En el hoyo

El último largometraje de Juan Carlos Rulfo parece distanciarse notablemente de sus anteriores films. Si su cine parecía amarrado a una poética de la memoria que permitía la conexión con un mundo a punto de desaparecer, en esta ocasión la memoria se sitúa en un presente que no es el de los fantasmas del pasado si no el de la realidad de un conjunto de obreros realizando una obra faraónica en la ciudad de México


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IMAGINAR AL OBRERO
El último largometraje de Juan Carlos Rulfo parece distanciarse notablemente de sus anteriores films. Si su cine parecía amarrado a una poética de la memoria que permitía la conexión con un mundo a punto de desaparecer (el de su abuelo Cheno en El abuelo Cheno y otras historias de 1995, o el de su padre el escritor Juan Rulfo en Del olvido al no me acuerdo de 1999), en esta ocasión la memoria se sitúa en un presente que no es el de los fantasmas del pasado si no el de la realidad de un conjunto de obreros realizando una obra faraónica en la ciudad de México entre el año 2003 y 2006. Esa obra consiste en la construcción del puente más largo en la historia de la ciudad, una obra de dimensiones espectaculares. Sin embargo los espíritus y fantasmas siguen aquí, no han desaparecido, aunque su sentido sea diferente al de los personajes de la memoria. “Toda obra de estas características necesita almas”, nos dice una de las protagonistas, sobre todo cuando los dueños de todo ello vendieron sus almas al diablo. La película comienza y acaba con el accidente y la caída de uno de los obreros a un hoyo, un agujero de varios metros bajo tierra. Un alma nueva para el diablo. Así los fantasmas de los caídos visitan las obras por la noche, torturan a algunos de los personajes, aparecen como espíritus, pero también son en último sentido los vivos que trabajan en ellas: los obreros “protagonistas de esta historia” como dice la leyenda inicial del film.

Hay sin embargo como espectador una reticencia inicial en la película, una sospecha que tiene que ver con la realidad que enmarca. Es decir, película sobre obreros que intenta ser solidaria con la situación de estos. Todo ello nos remite a esa tradición de un documental institucionalizado que viene de Flaherty y que se radicaliza con el cinema verité, y que tanto bien y daño ha causado a un tiempo al cine documental. La extremada idealización de esa forma de humanismo cinematográfico se convierte a veces en coartada, en algunos casos no deja ni respirar, se desliza hacia un moralismo limitador de lo real, que aporta una falsa solidaridad y verdad sobre lo real. Todo ello aparece a veces como sombra en En el hoyo. Sin embargo Rulfo se aleja, o al menos se percibe ese deseo, de la película de género militante que enmarca al sujeto en un contexto y no lo suelta, que no es capaz de ver más allá ni de adentrarse en la aventura que todo buen film exige.

Rulfo utiliza recursos típicos de ese documental de género como esas entrevistas que entran como voces en off y que luego aparecen recurrentemente. Técnica muy utilizada en el discurso televisivo que permite tejer una maya de significados que dibuja un discurso que aplasta lo real y lo somete en mayor o menor grado a la lógica de la información. Sin embargo, el cineasta se desvía y se desmarca de esa tendencia para llevar la película por otros derroteros que entran más profundamente en la dinámica de los personajes o más bien en la de su relación con ellos. Lejos de concebir al personaje como sujeto que informa para después construir un discurso compuesto de esos saberes existe en En el hoyo una parte desconocida, misteriosa, que constituye a los personajes y al mundo y que hace que el film mantenga el interés. De esta manera algunos obreros tendrán voz mientras que otros no, a algunos se les acompañará fuera del espacio de la obra para visitar sus espacios vitales, en otros se accederá a diferentes grados de intimidad… Todo esto dota de profundidad al proceso documental del film y por ello a los personajes que no aparecen como ejemplos, sino como seres singulares más allá del film. Así se descubre un lado distinto del obrero, de esos personajes mitificados por una tradición cinematográfica que no ve más allá de las estructuras e ideas preconcebidas de ciertas militancias. Hay aquí una realidad que se desborda y que se escapa, como la del hombre que confiesa haber golpeado a su mujer y habla de ese lado oscuro y violento de su ser, o la mujer que pone las señalizaciones por la noche que nos habla del demonio y de Dios y de la elección entre uno y otro.

En cualquier caso Rulfo se separa del documental de entrevistas más convencional por la naturaleza misma de sus preguntas, por digamos su no “correspondencia” con el contexto y la realidad presentada por el film. Los obreros hablarán de Dios, del amor, el sexo, pero también del dinero, la comida, el sufrimiento, el cansancio, la falta de expectativas… Estamos lejos de esa idealización que como un germen ha arrastrado la Historia del Cine en su relación con la representación del obrero como un ser o funcional, o revolucionario, o victima del yugo capitalista, humilde, bondadoso etc… Hay aquí una concreción que resulta interesante porque no es tampoco la de por ejemplo películas como Tierra negra de Ricardo Íscar o En construcción de José Luis Guerín que tiende hacia un humanismo de la persona, sino que se enfrenta a algo desconocido. Es el miedo del otro, del desconocimiento de la realidad del sufrimiento que el otro vive. Porque si algo señalan los personajes es la degradación que sufren como personas en esas condiciones que provoca la falta de expectativas más allá de necesidades básicas, que anula la singularidad que es absorbida por un todo y que machaca cualquier tentativa de cambiar la situación. El hoyo es moral, interno, y esa realidad queda infilmable, inaccesible al cineasta, sino es tan sólo por indicios y retazos que se expresan a través de las vivencias de los obreros. No hay acusación ni cabezas visibles. El hoyo permanece al margen, como una gran fuera de campo.

Al final un largo plano del puente en proceso de construcción. Un plano cenital aéreo sobrevuela durante varios minutos las obras. Lo suficientemente cercano del suelo como para apreciar los cuerpos de los obreros, los hierros, el polvo, el caos de la obra, y lo suficientemente lejano para tener una visión de conjunto que une al obrero y al puente de manera irremediable. Mediante esta imagen Rulfo concreta la película, le da un último vuelco porque consigue dotar al espacio de unidad con el personaje. Pero esa unidad es monstruosa, denigrante, terrorífica porque no hace sino certificar aquella frase de la mujer del trabajo nocturno: “Da mucha tristeza, aquí sí eres uno más de la ciudad”. Esa es la realidad desbordante del film, su último significado desgarrador fuera de toda idealización.

En el hoyo de Juan Carlos Rulfo se estrenará en salas comerciales de nuestro país el 30 de marzo.

FICHA TÉCNICA
Guión y dirección: Juan Carlos Rulfo
Producción: Juan Carlos Rulfo, Eugenia Montiel
Fotografía: Juan Carlos Rulfo
Sonido: Natalia Bruschtein, Mauricio Santos
Postproducción de sonido: Samuel Larson
Montaje: Valentina Leduc Navarro
Música: Leonardo Heiblum
Productora: La Media Luna Producciones
Distribuidora: Sagrera
País y año de producción: México, 2006

2 Comentarios

  1. galia razo 03/04/2007 | Permalink

    Me encantó “En el hoyo”. Me gustaría que se pudiera proyectar en mi ciudad que es Salamanca a través del Centro de las Artes o la Casa de la Cultura. ¿Cuál sería el medio¡ ¿cuál el costo? ¿quién el enlace?
    ¡Ah! lo ví el festival “Expresión en corto” el año pasado, en Guanajuato.

    Galia Razo

  2. B&D 03/04/2007 | Permalink

    Hola Galia
    La distribuidora del filme es Sagrera TV, puedes mirar su página web para contactar con ellos http://www.sagreratv.com
    Suerte!

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