Las altas presiones, Basilio Martín Patino. La décima carta

Blogs&Docs publica un dossier especial este 2014 dedicado al festival Márgenes. En este artículo se reseñan las películas Las altas presiones, de Ángel Santos y Basilio Martín Patino. La décima carta, de Virginia García del Pino. Las películas a competición podrán verse gratuitamente en la web del festival hasta el 31 de diciembre.


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Las altas presiones

A veces lo exterior ─un viaje, una película; ambos son un poco la misma cosa─, aunque suponga un vasto e insólito rodeo, no es más que una forma sigilosa de lo interior ─de aquel que recorre ese trayecto; viajando, filmando─. Viajando (siempre, no siempre filmando), lo físico y lo anímico se unen fraternalmente. Así sucede en Las altas presiones, de Ángel Santos, a quien ya había leído a menudo (y con gusto) reflexionar sobre muchas de las cosas que reencuentro ahora en su película. Un cine (una escritura), íntimo, escrupuloso, con apariencia de remolón pero con una vitalidad, en plan carga de profundidad, que resulta contagiosa, expansiva. Algo muy próximo a lo que uno (o sea, yo) quisiera ver más a menudo. Un cine impredecible y lleno de sorpresas. No del tipo de sorpresas que salen del sombrero de un mago, claro ─eso son solo juegos de manos, como los que hace Bruno en la película─, sino de la mayor sorpresa de todas: la sorpresa de las cosas que dejan de ser como son sin dejar de ser. Imágenes a priori vistas una y mil veces, una historia cotidiana y hasta cierto punto presumible, que se vuelven otra cosa, que toman distinto rumbo y escapan a su camino. Todo está ahí y todo falta; nada está y nada falta.

Las altas presiones es una película joven. No porque su director o sus personajes lo sean, porque su público “natural” parezca ese, sino por una suerte de energía (casi magnética) que la recorre haciendo que no deje nunca de proponer cosas. Como los que tienen mucho por ganar y nada que perder. Por eso, gracias a esa juventud auténtica, que ─no nos engañemos─ no solo es fiel a la edad y que no se puede falsear, como nos han demostrado ya numerosos (buenos) cineastas, es por lo que me atrevo a sugerirla generacional. A propósito de Les mauvaises rencontres de Astruc (lo mismo hubiese dado Les mauvaises fréquentations, me parece), Truffaut aseguraba que era imposible que ningún espectador menor de 30 hubiese dejado de emocionarse con ella o que no se hubiera identificado con alguno de sus personajes. Eso mismo pienso yo, no solo de aquellas, por cierto, sino también de esta. Pero no quisiera caer en la trampa de los parecidos (por muy razonables que me resulten), eso sería como admitir que todas las virtudes de la película le vienen de familia, y lo que hay que hacer es quedarse con las suyas, que no son pocas. Descúbranlas por sí mismos, a la primera que puedan vean Las altas presiones.

Ficha técnica. Dirección: Ángel Santos. Guión: Ángel Santos, Miguel Gil. Dirección de fotografía: Alberto Díaz Bertitxi (A.E.C.). Dirección de sonido: Xavier Souto. Dirección de arte: Jaione Camborda. Montaje: Fernando Franco. Intérpretes: Andrés Gertrúdix, Itsaso Arana, Diana Gómez, Juan Blanco. Dirección de producción: Daniel Froiz. Producido por: Matriuska. País y año de producción: España, 2014. Duración: 85 minutos.

Basilio Martín Patino. La décima carta 

Cahiers du cinéma tuvo la culpa. Con la “política de los autores” como trasfondo, la revista comenzó a publicar (algo no muy habitual hasta entonces, no sistemáticamente al menos) unas largas entrevistas con cineastas apreciados por su redacción en las que estos, más allá de cuestionarios exprés y/o promociones vacías, reflexionaban largo y tendido sobre sus películas al tiempo que exponían sus visiones del cine. Merced a uno de esos jóvenes críticos, André S. Labarthe (junto con Janine Bazin), aquel mismo formato se adecuó al medio televisivo con la afamada Cinéastes de notre temps, que marcó el camino para la meditación cinematográfica a través del audiovisual. Entre sus herramientas, digamos, metodológicas, las entrevistas, claro, y una dialéctica construida a partir de los discursos de los cineastas y sus propias obras fílmicas, confrontadas. También por un análisis del cine (realizado en su mayoría por críticos que también eran directores) riguroso y apasionado. El que la larga serie siga a día de hoy activa ─rebautizada Cinéma, de notre temps desde 1990─, más allá de nostalgias cinéfilas, y que aún funcione su modelo, no hace sino insistir en lo satisfactorio de la propuesta.

Concebida para la pequeña pantalla (o, al menos, también para ella), ésta Basilio Martín Patino. La décima carta, sin duda descendencia patria de aquellas retransmisiones, abunda en la obra de uno de los pilares del “nuevo cine español” de los 60 e insigne documentalista responsable de películas tan inspiradas y regeneradoras como Nueve cartas a Berta, Canciones para después de una guerra, Queridísimos verdugos, Caudillo… En poco más de una hora de duración y valiéndose de sus mismas armas (fragmentos de entrevistas, clips de sus películas, documentos variados), a las que añade ocasionalmente el uso de unos subtítulos sintético-divulgativos (por aquello de su difusión televisiva, imagino), Virginia García del Pino relee la filmografía de Patino desde el presente (aunque no sin una cierta añoranza del ayer), acompañándole en sus quehaceres cotidianos. Un tono de plácida sencillez que recuerda a algunos de sus anteriores trabajos (Hágase tu voluntad, 2004, Espacio simétrico, 2010, Sí, señora, 2012).

Mirando otra vez atrás, cuestionado Jean-André Fieschi sobre lo divino y lo humano en las páginas de Film Ideal, respondía que “si yo fuese crítico aquí [en la revista; en España; durante el franquismo], hablaría sobre todo de cine español.” En mi opinión todavía es un buen consejo: existe un cine español que hacemos bien en reivindicar, ¿o era simplemente recordar? El pasado es un prólogo.

Ficha técnica. Dirección: Virginia García del Pino. Guión: Virginia García del Pino, Elías León Siminiani. Fotografía: Virginia García del Pino, Santiago Racaj. Sonido: Gabriel Gutiérrez. Montaje de sonido: Nacho R. Arenas. Música: Medievo. Producido por: Mario Madueño. País y año de producción: España, 2014. Duración: 65 minutos.

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