E pur si muove! Ken Jacobs en la Galería Solar

La exposición Action Cinema, en la galería portuguesa Solar, presentó un conjunto de películas de Ken Jacobs en las que el cineasta investiga los mecanismos que producen la ilusión de movimiento y profundidad en las imágenes. Un trabajo que se vincula con los juegos perceptivos que introdujeron determinados dispositivos ópticos pre-cinematográficos y con el proceso de abstracción de la pintura moderna.


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I

Ken Jacobs (1933) analiza la superficie de las imágenes que encuentra como quien estudia la escena de un crimen, intentando descifrar ahí la acción de múltiples profundidades. Se fija particularmente en ciertas lesiones y anomalías, en la perturbación perceptiva que generan. Esta tarea de disección recuerda a la mecánica que pone en práctica un observador atento delante de una pintura: “donde tuvieron lugar unos chorreones, experimenta el movimiento de la caída viscosa de la pasta arrastrada por la gravedad, donde se produjeron estallidos, estalla con ellos” (1) . Jacobs, teniendo presente estas exigencias perceptivas de la pintura abstracta, emplea la expresión “Action Cinema” para referirse a esta manera de inventariar imágenes, designación que da título a la reciente exposición de varios de estos trabajos en la galería Solar de Vila do Conde, en Portugal.

Una de las obras expuestas nos enseña cómo el cineasta prolonga la duración de un breve filme de Edwin S. Porter, dilatando su acción de un minuto a más de diez. What happened on 23rd Street in 1910 (2009) transforma el paseo de una pareja en una calle de Nueva York –el vestido de la mujer se levanta al paso de una rejilla de ventilación– en una especie de coreografía abstracta, donde los gestos más invisibles aparecen intensificados. Jacobs trabaja la relación entre fotogramas, mostrando el movimiento como una sucesión infinita de breves instantes en los cuales solo hay reposo y como una secuencia de diferencias entre varias posiciones estáticas. Entre las imágenes intercala fotogramas negros para aislarlas, revelando en detalle y por separado las partes mecánicas del movimiento, hecho que produce una sensación de expansión y contracción de la pantalla, un efecto estroboscópico que introduce más turbación en las imágenes ralentizadas –los edificios de la 23rd Street parecen derrumbarse en determinados momentos–.

Otros trabajos expuestos materializan el efecto óptico del estereoscopio, un dispositivo que sitúa dos imágenes, una al lado de la otra, con pequeñas variaciones para crear en el cerebro del observador un efecto de profundidad. Son películas hechas a partir de fotografías estereográficas antiguas y de otras familiares que, animadas por ordenador, generan artesanalmente impactantes efectos 3D, aptos para verse sin gafas y con un solo ojo. En Capitalism: Slavery (2006) Jacobs se adentra en una estereografía antigua para mostrar los movimientos de ese periodo histórico: los trabajadores negros recogiendo algodón bajo la mirada de un vigilante blanco. En Nymph (2007) vemos una imagen fija moverse como un tiovivo, un movimiento circular que empieza fijándose en pequeños detalles, un pie, una mano, distintos objetos, para finalmente desvelar la escena completa de una mujer rodeada de hombres que la cortejan. Adopta procedimientos similares en Hot dogs at the Met (2009), The day was a scorcher (2009), Bob Fleischner dying (2009) o Jonas Mekas in Kodachrome days (2009), películas en las que anima digitalmente fotografías familiares de los años 70: vemos un regreso a casa en metro, vacaciones en familia en Roma, a sus amigos Peter Kubelka y Jonas Mekas, y un retrato del operador de su película Blonde Cobra (1963). En estas imágenes hay una extraña profundidad, todo se nos presenta con una inquietante palpabilidad que provoca una sensación de “delante” y “detrás” donde los planos evolucionan retrocediendo, dando lugar a un mosaico de formas hechas añicos. Las posiciones se barajan de tal manera que lo que en un primer momento pensábamos que pertenecía al fondo se nos alinea delante.

Al investigar en sus películas los mecanismos que producen la ilusión de movimiento y de profundidad en las imágenes, Jacobs parece afirmar que el cine es un medio más afín a la abstracción que a la representación de lo real, de ahí que sus obras se enlacen con los cambios perceptivos que introdujeron determinados juguetes ópticos pre-cinematográficos, como la linterna mágica, el taumatropo, el fenaquistoscopio o el estereoscopio, y con el proceso de abstracción visual presente en la pintura moderna.

II

Un sótano y un conjunto de salas de piedra, instalados en la planta baja de una antigua casa señorial, forman el espacio que acogió las películas de Ken Jacobs, un lugar permanente de exposición que surgió hace más de cinco años en Vila do Conde, ligado al Festival Curtas, y que desde entonces presentó trabajos de Matthias Müller y Cristoph Girardet, Peter Tscherkassky, Apichatpong Weerasethakul, Gustav Deutsch, Martin Arnold, Salla Tykkä, entre otros, y de artistas portugueses, como João Penalva, Daniel Blaufuks o Filipa César –cineasta que ocupará el espacio a partir de finales de octubre–. Todas las exposiciones nacieron de un cuidadoso trabajo de comisariado de Nuno Rodrigues en diálogo con los cineastas, teniendo en cuenta las particularidades del lugar. Action Cinema, además, fue presentada en paralelo a otras actividades, una masterclass, la performace Nervous magic lantern (2) y una retrospectiva que le dedicaba al cineasta el festival, en el año en que Curtas intentaba demostrar que el 3D es una técnica con muchos antecedentes en el cine.

La Solar no es una galería de arte comercial, ni tampoco un espacio de exhibición que obedece a las habituales características arquitectónicas de los lugares expositivos. El nombre solar describe su arquitectura: una casa noble que sigue un tipo de construcción vernácula, normalmente contraria a incorporar elementos e influencias externos, de ahí que, al acoger trabajos fílmicos, estas salas seculares de piedra consigan enlazar lo antiguo y lo moderno en una suerte de maniobra arqueológica. Así pues, ocurre un inesperado diálogo entre las obras cinemáticas y las paredes de piedra, presentándose de manera sorprendente imágenes en movimiento en un contexto expositivo.

Al contrario de lo que sucede en los tradicionales ‘cubos blancos’, que neutralizan su espacio para enfatizar y dramatizar las obras expuestas, aquí los trabajos exhibidos dirigen la atención del observador hacia la oscuridad y hacia las grietas que recorren los muros de piedra. Las paredes de la galería, al no ser ni uniformes ni blancas, se hacen visibles y establecen con el cine una relación primitiva que nos remite a algo tan arcaico como una cueva –espacio semejante al que muestra la película Cave de Salla Tykkä, 2003, proyectada hace un año en una de estas salas–. El filme de Tykkä, al enseñar a una mujer entrar y salir de una gruta relacionándola con la oscuridad del interior y con el haz de luz que irrumpe desde fuera, representaría así el lugar que conforma la galería Solar, una arquitectura idónea para albergar trabajos como los de Jacobs, que estudian la línea fronteriza que separa la luminosidad de la sombra.

(1) DUBUFFET, Jean, “Cinemática de la pintura” en  Escritos sobre arte, Ediciones obelisco, Barcelona, 1975, p. 60.

(2) Nervous magic lantern usa el mismo mecanismo de la linterna mágica tradicional, un conjunto de objetos y transparencias que son proyectados a través de la luz en una pantalla. Estas imágenes son interceptadas por un obturador rotativo que muestra las sombras en un movimiento 3D eterno.

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