Lastuja – Taiteilijasuvun vuosisata de Peter von Bagh

En este film de Peter Von Bagh tiene una estructura, a rasgos generales, antinarrativa. Las imágenes y las historias están cronológicamente desordenadas de una manera consciente. Como si éstas fueran consecuencia del funcionamiento de una máquina caprichosa, que las ordena según una lógica que se mantiene oculta al ojo del espectador.


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Lastuja – Taiteilijasuvun vuosisata (2011) que traducido al castellano vendría a ser algo así como Virutas. Cien años de historia de una familia de artistas, es un documental del finlandés Peter Von Bagh. Catedrático de Historia del Cine, escritor, editor, programador y, durante algunos años, director del Archivo Cinematográfico de Finladia, Von Bagh es, también, autor de numerosos films. Su papel como director del archivo e igualmente su trabajo de teórico del cine son dos factores a tener en cuenta por diversas razones. La primera, sus obras están formadas por diversos materiales: fotografías o documentos filmados, por ejemplo, normalmente del pasado, y de cuya recuperación, conservación y difusión se encargan los archivos. Es decir, que su trabajo como director del archivo nacional guardaría una relación directa con su tarea de director de documentales. Lo mismo ocurre con su papel de teórico del cine, puesto que sus películas se asemejan bastante, por su forma y contenido, a una investigación. En resumen, que mediante sus films Von Bagh realiza también un ejercicio de recuperación, investigación y difusión, enfocado todo ello a la construcción de un discurso cultural, a la construcción de la memoria. Una memoria que, en ocasiones, como sucede en Lastuja, comienza siendo particular para acabar por convertirse en colectiva.

Este hecho “biográfico”, casi “auto-retratístico”, de las obras de Von Bagh, este consciente y persistente arraigo a la cultura propia, a la cultura finlandesa, es una característica compartida con las obras de Juhani Aho y Venny Soldan-Brofeldt, dos de los protagonistas de Lastuja. De hecho, el film es el esbozo vital y, sobre todo, artístico, de esta saga familiar de artistas. A partir de ellos se dibuja, además, la evolución de una Finlandia rural que acaba convirtiéndose en otra, independiente, urbana, moderna e industrializada. Así lo muestran los diferentes cuadros, fotografías o imágenes filmadas de las cuales Von Bagh hace uso a lo largo del documental. En definitiva, se podría decir que Lastuja muestra cómo el arte puede funcionar como una herramienta para la construcción, o reconstrucción, de la memoria colectiva.

En su relato, Von Bagh parte de Juhani Aho. No en vano, la biografía del escritor, que está articulada mediante constantes regresiones temporales, constituye el núcleo narrativo del propio film. Será a partir de esta misma biografía de donde emerjan los recortes biográficos, y artísticos, del resto. Sobre todo los de su mujer, la pintora Venny Soldan; los de sus hijos, Heikki Aho y Björn Soldan, considerados los pioneros del cine documental finlandés; y los de su nieta, la fotógrafa Claire Aho. A su vez, si bien de manera más sucinta, aparecen también otros artistas, músicos, escritores, amigos y referentes, así como otros contemporáneos de la cultura y el arte universal.

Lastuja está formado por imágenes en color y otras en blanco y negro. Por imágenes en movimiento e imágenes quietas. Por fotografías, cuadros reproducidos e imágenes filmadas. Están muy presentes los granulados y las líneas, las marcas que el tiempo deja impresas en la imagen. Circunstancia que le confiere cierta textura al film, al tiempo que remarca su identidad documental. Además, los diversos materiales utilizados por Von Bagh forman una obra con muchas capas. Visuales y de significación. El resultado: un verdadero collage visual, o fílmico, en este caso. He aquí uno de los detonantes del interés por la obra. Ese vínculo con el arte mediante una técnica tan sugerente, basada en la mezcla de materiales de naturaleza diferente, de naturaleza totalmente opuesta, incluso.

Con las ciudades y lugares de Finlandia como telón de fondo. Como la Oulu de su film Muisteja (Recuerdos) de 2013, en el que el director, que se formó como espectador en aquella ciudad, dibuja sus recuerdos. Lo mismo ocurre en Lastuja con Petsamo, Viipuri, Ahola o Porvo. Y por encima de todos, Koli, su bosque impenetrable, y su lago Pielinen, que vuelve una y otra vez a lo largo del film. También está la omnipresente París. No tanto la ciudad física, sino más bien la influencia del ambiente artístico y cultural de ésta en el propio Juhani Aho y otros compañeros artistas. Monet y su estación de Saint-Lazare como paradigma de la modernidad. La irrupción de la figura humana en unos cuadros que habían retratado de manera minuciosa una naturaleza salvaje y deshabitada. El contraste es persistente. Desde los paisajes más abruptos y solitarios, a las perspectivas verticales influenciadas por la nueva objetividad, y, de ahí, a los colores de las fotografías comerciales. Del blanco y negro de las imágenes de una Finlandia que acababa de conseguir su independencia en 1917, a los colores satinados de unos retratos que capturan las actividades más cotidianas de la sociedad finlandesa de los años 50 y 60. Y de nuevo, el regreso al paisaje. Como en un continuo reencuentro con el origen, con aquello primitivo. O dicho de otra forma, el paisaje a modo de punto de convergencia entre una Finlandia y la otra.

La estructura del film es, a rasgos generales, antinarrativa. Las imágenes y las historias están cronológicamente desordenadas de una manera consciente. Como si éstas fueran consecuencia del funcionamiento de una máquina caprichosa, que las ordena según una lógica que se mantiene oculta al ojo del espectador.

El documental está narrado por los actores Erja Manto y Eero Saarinen. También por el propio Von Bagh. Sus voces, que recitan igualmente palabras de otros, se entrelazan con la suite de imágenes que integran el film. Se podría decir que forman pequeños microrelatos, que, si bien pertenecen a una misma historia, tienen, de alguna forma, una completa independencia de significación. Vistas y paisajes que han sido observados, esbozos y recuerdos capturados, en definitiva, del mismo modo que lo hizo Juhani Aho en sus pequeños textos que, bajo el título de Lastuja, escribió en la prensa y que después serían reunidos en ocho volúmenes. ¿Es entonces la pretensión de Von Bagh la de mantener, en su film, este carácter poco unitario de los breves escritos de Aho?

Lastuja de Von Bagh acaba por retratar el carácter fragmentario de la  propia vida. Ese carácter efímero que, según el film, tan sólo puede aprehenderse mediante el arte, aunque únicamente sea por un momento, por un preciso instante. Imágenes filmadas, recuperadas, dibujadas, fotografiadas, incluso evocadas. La construcción de la memoria cultural a través de lo visual. También desde la palabra. Desde la lengua. En este sentido, las voces funcionan como una especie de eco de aquella tradición de transmisión oral del conocimiento, de la cultura. La incertidumbre de lo frágil, de lo fugaz, atraviesa el anhelo de perdurabilidad de la memoria colectiva. Una finitud a la que Von Bagh, a través del recurso cinematográfico, ha concedido cierta capacidad perenne.

 

(1) Versión castellana de la presentación de Lastuja – Taiteilijasuvun vuosisata (2011) de Peter Von Bagh realizada en la Filmoteca de Catalunya el 5 de noviembre de 2013 dentro del ciclo Per amor a l’art.

FICHA TÉCNICA:
Dirección y guión: Peter Von Bagh
Narración: Erja Manto, Eero Saarinen, Peter Von Bagh
Montaje: Petteri Evilampi (Tuuba Oy)
Archivos: Anna Korhonen
Música y sonido: Martti Turunen, Timo Hintikka (YLE)
Producción: Jouko Aaltonen (Illume Oy)
País y año de producción: Finlandia, 2011

Un Comentario

  1. Esperanza 17/12/2013 | Permalink

    Esta muy bien expresado,uno se queda con los ganas de ver el documental.

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