Nostalgia de la luz

La nueva película del director chileno Patricio Guzmán, aunque trate de la temática “de siempre”, es verdaderamente nueva en cuento da una vuelta de tuerca más a un camino que parecía terminado. El cuestionamiento del futuro de toda la lucha, la inevitable desintegración de la memoria.


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La mejor parte de la filmografía Patricio Guzmán (Santiago de Chile, 1941) es la que se ha centrado en la llamada memoria histórica. Así como sus obras que han huído de esta temática las podemos considerar como menors (La cruz del Sur, 1992, Isla de Robinson Crusoe, 1999, Madrid, 2002, entre otras), las de la recuperación de la memoria histórica chilena marcadas a fuego por el golpe de estado y la represión del fascista Augusto Pinochet, son un referente absoluto en el cine documental de esta temática, a la vez que quizá la mejor fuente de conocimiento (y comprensión) de lo que en Chile sucedió. Además, toda una fuente de inspiración e influencia que ha marcado al cine documental de este temática, especialmente en latinoamérica.

Con Nostalgia de la luz Guzmán ha dado una vuelta de tuerca más a su filmografía, aunque para algunos parececía ya imposible. Después de la triología La batalla de Chile (1972-1979), rodada “en directo”, frente al golpe de estado (“la Historia pasó por delante de la puerta de mi casa” en sus propias palabras), vino años después, cuando la vuelta del exilio, a mi entender la mejor película de toda su filmografía, La memoria obstinada (1996). El título de esta película es una declaración de intenciones que abarca todo su cine y parte de su vida. El insistir, el no rendirse, el ejercicio de recordar, como el abuelo que hace un esfuerzo por rememorar una canción en el piano. El rebelarse frente a la aplastante opresión para recordar lo que sucedió, honorar a las víctimas y reflexionar también el porqué lo hacemos, para qué recordar.

Esa insistente obstinación llevó a Guzmán hasta dos largometrajes más, interesantes, que ahondaban en la misma línea pero también en cierta reiteración. El caso Pinochet (2001) ocupaba su atención en las víctimas, en los valientes testimonios del proceso judicial abierto en España contra el dictador. Salvador Allende (2004), quizá era la más reiterativa, incluso algunos fragmentos se solapaban con el resto de la filmografía, pero es como si Guzmán debiera esa película a su país, después de hablar y soportar durante décadas al dictador, faltaba centrarse en la figura del político demócrata y pacífico, el que que lo intentó honradamente, quien murió con dramatismo y dignidad. Este largometraje parecía un punto y final del cineasta chileno. Pero no. Se tardó en cocer un nuevo documental pero emergió. Y Nostalgia de la luz es una de sus mejores películas, sino la mejor (aunque hable “de lo de siempre”).

Desintegración de la memoria
El paso más allá que consigue dar Guzmán en su nueva película es el cuestionamiento del futuro, digamos que a medio y largo plazo. Se aparca la reivindicación histórica inmediata y se admite una parte de la derrota. Con dolor y drama, por primera vez se asume enteramente que la derrota es un hecho, irrevocable. Se asume, se perdió, fueron masacrados, y los supervivientes han dejado la vida en reivindicarlo y rememorarlo, con una entereza y una dignidad indescriptibles. Lo muestra con las dos mujeres que llevan décadas rastreando el desierto buscando cadáveres de desaparecidos, sus hermanos fusilados y esparcidos por los militares en un inacabable desierto (el Desierto de Atacama, mediático estos días por la conocida noticia de los mineros atrapados bajo tierra). Esa búsqueda es ya desesperada, no inútil del todo, porque aún encuentran restos humanos, unas manos atadas por una cuerda o el pie del hermano de una de las protagonistas, en una chocante e inolvidable secuencia-confesión. Pero han pasado tres décadas largas y quizá en cinco o diez años más ya sí será del todo inútil continuar la búsqueda. Y entonces, ¿Qué será de “nuestros” muertos? ¿Y que será de nosotros? ¿Habrá valido la pena la fatigante lucha? ¿Quién va a recordarlo? ¿Y los que quedemos aquí vivos, que vamos a hacer con todo ello? Parecen preguntas sencillas pero no lo son, son valientes, lo sencillo es estar reivindicando durante siglos las mismas consignas, las mismas e inamovibles ideas , a menudo caducadas.

Sus reflexiones, conducidas en off con su propia voz como es habitual en sus relatos, un off modesto y no doctrinario, le llevan a aunar oficios aparentemente distintos. Un arqueólogo, un astrónomo y él como cineasta, para vincularlos a los familiares de los desaparecidos, de oficio “buscadores de memoria”. Todos ellos se encuentran en este desierto observando la Historia. Con la luz y las sombras presentes en muchos planos como evidencia del paso impecable del tiempo, el realizador nos conduce hacia una de las ideas de fondo de la película (que no conclusión). La reciente y aún viva historia de la injusticia cometida en Chile será, algun día, material para observar desde un telescopio. Los muertos serán estrellas, la historia se desintegrará. La película ante este hecho no propone solución alguna, de nuevo, lo descubre y lo asume. Sí propone reivindicar la memoria de este crimen hasta que el cuerpo (y la debilucha democracia) aguanten, igual que propone aprender del pasado y también liberarnos,  disfrutar de las nuevas raíces como la hija de desaparecidos ahora nueva madre, liberarnos al contemplar boquiabiertos ese cielo que lo alberga todo, como hace una de las protagonitas en las bonitas tomas finales de la película. Y si en el futuro un astrónomo se obstina en buscar en la memoria del siglo XX encontrará películas que brillan como esta.

FICHA TÉCNICA:
Dirección: Patricio Guzmán
Guión: Patricio Guzmán
Dirección de fotografía: Karell Dijan
Sonido: Freddy González
Montaje: Patricio Guzmán, Emmanuelle Joly
Música: Miranda y Tobar
Producción: Atacama Productions-Renate Sachse, Blinker Filmproduktion, WDR, Kronomédia
País y año de producción: Chile, Francia, España, Alemania, 2010.

“Nostalgia de la luz” se estrenó en el pasado festival de Cannes 2010 fuera de competición, fue pelicula inaugural del festival FID Marseille, y se proyectará en España en el festival de San Sebastián este mes de septiembre

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