara se halla una mujer (en aquella, Paz Encina; en esta, la también debutante Renate Costa), no había visto ningún filme paraguayo. Ni siquiera Cerro Corá (Guillermo Vera, 1978), la otra película que figura como título señero en casi todos los textos relativos al cine de dicho país y nombrada por Renate Costa como el segundo y único largometraje importante en 35 mm. “realmente” paraguayo, no contaminado por “la mirada turística”, aunque auspiciado por la larga dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989).

En la distribución de la puesta de largo de Renate Costa, que reconoce su admiración por la obra de Naomi Kawase o Lech Kowalski (directores que también se “autodesnudan” y se ponen en juego en sus filmes), ha sido clave encontrar amparo en el marco del Máster en Documental de Creación de la Universidad Pompeu Fabra (impulsor en España de documentales clave de los últimos años) y su presencia en la sección Panorama del Festival de Berlín.

La relevancia de Cuchillo de palo estriba, por una parte, en el esforzado y valiente levantamiento del proyecto, que comenzó en 2003, y en el nada desdeñable efecto que pueda provocar entre el público de su país. Por otra parte (y la más importante para nosotros como espectadores), en su éxito a la hora de plantear una cuestión que comienza en el seno familiar, alcanza el contexto histórico-político local y termina trascendiendo ambos al plantear simultáneamente un conflicto universal de distancias que parecen insalvables, una confrontación de puntos de vista y mentalidades opuestas entre generaciones distintas pero contiguas, que bien pudiera ser la nuestra y la de nuestros padres.

La historia íntima de Renate Costa, que creció en una familia de herreros de la ciudad paraguaya de Asunción, y el misterio que para ella esconde la figura de su tío Rodolfo Costa, muerto en extrañas circunstancias, conduce a querer tirar del hilo y remover entre los restos: “Empecé a conocer a mi tío el día de su muerte”.Y, de pronto, se encuentra con un número, la perversidad humana escondida tras el lenguaje una vez más, y la directora primeriza se afana en desentrañar ese eufemístico “108” de la historia de su país, allí donde permanece agazapada la identidad de 108 hombres que fueron perseguidos por ser homosexuales.

Aparece, entonces, la madeja Stroessner, el dictador que impuso la represión y la barbarie durante treintaicinco eternos años en Paraguay y que, en particular, se ensañó con los colectivos gay y travesti, a los que acechó, persiguió y torturó. A las más o menos recientes reivindicaciones en ficción (más próximas en cine que en la realidad) de Reinaldo Arenas y Harvey Milk viene a sumarse la amarga reconstrucción en clave documental de los días de Rodolfo Costa, de día, y Héctor Torres, de noche. A medida que la investigación de Renate va confeccionándose surgen nuevos enigmas (“el caso Palmieri”) y empiezan a filtrarse en la historia íntima incómodos datos ignorados y difíciles de contrastar.

La realizadora sudamericana apunta el continuismo político, social y cultural que persiste en Paraguay, donde siguieron gobernando casi los mismos desde el derrocamiento de Stroessner en 1989 hasta el año 2008, donde hubo una alternancia en el poder: “El miedo a hablar quedó clavado en todo el país”, expone Renate. E incide también en esa distancia ya apuntada y difícilmente conciliable: la mentalidad del padre, que se explica constantemente mediante el sermoneo católico, y la de la hija, convencida de su postura, pero incapaz de hacer comprender al progenitor que nada monstruoso hay en poder amar a un igual. ¿Qué puede decirse ante semejante afirmación: “Cuando la gallina quiere ser gallo, dispersa”? A bote pronto solo se me ocurre responder con aquella historia (1) que relataba Woody Allen en Annie Hall (1977) y que también estaba protagonizada por gallinas.

Cuando el río suena…
Si tantas veces en la ficción una sospecha (más o menos fundada, más o menos delirante) se convertía en el motor de la acción, tantos otros motivos se han levantado en el “cine de lo real” a partir de indicios que mediante una acertada intuición permitieron arrojar luz sobre cuestiones enterradas, barbaries silenciadas, memorias sepultadas. Las sospechas de Renate, incógnitas sin despejar en el trascurso de una década, se ciernen sobre unos cuantos cabos sueltos: el cadáver desnudo de su tío sobre el suelo (hallado tres días después de su muerte), su vivienda en una esquina (que actualmente es una lavandería), su armario vacío, una carta de despedida, una cuantiosa suma de dinero…

Renate tiene un pretérito y se halla en un presente, pero entre ambos tiempos hay un vacío temporal donde faltan datos y por eso se ve impelida a escarbar: “Quiero saber. Yo sólo quiero saber”, pronuncia. Y, entonces, voluntariosamente, comienza a buscar las piezas perdidas para lograr explicar la historia y se implica oral y físicamente rodando en miniDV y cohabitando el plano. Entrevista a familiares –es especialmente relevante la relación trazada con su propio padre–, amigos y allegados del difunto tío, recorre la noche, indaga en los archivos de la policía, en los registros legales, recobra vídeos domésticos, fija su atención (y la nuestra) en una fotografía…

La intriga, casi ya desde el oscuro primer plano del río, se nos ha hecho familiar, se ha convertido en nuestra y sedientos queremos completar el puzzle (las piezas y testimonios presentes no encajaban) y comprobar que las sospechas eran fundadas. Cuán ambiciosa y loable meta: desenmarañar una violenta tensión arrastrada desde hace años, aquella que impide al presente dialogar honestamente con el pasado, a los hijos de ayer comprender a los hijos de hoy y viceversa, para evolucionar y para no volver a repetir los mismos errores.

Renate planta cara a una etapa castradora de la historia (la suya propia y la de su país) cuyos efectos y secuelas aún están presentes. Si no nos lo habían dicho ya bastantes veces antes, Cuchillo de palo insiste en la importancia de tratar de resolver las cuentas pendientes pese a la frustración que supongan los rastros difíciles de seguir, los obstáculos descorazonadores y/o el riesgo de que muchos interrogantes se queden, al final, en el aire. En casa del herrero… aún queda mucho por hacer.

– – – –

(1) «Un tipo va al psiquiatra y le dice: “Doctor, mi hermano está loco. Cree que es una gallina”. Y el doctor le responde: “¿Por qué no lo mete en un manicomio?”. Y el tipo le dice: “Lo haría, pero necesito los huevos”. Pues eso, más o menos, es lo que pienso sobre las relaciones humanas, ¿saben? Son totalmente irracionales y locas y absurdas, pero… supongo que continuamos manteniéndolas porque, la mayoría, necesitamos los huevos», Alvy Singer en Annie Hall.

FICHA TÉCNICA
Dirección: Renate Costa
Guión: Renate Costa
Dir. de fotografía: Carlos Vásquez
Sonido: Amanda Villavieja
Montaje: Núria Esquerra, Carlos García
Producción: Susana Benito
Producción ejecutiva: Marta Andreu
Producida por: Estudi Playtime
Coproducción: Televisió de Catalunya
País y año de producción: España, 2010

Un Comentario

  1. Sandra 21/08/2010 | Permalink

    Debo decir que he quedado totalmente conmovida, tocada y muy inspirada con Cuchillo de Palo. Lo ví recién en el Festival de Cine de Lima y desde que salí de la sala, me quedé con la necesidad de escribirle a alguien, quise contactar a la misma Renate y contarle tantas cosas… Es así como llegué aquí, buscando. Yo soy actriz y directora de teatro y danza en Lima, tengo 29 años y el trabajo me ha parecido maravilloso. Maravillosa la valentía y la simpleza, la necesidad de “decir”, la urgencia de buscar, de resolver, de ir más allá, de no permitir más que el silencio envuelva tantos echos, tanta injusticia, tanto maltrato…
    Es vital, hoy en día, tanto para nuestra sociedad, como para las que vienen detrás, contar y dar a conocer la cruda realidad que se vivió y que en muchos lugares del planeta seguimos viviendo. Increible, pero cierto.
    Gracias por tanta sensibilidad y magia, después de todo creo, estoy convencida, de que el arte es lo único que nos permite expresar sinceramente y con tanta sutileza, al mismo tiempo que verdad, para bien y mal…

    Felicitaciones, Renate y todo tu equipo de trabajo. Me quito el sombrero!

    Sandra

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