Alamar

Es curiosa la discusión que se ha armado alrededor Alamar al estar situada en la frontera entre ficción y no ficción. Tengo la duda de si esta discusión ha sido un tanto inducida, convirtiendo una estrategia habitual en el documental de creación (la puesta en situación), en un secreto guardado bajo siete llaves. No es fácil saber si la cebra es blanca con rayas negras o negra con rayas blancas.


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Carta a Pedro González-Rubio (a propósito de su película Alamar)

21 de Septiembre del 2010
Santiago de Chile

Estimado Pedro González-Rubio, mi nombre es Carlos Vásquez, no soy crítico ni teórico, más bien un amateur lo que significa que si escribo sobre una película lo hago por placer, intentando interpretar con palabras más o menos justas el encantamiento que he sufrido a través de la pantalla. Estoy bastante de acuerdo con Rilke cuando en la carta primera al joven poeta le dice: “Las cosas no son tan tangibles ni tan susceptibles de ser descritas como suele hacérsenos creer. La mayor parte de lo que ocurre es inexpresable, se consuma en un espacio en el cual jamás ha penetrado palabra alguna y más inexpresables aún son las obras de arte, existencias grávidas de secretos y con vida perdurable, al contrario de la nuestra, que es efímera”. Con lo cuál puede parecer que estoy sentenciando la traslación del sentido de una experiencia a través de la palabra, y en parte es así (quizás esta carta ha nacido muerta), pero como el gran Rainer Maria, soy humano y me contradigo todo el tiempo: No puedo dejar de plasmar mi experiencia del mundo a través del papel y la tinta. Quizás por evitar juzgar las cualidades prefiero escribir sobre obras que me inviten a extender su territorio, como espectador-recipiente que soy, a describir con palabras la metamorfosis que la película sufre en su desenvolvimiento en la pantalla habitando luego en mi, como seguramente ocurre en cada uno de los presentes en la sala. Cuando vi tu película Alamar y supe que tenía que escribir algo sobre ella, debo confesarte que no percibí aquella expansión, no me invitó más que pensar en que minuto me había dejado de interesar y hasta ahora me he quedado entrampado en sus zonas opacas. Pensando en Rilke nuevamente apareció la idea obvia de escribirte una carta de espectador a realizador y plantearte mis dudas, es verdad que es absolutamente innecesario molestarte, no soy más que un espectador insatisfecho pero si creo que hacer cine conlleva algunas obligaciones y responsabilidades, si se lanza una piedra se debe levantar la mano, si se reclama la atención del otro lo normal es ser requerido después. Alamar en su periplo por festivales ha dejado huella en la mayoría de personas que la han visto, y te felicito sinceramente por el éxito de tu propuesta, has logrado comunicarte muy efectivamente, pero a mi me ha dejado dudas y me he dado cuenta que son estas dudas las únicas que me ayudan a articular esta carta.

Es curiosa la discusión que se ha armado alrededor de tu película al estar situada en la frontera entre ficción y no ficción. Al día de hoy la cosecha de premios ha sido abundante y es de suponer que a la hora de las clasificaciones, críticas y reseñas, los medios necesitan definir que tipo de película es la que realizaste. Puede ser que sin ese dato, la aproximación sea un poco más ardua para las mentes perezosas aunque es razonable que el espectador quiera saber la naturaleza de lo que va a ver en pantalla pero tengo la duda de si esta discusión ha sido un tanto inducida, convirtiendo una estrategia habitual en el documental de creación (la puesta en situación), en un secreto guardado bajo siete llaves. No es fácil saber si la cebra es blanca con rayas negras o negra con rayas blancas. Mis conjeturas sólo se basan en tus esquivas respuestas frente al llamado a definirse, creo que con evasivas fomentas esa discusión artificial y aunque en un punto coincidimos: el cine es cine y ya está, no creo que haya secretos inconfesables, una película, la verdad, no es tan importante. Y sí, puede ser que Alamar si sea una película híbrida (así la has presentado, ¿no?), al igual que muchos documentales de creación, pero lo sorprendente de toda esta discusión es que cuando la ves no lo parece. A propósito de esto me gustaría hacerte algunas preguntas, ¿Es tan flagrante la irrupción de la ficción en Alamar que los elementos reales que entran en el relato son secundarios?, lo que nos lleva a la piedra de tope del género, ¿es la verdad y la mentira el parámetro que hace que un documental pase a ser ficción?. ¿Cuánto debe modificarse la realidad que registra un documental para perder su certificación?, si bien es verdad que no existe ningún comité evaluador (Dios nos salve), aparte de los festivales y los espectadores, es tu propia conciencia como realizador, en base a tu propia concepción de lo que es un documental, la que dictamina donde está la frontera y donde se sitúa la obra. ¿En que momento comenzaste a ver Alamar como un híbrido?, aunque me da la sensación de que esa transgresión no ha sido una necesidad que proviniese de tu película o de la experiencia que registraste, lo he entendido más bien como una acomodación del mundo a tus estructuras narrativas, a tus arquetipos, pero insisto, me parece que la presencia de la ficción no es evidente y eso es quizás el resultado de la claridad de tu objetivo y de tu capacidad para llegar a el,  pero sinceramente creo también que el área que se intersecta con la ficción no es relevante, es más, creo que es innecesaria.

Como has dicho Alamar cuenta la historia de Jorge y Natan, padre e hijo que antes de su separación, se embarcan en un viaje hacia el mar abierto. En los primeros quince minutos enseñas las razones de esa inevitable separación, mostrándonos un estrambótico paseo por Roma, unas fotos de Jorge y Roberta en la plenitud de su relación, mientras en un diálogo extradiegético la pareja expone las claves de su divorcio, y es de suponer que justo ahí, recae tu tentación de dramatizar el relato para terminar de construir una historia que no deja preguntas sin contestar. Quizás por eso Alamar es tan accesible y combina con éxito los ritmos y tejidos del cine de autor que admiras (Lisandro Alonso, Jia Zhang-Ke, Werner Herzog) con una gran aceptación del público, los medios y la industria. Tú película es bastante amable con el espectador, quizás demasiado. No dejas que ningún plano se extienda más de lo necesario, la prolijidad de las imágenes submarinas es admirable, la luz del Caribe la has capturado con habilidad (¿eres de Quintana Roo?), el entorno de Banco Chinchorro es sorprendente, incluso los personajes irradian una luz tan prístina que cautivan en su primera aparición. Pero la verdad, me he sentido abrumado por tanta belleza, ¿Nunca te pareció peligroso combinar elementos tan bien contorneados con una historia que además habla de incertidumbre, pérdida, ausencia y fracaso?. En tu película casi no hay fugas o matices, la supuesta poesía de Alamar es en realidad una prosa muy estilizada y esa es, según mi opinión, una desafortunada secuela que queda después de ordenar y limpiar en exceso el caótico mundo y transformar una historia interesante por su compleja fragilidad, en una especie de fábula para todo tipo de público. ¿Es relevante saber que la madre viene de Roma, Beirut o Guadalajara? o ¿Es tan capital remarcar que Juan es un pescador solitario y romántico, en vez de un guía turístico de Cancún?, en mi opinión lo único sustancial, y que logras plasmar con gran acierto, es la relación de un padre con su hijo. El tramo que más verdad expele (no me refiero a la verdad certificada, me refiero a la verdad de las imágenes) es cuando el ruido de la historia no afecta esos momentos de interacción filial entre Jorge y Natan. Cuando los ojos curiosos del niño se alinean a tu cámara, cuando ambos no hacen más que estar, prolongando lo más posible la comunión en su tiempo presente, eso es verdaderamente conmovedor. También la figura de Matraca y su sencilla filosofía de vida, que siempre en un segundo plano se va desprendiendo de ese enorme conocimiento del mar que posee, instruyendo a Jorge que luego lo transvasa a Natan, has logrado incluir a tres generaciones, esas secuencias son muy poderosas. Además usas de anclaje una mirada ingenua y fascinada por un mundo nuevo, que logras encarnar en el único personaje con el que compartes letra y espíritu, el niño. Natan es la excusa para entrar al mundo de los pescadores artesanales del caribe maya, Natan es un forastero con lo cuál su mirada es nueva e inocente, como la tuya. Jorge conduce a su hijo, le toma de la mano y de paso tu mano también y por añadidura, nos guía a nosotros los espectadores en esa tierra lejana.

A propósito de tu película reflexioné (y tomé nota) sobre algunas cuestiones sueltas que me gustaría compartir contigo: pensé que las estrategias en el cine se deben desenvolver en el abordaje del mundo, nunca después, en la distancia del montaje enraizar la pisada, es inútil intentar borrar las huellas que uno va dejando en el camino. La cámara capta muchas más cosas de las que se ven a primera vista, los errores, las dudas, los extravíos y los temblores dicen bastante. El mundo no suele entrar bien en nuestros moldes, no es necesario ajustarlo hasta cal-zar-nos-lo como un guante o como repite mi amigo Manuel, casi como un mantra cuando está detrás de la cámara: “nunca en contra, siempre a favor”.

Pedro, espero entiendas el sentido verdadero de estas palabras.

Un saludo desde el Sur.

Carlos
PD para los lectores de Blogs&Docs. Alamar ha recibido los siguientes premios: Mejor Película y Premio del Publico Morelia 2009 / Mejor Pelicula Rotterdam 2009 / Mejor Película Miami 2010 / FIPRESCI Toulouse 2010 / Premio del Jurado Uruguay 2010 / Mejor Película Festival Latinoamericano de Montreal 2010 / Mejor Película, Premio SIGNIS y Premio UNICEF BAFICI 2010 / Mejor Fotografia Lima 2010 / Mejor Película y Mejor Director SANFIC 2010 / Mejor Película Nara 2010.

FICHA TÉCNICA
Dirección: Pedro González-Rubio
Guión: Pedro González-Rubio
Dirección de fotografía: Pedro González-Rubio
Fotografía submarina: David Torres Castilla, Alexis Zabé
Sonido: Manuel Carranza
Montaje: Pedro González-Rubio
Producción: Pedro González-Rubio, Jaime Romandia
País y año de producción: México, 2009

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