Bicicleta, cuchara, manzana

El realizador Carles Bosch es un enamorado de los rebeldes pacíficos y las causas justas. Su nuevo largometraje sigue el desarrollo del Alzheimer en el ex-presidente de la Generalitat de Catalunya, el extrovertido Pasqual Maragall, quien pelea valiente contra la enfermedad, soldado en medio de la niebla y en tierra de nadie.


    Post2PDF

Carles: ¿cómo te gustaría que fuese la película?
Pasqual: Que sea divertida.

Carles Bosch (Barcelona, 1952) era un reputado reportero de Televisió de Catalunya quien, frustrado por los limitados cauces del reportaje televisivo, se lanzó hacia las aguas abiertas del documental. Consiguió un superéxito con su primer intento, Balseros (2002, junto con Josep Maria Doménech), que llegó a ser nominada a los Oscar, y posteriormente salió del paso de esa popularidad con un segundo largometraje, Septiembres (2006). Filmó un tercer largometraje que pasó muy desapercibido, Revolución [toma 2] (2009). En este 2010 ha culminado un nuevo largo documental, Bicicleta, cuchara, manzana, que coincide con las anteriores en su amor por los rebeldes pacíficos y las causas justas. Bosch es un soñador de lo imposible quien dedica sus películas a seres humanos oprimidos buscadores de la libertad.

Los balseros cubanos soñaban con una vida mejor, el director filmó su huída de la isla con las manos vacías y los golpes que el futuro les deparaba. Los presos de Soto del Real también hubieran querido huir, pero no podían. Su mundo soñado cobraba algo de sentido al compartir el amor, aunque fuese entre rejas. No vi Revolución [toma 2], es un documental sobre la Revolución de Terciopelo en Checoslovaquia, 20 años después de los sucesos. En Bicicleta… el protagonista también está preso, oprimido, pero no por un dictador o unas leyes sino por el desarrollo del Alzheimer, enfermedad que el paciente se propone derrotar aunque médicamente hoy en día se considere imposible.

Pasqual Maragall fue un político de larga trayectoria y suma importancia en Catalunya. Alcalde de Barcelona por un periodo de 15 años (1982-1997) que incluyen los Juegos Olímpicos, de quien fue principal impulsor, baluarte de la oposición en el último tramo del gobierno de Jordi Pujol, culminó su carrera como President de la Generalitat ganando las elecciones en 2003, cargo que ocuparía durante sólo tres años. Este es el curriculum político a grandes trazos del protagonista principal de la película que nos ocupa, la cual, en ningun momento, entra en política. Maragall en el documental es “sólo” un enfermo viviendo el Alzheimer en sus fases iniciales. No es un paciente como cualquier otro, es uno de primera categoría, su vida y su tratamiento así lo son. El ex-presidente, pero, compensa esta comodidad y desahogo en el que su familia puede vivir precisamente con la película. Él se ofrece desnudarse ante los espectadores, descubrir lo que le sucede, Maragall como modelo, como cobaya cuando hay la oportunidad de experimentar con medicamentos pero también como cobaya ante los ojos de todos.

La película está dividida en tres bloques que se van intercalando, el formado por los retazos de la relación entre el protagonista y la cámara a lo largo de los dos años que duró el rodaje es el más interesante. El segundo se basa en la alteración de la relación entre Maragall y su familia más cercana, mujer e hijos, quienes sufren y llevan como pueden ese miedo a lo desconocido (también  disfrutan y se agarra na instantes de felicidad que aún quedan y los saborean como lo que son siempre: únicos). La tercera parte es un reportaje informativo, a veces parece un publireportaje, de todo lo que se está haciendo en el mundo para luchar contra el Alzheimer, una llamada solidaria a la concienciación de la población con algunas afirmaciones tremendistas (“el sistema sanitario mundial se va a colapsar”). Grandes expertos, investigación, recaudación de dinero. No es un apartado reflexivo pues sólo hay un planteamiento, vencer al Alzheimer. Nadie plantea otra opción que no sea la defensa a ultranza de este concepto de la vida y la muerte desde un punto de vista médico.

Volviendo a la relación entre Maragall y el equipo de realización. Bosch, con gran acierto, huye de todo tono lastimero e intenta cumplir con lo pedido por el ex-presidente, que la película sea divertida. Pero es una diversión ambigua que deja al espectador en algunos momentos desconcertado, como la misma enfermedad desconcierta a los afectados. Al Maragall político se le conocía, entre otras muchas cosas, por espetar frases e ideas originales, descabelladas o sinceras, algunas veces de un modo considerado políticamente incorrecto (hasta se creó la palabra “maragalladas” para definir sus salidas de tono). Ese político espontáneo, extrovertido y en ocasiones genial aparece en la película como un ser humano alegre quien habla con sus conciudadanos como si fueran amigos, juega al fútbol por la calle, goza cantando el Bach de Jacques Loussier o manda el equipo de rodaje a paseo. En definitiva, se sale del guión, como hacía en el hemiciclo del Parlament sorprendiendo a rivales y a colegas de partido, en estas ocasiones  sorprende y desespera  a su esforzado guardaespaldas personal. Esas situaciones son graciosas, sobretodo para quienes conocen su trayectoria anterior. ¿Pero de verdad son graciosas? ¿Hasta qué punto su deshinibición es su carácter o este es acentuado por el avance del Alzheimer, precisamente que le empuja a deshinibirse y olvidarse de sí mismo? Esta es la pregunta más interesante que plantea Bosch y que quizá da pie a otras preguntas. ¿Hasta qué punto es algo “condenable” la deshinibición? ¿Hasta el punto de que la persona pierda el control? La familia habla del temor de que Maragall se convierta “en una caricatura de sí mismo”. ¿Es un miedo al “que dirán”? ¿Es un miedo a que suceda un accidente, como cuando se le prohibe que coja más el coche? ¿Dónde están los límites?  El protagonista puede pensar aún sobre todo esto, pues tiene muchas horas de clara lucidez. Pero hay otros momentos que ya no tanto, parece un soldado avanzando en medio de la niebla en tierra de nadie. Confiesa levantarse por las mañanas y desubicarse ante el espejo (“¿Y este quien es?” se pregunta, lo que nos llevaría a terrenos más profundos si Bosch hubiera hurgado un poco más en estas cuestiones, pues no es más que otra versión del “¿Quién soy yo?”, pero en  el film impera el punto de vista médico y plano de la vida como comentábamos anteriormente, con la definición de la lucidez y no-lucidez  más habitual en nuestra sociedad occidental).

Dos notas finales. Por un lado, una pragmática, pensando en el sector. El documental es uno de las más importantes del año en Catalunya, puede tener repercusión en España, pero es evidente que pierde mucho peso como proyecto más allá de estas fronteras. Por otro lado, no sé si la película servirá de algo para el paciente y la familia que han aceptado exponerese delante de la cámara, pero sí que ofrece una buena cantidad de preguntas e hilos para deshilachar a todos los que la vean, sufran esta, otras o ninguna enfermedad.

– – –

FICHA TÉCNICA
Dirección: Carles Bosch
Guión: Carles Bosch
Director de fotografía: Carles Mestres
Montaje: Ernest Blasi, Carlos Prieto
Diseño de sonido: Dani Zacarias i Juan Sánchez “Cuti”
Banda sonora original: Josep Sanou
Productor: Oriol Ivern
Productores ejecutivos: Tono Folguera y Toni Marin. Joan Salvat y Muntsa Tarrés (TVC), Andrés Luque (TVE), Pere Gibert (XTVL)
Directora de producción: Agnès Batllori
Productora: Cromosoma
Productora associada: Televisió de Catalunya (TVC)
Coproductores: Televisión Española (TVE), Xarxa de Televisions Locals (XTVL)
Colaboradores: Fundació Pasqual Maragall, Ajuntament de Barcelona, Obra Social de Caixa Catalunya, Caixa Manresa y Caixa Terrassa, Fundació Digitalent, EBU-UER, Fundació La Caixa, AVID, Govern d’Andorra, Diputació de Barcelona, Catalan Films & tv
País y año de producción: España, 2010

SUSCRIPCIÓN

Suscribirse a la newsletter

Redes sociales y canales de vídeo

  • Facebook
  • Twitter
  • Vimeo
  • ETIQUETAS

    ARCHIVO