18ª Mostra Internacional de Films de Dones de Barcelona

La dificultad manifiesta de hablar hoy día de “cine de mujeres” puede venir dada por la “normalidad” con la que, coincidiendo con el comienzo de consolidación de la mujer artista a principios del siglo XX, ésta creaba, convivía y trabajaba conjuntamente con el hombre sin atender a diferencias de género.


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El plan Voisin de Le Corbusier y la propugnación de un derribo

Patio del Espai Francesca Bonnemaison, 21 de junio de 2009. Cierre de la 17ª edición de la Mostra Internacional de Films de Dones con record de asistencia: un 25% más de público que en ediciones anteriores. Tras la clausura, la organización considera dicha acogida como síntoma de la consolidación de la Mostra como un espacio de referencia tanto para la promoción del cine dirigido por mujeres, como para la difusión de la cultura audiovisual femenina. Difusión que, aseguran, pretenden mantener intacta para ediciones venideras.

Como si de una ilustración gráfica de esta premisa se tratase, el cartel anunciador de la 18ª edición presupone una actitud combativa representada por una imagen rotunda, desafiante, de colores vivos, con una composición en marcada diagonal en la que destaca una figura femenina representada en su totalidad y confrontada al espectador – algo que no sucedía en los carteles de las ediciones anteriores. El cartel, en el que han mantenido la tipografía original, reproduce la portada del número 16 del cómic All Top, publicado en marzo de 1949, donde aparece Rulah, la diosa de la jungla luchando contra un pulpo gigante.

La figura de Rulah remite a la de las amazonas, calificativo con el que, junto con el de Eva moderna, se ha denominado a las mujeres que, desde finales del XIX, han dedicado su vida a la creación. “Aguerridas luchadoras” que han pasado de sentirse “miradas” y “representadas” en pinturas, fotografías o películas a coger “el pincel del pintor, la cámara del fotógrafo o del director de cine, y han presentado sorprendentes imágenes de sí mismas” (Marilyn Yalom, 1997).

El eje central de la programación de la edición de la Mostra, que se desarrolló en Barcelona entre los días 10 y 20 de junio de 2010, lo constituyó, en palabras de su codirectora Mercè Coll, la elección de películas de mujeres que buscan plasmar una visión distinta de las cosas. Cabría incidir, que no necesariamente sobre sí mismas, sino que sobre otros territorios también.

Visión que en Our City Dreams (2009) de Chiara Clemente se sumerge en la figura de cinco artistas, que si bien pertenecen a generaciones dispares y sus obras muestran matices diferenciados, comparten un núcleo común que las une: la ciudad de Nueva York. Vira hacia lo colectivo, hacia lo universal, en Mi hermana y yo (2009) de Virginia García del Pino donde la autora hilvana una serie de imágenes con las palabras de unas grabaciones de terapias familiares. Una pieza que, por alguna inexplicable razón, me ha hecho contener la respiración en los últimos segundos de metraje, cuando, al compás de la palabra “podría”, la imagen se ha ido diluyendo. Y finalmente se desliza entre las sobrias  – y no tan sobrias – superficies arquitectónicas en Koolhas Houselife (2008) de Louise Lemoine e Ila Bêka. Más allá de la mirada displicente de la cámara, del tono llano de la protagonista – Guadalupe Acedo, que resulta ser un elemento indispensable para hacer entender al espectador el complejo funcionamiento de la casa –, de la ácida sátira a la deshumanización de los edificios ultramodernos – subrayada por el plano donde puede verse una silla vacía y en la televisión una imagen de la película Mon oncle (1958) de Jacques Tati –, lo interesante de la obra radica, también, en la quietud de la cámara en contraste con el dinamismo del edificio. Dinamismo que cobra protagonismo en Automates donde la casa se muestra como un gran artefacto en el que tiene lugar un continuo vaivén de movimientos creados por cortinas, goteras, paredes que se convierten en suelos, superficies que emergen de lugares insospechados e incluso el de las hojas y ramas del follaje exterior. El transitar de las imágenes, al ritmo de la música de Die Fledermaus de Johann Strauss (hijo), recuerda vivamente a 2001: A Space Odyssey (1968) de Stanley Kubrick.

La multiplicidad de miradas mencionada, está presente, también, en las propuestas destacadas con las tres menciones honoríficas concedidas por el voto del público: así, la mención especial al mejor cortometraje documental recayó en Han bombardejat una escola (2010) de Mireia Corbera, Anna Morejón y Sandra Olsina, en la que, a través del testimonio de antiguos alumnos, se va esbozando la “silueta” de la Escola del Mar, destruida por una bomba que dejaron caer justo encima del edificio en una noche de 1937 – en plena Guerra Civil Española. La de Panorama Ficció en Handsome Harry (2009) de Bette Gordon, donde la directora escarba en los conflictos internos de unos personajes masculinos cuya vida externa es aparentemente resistente, áspera, y los tempos de la narración están marcados por una música jazz que se revela como un protagonista más del film. Y, por último, la de Panorama Documentals en Heretics (2009) de Joan Braderman que fue la encargada de clausurar el evento. El documental, que versa sobre el grupo The Heretics, al cual perteneció Braderman, y sobre la revista Heresies: A Feminist Publication on Art and Politics editada entre 1977-1992 por el propio grupo, deja patente – entre otras cuestiones – la firme constatación, por parte de las protagonistas, de lo que ya está realizado y lo que aún resta por realizar.

La dificultad manifiesta por Mercè Coll de hablar hoy día de “cine de mujeres” puede venir dada por la “normalidad” con la que, coincidiendo con el comienzo de consolidación de la mujer artista a principios del siglo XX, ésta creaba, convivía y trabajaba conjuntamente con el hombre sin atender a diferencias de género. “Normalidad” no siempre reflejada, entre otros ámbitos, en los discursos académicos.

En un arranque “Le Corbusiano”, emulando de manera metafórica aquel anhelo del arquitecto de “destruir” una parte de París para, en su lugar, construir inmensas estructuras de planta cruciforme, la catedrática de historia del arte Estrella de Diego propugna “el derribo” del discurso establecido, para así poder empezar desde cero, inventando cada palabra de nuevo. Algo que no debe atañer tan sólo al arte hecho por mujeres, sino que sería conveniente hacerlo extensible a aquellos temas tradicionalmente excluidos de las disciplinas artísticas, aquéllos a los que Juan Antonio Ramírez acuñó como las grietas, las fallas, las tierras de nadie… A este respecto, el cine no debería constituir una excepción.

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