Cannes 2010. Sesiones especiales

El festival de Cannes no ha variado en esta edición su política al respecto de los documentales, siguen siendo una excepción en el certamen, un tipo de película reservada para proyecciones fuera de la Sección Oficial, de los veinte títulos que competían por la Palma de Oro, ninguno se escapaba de la ficción más estricta.


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Un año más (1) volvemos a rastrear los documentales en un festival tan apegado a la ficción como Cannes, que no ha variado en esta edición su política al respecto. Los documentales siguen siendo una excepción en el certamen francés, un tipo de película que se reserva para lo que allí se denominan “sesiones especiales”, proyecciones fuera de la Sección Oficial a concurso o no, normalmente encajadas con calzador en la parrilla horaria.

De los veinte títulos que competían por la Palma de Oro, ninguno se escapaba de la ficción más estricta. Incluso en el caso de Schastye Moe (Mi felicidad) de Sergei Loznitsa, cineasta proveniente del documental que ha entrado por la puerta grande en Cannes a pesar de que el festival había ignorado hasta el momento su obra anterior. Resultó sorprendente comprobar que Mi felicidad también competía por la Cámara de Oro, premio que se otorga a la mejor ópera prima. No he podido encontrar el reglamento que rige este galardón (el catálogo oficial sólo habla de “mejor primera película”), así que no me atrevo a afirmar si el hecho que Cannes considere Mi felicidad la primera película de Loznitsa responde a que sus títulos anteriores eran documentales, a que la duración de la mayoría no alcanza la del largometraje, a que no se habían estrenado “comercialmente” (aunque han llegado a la televisión) o a una mezcla de todo ello.

La Sección Oficial fuera de concurso acogió un documental entre sus cinco títulos, Autobiografia lui Nicolae Ceausescu de Andrei Ujica, sin duda una de las películas más interesantes vistas en Cannes 2010. En las Sesiones Especiales se invierte la proporción: más de la mitad estuvieron dedicadas a documentales (cinco de nueve títulos) y en la mayoría de los casos su inclusión en el festival parece responder más a la urgencia o trascendencia del tema que tratan que a su interés cinematográfico. En el comité de selección de Cannes, documental de denuncia debe sonar a tautología. Así tuvimos en sesión especial Draquila – L’Italia che trema de Sabina Guzzanti, sobre el trato que ha deparado el gobierno de Silvio Berlusconi a la zona de L’Aquila afectada por el terremoto de 2009; Inside Job de Charles Ferguson, centrada en censar los responsables de la actual crisis económica; Countdown to Zero de Lucy Walker, que rescata del ostracismo la amenaza nuclear, asunto que había quedado relegado a un segundo plano por el calentamiento global, tema más de moda en ese otro cine de catástrofes que es el de la no ficción; Nostalgia de la luz, interesante vuelta de tuerca que lleva a cabo Patricio Guzmán a su tema recurrente; y Over Your Cities Grass Will Grow de Sophie Fiennes, donde la hermana de Ralph Fiennes retrata al escultor y pintor alemán Anselm Kiefer.

Dos cineastas de renombre consiguieron colar títulos de no ficción en Un certain regard/Una cierta mirada, la sección paralela a la oficial. Hai Shang Chuan Qi (I Wish I Knew) de Jia Zhangke podría formar un díptico con la anterior 24 City, mientras que Film Socialisme de Jean-Luc Godard demuestra que el cineasta francés quizá no se preocupe demasiado por actualizar los incontables referentes culturales que conforman su película (y no lo digo sólo porque Barcelona esté asociada en el film a los toros, la Rambla, la Guerra Civil, el Barça y a Paco Ibáñez cantando a José Agustín Goytisolo), pero fue el único en Cannes que presentó una película preocupada en trabajar con nuevos formatos y nuevas texturas para insistir en su temática preferida de estos últimos años, la identidad y la historia de la Europa contemporánea. Cannes Classics albergó, como es habitual, los documentales sobre cine: Hollywood Don’t Surf de Greg MAcgillivray y Sam George; Toscan de Isabelle Partiot-Piere sobre el desaparecido productor francés Daniel Toscan du Plantier; Cameraman: The Life and Work of Jack Cardiff de Craig McCall, sobre el director y maestro de la fotografía británico; y …Men filmen ar min alskarinna (…Pero el cine es mi amante), nuevo documental de Stig Björkman sobre Ingmar Bergman. Incluso el Cine de la playa acogió bajo las estrellas más documentales que la Sección Oficial: desde las tumbonas se pudieron ver The Two Escobars de Jeff y Michael Zimbalist, Rock’n’Roll… of Corse! de Lionel Guedj y Stéphane Bébert, además del clásico Le monde du silence (1956) de Jacques-Yves Cousteau y Louis Malle, el primer documental (y hasta Fahrenheit 9/11, el único) en ganar la Palma de Oro.

Salimos del Palais, la sede del Festival, para echar un vistazo a las dos programaciones off de Cannes, la Quincena de Realizadores y la Semana de la Crítica. La primera eligió un documental musical para la inauguración, Benda Bilili! de Renaud Barret y Florent de la Tullaye, sobre el grupo congoleño del mismo nombre compuesto por personas con minusvalías físicas, y presentó otro en sesión especial, Stones in Exile de Stephen Kijak (director de la muy recomendable Scott Walker: 30 Century Man), film al servicio de la reedición del álbum Exile in Main Street. También en sesión especial se presentó Boxing Gym de Frederick Wiseman, obra menor del ya veterano cineasta. La Quincena también permitió ver algunos trabajos híbridos como Cleveland vs. Wall Street de Jean-Stéphane Bron, reenactment del caso real de un grupo de habitantes de Cleveland quienes llevan a juicio una serie de bancos acusándoles de la crisis que asola su ciudad, con los protagonistas reales retomando los mismos papeles que tuvieron en el proceso. Le quattro volte de Michelangelo Frammartino también convierte a personas reales en los protagonistas de una ficción. De hecho, este film italiano que al principio parece la enésima elegía a un universo rural a punto de desaparecer, proporcionó dos de los grandes momentos de comedia y de drama del festival, protagonizados respectivamente por un perro (merecido ganador del Premio Especial del Jurado Palme Dog, sic) y una cabrita. También podrían haber ganado un premio a la interpretación los niños no actores protagonistas de Todos vós sodes capitans de Oliver Laxe, a los que el cineasta gallego somete a un juego entre la ficción y la no ficción para mostrar que el cine no se aprende (solamente) en las aulas. El único largometraje español en todo el festival de Cannes se llevó el Premio de la Crítica Internacional FIPRESCI de la Quincena de Realizadores.

El título y la sinopsis de Women are heroes de JR (un fotógrafo de renombre se dedica a desplegar fotografías gigantescas de mujeres anónimas en los barrios del mundo donde han sufrido algún tipo de violencia), más la falta de tiempo, me ahuyentaron del único documental, también en sesión especial, de la Semana de la Crítica. Nunca he entendido la visibilización de las mujeres de esta manera… Aunque quizá, cómo no, fui víctima del prejuicio.

Algunas notas sobre algunos títulos

Draquila – L’Italia che trema de Sabina Guzzanti
La directora de Viva Zapatero! viaja a la región de L’Aquila para tomar el pulso a la zona justo cuando los medios de comunicación ya se han olvidado del terremoto. Guzzanti, que sigue recordando demasiado a un Michael Moore a la italiana, se esfuerza en encontrar un término medio entre su rol como actriz cómica que se complace en ser el grano en el culo de Silvio Berlusconi y su vocación de reportera con ánimo de ejercer un cine de denuncia serio. Aquí limita el primero de sus papeles (apenas sale un momento imitando al Primer Ministro) y profundiza más en el segundo. Si en su primera película denunciaba el autoritarismo del gobierno italiano a partir de la censura a los medios de comunicación en general y a los programas de sátira política en particular, aquí toma como síntoma de los abusos de poder del Cavaliere su actitud ante la reconstrucción de L’Aquila y alrededores después del terremoto: suspensión de derechos básicos, como el de asociación, en los campos de refugiados; la protección civil entendida casi como un brazo armado; los ciudadanos imposibilitados de reconstruir por su cuenta sus propias casas mientras las inmobiliarias hacen su agosto; las mafias incrementando sus negocios… El panorama que se presenta en Draquila resulta desolador y, aunque la Guzzanti controla su ego más y mejor que Moore, la película también peca de cierta falta de rigor a la hora de seleccionar y presentar los datos.

Nostalgia de la luz de Patricio Guzmán
En el desierto de Atacama se dan unas condiciones atmosféricas muy propicias para la contemplación de las estrellas. Hasta allí viaja Patricio Guzmán en lo que a priori parece un giro respecto a la temática habitual de su filmografía. El cineasta se interesa por el trabajo de un astrónomo y también por los de los arqueólogos que estudian las huellas de las civilizaciones precolombinas en el mismo desierto. A su manera, ambos trabajos no consisten en otra cosa que en investigar el pasado a través de sus vestigios en el presente. La narración en off que conduce el documental es cuidada y morosa. La información resulta interesante pero no apasiona. Pero poco a poco vamos descubriendo que Atacama reúne diferentes estratos de la historia de Chile. Allí también existen antiguas colonias mineras, y de hecho una mina se convirtió en el campo de concentración más grande durante la dictadura. Guzmán retorna a su obsesión por el pasado de su país desde otros senderos. Reflexiona sobre el hecho que resulte tan fácil investigar sobre el pretérito más remoto, y en cambio sea tan difícil desenterrar el más cercano. “Chile es un país encapsulado en el tiempo”. De repente, vemos una figura femenina moverse poco a poco en un plano general de la inmensidad del desierto. Nos damos cuenta que Guzmán ha llegado al corazón de su película. Dos mujeres buscan desde hace décadas restos de los cuerpos de sus familiares como quien busca una aguja en un pajar. A través de sus relatos tomamos conciencia que la recuperación de los cadáveres no es un mero hecho simbólico, un episodio más dentro de ese gran discurso sobre la memoria histórica. Los desaparecidos deben cobrar cuerpo. Cuando una de las protagonistas explica como se llevó a casa el pie encontrado de su hermano que ahora le hace compañía nos embarga la emoción más honda que sentimos en todo el festival. Recuerdo una de mis frases preferidas de la historia del cine, cuando en Ordet de C.T. Dreyer, el padre intenta consolar a su hijo por la muerte de su esposa diciéndole que ahora su alma está con Dios y éste le replica: “pero yo también amaba su cuerpo”.

Inside Job de Charles Ferguson
Frente al perverso discurso de que todos somos culpables de la crisis, este documental de Charles Ferguson producido por Sony Classics decide poner nombres y apellidos a los verdaderos responsables de la debacle económica. El director aprovecha la funcionalidad del clásico reportaje de investigación (no busquen interés cinematográfico en este documental) para buscar las raíces del problema en la desregulación del sector financiero llevada a cabo por el gobierno de Ronald Reagan y a partir de aquí trazar todo el recorrido de acontecimientos concatenados que ha llevado a la situación actual. Contundente en su discurso, Ferguson se distancia de prácticas como las de Michael Moore a través de un inapelable rigor. El director no ha ahorrado esfuerzos en entrevistar a las personas claves (incluso resulta ilustrativo saber quién se ha negado a aparecer) y en detallar pormenorizadamente todos los elementos en juego (hasta el punto que una puede llegarse a perder en la explicación del intríngulis financiero). Y amplía su punto de mira a actores sociales habitualmente ignorados a la hora de señalar a los que manejan los hilos del poder económico como la enseñanza universitaria. ¿Quién dijo que el documental de denuncia ya estaba obsoleto?

Autobiografia lui Nicolae Ceausescu de Andrei Ujica
Aunque solamente pude ver poco más de la mitad de este film de tres horas, resultó suficiente para constatar que se trataba de los más estimulantes del festival. Autobiografía de Nicolae Ceausescu responde a priori a una de las características que facilitan a un documental su selección en Cannes, el abordar un Gran Tema de Interés Universal, pero el film de Andrei Ujica se desmarca de la no ficción más ortodoxa que protagoniza la parrilla del certamen. Ujica ha llevado a cabo un impresionante trabajo de compilación de material de archivo sobre la vida pública y privada de Nicolae Ceausescu para reconstruir su trayectoria como dictador solamente a partir de su imagen oficial. El cineasta no añade ningún tipo de comentario en off aunque sí juega con el sonido de las propias imágenes de archivo. La recuperación de ciertos documentos tiene valor por sí misma: hay secuencias impagables, como aquélla en que vemos un cartel que reza “Universal Studios welcome Nicolae Ceausescu” recibiendo al dictador en su viaje por Estados Unidos. La Autobiografía funciona en el sentido contrario de los documentales que buscan la verdad histórica escondida tras la historia oficial. Aquí se recupera una historia oficial que, en el fondo, también se nos impidió ver a los no rumanos: impresionan todas las secuencias de Ceausescu en los países “amigos” como China o Corea del Norte, auténticos baños de multitudes que espolearon en el rumano el instaurar el culto a su personalidad en la nación; o la cantidad de gobernantes de países democráticos que lo agasajaron y ahora enrojecerían por ello. También resulta revelador aquello que no vemos: los ciudadanos rumanos son, como mucho, meras comparsas en las pocas imágenes de la película en las que aparecen, normalmente en grandes fiestas oficiales, agrícolas o deportivas, encargadas de sublimar la realidad del país Porque ésta es la película sobre un gobernante que se pone en escena a sí mismo como Conducator de un país que no existió.

I Wish I Knew de Jia Zhangke
El cineasta chino sigue con el proceso de registrar la reciente memoria histórica de su país que ya inició en 24 City tanto a través de testimonios orales como de evocaciones ficcionadas. Aquí Shanghái es la gran protagonista, lo que le permite a Jia añadir otro tipo de testigo que no podía participar en el film anterior ambientado en provincias. El cine se convierte en I Wish I Knew en otra forma de hablar de la ciudad a través de las citas a películas de Hou Hsiao-hsien, Michelangelo Antonioni, Fei Mu, Wong Kar-wai, Lou Ye… que posibilitan otro tipo de aproximación sentimental a la urbe protagonista. Durante buena parte del metraje también le pesa a I Wish I Knew cierto tufillo propagandístico que no le sienta bien a un cineasta que trabajó sus primeros años de forma clandestina. No sólo porque aquellos que se presentan como héroes, mártires o luchadores por la libertad forman parte del pasado, sino porque la inclusión de la secuencia en el recinto de la Exposición Universal como muestra del Shanghái del presente se espera desde los primeros minutos. Jia solventa por momentos el peligro de convertirse en un cineasta del régimen apropiándose de este paisaje oficial para convertirlo en el decorado de alguna de sus secuencias con marca propia: como el momento en que los trabajadores de la expo protagonizan un número musical entre los pabellones en construcción.

Boxing Gym de Frederick Wiseman
Resulta imposible que no te quede clara la intención de Frederick Wiseman en Boxing Gym. Durante noventa minutos el cineasta nos sumerge en la cotidianeidad de un gimnasio de boxeo para mostrar, constatar y subrayar que la atmósfera que se vive en estos recintos nada tiene que ver con todos los prejuicios que podemos acarrear al respecto, asociados con violencia, sordidez, masculinidad, bajos fondos, corrupción… Wiseman entrevista, observa y fragmenta el espacio de manera que no podamos tener una visión única o general del lugar: vemos a muchas mujeres entrenando, a un niño con epilepsia preguntando si puede pegar, a bebés esperando en sus carritos que sus progenitores terminen la sesión, a personas de todos las procedencias conversando amigablemente, al jefe declarando que allí no hacen falta ni matrículas ni contratos…  De acuerdo, el mundo del boxeo no tiene porque ser negativo, pero eso ya nos ha quedado muy claro a mitad del metraje. Quizá el gimnasio de Boxing Gym sí tenga un defecto: a Wiseman se le queda muy pequeño, se le agota demasiado rápido.

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(1) Documental, no ficción e hibridaciones en el festival de Cannes 2008, Cannes 2009. Las excepciones del retorno a la ficción

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