Ricardo Bär

Ricardo Bär nos acerca la experiencia de los directores Nele Wohlatz y Gerardo Naumann dentro de una comunidad bautista en la frontera de Argentina con Brasil. Un diario de rodaje fragmentado que aborda por igual la convivencia y la realización cinematográfica.


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Sobre el hermano desconocido

“Son ustedes un recuerdo perenne de esos agradables momentos
en que la presencia del hermano desconocido se cuela en nuestras vidas”.

Pastor bautista a los realizadores Nele Wohlatz y Gerardo Naumann

Valga esta cita del final de Ricardo Bär para ilustrar uno de los eminentes hallazgos que ofrece el documental dirigido por Nele Wohlatz y Gerardo Naumann, esos “hermanos desconocidos” a los que alude la frase. Los directores viajaron a la Provincia de Misiones, en la frontera de Argentina con Brasil, con la vaga idea de realizar una película sobre un antiguo habitante de la zona. Allí, se encontraron con una comunidad bautista que se preparaba para la celebración de la próxima Navidad. Su interés inicial se centró en Ricardo, uno de los chicos de la comunidad que se estaba formando como pastor, al cual le propusieron que protagonizara la película que pretendían filmar. Las reticencias de esta comunidad tan cerrada -que desconfía de estos intrusos con cámaras-, las negociaciones para llevar a cabo el proyecto y el intercambio entre los dos grupos acabará siendo la base narrativa de Ricardo Bär, documental estrenado en BAFICI y a competición en el pasado FID Marseille donde obtuvo una mención especial por parte del jurado en la categoría de opera prima.

Los directores, en su afán por contar su convivencia con la comunidad, mostrarán toda las fases de construcción de la película. El inicio de Ricardo Bär ya es una muestra palmaria de sus intenciones, donde alternarán escenas de observación documental con otras de apariencia más ficcionada. Este híbrido irá adquiriendo más complejidad al añadir el relato en off de los directores, verdadero motor narrativo del documental: serán ellos los que vayan marcando, extradiegéticamente y a posteriori, el devenir de los días y el cambio en la narración, sus avances y retrocesos. Ricardo Bär se yergue de esta manera como un diario de rodaje fragmentado, que trata por igual sobre la convivencia y la realización cinematográfica, una película que apuesta por situar en un mismo cuerpo fílmico todas las derivas narrativas que surgieron durante el rodaje. Por tanto, dentro de su puesta en escena modesta y su aparente tono rígido, tiene la virtud de esconder un conjunto complejo, abierto a digresiones, donde los imprevistos surgidos devienen parte sustancial de la película. Los márgenes narrativos sobre los que transita Ricardo Bär también son geográficos: la región de Misiones se encuentra entre Argentina y Brasil, y sus habitantes hablan de manera indistinta español y portugués -combinándolo a veces (“portuñol”, le llaman)-, además de alemán, al ser descendientes de inmigrantes alemanes. La peculiar raigambre de este grupo bautista y el espacio difuso e indómito en el que habitan será otra capa más dentro de Ricardo Bär. Los directores, en ese proceso de análisis de la comunidad, evitarán dotar al espacio geográfico de cierta mística o exotismo mostrando más querencia por una mirada espartana y directa, rayana en lo observacional.

Esta complejidad narrativa a la que se prestan Wohlatz y Naumann les obliga a veces a dibujar con trazo grueso la estructura, a subrayar en ocasiones los saltos narrativos, corriendo el riesgo de encorsetar en demasía las piezas del documental y no permitir la fluidez entre ellas. Así, los directores se ven en la obligación de introducir ciertas presentaciones para no desorientar al espectador: al inicio contarán cómo tuvieron que ofrecerle una beca de estudios a Ricardo para poder volver a convivir con la comunidad, para poco después saltar hacia atrás y relatar cómo le conocieron. Más adelante, filtrando algunas de las secuencias de la supuesta película que filmaban junto a Ricardo, veremos el desarrollo de la relación de Naumann y Wohlatz con la comunidad, la parte de más peso en Ricardo Bär: la desconfianza y el rechazo, la vuelta a la normalidad y el respeto mutuo final. La hibridación de formas parece la salida más coherente para contar el devenir de los días de convivencia junto a ellos. Acostumbrados a cierto cine documental contemporáneo que opta por presentarnos películas que son el resultado final de la convivencia de un director con los habitantes de una zona, Ricardo Bär se decanta por retratar todo este proceso de intercambio. Y, además de ser una mirada a las costumbres de esta lejana comunidad religiosa, será igualmente un retrato honesto del joven Ricardo, sobre el cual la cámara focalizará su atención sin descuidar el entorno: su relación con la comunidad, su trabajo en la granja familiar, su cotidianidad. Cuando la película toque a su fin, Ricardo desaparecerá del último plano para dejar espacio a la voz de Naumann y Wohlatz, que nos recordarán a través de la cariñosa carta del pastor bautista ese vínculo fértil, basado en un intercambio mutuo, que se ha establecido con la comunidad a raíz de la filmación de su película. Esta carta ilustra la valía de Ricardo Bär, el registro, la representación de la evolución de una convivencia.

FICHA TÉCNICA:

Dirección: Gerardo Naumann, Nele Wohlatz
Con: Ricardo Bär, Inés Bär, Samuel Bär, Diego Littmann, Fabio Fiebke, Pasto Carlos Zeiter
Dirección de fotografía: Lucas Gaynor
Sonido: Francisco Pedemonte, José María Avilés
Montaje: Felipe Guerrero
Producción ejecutiva: Christoph Behl, Pablo Robert
Producción: Subterránea Films, Zentral Cine
País y año de producción: Argentina, 2013

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