Dok Leipzig. Un retrato del Cáucaso

El festival DokLeipzig dedicó un foco de atención al cine documental contemporáneo del Cáucaso, para conocer ese territorio más allá de los clichés y de los titulares.
El contenido político impregnó gran parte de la selección (propaganda, denuncia política, guerra) abarcando tanto los países de la zona, como las regiones y también Rusia. “Caucasian Lessons” dejó patente que el Cáucaso cuenta con un cine documental destacable, con realizadores consagardos y también emergentes.


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Continuando con los retratos de corte político, Salomé Jashi presentó A Mr. Minister (2008), un corto tragicómico y mucho más realista sobre la figura del ministro de Agricultura georgiano, Bakur Kvezereli, que con 27 años llega a ser el ministro más joven del gabinete y representa el futuro del país. Un retrato de lo más revelador (y algo preocupante) que desvela a un hombre prepotente, egocéntrico e ignorante de su propia estupidez. Jashi también es la responsable de The Leader Is Always Right (2010), en el que describe el día a día en un campamento de verano para adolescentes georgianos establecido por el gobierno para reforzar su patriotismo. Resultan estrategias ridículas y fórmulas arcaicas, pero al mismo tiempo provoca cierto temor pensar que estos chicos representen, una vez más, el futuro del país.

Y volviendo a la situación presente, dos interesantes documentales desvelaron las consecuencias que la guerra tiene en la vida de hombres y mujeres. Por un lado, Vardan Hovhannisyan presentó A Story of People in War and Peace (2006), un doloroso viaje de vuelta que el director realiza al intentar localizar a sus ex compañeros de guerra en las trincheras, doce años después de haberles filmado cinco días en calidad de reportero y de haber pasado cuatro años él mismo como combatiente. Sus explicaciones fueron de lo más interesante: en todo ese tiempo no se atrevió a enfrentarse con las imágenes. Finalmente, a raíz de preguntarse por qué un ser humano mata a otro, se decidió a ir en busca de los que aparecen en ellas filmados para ver cómo les había cambiado la experiencia (unos están muertos, otro en un manicomio, otro está a punto de ser padre, otro se halla sumido en una depresión etc.). Hovhannisyan afirmó que la guerra es estúpida pero también que durante la misma, paradójicamente, la vida resulta mucho más fácil, ya que sólo existe un único objetivo, pasando todo lo demás a segundo plano. Para él la guerra no te convierte en un animal, sino que te permite crecer espiritualmente porque te das cuenta de que estás dispuesto a hacer todo lo posible con tal de defender y proteger a los tuyos, incluso matar a otro ser humano. Las razones esgrimidas por políticos y personas ajenas al conflicto sólo sirven para charlar sentado en torno a una mesa. Se pregunta qué haces si no quieres matar. ¿No luchar? ¿Abandonar tu tierra? Simbólicamente selecciona la mayoría de imágenes del frente pobladas de niebla ya que eso (como la política) deshumaniza a la guerra. No ves a quién disparas ni quién puede dispararte a ti.

Otra visión, algo más comercial pero igualmente reveladora, se refiere a las mujeres georgianas de Women from Georgia (2008), de Levan Koguashvili, una incursión única en el mundo de las madres y abuelas que se ven obligadas a emigrar ilegalmente a los EEUU para poder mantener a sus familias, que reciben y gastan los dólares con mucha más facilidad de la que las mujeres los ganan. Todas trabajan cuidando a ancianos, y el contraste entre el kitsch en el que viven los jubilados norteamericanos de las afueras de Nueva York y el carácter enérgico de las mujeres georgianas aporta un cuadro muy particular y en ocasiones cómico. La situación es tan dura como la de los combatientes de Hovhannisyan, sobretodo por la distancia y las dificultades infranquables que separa a las madres de sus hijos, pero sabe describir esos caracteres extraordinarios con fuerza y sentido del humor.

Enlazando con el tema de la emigración, cabe destacar la obra de Comes Chahbazian, Ici Bas (2010), de origen armenio pero criado en Beirut como consecuencia de la diáspora. A pesar de que supone su reencuentro con la capital, Yerevan, la película no es tanto sobre un lugar geográfico, sino sobre un estado de ánimo que puede darse en cualquier lado y en el que se aúnan la pérdida y la memoria. El realizador recorre los espacios urbanos de una ciudad destruida y nos muestra escenas cotidianas aparentemente desvinculadas pero que, como un puzzle, acaban encajando y conformando un retrato global de lo que hay “ici bas” (aquí abajo).

La obra más impresionante de la sección fue, sin duda, Border (2009), del armenio Harutyun Khachatryan, cuya esperada asistencia fue lamentablemente cancelada a última hora. Premiada y mostrada en numerosos festivales, la película nos sumerge en un mundo atemporal y fascinante a través de la mirada triste y casi humana de un buey. A ritmo lento retrata paisajes impresionantes y la vida cotidiana de personajes profundos, sin apenas utilizar palabras, gritando en silencio que las fronteras son mucho más que una mera división artificial hecha en la tierra por el hombre. Sus imágenes fotográficas y el simbolismo de la cinta logran resumir el conflicto del Cáucaso y su sinsentido con mucha más crudeza, simplicidad y belleza que cualquier otro documental sobre la zona, desafiando además las mismas fronteras de este género.

Muy destacables fueron también los dos cortos del georgiano Koka Ramishvili, Change (2006) y Tender Transitory Transport (2008), que expone su particular visión del conflicto a través de su cine poético, experimental y filosófico, en la línea del armenio Artavazd Pelechian.

Podemos concluir pues que la sección especial sobre el Cáucaso permitió obtener una visión muy completa de la región, mostrando películas hechas por cineastas que filman sus propias realidades, sus propias historias y el impacto que el conflicto ha tenido en sus vidas. Para finalizar, mencionar al joven cineasta Zaza Rusadze, que se enfrentó a la generación de los más consagrados manifestando su voluntad de realizar y ver documentales menos emocionales y más dirigidos a la reflexión, menos centrados en el pasado y más dirigidos hacia el futuro de la zona. De todos modos, como dijo Nino Kirtadze, “se sabe dónde empieza una historia, pero nunca dónde va a acabar”, una frase que también puede aplicarse a la situación actual del Cáucaso.

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Un Comentario

  1. Mariano 17/11/2010 | Permalink

    Me encanta tu articulo, el documental the last tightrope dancer es increible y espero que la estrenen en España aunque sea en TVE. Si vienes por el Mar Caspio dame un toque, me encantaria conocerte.

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