DocsBarcelona. Definiendo un nuevo festival

Se inauguró en Barcelona a inicios de febrero un nuevo festival de cine documental, DocsBarcelona, llevado a cabo por la productora Paral·lel40. En cuatro días se proyectaron 25 obras, gran parte de ellas inéditas en España, se ofrecieron master class y mesas redondas.


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Se inauguró en Barcelona a inicios de febrero un nuevo festival de cine documental, DocsBarcelona(1), llevado a cabo por la productora Paral·lel40. En cuatro días se proyectaron 25 obras, gran parte de ellas inéditas en España, se ofrecieron master class y mesas redondas. Un éxito de público (4.261 espectadores) que dejó las salas pequeñas en más de una proyección. Tuvo gran éxito de público y atención de la prensa el film Can Tunis, del cual en B&D entrevistamos a sus realizadores el pasado mes de enero.

El festival tuvo una organización perfecta, práctica y bien coordinada y las películas se proyectaron en buenas salas de cine. El hecho de que DocsBcn nazca de un mercado audiovisual hace que ya en su primera aparición tenga una solidez económica y de funcionamiento que otros festivales, con décadas de ediciones a sus espaldas, aún no hayan logrado. También fue un aspecto relevante la presencia de los realizadores en gran parte de las proyecciones.

Por otra parte, sorprendió negativamente la selección de algunas obras y su particular distribución en el programa. El apartado Panorama respondió correctamente con 8 películas actuales, y una original sección para público juvenil (12-16) cubrió su objetivo con coherencia. Pero en la titulada Dernier Repas se proyectaron 5 películas seleccionadas por el prestigioso productor Eckart Stein que tenían muy poco en común: una genialidad de Kosakovski, una obra experimental de Bill Viola, un proyecto pictórico de finales de los 70… La parte positiva es que las obras eran de calidad.

Pero este desacierto (secciones con obras sin nexos comunes) se agravó en Historia, con cuatro “películas” elegidas por la periodista catalana Montse Armengou. Se unió found footage (Hitler Hit’s Parade) a una decepcionante La ciudad de los fotógrafos, con un reportaje al puro estilo BBC y otro de “reconstrucción histórica”. ¿Cómo puede proyectarse Children of the decree en un festival de cine documental? ¡Es claramente un reportaje! (texto periodístico informativo, imágenes de archivo de relleno y entrevistas a protagonistas o especialistas en la materia). Sembrar la confusión entre el público (con la que ya existe) entorno a la palabra “documental” es grave si se hace desde un festival. Documental y reportaje no son sinónimos, aunque en algunas ocasiones puedan ser fronterizos, pero no es el caso. Aquí hay un nudo gordo que deshacer para próximas ediciones.

A esta mezcla de épocas y estilos hay que añadirle varios documentales que responden a la demanda estética (a menudo pobre y limitada) de la industria televisiva. Un popurrí demasiado confuso para tan sólo 25 películas. Se podrían dedicar esfuerzos en secciones retrospectivas (de autor, de cinematografías, elegir temáticas mucho más concretas) que ayudarían a seccionar el público, quien comprendería mejor lo que ve y lo agradecería.

Con todo, DocsBarcelona ha empezado con pie firme y será un proyecto duradero que irá creciendo en cantidad y esperemos también en calidad.

The Passing de Bill Viola (1991) Estados Unidos
Cuando se hizo público el cartel del Docsbarcelona, lo primero que llamaba la atención era la inclusión en la muestra de esta obra de Bill Viola. Su presencia podría justificarse (además de por la decisión soberana del comisario, representante de un programa televisivo que apostaba por una idea fuerte de lo experimental) en una cierta naturaleza de lo profílmico: la grabación de imágenes de la muerte de la madre del videoartista, y del nacimiento de su hijo.

Algo que dicho así parece remitir a esa idea de lo perfomativo que tanta fortuna teórico-práctico ha tenido en el documental de los últimos años. Nada más lejos de la realidad. De hecho esta selección puede entenderse como un reto (incluso una provocación): el de pensar una obra canónica (por los procedimientos técnicos y estéticos utilizados) del videoarte como obra documental. Lo cual resulta verdaderamente complicado, ya que en Viola la exploración de lo real nos conduce a las profundidades de la conciencia del Yo. Viola piensa la cámara de vídeo –como también lo hacía Brakhage con la de cine– como una suerte de ojo visionario, capaz de ir más allá de la superficie de las cosas. Viola explora ese estado transitorio entre la vida y la muerte, entre la lógica de lo onírico o la pesadilla –el autor que da vueltas en su cama acosado por el insomnio– y de lo meditativo. No hay que olvidar que Viola está profundamente influido por las religiones orientales y la vía negativa de la mística cristiana, y que pone en escena, cada vez con mayor intensidad, un misticismo new age que puede llegar a ser bastante molesto (por lo menos en mi caso).

En The passing la imagen clave es la de ese hombre sumergido –el propio Viola–, que también es la imagen central de su Tríptico de Nantes (1992). Si en esta última, la imagen ejerce a la vez de cesura y relación espacial entre el parto y la agonía de la madre, en The passing esa imagen-entre se expande hasta irradiar todo el vídeo, como en ese extraordinario momento en que la habitación de la madre es literalmente inundada por una ola, quedando así inmersa en el mismo estado acuoso que el autor. Ahí reside gran parte de la fuerza de Viola: en subjetivizar la imagen del trauma, y en hacer partícipe al espectador de esa lógica sensitiva, irracional, asociativa.

Como señala Jean-Paul Fargier, en realidad no importa lo interpretativo: si Viola es cristiano o pagano, si se trata de una resurrección o una transfiguración. Lo que se juega en las obras de Viola es el tratamiento del tiempo: la fusión de pasado y presente en la imagen a través de las armas del vídeo. Porque, a pesar de su publicitado espiritualismo, Viola es un autor fuertemente materialista. Incluso en sus últimos tableaux vivants (de gusto a veces bastante kitsch), lo que interesa no es la reconstrucción posmoderna del cuadro, sino la potencia del gesto, de los lugares de paso de una emoción a otra, amplificada por la ralentización extrema de los movimientos de los actores.

Una ambivalencia entre el estado de trance y la fuerza (¿documental?) de lo concreto, que alcanza una de sus mejores expresiones en The passing. Una obra que siempre es un placer reencontrar, aún en escenarios tan inesperados como el de Docsbarcelona, donde podría quizás hallar un nuevo público. Ivan G. Ambruñeiras

Min fars sind (The Mind of my Father) de Vibe Mogensen (Dinamarca, 2005)
Como señaló Gonzalo de Pedro en su crónica sobre IDFA 2006, algunos temas comienzan a estar manidos por parte de los documentalistas, como la búsqueda o el retrato de los padres. De ahí mi inevitable prejuicio ante una película como The Mind of my Father que comienza con diversos filmes en Super 8 que el padre de la directora filmó cuando ésta era una niña. ¿Tener películas domesticas es motivo suficiente para que ahora se inviertan los papeles y sean los hijos quienes se pongan detrás de la cámara?

No obstante, estos prejuicios pronto se desvanencen ante la sobriedad formal y la densidad emocional que va adquiriendo el relato de Vibe Mogensen. La directora filma a su padre, ya mayor, que padece esquizofrenia. Ambos van desgranando su pasado: la prometedora felicidad de familia de clase media que se intuía cuarenta años atrás y los dramáticos reveses que ha sufrido el padre a lo largo de su vida. Un hábil guión (articulado a través del informe médico del padre y varias entrevistas) nos enfrenta al abismo de una vida ensombrecida por el suicidio de la madre y de la abuela de la directora y el alcoholismo del padre. Con una puesta en escena sencilla, Vibe filma de forma frontal, sin tapujos y sin rodeos, la decrepitud y soledad de su padre. Y en un conmovedor, valiente y futil gesto, le pide que le vuelva a filmar, esta vez con una cámara digital, aunque ya sea demasiado tarde. Elena Oroz

Hitler Hit’s Parade de Oliver Axer, Suzanne Benze (Alemania, 2003)
Este documental de found footage abarca todo el período del gobierno nacionalsocialista alemán. El título, que evoca un cierto humor cínico que estará presente a lo largo de toda la obra, equívocamente parece centrar la película en el Führer, y no es así. Los alemanes Oliver Axer y Suzanne Benze han hecho una película sobre el “dejarse llevar” del pueblo alemán durante esos años. En este sentido se acerca más a Canciones para después de una guerra de Patino que a Sonata a Hitler de Sokurov.

El material usado son películas de ficción, noticiarios, publicidad, películas amateurs, películas de propaganda nazi y dibujos animados. En el caso del material que concierne al partido y a Hitler es inédito o muy poco usado. La música que le acompaña corresponde a las canciones de moda de la época: música ligera como un vals, un fox-trot o una melódica canción de amor. En ningún caso música orquestal. Cada canción tiene su propio capítulo.

Combinando con inteligencia el material aparentemente inconexo consigue signficados nuevos y concretos: la parte inicial del film se enmarca dentro de una ignorancia feliz (Hitler agasajado por aldeanos, bellas y jóvenes gimnastas ejecutan perfectos ejercicios, sonrientes niños juegan). Será una primavera sin fin dice una de las canciones. Este buen rollo acabará desembocando en los campos de concentración y de exterminio (desde el autobús “sólo para judíos” que cruza por el medio de la ciudad ante los ojos de todos hasta los refugios antiáereos en Berlin, los soldados mutilados y los cadáveres). En la parte inicial hay esvásticas, cruces gamadas y retratos de Hitler constantemente presentes, a veces en recónditos sitios de las tomas. En la segunda parte el elemento repetitivo es la cruz de David, mientras que los citados anteriormente desaparecen. El trabajadísimo montaje se desarrolla lleno de ideas brillantes (todo tipo de contraposiciones, metáforas, repetición de planos…) que con la banda sonora aportan un tono desenfadado/cínico al relato, que se convierte en un duro contraste en las secuencias finales.

Hitler Hit’s Parade es un poderoso collage sobre un pueblo seducido por sueños felices, sobre el autoengaño que oculta el peligro hasta que es demasiado tarde, cuando explota esta esquizofrenia latente y la evidencia queda desnuda. (¿Máxima aplicable a todos los pueblos? Posiblemente). M. Martí Freixas

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(1) Definición de los organizadores: “el Festival DocsBarcelona es la primera cita del año de los espectadores con aquellas películas y directores del ámbito documental que están marcando la referencia internacional.”

Inden for mine Øjne (My Eyes) de Erlend E. Mo (Dinamarca, 2006)
Premiado en la pasada edición de IDFA con el premio Silver Club, My Eyes es un cortometraje que pretende reflejar el mundo sensitivo de dos jóvenes ciegas que tienen una especial relación con la música. Ambas han desarrollado otros sentidos, el oído y el tacto, para relacionarse y emocionarse con el mundo que les rodea. El director trata de plasmar esta otra realidad sensitiva a través de planos muy cerrados centrados en sus rostros fascinados ante la música, sus sensaciones ante el rumor de un río o el pavor que en una niña de ocho años despierta el agua helada. Sencillo en su planteamiento, este documental, sin embargo, queda lastrado por su mirada edulcorada, su reiterada fascinación por los bellos rostros de sus protagonistas y su tono naïve. En definitiva, una sensibilidad que deviene en sensiblería. Elena Oroz

La ciudad de los fotógrafos de Sebastián Moreno (Chile, 2006)
La ciudad de los fotógrafos narra un capítulo más de la triste y dura historia de Chile. En los años 80, en plena dictadura, un grupo de jóvenes fotógrafos se unió para dejar testimonio de las manifestaciones y actos de protesta contra el gobierno. A través de entrevistas a los reporteros gráficos que formaron el núcleo de esta agrupación, volvemos al pasado para recordar lo sucedido y analizar todos los porqués.

Resulta absolutamente inevitable referirse a Patricio Guzmán al hablar de este documental. Sus cuatro películas sobre Chile son cuatro pilares del cine de memoria histórica. Así, cualquier nueva aproximación a este tema que use las mismas estructuras, no escapará de su difícil comparación. En este caso Sebastián Moreno queda aún lejos del maestro, aunque hay elementos interesantes en su película: el rescate del material de archivo audiovisual es impactante, consiguiendo encontrar los momentos exactos en que se hicieron algunas fotografías y rescatando algún hermoso fragmento como cuando un enojado manifestante – Ricardo Lagos – protesta ante las cámaras por los abusos policiales. También tiene algún personaje de enorme poder, sobretodo el fotógrafo apodado kamikaze.

Pero la película decepciona: por una parte su estructura no acaba de huir de esquemas básicos del periodismo. Los personajes van hablando cronológicamente de los hechos sucedidos, sin más y las puestas en escena no funcionan muy bien (como la de su padre, rápidamente diluida) o son muy simples y no aportan fuerza ni reflexión. Por otra parte podría haber sacado más provecho de las miles de increíbles fotografías que tuvo en sus manos, a menudo reproducidas en un breve instante donde el espectador no tiene tiempo de observar nada. Hubiera sido apasionante poder observar detenidamente muchas de esas instantáneas.

Guzmán tiene touch, genera empatía con sus entrevistados, les convence de la importancia de lo que están haciendo, es capaz de narrar una historia sin dejar de tener siempre de trasfondo el peso de la palabra “memoria”… esta fuerza se transmite después al espectador en cada frame. Moreno obtiene un resultado final frío e impersonal. Con todo, ha dedicado tres años a llevar a cabo éste proyecto y su trabajo no ha sido en vano. Cumple con recuperar un pedazo más para la historia, Chile tiene una nueva foto en el álbum familiar. M. Martí Freixas

Guerrilla Girl de Frank Piasecki Poulsen (Dinamarca, 2005)
El día a día de una joven colombiana de clase media que decide incorporarse a las FARC, el grupo armado revolucionario más importante de Colombia. Su director tiene un privilegiado acceso a este submundo y la película se centra en sus meses de entrenamiento, antes de que llegue a convertirse en una auténtica guerrillera. Así somos testigos de su “juramento de fidelidad”, diversos ritos iniciáticos como degollar a una vaca y su entrenamiento físico e ideológico a través de clases en las que se expone la ideología marxista y el utópico sueño bolivariano de la Gran Colombia.

Rodada con un estilo observacional domesticado (la sensación de puesta en escena atraviesa muchas de sus secuencias), este documental se conforma con mirar (o en captar lo que sus protagonistas están dispuestos a mostrar) sin cuestionamientos una realidad demasiado controvertida. Así ante preguntas cómo la supuesta financiación de las FARC por parte del narcotráfico o la utilidad de la lucha armada, solo encontramos respuestas panfletarias. Aunque pueda parecer exagerado, a menudo Guerrilla Girl parece un documental sobre boy scouts, en el mayor conflicto interno que puede tener su protagonista es la renuncia a las comodidades y a la individualidad, a aprender a compartir el champú con sus compañeros. Elena Oroz

Prove di stato de Leonardo di Costanzo (Italia-Francia, 1999)
Después de años de corrupción institucional hubo en Italia un proceso antidelincuencia a escala nacional que dio la oportunidad a que savia nueva ocupara cargos políticos. Así sucedió también en Ercolano, pequeña ciudad del sur, donde la nueva alcaldesa – coalición de izquierda – afrontó multitud de problemas y sinsentidos provenientes del caos mafioso. Soportó esta difícil tarea con la cámara de Leonardo di Costanzo presente durante un año y medio.

El aspecto más destacable de la película son las reuniones que tiene la irascible alcaldesa cara a cara con algunos ciudadanos. Estos van a pedir “favores” al Ayuntamiento: un “trabajito”, “borrar” una elevada factura, una multa “injusta”… “Io non posso fare nulla!” (¡Yo no puedo hacer nada!) repite ella. Los viejos tiempos han terminado, pero el pueblo no acaba de adaptarse. Estas entrevistas son captadas alla Wiseman por el realizador. Con una sola cámara transmite toda la intensidad de los diálogos, a menudo expresados mejor con las manos que con las palabras. Costanzo hace un retrato equitativo de la alcaldesa, mostrando aspectos buenos de su gobierno (la entrega de pisos a familias muy pobres) y no tan positivos (los taxistas se levantan en pie de guerra, Constanzo se pasea con ellos por la ciudad, les permite contar sus reclamaciones, cubre sus manifetaciones).

Una vez asimilados todos los personajes (30-40 minutos), el mecanismo de construcción no varia. Así, si dentro de este estaticismo formal no sucede nada grave en la historia (no hay elecciones, ni crímenes, etc). la atención decae un poco inevitablemente. A pesar de esto, Prove di Stato es un muy buen dibujo del invariable carácter de los italianos del Sur, que sólo podía haber captado tan bien alguien nacido entre ellos. M. Martí Freixas

A Story of People in war and peace de Vardan Hovhannisyan (Armenia, 2006)
Documental rodado en el Cáucaso que sigue una estructura con algunas similitudes a Retratos del alma de la fotoperiodista Sandra Balsells. En este caso es un camarógrafo de televisión armenio que después de pasar varios años filmando la guerra va a buscar en tiempos de paz a aquellos a quienes estuvo grabando. La película está hecha desde el punto de vista armenio: los azerios (Azerbaidjan) sólo existen como “enemigo” y los soldados armenios son “hermanos”.

A las impactantes y a veces bellas imágenes en el frente, contrasta la realidad de los exsoldados 10 años después: uno está en prisión por posesión de drogas, otro en un centro psiquiátrico, otro no quiere ni hablar de su vida a pesar de la confianza que tiene con Vardan… Entrevistas llenas de intensas reflexiones y un seguimiento a sus antiguos camaradas (en una comida de reencuentro, cuando sale en libertad su “hermano”) complementan un documental sin pretensiones estéticas que contiene una potente historia personal. M. Martí Freixas

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