El cuerpo del héroe, el cuerpo del actor, el cuerpo del hombre. O corpo de Afonso

El realizador João Pedro Rodrigues aborda la leyenda del primer rey de Portugal, Don Alfonso Henriques, pero no estamos solo ante una película sobre el fundador de un país. O corpo de Afonso empieza con imágenes desconcertantes de cuerpos apolíneos ante un croma. El film será un making of de una película inexistente, el registro de un peculiar casting, la conversación entre un director de cine y sus posibles actores, tanto de un pasado extinto como de un presente complejo.


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“Dunha puta e un vigués, naceu o primeiro portugués”
ditado galego (1)

En O corpo de Afonso el cineasta portugués João Pedro Rodrigues aborda la leyenda del primer rey de Portugal, Don Alfonso Henriques (1109-1185). Lo anuncian los créditos que dan inicio al filme. Si nos guiáramos por ellos podríamos pensar que estamos solo ante una película sobre el fundador de un país, un héroe nacional. Pero las imágenes que lo siguen son desconcertantes. Se trata de una sucesión de planos de cuerpos apolíneos, de torsos esculturales, que, siguiendo las escuetas órdenes del realizador, se desnudan delante de la cámara. Detrás de ellos brilla un frío y aséptico croma verde. Es así como O corpo de Afonso es también un making of, de una película inexistente, el registro de un peculiar casting. O la puesta en escena de la rutina de un director de cine y de su trabajo con los actores.

Al final de la primera escena, que alterna diferentes planos de los cuerpos que se despojan de sus vestiduras, y en cierto modo de aquello que los identifica, al menos a nivel superficial, los aspirantes a encarnar el cuerpo del rey, posan desnudos delante de la cámara. Si algo tienen en común todos los hombres que protagonizan la pieza es la factura de sus cuerpos. No solo se presentan, como descubriremos en las siguientes secuencias, como una posible transposición del cuerpo, mítico, del rey Alfonso, sino también como la actualización de un prototipo masculino que se remonta a los kouroi de la Grecia Arcaica, posibles representaciones del dios Apolo. Una serie de estatuas de proporciones perfectas, portadoras del ideal de Belleza. Un prototipo de masculinidad plasmado también en la estatuaria de la Grecia Clásica, y descrito en la literatura homérica. Encarnado en los héroes Paris; Aquiles, Patroclo Héctor, los protagonistas de la Ilíada, un texto que, como veremos, está también presente en la leyenda del cuerpo incorrupto del primer rey de Portugal. Un ideal que llega hasta nuestros días omnipresente en imágenes de diversa índole, populares y cultas, como las del cómic de Frank Miller 300, inspirado en las Batalla de las Termópilas (480 A,C) entre persas y espartanos (2), o la reciente publicidad del perfume Invictus, en el que el prototipo se expresa en el cuerpo tatuado y musculoso del atleta Nick Younquest que exhibe su hombría en un estadio deportivo, que sustituye al campo de batalla de la épica griega.

Después de la aparición del título, O corpo de Afonso, los sosías del rey leen las crónicas que narran sus “gestas contra los moros” (3). En el croma se suceden las imágenes de un paisaje hasta situarnos ante la estatua del monarca. Mientras ellos leen, sus cuerpos actualizan el mito. Pero en la siguiente secuencia abandonamos la historia del héroe y nos volvemos a situar en el tiempo presente. De nuevo la película se perfila como making of o casting. Las secuencias atravesadas por la descripción del cuerpo del héroe, su cadáver incorrupto y su brillante espada, se entrecruzan con secuencias en que los modelos dejan de ser un posible reflejo de otro cuerpo y se muestran en tanto que individuos ante la cámara. La mayoría son actores no profesionales. Descubrimos que junto a los tatuajes que cubren su piel, muchos de ellos tienen en común haber hecho de su cuerpo su herramienta de trabajo, como es el caso del gogó, el estríper, o el campeón de halterofilia. En ciertos momentos el diálogo se centra en la inmediata actualidad, la crisis económica o la monarquía española, irónico contrapunto de la figura heroica que da título al documental, que es vista como un verdadero sinsentido. En otros, casi palpamos una intimidad momentánea y fugaz en la relación de los actores con el director. Como cuando uno de ellos, desvelando el sentido de sus tatuajes, cuenta que están relacionados con su época en prisión. Entonces, el tiempo se detiene en la espontaneidad de un gesto, cuando él se tapa la cara con la mano, al comentar por primera vez su estancia en la cárcel.

Después de las crónicas de la victoria de Alfonso, y su autoproclamación como rey de Portugal, Rodrigues aborda el relato la abertura de su tumba. Detrás de los actores empiezan a desfilar imágenes de la tumba del rey. El recurso del croma, que genera una imagen completamente plana, acentúa la sensación de que sus cuerpos han sido cuidadosamente esculpidos como las estatuas antiguas. Después, cuando vuelve a cobrar protagonismo el relato del cronista, los gestos de ellos cambian, ya no se dirigen su interlocutor. Las imágenes que acompañan la descripción del cadáver de Alfonso son las resultantes de unas poses impersonales, de frente o de perfil. De nuevo transitamos del individuo al prototipo.

La leyenda del cuerpo incorrupto de Alfonso Henriques nos remite al episodio de la muerte de Héctor en la Ilíada, de cuyo cuerpo narra el aeda: “Lleva allí doce días abandonado, pero ni se pudre su carne ni lo consumen los gusanos, que se alimentan de los guerreros masacrados por Ares. Cierto es que lo arrastra despiadadamente en torno a la tumba de su querido compañero que aparece la espléndida Aurora pero no consigue desgarrarlo” (4), pese a haber sido destrozado por Aquiles, y llevar doce días a la intemperie cuando su familia acude a recuperarlo para enterrarlo de forma digna.

Pero Rodrigues resquebraja el mito, a partir del recurso a la parodia, a través de la que desacraliza el cuerpo del héroe. A las cicatrices de las batallas que en las crónicas Alfonso usa como prueba de su heroicidad, el portugués contrapone los comentarios de los actores sobre sus propias “cicatrices”: uno cuenta que se tatuó el nombre en élfico después de ver El señor de los anillos; otro, que se tatuó el suyo en árabe, sin ninguna causa de peso… En películas como Morrer como um Homem (2009), Rodrigues subvierte e invierte la iconografía cristiana, creando nuevos iconos protagonizados por Rosário (Alexander David), un yonqui, y Tonia (Fernando Santos), un transexual. El cromatismo de los ropajes de Tonia, rojo, gualda, rosa, azul cobalto, es el de las túnicas de la Virgen, o Maria Magdalena, en las obras de pintores religiosos como Masaccio o Andrea Mantegna, por citar sólo unos ejemplos. Rosario ocupa en diversos momentos de la película el lugar de la figura de Cristo, en composiciones de una gran belleza. En O corpo de Afonso, el realizador portugués introduce fisuras en la exaltación de la figura del primer rey de Portugal. En este caso el cuerpo simbólico, inmortal, del héroe, se despoja de su carácter legendario al encarnarse en los cuerpos de un grupo de hombres del siglo XXI.

Pero, junto al paródico análisis, y deconstrucción, del cuerpo heroico, no podemos obviar la presencia de la mirada deseante del cineasta sobre el cuerpo masculino. Una vez desmontado el mito, cuestionado el ícono, lo sagrado no es Dios, ni el primer rey de Portugal, imaginado como un héroe, una deidad de cuerpo incorrupto, por las crónicas. Lo Sagrado ahora es el cuerpo, real, que sangra y se deteriora- como sucede con los pechos de Tonia, o que, como el cuerpo de Rosario, es consumido por la droga, en Morrer como um Homem. Un cuerpo sobre el que el tiempo hace mella. (En O corpo de Afonso, junto a los jóvenes efebos, Rodrigues filma el cuerpo escultural de un profesor de geografía e historia de 40 años.) El deseo del director que una y otra vez se pregunta cómo representarlos, planea en toda su obra del portugués. En este sentido, el cine de Rodrigues se convierte en una sensual, y terrenal, Eucaristía.

Como comentábamos, en diversos momentos de la película, sus protagonistas leen fragmentos sobre las hazañas del rey Alfonso, y la legendaria abertura de su tumba. En algunas secuencias la escritura del cronista que, cual un habilidoso, e imaginativo, cineasta describe una panorámica sobre el cuerpo incorrupto del rey difunto, se entrelaza con una sucesión de planos de los cuerpos esculturales de los lectores. Mientras ellos leen, el cineasta posa su mirada-cámara deseante sobre su torsos, sus nalgas, sus culos… Ya no es O corpo de Afonso, el cuerpo mítico del héroe, sino el deseo del que filma y la cuestión en torno a la representación del cuerpo masculino, lo que palpita en esos planos.

Él vino para leer (1924)

Vino para leer. Abiertos están

dos o tres libros; historiadores y poetas.

Pero apenas ha leído diez minutos

cuando los deja a un lado. Sobre un diván

duerme ahora. Ama mucho los libros

-pero tiene veintitrés años, y es hermoso;

y esta tarde el amor atravesó

su carne maravillosa, su boca.

A través de la total belleza

de su cuerpo pasó la fiebre de la voluptuosidad

sin remordimientos ridículos por esa forma de placer…

Konstantino Kavafis (5)

– – – –

1) Cita con que João Pedro Rodrigues inicia O corpo de Afonso.

2) La novela gráfica es llevada al cine por Zack Snyder en 2007.

3) Al final del documental Rodrigues cita detalladamente los textos extraidos. Descubrimos que estos proceden de diversas fuentes tanto históricas como literarias, desde el texto “A espada de D. Alfonso Henriques” publicado en la publicación Arqueología e Historia de la Associaçao de Arquéologos Portugueses en 1956, al texto literario de A.M Seabra de Alburquerque, “As armas do Señor D. Alfonso I e a Jornada de África”, Preludios literarios (2), Imp. Independencia, Coimbra 1886, por citar solo dos ejemplos.

4) Homero, Ilíada, Alianza Editorial, Madrid, 2010, p. 642.

5) Kavafis, Konstantino, Poesías completas, Hiperión, Madrid, 1997.

 

FICHA TÉCNICA
Dirección: João Pedro Rodrigues
Guión: João Pedro Rodrigues
Fotografía: João Pedro Rodrigues
Montaje: Mariana Gaivão
Sonido: Carlos Conceição, Nuno Carvalho
Intérpretes: Daniel Redondo Martinéz, Gumersindo Soto Souto, Bruno Rodriguez Hernandez, Carlos Parga Méndez, otros.
Producción ejecutiva: João Figueiras
Producción: Fundação Cidade de Guimarães
País y año de producción: Portugal, 2013

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