Canedo y El enemigo

Los trabajos más recientes del dúo We are QQ (Usue Arrieta y Vicente Vázquez), activos conjuntamente desde 2003, ayuda a mantener la esperanza de que toda mutación y circulación estética bien puede conciliar otros componentes, en aquellos lugares donde el mito, la reflexión, la épica, la construcción popular o personal y la propia Historia se funden y estimulan mutuamente.


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El enemigo de We are QQ

– Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
-Porque no existo.
(Jean-Luc Godard, en La Chinoise, 1967)

– Actualmente, la cultura está apartada de la acción. O eso me parece…
(La Chinoise)

– Donde hay revolución hay confusión.
(John Mallory -James Coburn- en Agáchate, maldito, 1971, de Sergio Leone)

El deterioro o el acusado cambio de paradigma en las relaciones entre arte, cultura y política ha producido en los últimos años un panorama más desangelado, hasta una carencia de vínculos sorprendente, de lo que uno pudiera esperar. La aparición y los trabajos más recientes del dúo We are QQ (Usue Arrieta y Vicente Vázquez), activos conjuntamente desde 2003, ayuda a mantener la esperanza de que toda mutación y circulación estética bien puede conciliar otros componentes, en aquellos lugares donde el mito, la reflexión, la épica, la construcción popular o personal y la propia Historia se funden y estimulan mutuamente. La reanimación de discursos no necesariamente moribundos y la ruptura, rebelión o desmontaje de las constantes estrategias de normalización aparecen como resortes no sólo lógicos sino saludables ante este estado de cosas.

Dos mediometrajes -aproximadamente 40 minutos de duración cada uno de ellos- permiten introducirnos en aspectos esenciales de su obra. Una personal aproximación al tejido familiar (Canedo, 2010) que acaba por resultar un trabajo de primer orden que mixtura lo observacional y lo performativo; un artefacto político poseedor de múltiples ramificaciones (El enemigo, 2010, proyecto realizado en 2008) que se desprende de la tendencia a la vacuidad del ejercicio de estilo para generar una pieza en torno a los epicentros de la existencia, con la creatividad y lo popular como polos.

CANEDO

Película de resonancias familiares que funciona como documento observacional, Canedo muestra el peregrinaje inherente a toda búsqueda biográfica y al propio enraizamiento territorial rodeándose de la familia gallega de uno de sus autores, Vicente Vázquez, al tiempo que ofrece una estructura tan firme como abierta en su resolución. El trabajo va de la apelación al proceso de construcción fílmico, un inicio metanarrativo que ubica el origen del relato (de un relato, para más señas, sobre el regreso a los orígenes) en una fotografía familiar, hasta el seguimiento de los pasos -en forma de espacios significativos (aserradero, celulosa, fábrica de cartón, imprenta)- que facilitan la tala de un árbol (fondo de esa fotografía) y su progresiva conversión hasta el formato de libro familiar, contenedor hasta el infinito de esa imagen de despegue que, como síntesis, gravita por todo el video, la reunión familiar en el pueblo de Quintela de Canedo en Ourense.

En las huellas de esa transformación, lo ritual y lo mecánico nos asaltan. La sonorización diegética (los enseres, los vehículos, el entrechoque de la madera, la batería del padre,…) y varios momentos o apelaciones memorables (un coche de rallies, un pariente practicante de artes marciales, la inscripción de portada que erige la linotipia de Canedo, el libro enterrado) construyen un universo minucioso y contenido que eclosiona con emoción en un final lúdico, celebratorio, una fiesta (familiar) con la canción de verbena de Hidrogenesse (El árbol) como apoteosis, con el propio Vicente Vázquez como solista y el grupo de su padre en los años 60, Los Flavia, como acompañamiento.

Historia de un árbol simbólico que finaliza allá donde fue cortado, exploración en la tradición, las raíces de los afectos y la identidad, retrato de grupo y aproximación a los lugares y procesos de la vida con sus consiguientes fases, Canedo, en su imagen última, el lanzamiento de un cohete festivo, parece abrir una etapa que se antoja fructífera para sus autores, inmersos ahora en el largometraje 90º –un proyecto sobre el que otro día convendrá volver con más calma- que, en palabras de We are QQ, “expone alguna de las incógnitas que rondan nuestros trabajos, la transmisión de la cultura a través de los relatos, su potencia y limitación como generador último de sentido, y de cómo se articula la transcripción de estos contenidos entre diferentes lenguajes representacionales. Nosotros, mediante varios ejercicios de de-contextualización y re-contextualización, generamos un método en esencia narrativo que pone en suspenso la eficacia de nuestras formas de transmisión cultural, de la producción de códigos”.

EL ENEMIGO

Usue Arrieta y Vicente Vázquez llegan a Barcelona en el verano de 2008 con un proyecto avanzado. Fruto de la colaboración con varios amigos y gentes afines (1) realizan El enemigo, estrenado en septiembre de 2010 (acompañado de una doble publicación, particular collage con textos, anotaciones, bosquejos y abundancia de usos gráficos y culturales populares), antes parte de la exposición Aptitud para las armas (febrero-abril 2008, Madrid), una exploración en torno a la creatividad, sus posibilidades de acción y recepción y las frágiles fronteras edificadas sobre política y arte.

Palimpsesto, actualización y análisis en simultáneo de una de las fértiles líneas de investigación abiertas por Jean-Luc Godard, en concreto su largometraje La Chinoise (1967), el aparente referente original es más un andamiaje global, icónico y de naturaleza proteica del que servirse –gracias al carácter de fructífero pero también verborreico collage en torno a jóvenes adoctrinándose que poseía el filme de Godard-, una hábil muestra de época, con una pléyade de elementos y cuestiones contenidas, que un homenaje o acto con altas dosis de espíritu retro.

Y ninguna película en construcción (o haciéndose) puede definitivamente observar servidumbres, so pena de no preservar su rigor y libertad. Pero algún (provechoso) nexo sí resulta visible: el discurso (la conferencia, 2) deviene centro del conglomerado de narraciones que constituye El enemigo. Películas habladas con un núcleo de personajes, donde los cuatro y hasta cinco protagonistas de La Chinoise se transforman en siete personajes, matizados en su arquetipo o inclinación retórica como fieles exponentes de los asuntos con enjundia que el dúo We are QQ se dispone a tratar. En un planteamiento alejado del cine dentro de cine explorado con fortuna sin ir más lejos por Los Hijos, aquí es la propia reflexión y la catarata de temas arrojados los que se convierten en protagonistas. Y la tentativa es también que el discurso y sus dispositivos de puesta en escena trasciendan lo meramente expositivo o didáctico. Las alusiones al Modelo de Representación Institucional a la manera de Burch (lo que, simplificando, originaría por extensión modelos narrativos de cine, de propaganda y de medios estrechamente ligado a usos políticos, bien cerrados, de estructura limitada e impositiva) y su deriva en el buceo por la noción siempre difusa de enemigo vienen a certificar esta sintonía. Mas el enemigo no acepta la performance, no tolera ni comprende la metáfora y esto produce colisiones. Y el enfrentamiento con ese enemigo que no existe produce en esencia siete segmentos (o personajes: la película de uno; el deseo; la recreación;  lo maquínico; el locus; la ficción y la sacudida), plenos de digresiones y componentes interpolados, hasta recreaciones de momentos puntuales del filme de Godard. Del cine como mito, catalizador popular a la relación industrial que lo define, de los vínculos con la violencia a las conexiones deseo-espectáculo-muerte y el propio deporte (Valentino Rossi, prolegómeno de la propia idea que hilvana deporte y arte como áreas de competición, fermento -para la ocasión ciclista- del proyecto 90º), del rodaje mortal de Twilight Zone / En los límites de la realidad (1982) al pensamiento en red, de Carl Schmitt a la búsqueda del público destinatario, la insurgencia expresada en planos frontales cubre etapas.

Y una sucesión de (pertinentes) preguntas directas, indirectas o colaterales filtran la revuelta y alcanzan al espectador en vertiginoso tropel: ¿El creativo es un trabajador más? ¿El espectáculo es creación popular? ¿El arte radical tiene raíces populares? ¿El arte o la cultura son simples huidas del tedio? ¿Eres actor o espectador? ¿Nuestra relación con la violencia posee naturaleza estética? ¿Es posible una revolución hoy? Recomendamos pase doble, con El enemigo flanqueado por La Chinoise.

(1) En apropiada expresión de sus autores, “El enemigo escenifica a un grupo de agentes culturales que traman algo en un piso típico del ensanche”. Entrevista incluida en la publicación publicitaria de las proyecciones en el Cinema Maldá de Barcelona en septiembre-octubre de 2010, BCN PRODUCCIÓ´10, Espai Club.

(2) “Pedimos a los diferentes participantes  que prepararan una pequeña conferencia acercad e un tema que forma parte de su área de investigación[…]. Todas las intervenciones fluctúan irrevocablemente entre el argumento rocambolesco,  el dato fehaciente y la experiencia subjetiva, tornando difusas las líneas entre lo documental,  lo testimonial, lo imaginario y lo discursivo”, ibid.

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