Los ilusos e Ilusión. Narcisos y sarcamos. De cómo hacer cine en España hoy

Vieron la luz en España este año dos largometrajes que con puntos de partida similares se expresan de manera tan diferente que llega a ser complementaria. Jonás Trueba y Daniel Castro mostraron sus cartas como realizadores, del endogámico artista al sarcástico burlón, dos miradas distintas frente al hecho de ser “cineasta” y las posibilidades de hacer cine en este país hoy.


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En este 2013 han visto la luz en España dos largometrajes, prácticamente a la vez, que tienen puntos de partida temáticos tan similares como expresiones distintas de los mismos. Hablamos de Los ilusos (Jonás Trueba, 2013) e Ilusión (Daniel Castro, 2013) que como podeis observar la primera gran coincidencia se encuentra ya en el título. Ambas han sido realizadas de manera verdaderamente independiente y están viviendo un periplo destacado en festivales y programaciones. Ambas forman parte del cine español hecho fuera de la industria de este año y son tan opuestas que hasta se complementan.

Similitudes

El punto inicial de Trueba y Castro es muy parecido. Relatan la historia de un “joven” aspirante a director de cine que vive en el Madrid actual inmerso entre la preocupación y la obsesión para intentar rodar un largometraje. Ambos directores son protagonistas del film. Trueba parece camuflarse en un posible álter ego, León (interpretado por Francesco Carril) y Castro hace de sí mismo. Los dos tienen la capital como gran marco, la palabra “ilusos” e “ilusión” la aplican de manera colindante… y a partir de ahí poco más encontramos en común, aunque paradójicamente en su argumento correrán a menudo en paralelo.

Disparidades

Jonás Trueba presenta una película dentro de la película. Secuencias de un filme hecho a medias que interrumpe para enseñar el equipo de rodaje, insertar textos, añadir acciones paralelas o tomas en bruto. El relato es minimalista, pequeñas historias personales, amorosas, vivencias profesionales, en tono apagado y deshilachado. Es un relato muy vacío de acción pero con una radicalidad light, que se queda a medio camino del “vacío total” al emerger hacia la parte final un romance bastante tópico. Está barnizado por una capa de citas cinematográficas (directas, indirectas, fuentes del cine francés, citas escritas, citas en la banda sonora Tsai Ming Liang, Yasujiro Ozu, Edward Yang, etcétera) literarias y musicales en mi opinión más que excesiva. Una omnipresente actitud culta tomada siempre muy en serio que puede provocar el rechazo del espectador incapaz de seguir la pista a tanta referencia que en varios momentos parece gratuita.

Daniel Castro se acerca a un formato comercial, una comedia que bebe de fuentes clásicas (Woody Allen, The Commitments de Alan Parker, 1991), con una exageración en la construcción de sus personajes que recuerda en algunas ocasiones a una buena serie de humor -como el autor nos explica en la película, es guionista de televisión- enmarcada en un cuento a lo Charles Dickens. Pero esta estructura, al contrario de la anterior, sencilla y divertida, le sirve al realizador para esconder una mirada a nuestra sociedad, crítica, amarga e irónica.

La vida de un cineasta en Madrid

Jonás Trueba dibuja a León como alguien que vive las veinticuatro horas dentro del “mundo cine”. El protagonista sólo se relaciona con actores, actrices, cinéfilos y artistas, una endogamia absoluta aderezada de encuentros y veladas. Muestra mucho tiempo libre, una vida bastante bohemia, y de esos tiempos muertos, reflexiones y observaciones, nacen los esbozos con los que se hará el film. No sabemos de qué vive el cineasta. En una escueta secuencia le vemos dando una pequeña clase y nada más. ¿Cómo vive solo en un buen piso en Madrid un chico de 28 años que parece no tiene trabajo y sólo sueña despierto en el cine? Jonás Trueba (Madrid, 1981) no lo expone. En el Madrid del estallido de la burbuja inmobiliaria y del inmediato post-15M (“esta película de entretiempo filmada entre los meses de noviembre de 2011 y junio de 2012…” rezan los primeros intertítulos) León y su círculo artístico viven como si nada ocurriera, de espaldas a su sociedad.

Daniel Castro, por su parte, no encuentra la manera de financiar su película aunque lucha por ello hasta el límite. Tiene algun trabajo precario de cuando en cuando (si no lo deshecha por no querer pasar por el aro). A pesar de las dificultades, sigue sintiendo el cine con pasión, como nos muestra en sus ataques recurrentes al “amargado y aguafiestas” de Haneke. ¿Cómo sobrevive en Madrid un cineasta? Aquí sí se ofrece respuesta, inspirada en la severa realidad. Le financian sus padres… hasta que estos se cansan de suministrarle dinero y le precisan que, en lugar de seguir soñando en el cine, trabaje en “algo pagado”. Las personas que le rodean son ex-ilusos que han tenido que bajarse del burro y tienen poco de bohemio: se levantan a las seis de la mañana para ir a trabajar, como el cameo del cineasta Félix Viscarret (Bajo las estrellas, 2007). La alternativa a resistir con la ilusión pasa por algun amigo muy poco glamuroso que subsiste en una buhardilla sucia y maloliente. Daniel Castro (Pamplona, 1972), como su generación y las que vinieron detrás suyo, padece las estrecheces y obstáculos que la sociedad actual contiene, donde quien manda es, sobretodo, el dinero.

Estas distancias entre el cineasta evasivo y el cínico realista se agudizan en las relaciones sentimentales de León y Daniel. Los dos son heterosexuales, su único hecho en común. León es un Don Juan, un hombre que encandila a las mujeres con sólo aparecer en una librería o hablarles de cine. Trueba se recrea en diversos rostros femeninos con delicadeza, primeros planos frontales o contrapicados, en una expresión unívocamente masculina: chicas bonitas en poses afectadas revoloteando alrededor de un solo hombre. Daniel Castro es menos divino. Tiene una pareja, con la cual discute los problemas de igual a igual, sentados en la cama o en el sofá, en plano frontal. Ella lleva más el timón de la relación, desea obtener una estabilidad que la inmadurez de su novio va esquivando pero que derivará hacia un happy-end un poco resignado.

Cineastas y narcisismos

Los ilusos es una película que ignora el país en la que ha sido filmada, en este sentido es una pésima representación de la España actual. Quizás la voluntad de Jonás Trueba no era representar la sociedad que le rodea. Si fuese así nos queda un retrato narcisista de un joven que vive en un Madrid imaginario donde lo político-socio-económico no existe, en una vida donde sólo hay placer y ratos libres. Si esto es, finalmente, el corazón que esconde el bien tramado y elegante caparazón de Los ilusos, puede darse el caso de que la insustancial vida íntima del protagonista despierte el mismo interés que el autor muestra por sus coetáneos y conciudadanos. Es decir, ninguno.

El narcisismo de Daniel Castro se va al otro extremo. Despierta empatía con el espectador por presentar al artista como una caricatura de sí mismo y quitarle dramatismo a la palabra “cineasta”.  La extrapolación cómica de los argumentos y los personajes le permite ser un narciso sincero, sin esconder que dentro de todo artista existe la vanidad del reconocimiento. Aparte de querer levantar un largometraje sus fantasías también pasan por fiestas en Cannes y entrevistas con la prensa internacional. A través de la sorna de un cineasta engreído, Castro ha creado una contundente película del cine español alternativo, entretenida pero punzante, representativa de los tiempos que vivimos y sufrimos.

Cómo hacer cine en la España de hoy y no morir en el intento

Esta es una cuestión que planea por encima de ambas películas, entendiendo los dos directores el cine como algo autoral, creativo, artístico, no comercial. Jonás Trueba mezcla una mirada melancólica con otra más optimista. Su cineasta no toca mucho de pies en el suelo, es como un espectro de esa “muerte del cine” que percute en el metraje, pero a la vez piensa y elabora películas, o sea, a pesar de todo, hay futuro. Daniel Castro es muy crudo y tangible: sólo un productor que esté mal de la cabeza puede financiar estas películas con lo cual el presente inmediato del cine español es más negro que gris. (Quizás a través de su mordacidad aún vislumbamos otro giro, más crudo todavía, donde todo cineasta-artista es un grotesco pedante que debería estar trabajando en algo más productivo). Ignoro si entre el feliz flotar y el sarcástico derrotismo de uno y otro, alguien es capaz de encontrar un camino fértil por la vía de en medio.

FICHA TÉCNICA
Los ilusos
Dirección: Jonás Trueba
Con: Francesco Carril, Aura Garrido, Mikele Urroz, Vito Sanz, Isabelle Stoffel, Luis Miguel Madrid
Dirección de fotografía: Santiago Racaj
Ayudantes de cámara: Manel Aguado Coll, Giuseppe Truppi, Marita Masia, Daniel Saavedra, Juan Aragonés
Arte: Miguel Ángel Rebollo
Sonido directo: Víctor Puertas
Sonidistas: Guillermo Pozo, María Mozos, Nicolás Tsabertidis, Abel García
Artista de foley: Alex F. Capilla
Vestuario: Laura Renau
Montaje: Marta Velasco
Montaje de sonido y mezclas: Eduardo G. Castro
Producción: Javier Lafuente
Ayudante de producción: Raquel Martín
Músicos: Abel Hernández, Javier Montserrat, Xose Luis Saqués, David T. Ginzo
País y año de producción: España, 2013

Ilusión
Dirección y guión: Daniel Castro
Dir. de fotografía: Eladio Sánchez Agudo
Reparto: Daniel Castro, Bárbara Santa-Cruz, David Trueba, César Sánchez, Miguel Rellán, Víctor García León, Félix Viscarret, Simona Ferrar, Nacho Gabasa
Producción: Daniel Castro
Productora: P.C. Tormenta S.L.
País y año de producción: España, 2011-2013

Los ilusos de Jonás Trueba se estrenó en el festival argentino BAFICI 2013 y ha tenido recorrido en festivales de países como México (Oaxaca, Monterrey, Cine Tonalá en DF), Uruguay, Alemania o Polonia, entre otros, así como una amplia difusión en el circuito alternativo español en diversos festivales y espacios de programación de Madrid, Valencia, Logroño, Barcelona, Girona, Palma de Mallorca, Bilbao y otros. En estas fechas se proyectará en el festival de San Sebastián en la sección Made in Spain. Ilusión de Daniel Castro se estrenó en el Festival de Málaga 2013 donde ganó tres premios (Mejor Película, Mejor Guión, Premio Escuelas de Cine) en la Sección Oficial de Largometrajes de Zonazine. Ha tenido diversas proyecciones en Madrid (Márgenes, Festival Rizoma), en el festival de Comedia de Tarazona y próximamente participará en el festival Cinespaña de Toulouse a competición.

11 Comentarios

  1. Ana 02/10/2013 | Permalink

    Discrepo desde el principio, la comparación ni viene al caso porque son dos películas sin relación. Trueba se ha hartado de decir que su película retrata a un director por casualidad porque lo que realmente intenta capturar es la vida cotidiana, las cosas que hacen las personas cuando aparentemente no hacen nada, lo que ocurre en el tiempo en que se generan ideas y vivencias que después darán lugar a algo en el proceso creativo. Por tanto me parece lógico que no sepamos de que vive León ni qué ocurre en la España de su tiempo: no es una película social y esto no es algo que pueda verse de forma negativa. Por otra parte, Los Ilusos tiene un aspecto obviado aquí pero que lamina el ensimismamiento y cinefilia de que se la acusa. Es la primera película que nos habla presuntamente del cine y nos coloca al director comprando el pan, comiendo latas de sardinas sólo al amanecer o leyendo mientras come fideos repugnantes. Ni oscars ni glamour ni nada. Por lo demás, la película de Castro también es excepcional, coincido en esto.

  2. MMF 02/10/2013 | Permalink

    Hola Ana. Gracias por leer y por aportar una crítica constructiva. El debate es bienvenido, te escribe quien redactó el texto. Te respondo por ahora sólo a la primera frase, ya que tu comentario daría pie a varios más: “son dos películas sin relación”. Lo puse en el texto pero me repito un poco: son 2 películas españolas nacidas exactamente en el mismo momento, durante la crisis periodo 2011-2012, ambas totalmente independientes, la crítica las aúna en el llamémosle “otro cine español”, o sea, las relaciona, la crítica las pone en el mismo saco (aunque formalmente se parecen lo que un huevo a una castaña). Las dos transcurren en Madrid como protagonista, y la ciudad tiene mucho peso en su filmación, ambas tienen como principal personaje a un cineasta, con “alguito” de aspecto “documental-realista”, estos cineastas muestran el proceso de creación de una peli, ambas nos hablan de la ilusión del cine y por el cine… para mi sí viene al caso la comparación, me parece que (en sus puntos de partida) van cogidas de la mano. Saludos. Miquel – B&Docs

  3. Ana 02/10/2013 | Permalink

    Miquel, efectivamente la frase “ni viene al caso” no es muy acertada porque todo se puede poner en relación. Sí es un punto en común que ambas pertenezcan a lo que se conoce como Cine en los márgenes. Poco más (salvo que Castro fue actor en una película de Trueba). Creo que la película de Castro habla de un cineasta que no se rinde a la adversidad y tiene un formato de guión clásico. La de Trueba narra la vida que se encuentra en los momentos en los que parece que no hacemos nada porque no producimos. Y el lenguaje es rupturista. Pero sobre todo creo que una no desmerece a la otra y menos si la acusamos de algo que no pretende abordar. un saludo

  4. MMF 02/10/2013 | Permalink

    Hola Ana. Lo de “poco más” me sabe a poco. Para mi hasta son 2 caras de la misma moneda, en su corazón, no en su caparazón. En este sentido, da un poco igual si uno se expresa a modo de comedia y otro quiere ser rupturista. Ambas son expresiones artísticas en la España de la crisis, del Madrid del 15M en caliente, filmadas en las propias calles de Madrid. Esto son hechos sociales y políticos que para mí, aunque una expresión artística intente evitar, están ahí latentes. Toda película es expresión de su momento histórico, de su presente, queda ahí plasmado de muchísimas maneras. Desde un video de youtube del Occupy Wall Street hasta Batman de Nolan. Por otro lado, me incomoda que uses la palabra “acusar”, mi intención es analizar (!!), “de algo que la película no pretende abordar”, según dijo el cineasta X. Que cada creador argumente la obra como crea oportuno, le escuchamos si necesita explicación. Pero después la valoración, la interpretación o el disfrute de la misma es cuestión libre de cada espectador. Entiendo que te agradó mucho la propuesta “Los ilusos” y me parece perfecto! Gracias por tus comentarios, no dudes en aportar más si lo consideras oportuno. Saludos.

  5. Ana 02/10/2013 | Permalink

    Sí, en efecto voy a hacer una última aportación porque entiendo que es imposible un acuerdo. A mí me gustan ambas películas y supongo que si te parece que me agradó mucho Los ilusos es porque discrepo de tu opinión sobre ella y no de la que te merece Ilusión. Utilizo la palabra “acusar” porque, siendo o no tu pretensión, el texto atribuye constantemente atributos (perdón la reiteración) negativos. Sin decir que no te gusta la calificas de narcisista, vacío total, romance tópico, actitud culta que puede provocar rechazo, endogámica, que ignora la realidad de su país, con un protagonista de vida insustancial… A la de Castro le asocias, por el contrario, caificativos considerados virtuosos. Es estupendo que a ti te haya gustado una y no otra. También que la critiques con los argumentos que utilizas. Pero yo tengo otra visión porque no creo que todas las películas deban contener una crítica social, ni mostrar la crudeza y las dificultades de la vida, ni creo que las citas y los libros deban causar rechazo. Por descontado que la propia visión de Jonás Trueba sobre su película no tiene por qué encajar con el resultado ni con la que los espectadores tengamos sobre ella pero para mí Los ilusos trata con total claridad de eso: de lo que es la vida, de los momentos tan simples y absurdos, como es bajar al chino a comprar el pan, que la componen; de los tiempos muertos en los que parece que esperas que ocurra algo y lo que ocurre es la vida. No pretendo que coincidas con mi opinión (es obvio que no va a suceder) pero es una lástima que no aprecies algo tan bonito como lo que supura Los ilusos: vida.

  6. MMF 02/10/2013 | Permalink

    Gracias por tu aportación, haz todas las que te apetezca. ¿El protagonista de Jonás Trueba baja al chino a comprar pan? No recuerdo una acción así de corriente en toda la película. Quizás la olvidé. Estoy casi seguro de que en todo caso “el chino” el tendero o quien sea no habla porque todos los personajes, sin excepción alguna, son del mundo cine y artístico. La gente corriente no existe, la vida corriente no la veo representada, en todo caso está sublimada (miradas de chicas, sonido de violines) por eso lo de clasificarla como “endogámica” y “narcisista”, hasta sentir “rechazo”. No son adjetivos gratuitos o puestos a raíz de gustos personales. Efectivamente, cuando vi “Los ilusos” no me “gustó”, pero vi ese “caparazón elegante” que me contradecía esa sensación, me pregunté porqué, la vi varias veces e intenté analizarla, dejando los gustos personales siempre aparte.

    Me reí mucho con “Ilusión”, me pregunté porqué e intenté analizarla. La gente corriente está mucho más presente en “Ilusión”, todo es mucho más vulgar, sin sentido y divertido / absurdo, como esa “vida” que comentas, en mi opinión, añadido a una “indignación” muy de nuestra época, que me hace sentir cercano. Saludos!

  7. Ana 02/10/2013 | Permalink

    Sale del chino de comprar pan, sí. No aparece el chino pero ¿todos los personajes son artistas? No lo es la estudiante de periodismo, ni el dueño del videoclub, ni sé si podemos clasificar de artistas a una actriz en paro o un actor que trabaja un día a la semana. Son personas que intentan vivir de lo que les gusta. No sé, para ti quizá no no pero a mí me parece muy corriente salir con amigos, tomar cafés, leer libros, cenar en un chino o quedar para ir al cine aunque luego no vaya.

    No podemos dejar de lado los gustos porque, siendo que hablamos de la misma película, para ti captar la mirada de una mujer a un chico parece ser algo pretencioso cuando para mí es hermoso. Nuestra propia visión influye en lo que vemos, por eso no nos podemos poner de acuerdo nada más que en afirmar que la película de Castro es cojonuda. Saludos.

  8. MMF 02/10/2013 | Permalink

    El chino no aparece, nadie no vinculado al cine aparece, ni habla. Creo recordar que no existen, por eso lo califiqué de “endogámico absoluto”. La periodista es cinéfila, los actores, el del videoclub, el de la filmoteca… Hasta en la última secuencia cuando hay niños jugando con objetos en el suelo, los comentarios de los adultos son relacionados con el cine “el niño hace un casting con los muñecos”, o algo muy similar. La cerrazón alrededor del cine es total.

    El que no encuentra trabajo (me gustó ese actor, Vito Sanz, mucho más que el encarcarado protagonista, podría ser un personaje en “Ilusión”) se lo toma medio a guasa. Los jóvenes sin dinero son gente cool en “Los ilusos”, el Madrid indignado – sarcástico de Castro (y de la época del rodaje) es algo que les pasa a los demás. Me recuerda la letra de la canción “Common People”, precisamente, gente corriente. Jarvis “Castro” le dice a la estudiante de cine griego del “St Martin’s College”, cuando la lleva al supermercado, que debe hacer como si no llegase a fin de mes. “Yes oh funny”. “I said yes? I do not see anyone else smiling here”.

    Por lo que respecta a la relación miradas mujer – hombre no me resutaría tan pretencioso sino fuera porque esa mirada se repite en todas las chicas respecto a un solo hombre. Ellas aparecen como “embobadas”, observa la primera fotografía que pusimos, la cuarta imagen, la de abajo a la derecha. Es una de las fotos oficiales de la película, no congelé yo ese momento. Carril hablando de cine, ella con la boca abierta. Carril entra en una librería, otra chica lo mira como si fuese un iluminado. ¿No te parece muy endiosado, antinatural? ¿Incluso un poco machista? A mi me dio esa sensación. Los primeros planos y miradas de ellas no son respondidas en muchas ocasiones por planos del actor Carril, algunas veces él ni las ve a ellas. Respecto a Castro de nuevo como comentaba me parece tan opuesto que se complementa. Su relato amoroso es el de muchos de nosotros o de los que nos rodean, el de la gente corriente. Aunque sea una comedia ida de la olla, es muy “documental”, por eso es cojonuda, no sólo porque nos haga reir. Un saludo y muchas gracias por tus comentarios.

  9. Jordi 03/10/2013 | Permalink

    Hola Miquel,
    Hablando de las miradas de las chicas: ¿Y qué tal si estas están descontextualizadas narrativamente? Al menos a mí me dio la sensación que más que las chicas embobadas con el protagonista, es el mismo Trueba el que está embobado con ellas. Añadido al juego metacinematográfico, que desvela el dispositivo continuamente, supongo que considerar que ellas ven a la cámara y no al protagonista no es una sobreintrepretación.

    ¡Un saludo!

  10. MMF 03/10/2013 | Permalink

    Hola Jordi. Bueno, el “dispositivo cinematográfico que se desvela continuamente” … ¿cuanto dura? Tengo la sensación que después ya desaparece, va siendo olvidado cuando nace el romance amoroso más tópico. Tengo dudas del porqué de este dispositivo, una “radicalidad light”, una radicalidad que dura un rato y luego nos olvidamos (¿?).

    Es correcto lo que dices Jordi en parte. Está mezclado. Hay chicas relacionadas directamente con León (la de la biblioteca, la periodista con la boca abierta, la actriz con la que se acuesta) que salen en el mismo plano con él, le miran directamente a él, hablan… están fascinadas por León (que se las ha ligado siendo un poco pasmarote y sólo con hablar de cine… Para mí, esos ligoteos rozan un poco el bochorno). Sí hay algunos otros planos de rostros de mujeres donde, como comentas, los podemos entender como la mirada de Jonás Trueba, correcto. Como la ex-novia de León en tiempos de espera en un bar (“la fugitiva”) y quizás algún otro que ahora no recuerdo. Estos son rostros referencia e imitación de otros cines, me hace pensar en Chris Marker por ejemplo, sigo pensando que es correcto describirla como una película masculina donde las mujeres están para ser miradas, siendo seducidas sólo por un hombre guapisísimo. Quizás una buena parte de la Historia del Cine ha sido así, y este realizador conoce muy bien y admira (deifica) esa Historia del Cine. Me refiero a la mujer como objeto bello y grácil que cae rendida a los pies de John Wayne, aunque fuese viejo, culón y achacoso y el ligoteo fuese algo bochornoso.

    Como más vueltas le doy, y ya le di muchísimas pero me estáis haciéndole dar aún más, más vacío encuentro su corazón. Calificada por muchos como la peli del año del cine español “alternativo”, o la peli cumbre de una trayectoria de este otro cine español (!), a mi me parece un aterrizaje forzado al mundo alternativo, película desapegada del país en el que vive, algo que no sucede en toda esa “colección” de pelis de estos años. Por eso me parece mucho más valorable la de Daniel Castro, y ha pasado más desapercibida por ahora, aunque cinematográficamente a priori parezca mucho menos atractiva. Como cine alternativo es mucho más contundente y tiene algo qué decir sobre nuestra sociedad y el cine español. Saludos. M.

  11. anónima 04/10/2013 | Permalink

    Un apunte que me apetece hacer a propósito de las chicas en la película de Jonás Trueba. Creo que ahí sí que hay un problema grande.Yo no vi que estuviesen embobadas con el protagonista, yo entendí que estaban simplemente embobadas, que eran bobas, y que el director es eso lo que entiende por fascinante universo femenino. Como mujer me producen rechazo todas las chicas de la película, no les encuentro interés, ni encanto, ni fuerza, ni belleza , y me aburre soberanamente cuando las filma. La única que me reconcilia con mi sexo es la última. Recordando esto, fue una de las cosas que me irritó de la película, junto a muchas otras que nombráis (jaja, qué acertado has estado Mikel al hablar de “radicalidad light”), pero reconozco que por momentos me reí mucho, cosa que creo que no me pasó en ningún momento en Ilusión. Es solo mi opinión. Saludos y gracias Mikel por atreverte a decir lo que piensas.

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