Más Marsella. FIDM 2010.

Al culminar un día de proyeccions en el FID Marsella no hay la percepción de haber estado encerrado en un mundo sólo de imágenes fugaces, sino de estar en un espacio de reflexión abierto: de filosofía, psicología, sociología, ética, política, cine… de ideas hondas y perdurables.


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Destructiva era Trash Humpers de Harmony Korine, donde personajes del extrarradio de la ciudad, deformes y muy feos, estaban obsesionados en follarse contenedores de basura, entre otras lindezas. Inconexa, gamberra y muy divertida, más polémica en su presentación que en su fondo. Dear Steve, película sobria y fría, contiene mucha más maldad latente que las extrovertidas paranoias de Korine.

De entre lo mucho que vimos en el festival, vale la pena hacer una incursión en los documentales franceses donde habitualmente hay una buena selección. Quizá el más destacable fue Historie racontée par Jean Dougnac de Noëlle Pujol. A partir de una sola toma la realizadora “habla” con su tío, quien enfermo postrado en la cama, pero rebosante de energía y palabras, desvela secretos familiares y sabiduría popular campesina. El método nos hace pensar en Pedro Costa filmando en la habitación de Vanda, también en Depardon y sus Profils paysans. El largo monólogo del señor Dougnac navega entre la memoria y un excitado delirio, su discurso a veces recuerda la conferencia de un político. Oscila desde el análisis del carácter de los seres humanos en especial el de las mujeres, pasa por los partos, explicados con teorías propias no muy fiables, le da vueltas a la vida y a la muerte. Su tío tiene un bonito y perdido parlar, mezcla de francés con algo de occitano, que recuerda mucho al idioma catalán, por algunas palabras y sobretodo por la entonación. Pujol salvaguarda en formato digital sus trazos y su memoria que hasta la fecha eran de “formato oral”.

Sylvain George presentó el documental más combativo del festival, Qu’ils reposent en révolte (des figures de guerres), planteando la subsistencia de los inmigrantes sin papeles reglamentados en Francia casi como un combate entre dos facciones, como si las imágenes pertenecieran a una guerra, tal y como el título indica. Él se posiciona al lado del bando débil. Filmado en blanco y negro, es un cineasta activista que busca en los rostros cierta iconografía heroica, en las secuencias un halo de épica. El documental tiene un montaje demasiado largo, divido en dos partes las cuales podrían ser dos (buenas) películas separadas. La primera parte trata de refugiados que viven medio a escondidas esparcidos por Francia, huyendo de la policía, su estancia en el país siempre parece provisional. George no precisa en protagonistas ni las secuencias tienen continuidad. La segunda parte se concreta en un numeroso grupo que quiere pasar la frontera hacia Inglaterra y se atrinchera cerca del paso de Calais. Se filma el campamento donde se han instalado, las manifestaciones, la solidaridad de la izquierda francesa y la represión policial. Dos secuencias de Qu’ils reposent… quedaron impresas en nuestras retinas, las dos más impactantes del festival. Un inmigrante estudiando en la curva de una carretera los bajos de los camiones que van pasando, hasta que se instala en uno de ellos, para desaparecer hacia la nada y dejar al realizador filmando su ausencia. Otra, la destrucción de las propias  huellas dactilares con fuego y un clavo al rojo vivo. Si te coge la policía, no hay huellas, no habrá constancia de tu existencia, excepto para Sylvain. En la proyección, al final de las excesivas dos horas y media, hubo cinco minutos de aplausos.

Otras dos películas francesas merecen su comentario. La BM du Seigneur, Jean-Charles Hue, era una ficción con actores no profesionales, gitanos que llevan a cabo un muy buen trabajo de interpretación, en una historia cercana a la ciencia ficción pero con un estilo de cámara y rodaje en espacios naturales que le daba un aire documental.  La aparición de un perro enviado desde el más allá, fantasmgórico, hace virar a un ladronzuelo de coches para cambiar su sino, giro que tendrá la oposición de sus compinches y familiares. Película enérgica, simbólica y muy propicia  en el momento actual, año 2010, año donde en Europa ha vuelto a aparecer la palabra deportación, aparición de fantasmas del pasado. El otro film es Sotchi 255, Jean-Claude Taki, largometraje filmado completamente con un teléfono móbil, que resultó decepcionante por el uso de este aparato como cámara, forzándolo a hacer planos largos y estáticos cuando parece más bien idóneo para llevarlo pegado a la mano, filmar de manera más ligera. Las únicas secuencias que funcionaban del documental eran las filmadas en la intimidad con su novia en una habitación, hermosos y cercanos planos recorriendo su rostro, sus labios, su cuerpo. En la charla post-proyección es cuando entendí que era una actriz, engaño que no se podía intuir durante la película, y que acabó por post-desorientar al espectador: filmar con un móbil como si fuera una cámara, jugar al gato y al ratón con el documental y la ficción de manera bastante gratuita.

Hemos definido este festival en distintas ocasiones (2008, 2009). Hemos apuntado alguno de sus rasgos principales en este crónica 2010 (ficciones, cine-ensayo, rebeldía creativa), añadamos algunos más: apoyo arriesgado por gente joven y autores incipientes, sin dejar de lado autores habituales del festival y revitalizar algun documental olvidado (Palms (Ladoni), Artur Aristakisian, 1993, Mysterious Object at Noon, A. Weerasethakul, 2000, quien entraría en el grupo de los habituales del evento, o la filipina Perfumed Nightmare, Kidlat Tahimik, 1978). También una apuesta constante por el cine de latinoamérica y el mundo árabe. Gusta Marsella por sus metas concisas, por su coherencia. Por el fuerte y severo criterio en la selección, exigente con un público que responde de manera abundante, muchas sesiones están llenas. Gusta por esa sensación que hay al culminar un día de proyecciones, no hay la percepción de haber estado encerrado en un mundo sólo de imágenes fugaces, sino de estar en un espacio de reflexión abierto: de filosofía, psicología, sociología, ética, política, cine… de ideas hondas y perdurables. ¿Qué le falta a este festival? Merece un apoyo económico más determinado y más focos mediáticos. A pesar de que muchas de las películas participantes marcan en Marsella su punto de partida por otros muchos festivales del mundo, la atención de los medios especializados tiende a posarse en otros festivales de cine con más presupuesto, más espectaculares y con más fanfarria, pero quizá muchos varios de ellos con menos densidad en su ruta y trabajo de fondo.

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