Parole dipinte. Il cinema sull’arte di Luciano Emmer

La Cineteca di Bologna ha publicado recientemente una compilación de películas de arte de Luciano Emmer bajo el título Parole dipinte (Palabras pintadas). Los dos DVD recogen, con mejor o peor píxel, títulos de la parte de la carrera del cineasta milanés centrada en el arte, sobre todo pertenecientes a su primera etapa.


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Alain Resnais reconoce no sólo la influencia de Luciano Emmer a la hora de realizar sus películas con pinturas, sino incluso su papel determinante para que llegase a convertirse en director de cine: Resnais había oído hablar de Emmer, de la libertad con que había hecho sus películas. Tenía que hacer una práctica para su escuela, en la que estudiaba montaje, y pidió al pintor Hans Hartung que pintase un cuadro; él filmaría la evolución de la obra. El crítico Gaston Diehl y el pintor Robert Hessens oyeron hablar de ello; le propusieron hacer Van Gogh (1948); ellos habían visto las películas de Emmer. Van Gogh ganó un Oscar. Posteriormente pudo ver las películas de Emmer. Mucho más tarde supo que le ofrecieron hacer Guernica (1950) después de haber sido propuesta a Emmer; y que Emmer le recomendó, a partir de haber visto Van Gogh. “Emmer me permitió acentuar la idea que ya me fascinaba, tratar los cuadros y las pinturas no en tanto que «pintura», sino valiéndome de ellos como si fuesen «actores», como si fuesen ya cine, una escenografía y un set cinematográfico, utilizando las reglas del montaje fílmico; y no hacer un «film de arte», donde se habla de «arte» con todo el énfasis que le sigue.” (1)

La Cineteca di Bologna ha publicado recientemente una compilación de películas de arte de Luciano Emmer (Milán 1918 – Roma 2009) en dos DVD, acompañados por un ensayo de Paola Scremin, encargada de la edición, y un texto de Adriano Aprà. El título de la edición es el mismo que el de la serie que agrupaba buena parte de la producción con pinturas de Emmer, Parole dipinte, con el subtítulo Il cinema sull’arte di Luciano Emmer. Los discos recogen, con mejor o peor píxel, títulos de la parte de la carrera del cineasta milanés centrada en el arte, sobre todo pertenecientes a su primera etapa, a los que acompañan algunos contenidos extra de gama baja (lo mejor: el compositor Roman Vlad).

Luciano Emmer (1918-2009) se inició en el mundo del cine, acompañado por Enrico Gras y Tatiana Grauding, desempeñando diferentes roles en cada film, en la dirección, el guión, el montaje o (Grauding) en la selección de la música. Racconto da un affresco (1938), su primera película, ya propone la creación de un universo nuevo a partir de elementos aislados (filmados en fotografías) de frescos de Giotto: se trata de la “justificación autónoma” que estas películas ostentarían para André Bazin, en tanto que “obras en sí mismas” (aunque Emmer no escapa a la crítica: sus films menos logrados pasan por ser una “dramatización artificial y mecánica” a ojos de Bazin). Muy significativamente, la reconstrucción narrativa del film se realiza sin más comentario vocal que unas palabras de Jesucristo; también practican en él algunos pequeños efectos cercanos a las animaciones. Le sigue Paradiso terrestre (1939), en la que, a partir de El Bosco, crean diferentes ambientes, episodios gracias al uso de la música y en la que llevan a cabo un interesante montaje relacional. Al comienzo de Destino d’amore ovvero Piccolo mondo al platino (1941), los autores indican que se trata de la “reconstrucción psicológica y cronológica” de una historia de amor, esta vez a partir de postales. Allegoria della primavera (1948) es una obra llena de unas fantásticas y alegres panorámicas sobre pinturas de Botticelli, un corto sencillo pero muy preciso, sin apoyo de voz en off y con un gran primer plano inicial. En Goya (1950) Emmer trabaja distintas relaciones entre el texto escrito y la representación pictórica: se relevan, se unen. En Leonardo da Vinci (1952) se produce una interesante inversión: el dibujo es lo real y la imagen del mundo una representación fantástica (la figura humana es, tal como la conocemos, un extraño en estos mundos de Emmer). Con algunos de los recursos aplicados en Leonardo, Emmer anticipa manierismos de la posterior serie Palettes (Alain Jaubert, 1989-2003).

No todas las películas de arte de Emmer se centran en la pintura o el dibujo. En Romantici a Venezia (1948; la versión francesa, Venise et ses amants, cuenta con un monólogo de Jean Cocteau), Emmer filma la arquitectura y escultura que sale a su paso en un paseo en góndola, también de forma pregnante en el reflejo sobre el agua, invocando a los grandes artistas que allí vivieron. Isole nella laguna (1948), muy formalista, combina el arte, la artesanía, la vida. Picasso (1953; los DVD nos ofrecen la versión posterior Incontrare Picasso (2000), realizada a partir de la restauración de la primera y que incluye algunas imágenes nuevas y un nuevo comentario en off de Emmer) se coloca al lado de Bezoek aan Picasso (Visita a Picasso, Paul Haesaerts, 1949) o Le mystère Picasso (1956) de Henri-Georges Clouzot, siempre con Picasso de star. El interés por el arte continúa con películas como La sublime fattica (1966): un Emmer totalmente distinto explota al extremo los recursos de una cámara tipo steady y del gran angular: incesantes movimientos y una cercanía máxima a obras de Miguel Ángel como la Pietà.

El reconocimiento cosechado con los cortometrajes de arte permitió a Emmer pasarse al largometraje, terreno en el que tuvo una producción fecunda por una década, con títulos como Domenica d’agosto (1950), Parigi è sempre Parigi (1951), Le ragazze di piazza di Spagna (1952), Terza liceo (1954) o La ragazza in vetrina (1961). Después se pasó a la publicidad, donde realizó innumerables trabajos sobre todo dentro del contenedor Carosello. También hizo documentales para televisión e incluso nuevos largos al final de su carrera. La relación de la filmografía de Emmer con el arte se mantuvo hasta fechas tardías con la delicadísima Bella di notte (1997), en la que, como Aleksandr Sokurov (Hubert Robert. Una vida afortunada, 1996, Elegía de un viaje, 2001), un Emmer en plena forma realiza una excursión nocturna para visitar en intimidad con un elegantísimo trazo flotante, las obras de la Galleria Borghese de Roma.

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(1) FRANCIA DI CELLE, Stefano; GHEZZI, Enrico (2004). “Mi insegnò che i dipinti sono già cinema”, Mister(o) Emmer. L’attenta distrazzione. Turín: Torino Film Festival.
(2) BAZIN, André (2004). “Pintura y cine”, ¿Qué es el cine? Madrid: Rialp.

Este texto ha sido realizado gracias a una ayuda del Programa de Formación de Investigadores del Departamento de Educación, Universidades e Investigación del Gobierno Vasco (EJ-GV).

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